Crédito con cautela

Los bancos han encontrado poca aceptación entre los trabajadores por cuenta propia, a seis meses de expandir la oferta de créditos.

Jorge Luis Baños - IPS

La mayoría de los créditos solicitados y entregados ha tenido como destino la reparación y construcción de vivienda

Más de 47.000 créditos a personas naturales han otorgado las instituciones bancarias desde que en diciembre pasado el gobierno aprobó expandir la actividad crediticia hacia el sector no estatal. La mayoría de los préstamos, sin embargo, no tuvo como destino las inversiones de trabajadores por cuenta propia sino la construcción y reparación de viviendas. Dicha tendencia indica, a la par, uno de los problemas más duros que afronta hoy la sociedad, el techo, y la cautela con que el emergente sector privado observa los pasos que dan las autoridades para reordenar la economía.

Antes de incursionar en ese nuevo camino, la banca insular concentraba su oferta de créditos en las empresas estatales. El ventanillo también estaba abierto a los productores agropecuarios no estatales, pero con discreción.

Las cooperativas de producción agropecuaria (CPA) y los privados de las cooperativas de créditos y servicios (CCS), pese a aportar una parte relevante de las cosechas del país, recibieron solo el 6,3 por ciento del crédito total otorgado por los bancos en el 2007, según el último informe público disponible del sistema bancario cubano. Las unidades de producción sujetas a empresas estatales –las unidades básicas de producción cooperativa- obtuvieron el 23,2 por ciento de los créditos.

Por eso tuvo particular impacto noticioso el Decreto-ley 289 con que el Banco Central de Cuba (BCC) abrió, el 20 de diciembre del 2011, la oferta de créditos a los trabajadores por cuenta propia y a las microempresas privadas que han aparecido de facto en la economía cubana. Sin dudas, constituye uno de los pasos más importantes hacia el acercamiento entre los sectores estatal y no estatal, uno de los objetivos de las transformaciones económicas emprendidas por el gobierno.

La ampliación de la actividad crediticia también busca ofrecer sostén al consumo privado. Aunque en un primer momento quedó abierta solo para la reparación y construcción de viviendas, debe ampliarse a otras operaciones comerciales para fortalecer el mercado interno.

La oferta atrajo de inmediato un alto número de personas a las sucursales del Banco Popular de Ahorro (BPA), el Banco Metropolitano y el Banco de Crédito y Comercio (BANDEC). La primera de esas instituciones entregó hasta el 22 de junio último, 40.267 créditos, por un valor total de 278 millones de pesos, que representan más del 85 por ciento de todos los préstamos otorgados en el país.

De conjunto, la banca cubana ha concedido más de 47.000 créditos en los primeros seis meses, de acuerdo con declaraciones recientes del vicepresidente del BCC Francisco Mayobre al periódico Granma. Aunque el funcionario no refirió el monto en valores, pasan de 320 millones de pesos, a juzgar por la participación pública del BPA.

El sistema bancario ha movido sus fichas en estos meses para facilitar el acceso de las personas a esos nuevos servicios. Incluso, redujo las garantías exigidas para otorgar un crédito. Inicialmente, los bancos pedían que cada uno de los fiadores tuviese igual o mayor capacidad de pago que el solicitante, pero actualmente es suficiente que la suma de las capacidades de pago de los fiadores solidarios iguale a la capacidad de la persona que pide el crédito.

Pero las mejorías en reglamentos y trámites no han conseguido despertar el apetito o interés de los trabajadores por cuenta propia.

Un reporte del BCC a tres meses de entrar en vigor la nueva política bancaria, señaló que el 99 por ciento de las solicitudes de créditos tenían como destino labores constructivas de las viviendas. Consideró poco significativas las visitas de los trabajadores por cuenta propia a la banca para interesarse por las condiciones de crédito y solicitar luego un préstamo.

Mayobre confirmó esa tendencia en la reciente entrevista. Dijo que había una fuerte afluencia de personas a las sucursales en busca de créditos, pero “fundamentalmente para la compra de materiales de la construcción y pago de mano de obra”, una tendencia que “contribuye –matizó- a la solución del problema habitacional del país”.

Evidentemente, la mayoría de los cuentapropistas evalúa todavía con desconfianza los riesgos a la hora de montar o ampliar un negocio. La desconfianza aumenta si la inversión compromete capital de bancos de un Estado que miraba al mundo privado hasta fecha reciente como pecador. A esto se añaden dudas acerca del alcance o duración de los cambios introducidos en la política económica y la escasa cultura crediticia y financiera de la mayoría de las personas que ha apostado a montar una cafetería, paladar u otro negocio. (2012)

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