Dualidad monetaria en trance

Una de las medidas más esperadas pero más complejas en el proceso de transformaciones económicas.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS-Cuba

Las autoridades anunciaron el inicio de un cronograma de medidas para dejar en circulación una sola moneda en la economía cubana.

La noticia, o mejor, la nota publicada en el diario Granma, revolvió el escenario nacional y hasta los medios de prensa externos que siguen la actualidad cubana. El gobierno de Raúl Castro informó el 22 de octubre que había acordado “poner en vigor el cronograma de las medidas que conducirán a la unificación monetaria y cambiaria”.

La dualidad monetaria a que acudió la economía cubana en 1993 como tabla de salvamento, suscita polémicas de tono muy diverso, en dependencia del escenario donde se genere, trátese de empresas, bancos, economistas de academia o simples consumidores. Los efectos e interpretaciones, en realidad, no son los mismos para unos y otros.

Pero todos, en particular el ciudadano común, activaron sus calculadoras, a pesar de que la nota oficial dijo poco, luego de anunciar que “se dará inicio al proceso por la unificación monetaria”. En la oscuridad permanecieron las metas o el punto de equilibrio intermedio que buscarían las autoridades económicas del país entre la tasa oficial de cambio –aferrada desde hace décadas a 1 dólar o 1 peso convertible (CUC) x 1 peso cubano (CUP), considerada insostenible por los economistas- y la tasa de la red de Casas de Cambio (CADECA) a que tiene acceso la población: 1 CUC x 25 CUP.Las medidas principales en una primera etapa estarán dirigidas a eliminar la dualidad monetaria y cambiaria entre las personas jurídicas.

Sin embargo, la nota sí establece claramente, que “los principales cambios en esta primera etapa, se producirán en el sector de las personas jurídicas”. O sea, la demandada eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria pone la mirilla primero sobre el sector empresarial, con un objetivo explícito: “propiciar las condiciones para el incremento de la eficiencia, la mejor medición de los hechos económicos y el estímulo a los sectores que producen bienes y servicios para la exportación y la sustitución de importaciones”.

Los economistas y expertos entrevistados después de salir a la luz la noticia se movieron en esa cuerda. El Doctor Joaquín Infante, Premio Nacional de Economía, declaró al periódico Juventud Rebelde que “una valoración razonable de nuestra moneda, el peso, en relación con las monedas extranjeras” tendrá como efectos “medir con un mayor grado de precisión los valores de nuestras producciones de bienes y servicios.”

“El gran beneficio para la economía del país –dijo- será que la unificación monetaria y cambiaria permitirá medir con mayor objetividad todos los indicadores macroeconómicos, como el Producto Interno Bruto, el Ingreso Nacional, los indicadores de la Balanza de Pagos, del Plan de la Economía, del Presupuesto del Estado”.

Otro de los economistas que más ha estudiado el asunto, Pavel Vidal, anticipaba el mayor beneficio de medidas para el sector empresarial que para el consumidor común. Las empresas, decía en un estudio publicado en 2007, se enfrentan a una situación de dualidad monetaria que “se distingue por la imposibilidad que tienen las persona jurídicas de cambiar los pesos cubanos por otras monedas y por la sobrevaloración de la tasa de cambio oficial del peso cubano.”

Como otros expertos, Vidal consideraba que la sobrevaloración del peso cubano en la tasa oficial (1×1) desestimula las exportaciones y la búsqueda de ingresos en moneda dura que tanto necesita Cuba.

Sin dualidad, los empresarios podrán “utilizar los estados financieros como un verdadero instrumento de dirección –dijo Infante, a su vez-, sin tener que estar efectuando operaciones extralibros para conocer el valor de sus producciones, su rentabilidad y competitividad”.

El anuncio causó enorme expectación entre los cubanos, pero a juzgar por su complejidad y los datos que deja entrever la nota oficial demorarán las medidas con efecto concreto entre los consumidores.Por la complejidad del proceso, las medidas tomarán un tiempo mucho mayor al ajuste de tasas inmediato que en un primer momento temió la población, con más ardor que los ejecutivos de empresa. Ese temor, alimentado quizás en parte por la oscuridad de la nota, se contradice con el aviso de que la primera etapa apuntará a preparar condiciones para elaborar “las propuestas de normas jurídicas, los diseños de los cambios de los sistemas informáticos encargados de los registros contables y los ajustes en las normas de contabilidad.” En fin, un proceso que toma tiempo.

Después de insistir en que el gobierno guardará fidelidad a la práctica monetaria anterior –ninguna medida será para perjudicar a las personas con ingresos lícitos en CUC y CUP, dice-, la información oficial anticipa pruebas que serían un anticipo muy limitado del fin de la dualidad monetaria que rige hoy en el comercio minorista cubano, dividido en tiendas y mercados que operan unos en CUC y otros en CUP.

“Experimentalmente en lugares seleccionados se podrán efectuar pagos en efectivo en CUP por el equivalente calculado a la tasa de cambio de CADECA de 25 CUP por 1 CUC”. Por el momento, ensayos de esa índole tendrían poca efectividad, más allá de simplificar trámites habituales del consumidor, que se ve precisado a acudir a las casas de CADECA cuando tiene dinero en pesos cubanos pero necesita enfrentar pagos en su alter ego convertible.

Independientemente de los revuelos y de los sinsabores por su escasa información concreta, la nota se convierte en otro compromiso y señal de que se aproxima el fin de uno de los problemas de mayor impacto cotidiano para las transacciones financieras habituales de empresas y ciudadanos cubanos.

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