Estrategias de recuperación de coco en el municipio cubano de Baracoa

De esta planta se usa la corteza, la concha, la masa, el aceite y el agua.

Trabajadores laboran en el procesamiento de frutas en la fábrica de conservas La Primada, esta fue una de las obras recuperadas tras el paso de huracán Matthew de la ciudad de Baracoa, en la oriental provincia de Guantánamo.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El encadenamiento productivo en la recuperación del coco, desde el surco hasta la industria,  para beneficio de la población y la economía, es una de las lecciones aprendidas de los huracanes que en los últimos años han azotado al municipio de Baracoa, en la oriental provincia de Guantánamo, el mayor productor de ese cultivo.

De acuerdo con Joel Coba, director de la industria alimentaria Baracoa, la fábrica de conservas La Primada fue una de las obras recuperadas tras el paso de huracán Matthew, que en octubre de 2016 ocasionó cuantiosos daños en la infraestructura, vivienda y agricultura de esta zona.

Dedicada fundamentalmente a la producción de alimentos, sobre todo, derivados del coco, en esta industria se instaló también una línea para el procesamiento de frutas, como parte del encadenamiento productivo.

“El coco es un cultivo que no se da durante todo el año, tiene un ciclo productivo específico y durante el periodo de baja de la cosecha, se montó una línea de frutas para utilizar las potencialidades que en esas especies tiene el territorio”, dijo.

De esa forma, indicó, se benefician también los trabajadores de la fábrica, pues se mantiene un ciclo productivo de forma permanente.

Las principales producciones de la industria de Baracoa son los derivados del coco: el turrón, las barras, el cucurucho y la horchata, y en la línea de frutas: las mermeladas de las diferentes especies que se dan en el territorio, pulpas y jugos, entre otros derivados que se comercializan en el territorio.

Mediante contratos, la agricultura garantiza el suministro de las materias primas y nosotros las procesamos y las convertimos en producción terminada, todas con destino a la población, el principal cliente, explicó Cobas.

Según el directivo, tras el paso del huracán Matthew, en octubre de 2016, esta obra se pudo recuperar con la ayuda de la colaboración española, que apoyó con un financiamiento para la adquisición del equipamiento instalado en la línea productiva.

 

Aceitando el coco

Entre los objetivos económicos fundamentales vinculados a la cadena productiva del coco se encuentra la fábrica extractora de aceite de coco, un rublo fundamental y materia prima para la industria de la jabonería, perfumería y la cosmetología.

Esa planta desarrolla un proceso inversionista para elevar la capacidad de extracción del aceite de coco y otros derivados.

De acuerdo con Alexis Toirac, director general de la Empresa Agroforestal y Coco Baracoa, está en curso un proyecto de importación de una nueva fábrica con tecnología moderna que permitirá realizar tres refinaciones y elaborar minidosis para la red comercial del país, que pueden emplearse en la alimentación de las personas, como hace hoy una buena parte del mundo, pues tiene amplios beneficios para la salud.

Esa industria, agregó,  posibilitará también la producción de vinagre y vino, a partir del agua de coco, además de envasarla como bebida refrescante y saborizada.

 

Recuperar los cocales

La Empresa Agroforestal  y Coco Baracoa  desarrolla un  programa para recuperar las plantaciones de coco y cacao, severamente afectadas por los huracanes Matthew e Irma, en 2017. El primero de los dos cultivos demorará unos cinco años, pero al final, en menor área podrán obtenerse mayores rendimientos, dijo Toirac.

“Cuando plantas el coco, se requiere de cinco años para obtener sus frutos, aunque estamos usando tecnologías novedosas que aceleran el proceso. Donde hay buenos suelos, hacemos la siembra con las condiciones necesarias y en tres años empezaremos a obtener nuevamente cocos”, explicó.

Antes del huracán Matthew, en Baracoa existían 6.300 hectáreas de este cultivo, que fueron severamente afectados. A partir de estudios realizados, se aspira sembrar 4.800 hectáreas en pendientes por debajo de los 20 grados de inclinación y obtener unas 37.000 toneladas del fruto.

De acuerdo con el director de la empresa, con esa cifra se garantizarían los volúmenes requeridos para las producciones de jabonería  y perfumería, la exportación y la elaboración de minidosis para la red comercial.

Mientras  el coco crece, junto a las nuevas plantaciones han insertado el policultivo, que posibilitará cosechar guayaba, frutabomba y piña, para abastecer las industrias que antes lo procesaban.

Una pedazo de playa en Baracoa tras el huracán Matthew.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El lado bueno

Matthew trajo un nuevo modo de pensar y hacer. Según Toirac, una hectárea de coco lleva 180 plantas, que deben ser sembradas en hoyos de 60 por 60 centímetros y como los campesinos de la zona tienen una edad avanzada y la población rural disminuye, es notable la reducción de la fuerza de trabajo, lo que obliga ir a la mecanización de las producciones agropecuarias.

Para ello, han adquirido tractores pequeños con aditamentos para abrir los hoyos, con un alto rendimiento -80 en una hora-,  y evitar el duro trabajo a pico y pala.

Por otra parte, para tumbar los cocos, los desmochadores debían subirse a lo alto de la planta a base de sogas y pinchos, pero el éxodo de las montañas ha hecho que quienes practican este oficio escaseen.

“Cuando tengamos la cantidad proyectada de plantaciones, no vamos a disponer de esa fuerza, por lo cual se estudió cómo mecanizar esa etapa del proceso: el resultado es un camión con un aditamento fabricado en Cuba –parecido a los empleados por la Empresa Eléctrica-, en que sube al hombre, le permite desmochar y en ese vehículo se transportan los frutos hacia los destinos seleccionados”, precisó Toirac.

(2018)

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