Los constructores estudian nuevos planos

El reordenamiento del Ministerio de la Construcción y la introducción de formas de gestión no estatal, cooperativas en primer lugar, intentan reanimar a un importante sector de la economía cubana.

Crédito: Jorge Luis Baños/IPS.

Las cooperativas se expanden también al sector constructivo.

Cuando el gobierno cubano, en reunión del Consejo de Ministros, anunció a fines de septiembre la creación de un tercer grupo de 73 cooperativas no agropecuarias, la construcción constituyó una de las actividades más representadas, con 33. La fórmula se suma al extenso expediente de alternativas ensayadas o aplicadas en ese sector, que se ha distinguido entre los más ineficientes desde hace varias décadas.

Aunque el ámbito de las nuevas estructuras productivas es todavía reducido, abren una puerta a la real autonomía de los constructores en la gestión y administración de sus ganancias y podría solucionar uno de los problemas que no ha logrado frenar el Ministerio de Construcción (MICONS): la alta inestabilidad de la fuerza de trabajo, conflicto agravado desde que en 2010 se flexibilizó y estimuló el autoempleo o trabajo por cuenta propia.

De acuerdo con datos ofrecidos recientemente por ese organismo a la televisión cubana, anualmente fluctúa un 42 por ciento de la masa laboral del sector. Alrededor del 20 por ciento se mueven entre entidades del propio sistema de la construcción, pero otro 22 por ciento emigra definitivamente hacia otras actividades.

Más de 20.000 trabajadores tienen que reponer las empresas constructoras cada año. El nuevo personal ingresa con menos competencia y habilidades y acentúa las tensiones desde el punto de vista de la productividad y la calidad, dos viejas deudas de la construcción en Cuba. Como prueba quedan el deficiente control del hormigón hidráulico a pie de obra, el incumplimiento de contratos, la demora en la ejecución de inversiones y, una de las manifestaciones más lamentadas, las filtraciones por porosidad de los paneles prefabricados y la mala terminación de las obras.

Los esfuerzos para cubrir los vacíos de personal no son escasos. El MICONS emplea actualmente a más de 100.200 trabajadores: 60 por ciento son operarios; 20 por ciento, técnicos y 14 por ciento, administrativos y de servicios. El resto son dirigentes.  

Bajo ese nubarrón, las capacidades constructivas del país experimentaron un acentuado deterioro con la crisis económica desatada en los años 90, identificada por los cubanos como Período Especial. Experimentos como los contingentes de la construcción aliviaron, pero no resolvieron la inestabilidad del personal en ese sector y su baja productividad.

Este último indicador, la productividad, ha sido torpedeado también por problemas tradicionales de la construcción, presentes aún hoy y reconocidos por funcionarios del MICONS en el programa televisivo Mesa Redonda: fallas en la organización del trabajo, en la planificación y en la utilización del tiempo, adquieren particular gravedad en una actividad que combina una gama de oficios y profesiones diversos –arquitectos, ingenieros civiles, proyectistas, albañiles, plomeros, electricistas, soldadores, carpinteros, productores de hormigón, de prefabricados, de bloques y otros-. A esto se añade el manejo de equipos de construcción y de transporte también variados y de una amplia lista de materiales.

La viceministra de la Construcción, Lesbia Vázquez, informó un reajuste de estrategias para dar impulso a signos de reanimación, aún endebles, que se observan en los años más recientes. En frecuencia con el programa planteado por el gobierno para todos sus organismos, la funcionaria dijo que el ministerio daría continuidad a un reordenamiento institucional que apunta a la separación de funciones estatales y empresariales.Poseedoras de los principales medios de producción, las empresas estatales de la construcción se concentran en inversiones estratégicas y otras grandes obras.

Las empresas constructoras estatales, poseedoras de los principales recursos y medios de producción, se concentrarán en las grandes obras y programas de inversiones estratégicas del país. Casos conocidos son los trasvases del oriente cubano para aprovechar mejor los recursos hídricos, la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, la construcción de hoteles, la reparación de grandes edificios y la edificación de complejos habitacionales.

Para desatar nudos y encontrar las claves de eficiencia que le han sido adversas, estas empresas incorporarán con las nuevas directivas del plan del 2014, la posibilidad de disponer con autonomía de una parte de las utilidades para estimular salarialmente a los trabajadores más productivos.

Paralelamente, como confirmó la mencionada reunión del Consejo de Ministros, toman vuelo las nuevas formas de gestión no estatal, que se insertan en la ejecución de obras, fundamentalmente viviendas. Las 33 cooperativas aprobadas a fines de septiembre se agregaron a 24 que habían recibido luz verde antes, mientras otro grupo aguarda por licencia. Aunque todavía tienen un peso menor, despiertan optimismo.

Los funcionarios del MICONS entrevistados en la Mesa Redonda también informaron de la introducción de nuevas tecnologías que permiten reducir el empleo de mano de obra y sistemas de certificación de calidad más exigentes.

Con el soporte de esas y otras medidas, y la expectativa de cambios en el tintero del Consejo de Ministros, el sector ha conseguido un gradual despegue. De 1.334 empresas constructoras con cuenta el país –subordinadas al MICONS y otros organismos-, 13 aportan el 90 por ciento de la capacidad constructiva, en ascenso moderado desde el 2010. En el 2012 las edificaciones, y las obras industriales, ingenieras, marítimas, entre otras, llegaron a 4.882 millones de pesos, un 11 por ciento por encima del 2011, y este año, el MICONS calcula que pasen de 5.400 millones.

La construcción de viviendas, sin embargo, continúa entre las deudas de más tensión. Quizás uno de los casos más dramáticos se localiza en la provincia oriental de Santiago de Cuba. A un año del paso del huracán Sandy por ese territorio, todavía aguarda por solución más de la mitad de las personas que vio volar sus cubiertas o sufrió otras afectaciones. Derrumbes totales o parciales, techos perdidos y otros daños, afectaron a 171.000 viviendas.

Mientras los constructores ensayan nuevas fórmulas, dos grandes incógnitas laten en la realidad cubana: ¿despegará la construcción de viviendas? Y sobre todo, ¿conseguirá el sector sacudirse de una vez el maleficio que atenta contra su calidad y eficiencia?

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