Cambios desde arriba

En busca de una administración estatal menos pesada y más eficiente, con mayor protagonismo de la empresa, Cuba no solo apuesta a los militares.

Jorge Luis Baños - IPS

Otros altos oficiales se desempeñan en carteras civiles como las de Transporte, Economía y Planificación e Informática y Comunicaciones

Las autoridades cubanas han insistido en el programa de reordenamiento del gobierno iniciado por Raúl Castro desde que tomó las riendas del país. Aunque sin espectacularidad ni promoción de nombres sorpresivos, han dado pasos metódicos para combinar experiencia de unos, juventud de otros y el sentido del orden y la disciplina acuñados por los militares de la Isla. Los anuncios hechos en los últimos dos meses han confirmado, además, los rasgos de un concepto organizacional que favorece el desarrollo de la estructura empresarial.

A fines de marzo, la atención la captó el retiro de un personaje histórico, José Ramón Fernández, más conocido por los cubanos como el Gallego Fernández, que en ese momento servía como Vicepresidente del Consejo de Ministros. Para ese cargo fue nombrada una figura de la más joven generación de dirigentes cubanos, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, hasta entonces ministro de Educación Superior.

La plaza vacante de ese ministerio la ocupó su viceministro primero, Rodolfo Alarcón Ortiz. El gobierno ampliaba así un signo menos señalado por la prensa en los movimientos políticos recientes: la promoción de dirigentes del propio organismo, cuando esa cartera exhibe un trabajo meritorio o estable.

Antes, era muy común la “importación” de figuras de otros sectores. A esta variante acude ahora el gobierno más bien cuando el organismo de marras evidencia desorden u otros problemas. En ese caso, Raúl Castro prefiere acudir a la carta de las fuerzas armadas que organizó y entrenó, personal y minuciosamente, durante casi cinco décadas, también en el terreno económico.

Tal fue la estrategia seguida con el Instituto de Planificación Física. Una reunión ampliada del Consejo de Ministros designó en abril al general de división Samuel Rodiles Planas como nuevo presidente de esa institución, con la misión expresa de “restablecer el orden y la disciplina en lo concerniente a las violaciones urbanísticas que hoy se extienden desde el cabo de San Antonio hasta la punta de Maisí”, en elocuente referencia del periódico Granma a los extremos geográficos de la Isla de Cuba.

Otros altos oficiales se desempeñan en carteras civiles como las de Transporte, Economía y Planificación e Informática y Comunicaciones, y ocupan dos vicepresidencias del Consejo de Ministros.

Más en línea con la primera alternativa –juventud y experiencia dentro del sector-, el gobierno designó hace un mes como ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente a Elba Rosa Pérez Montoya, quien velaba por esa actividad desde hace varios años dentro del Comité Central del Partido Comunista. Raúl Castro también ha mostrado marcada fidelidad al equilibrio de género de sus designaciones.

Al nombrar a Pérez Montoya para la nueva misión, el Consejo de Estado sustituyó a una persona de largo historial en el mundo de las ciencias, José Miyar Barruecos, pero no lo llevó a retiro. Con él hizo una movida para fortalecer la estructura empresarial dentro de las nuevas pautas de administración del Estado.

La misma nota anunció la creación de una Organización Superior de Dirección Empresarial, subordinada directamente al Consejo de Ministros, “para atender la investigación, desarrollo, producción y comercialización de medicamentos”. Y nombró a Miyar Barruecos al frente de la misma, en consideración a su experiencia en el Polo biotecnológico y médico-farmacéutico expandido al oeste de La Habana.

De esta manera, el gobierno busca ordenar mejor una actividad que funcionó durante años como una suerte de satélite libre, la industria médico-farmacéutica; pero en lugar de inclinarse por la fundación de un nuevo ministerio, apuesta a una alternativa más ejecutiva y menos burocrática, como hizo meses antes al transformar el Ministerio del Azúcar en una organización también de tipo empresarial.

A los movimientos para construir una administración estatal más orgánica, menos pesada y más eficiente, se sumaron en marzo la creación del Ministerio de Energía y Minas, que heredó la actividad del petróleo, la electricidad y la minería, del antes poderoso Ministerio de Industria Básica. Este último desapareció y cedió la atención de la industria química a otro nuevo organismo, el Ministerio de Industrias, donde se fundieron las carteras que se ocupaban respectivamente de la industria ligera, y de la industria mecánica y la siderurgia.

De acuerdo con la nota oficial de ocasión, estas decisiones buscan dar respuestas a problemas de cada uno de esos organismos, “al tiempo que se avanzará en la separación de las funciones estatales y empresariales”.

El gobierno empieza por casa en el difícil camino hacia la descentralización y la desburocratización.

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