Cuba por dentro. Redescubrir los territorios y sus escalas de integración

Las reconfiguraciones territoriales deberán impedir la proliferación de desigualdades sociales injustas.

Jorge Luis Baños - IPS

El tema de la diversidad, la desigualdad y la heterogeneidad social se ha hecho recurrente desde fines de la década del noventa

Es notable, en la actualidad, la frecuencia con que se trata el tema de territorios, de proyectos comunitarios, de desarrollo local, de lugares donde formas cooperativas o campesinos usufructuarios restituyen la productividad a tierras antes ociosas o se mantienen problemas productivos o de comercialización, del incremento de trabajadores por cuenta propia y su papel en la ampliación de la oferta de servicios, de dificultades organizativas y del deterioro que provocan en la imagen urbana y en las condiciones higiénico-sanitarias de algunos barrios. En fin, por dentro del territorio de Cuba, avanzan diferentes procesos económicos y sociales que difieren en magnitud, resultados y juicios valorativos.

El tema de la diversidad, la desigualdad y la heterogeneidad social se ha hecho recurrente desde fines de la década del noventa del pasado siglo, documentado en diferentes campos de producción de conocimientos, en investigaciones académicas –en general muy poco divulgadas– y en excelentes materiales que transitan géneros o clasificaciones en el amplio mundo de la comunicación.

Avanza la atención a las desigualdades de género, color de la piel o grupos sociales, mientras las desigualdades territoriales, como diferencias históricamente construidas o súbitamente creadas, son mucho menos abordadas; o las referencias a ellas, por lo general, resaltan la región oriental como la de mayor rezago, o insisten en los mismos barrios de deterioro físico. Mucho menos se abordan las inequidades territoriales, que sí pasan por juicios de valor como desigualdades injustas y evitables.

Miradas más detalladas y documentadas están fragmentadas en estudios de casos desde diferentes Ciencias Sociales, o en variados materiales audiovisuales o literarios que, de forma integrada, analizan el territorio y su población, las desigualdades de la dimensión económica de las condiciones de vida, pero también de la dimensión conductual comportamental. Me propongo entonces levantar o reforzar algunas provocaciones sobre la heterogeneidad interna del país, el significado de las escalas territoriales y sus recortes, para revelar la importancia del fomento de la solidaridad intra e inter territorial en el contexto de la actualización de las políticas económicas y sociales.

Recortes y territorios. Significados de la fragmentación

Cuba país, archipiélago, tierra plataforma y mar, está dividida por el Estado en provincias y municipios. Estos recortes sub nacionales, establecidos con fines político-administrativos, tienen una larga historia en la que fueron definidas diferentes unidades regionales desde inicios del Siglo XVII. Al triunfo de la Revolución cubana, las provincias casi centenarias se mantuvieron, surgieron nuevos municipios y una unidad intermedia llamada “regional”. En 1976 fue implantada una nueva división político-administrativa, usando racionalidad y funcionalidad, acordes a las exigencias del desarrollo económico y social del país. Se incrementaron las provincias a 14 y se redujeron los municipios de poco más de 400 a 169.

Por ajustes recientes que entraron en vigor en enero de 2011, la provincia de La Habana fue dividida en dos (Artemisa y Mayabeque), tres municipios de la provincia de Pinar del Río pasaron a la nueva provincia de Artemisa, se modificaron los límites y la población de 106 municipios con diferentes intensidades, el área y la población del municipio Varadero se integró al municipio de Cárdenas –pasando la península de Hicacos y el área hasta el hotel Oasis, a zona de administración especial subordinada al Consejo de Ministros– y la provincia Ciudad de La Habana pasó a nombrarse La Habana. Cuba quedó dividida en 15 provincias y 168 municipios.

Pocas veces nos preguntamos qué significan estos recortes y sus cambios en la vida territorial, colectiva e individual. Por ejemplo: ¿qué cambió cuando, en 1976, viviendo en Artemisa, su población dejó de ser pinareña para ser habanera, y en 2010 se volvió artemiseña?

En los instaurados ajustes se mantiene la elevada heterogeneidad en área y cantidad de población, como sucede en todos los países. Así varía la extensión de pocos Km2 a más de 4.000, de menos de 10.000 habitantes a más de 400.000, de dos asentamientos rurales a más de 100, o de menos de una decena de habitantes dispersos a más de 20.000 (www.one.cu). Igualmente es difícil que nos cuestionemos qué significa esta heterogeneidad inter e intra municipal en el desarrollo y en la gestión territorial.

La administración sectorial también recorta sus áreas de responsabilidad y actuación que, con frecuencia, se superponen a los límites político-administrativos sub nacionales en niveles jerárquicos. Grupos empresariales, uniones de empresas o empresas diseñan sus territorios, continuos o discontinuos, dentro o cruzando límites municipales e incluso provinciales. De forma similar lo hacen las distintas cooperativas de producción agrícola, pecuaria u otras.

Otros múltiples recortes administrativos sectoriales, institucionales o de organizaciones no gubernamentales fragmentan provincias y municipios; o agregan varios de ellos en regiones, para diferentes fines, como en el caso de la región que define el acceso a algunas carreras universitarias, o a la atención de nivel secundario de los servicios de salud. Incluso la organización de las series nacionales de baseball, hasta fecha muy reciente, dividían el país en solo dos zonas o regiones, Occidente y Oriente.

Al interior de los municipios existen también recortes. Los Consejos Populares, como órganos del Poder Popular local, demarcan sus territorios; la atención primaria de salud delimita el área y la población que tributa a los policlínicos (áreas de salud). Hay recortes que delimitan el territorio y la población que accede a una farmacia para la compra de determinados medicamentos, e incluso a una bodega para la obtención de productos normados.

En síntesis, los territorios político administrativos o administrativos sectoriales son creados y cambiados, según las instancias de nivel superior lo decidan, con objetivos de lograr mayor efectividad y equidad en la gestión territorial y están organizados, por lo general, según niveles jerárquicos de subordinación.

Cuba, por dentro, está también dividida en unidades naturales o físico-geográficas, de paisajes o ecosistemas, resultado de una evolución paleogeográfica que aportó al archipiélago una elevada diversidad. Estas unidades naturales están a su vez recortadas por las divisiones político administrativas y sectoriales; y, por ello, provincias y municipios tienen amplias diferencias en la dotación de condiciones y recursos naturales, de la historia y procesos actuales de la asimilación socioeconómica, que las colocaron y aún las colocan en ventaja o desventaja relativa para asumir determinados procesos productivos, de vocaciones de especialización o diversificación. No se trata de fatalismos o determinismos, sino de posibilidades diferenciadas.

Ni la Sierra Maestra está incluida en una sola provincia, ni la Ciénaga de Zapata está incluida en un solo municipio, y la productiva región geográfica de la Llanura Habana-Matanzas está fragmentada en numerosos municipios de tres provincias. Las unidades naturales o poco modificadas también son de responsabilidad y actuación de varias instituciones dedicadas a conciliar la conservación con la utilización de los recursos, establecer restricciones de uso y rehabilitar, en lo posible, sus valores. No tiene sentido alguno que la conservación de estas unidades se fragmente según límites político administrativos o sectoriales; aunque esto suceda a veces por razones de logísticas o por decisiones administrativas de las organizaciones implicadas.

A propósito, un ejemplo único de delimitación territorial, atendiendo a unidades naturales, es el promovido por el Plan Turquino, creado por el Estado con una concepción integrada de atención y monitoreo del desarrollo de los sistemas montañosos del país, ampliado a otros con limitantes de uso y, en muchos casos, de accesibilidad, denominándose entonces Plan Turquino Manatí. En los territorios que integran este plan, al menos de forma potencial existe la posibilidad de una gestión conjunta de los gobiernos provinciales o locales y de ellos con otros múltiples actores territoriales.

Una tercera división, sin dudas la más compleja, es la de otros territorios que, según la teoría de Milton Santos, son resultado de una construcción social; espacios geográficos vividos, sinónimo de territorios usados, sistemas de objetos y sistemas de acciones con determinada estructura y en permanente dinámica. Para ampliar sobre estos enfoques teóricos ver http://miltonsantos.com.br/site/sobre/.

Lugares producidos y reconfigurados por la ocupación humana, dotados de un sistema de valores o capitales económicos, humanos, sociales y con relativa homogeneidad interna. Sus límites variables, flexibles y las unidades que estos definen, ni están decididos por el Estado, ni por la naturaleza. Ese territorio usado no es un mero reflejo de las desigualdades sociales, sino que participa como una dimensión de la construcción y reconstrucción de ellas; de ahí que su conocimiento sea esencial.

Sin desestimar las divisiones político administrativas o administrativo sectoriales, o las divisiones de la naturaleza, coloco en foco la importancia de las divisiones espaciales contenidas en cualquiera de las otras divisiones sub nacionales, que se reconfiguran con dinámicas veloces o lentas, según políticas y procesos económicos y sociales, pero también según conductas y comportamientos de sus propios habitantes.

En “La conquista del espacio cubano”, el Dr. Juan Pérez de la Riva reconocía, a grandes rasgos, que en la historia de la ocupación del territorio nacional podían distinguirse, a fines del Siglo XIX, una Cuba A de la plantación esclavista de azúcar, de opulencia económica, extendida por la llanura occidental de suelos productivos de Artemisa a Colón, incluyendo La Habana; y una Cuba B que comenzaba al este de la llanura de Manaca, con una economía de autoconsumo y predominantemente ganadera, con numerosos ingenios pero escasa producción. El autor mencionado retrata que en ambas Cubas reinaban las inequidades sociales.  

En las primeras seis décadas del siglo pasado, la conquista avanzó decidida no por España, sino por gobiernos de turno en simbiosis con los Estados Unidos de América. Se reformularon los espacios de la Cuba A, se avanzó en la conquista de la Cuba B y en el desarrollo desigual capitalista, se excluyeron extensos territorios y población del progreso o el desarrollo y solo en pocos, por lo general urbanos, una parte de la población lograba gestar estrategias individuales familiares para combatirla. Fueron estrategias extremas refugiarse en las montañas del país, en las ciénagas en tiempo muerto entre zafras azucareras o en barrios improvisados insalubres, de las más grandes ciudades, intentando aproximarse a fuentes de ingresos siempre irregulares y escasas.

Al triunfo de la Revolución cubana, y durante tres décadas, la planificación física regional y urbana, apoyada por múltiples políticas sociales, procuró un equilibrio en la distribución de inversiones, la igualdad de oportunidades territoriales de acceso al empleo, a servicios esenciales y, en general, a mejoras en las condiciones de vida. Las más agudas diferencias señaladas entonces eran entre el Occidente y el Oriente, entre la vida urbana y la rural, y entre barrios de las más importante ciudades.

A pesar de éxitos evidentes, investigaciones de la Junta Central de Planificación y de su Instituto de Planificación Física identificaban diferencias regionales, municipales, intra urbanas e incluso entre franjas del sistema de asentamientos del país. Destacaban la reproducción de los rezagos territoriales en la región oriental y en los asentamientos de base agropecuaria rurales o algunos urbanos. No se les llamaba entonces desigualdades o heterogeneidades, sino desequilibrios o diferencias.

Es muy conocido que los logros en la homogeneidad social y territorial alcanzada se estremecen a inicios de la década del noventa del pasado siglo, dando inicio a nuevos procesos que reconfiguran las desigualdades; ellas evolucionan, a partir de entonces, entre la decisión estatal de priorizar algunos sectores económicos trascendentes para la recuperación y la pérdida de prioridad de otros que entraban en un drástico proceso de descapitalización. Entre estos dos procesos se erigían las múltiples estrategias decididas por individuos y familias para reducir el deterioro de dimensiones de las condiciones de vida. El Estado concibió las mayores oportunidades en la localización de determinados recursos naturales o socio-históricos.  

Aunque con pertenencia formal a provincias y a municipios, el sector turístico –convertido en líder emergente– seleccionó lugares de reconocido prestigio histórico como Varadero, grupos insulares prácticamente vírgenes como los del norte y sur de la Isla de Cuba y ciudades y pueblos que guardaban sus valores patrimoniales naturales o históricos y culturales. Fue también reactivado el desarrollo minero metalúrgico de la parte nororiental del país y avanzó la exploración y explotación de recursos energéticos en el norte de las provincias occidentales. Sin fundamentarse en la dotación de recursos naturales, se observó el crecimiento y modernización del complejo agroindustrial citrícola del sur de la provincia de Matanzas, en Jagüey Grande, actualmente en deterioro.  

Estos enclaves, llamados con frecuencia “polos de desarrollo”, no se ajustan a cualquier teoría del desarrollo espacial polarizado en la formación de regiones. Como espacios prioritarios de la economía nacional, los ingresos netos debían distribuirse según prioridades definidas a este nivel. El sector turístico no solo consiguió los resultados por los cuales fue priorizado, sino que, de forma paulatina, dinamizó otros sectores económicos e incrementó las compras a productores estatales nacionales.

No obstante, la irradiación territorial de las ventajas de estos nuevos o renovados actores económicos ha sido muy limitada y, en general, circunscrita a la generación de empleos a la población de ciudades o pueblos próximos, en algunos casos con regulaciones de municipio de procedencia. Por otra parte, la demora en la búsqueda de potencialidades productivas o de otras actividades turísticas complementarias, en espacios del propio municipio o vecinos de estos enclaves, suscitó el evidente incremento de las desigualdades intra e inter espaciales y territoriales, situación agravada por la inexistencia de la discutida recaudación tributaria municipal. Hasta fecha reciente, el Plan Maestro para la Revitalización Integral de La Habana Vieja, de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, era el único territorio con ventajas en la obtención de ingresos a partir de la gestión de servicios y otras actividades en el territorio, encaminado a un desarrollo integral autofinanciado, a partir de que las inversiones en el patrimonio sean recuperables y productivas.

No dudo que hayan existido razones económicas de peso para que, durante tantos años, se hayan importado o suministrado desde otros territorios nacionales distantes, frutas, vegetales, flores, follajes y tantos otros insumos a enclaves turísticos del país, pero estoy segura de que muchos de estos productos podían haberse producido en sus cercanías. En estos espacios priorizados o hacia otras ciudades y pueblos próximos se ha registrado la recepción mantenida de elevados contingentes de inmigrantes. 

La provincia de La Habana posee rasgos particulares. En las últimas dos décadas ha sido objeto de emplazamientos de múltiples actores económicos de prioridad nacional como turismo histórico cultural, de instituciones para el desarrollo biotecnológico, sedes de empresas mixtas, zonas francas y otras, con más elevadas densidades en la parte norte de la provincia.

La irradiación de las ventajas que ellos promueven es mucho más difícil de enjuiciar y, probablemente, necesitaríamos también incorporar otro tipo más sociológico o antropológico de niveles de aproximación, como los que de forma breve distinguiera Sergio Baroni en 1999 cuando reconociese tres Habanas: la de los extranjeros, la de los cubanos y la de los habaneros. Estas Habanas han sido nombradas de otras formas: García Pleyán las nombró como… “la presentable, la Habana del norte, de la costa…. y, más atrás, el patio trasero, los interminables y anónimos barrios que están al sur, ….”, y Mario Coyula como “ …la ciudad costera por donde se mueven los visitantes y una ciudad del sur, La Habana profunda”.

En otros múltiples territorios del país, la descapitalización de sectores productivos provocó el deterioro económico territorial y de la dimensión económica de las condiciones de vida de individuos familias, con impactos negativos sobre las dinámicas sociales. La decisión estatal de reestructurar la agroindustria azucarera es el más controvertido y de más amplia repercusión en las reconfiguraciones espaciales y territoriales, al reducirse en pocos años a menos de 40 por ciento el patrimonio azucarero del país y en 26 por ciento la superficie de plantaciones de caña de azúcar, lo que ha afectado a más de un centenar de municipios, con diferentes intensidades.

Como había sido previsto por el Instituto de Planificación Física en 2003, los impactos negativos de estos procesos tuvieron diferente expresión territorial; asociada, entre otros factores, a que la producción de azúcar fuese la función económica principal del municipio o, en cambio, este contase con otros actores económicos; o de que el asentamiento del central azucarero se localizara en la cabecera (capital) municipal o en sus proximidades; o, por el contrario, en otros de los asentamientos urbanos del propio municipio, lo cual reglaría la emigración interna de la población y otros conflictos por la pérdida de identidad productiva y social.

Los obstáculos para reorientar nuevas funciones económicas fue uno de los componentes del incremento de las tierras no cultivadas, proceso que había sido constatado desde antes. En respuesta, fue decidida la entrega en usufructo de tierras estatales ociosas a personas naturales y jurídicas, lo cual se convirtió en un nuevo factor de las reconfiguraciones territoriales. Pese a la reducción de los municipios con mayores extensiones de tierras ociosas, que pasaron de 72 en 2007 a solo 10 en 2010, y de que las entregas se correspondieron con su mayor concentración en la parte centro oriental del país, investigaciones y otros materiales divulgados por diferentes medios de difusión argumentan su diferenciación.

Se citan tanto problemas de concepción y organizativos, como lentitud en el traspaso o la puesta en producción, disponibilidad de insumos y falta de estímulos a la comercialización, en tanto se registran éxitos notables en algunos usufructuarios de la producción de leche y otros productos, al punto que uno solo de ellos es capaz de abastecer de un producto básico como el arroz a un pequeño asentamiento rural montañoso. Una aproximación a la distribución geográfica de los principales procesos relatados se aprecia en el siguiente mapa.

Localización de actores económicos priorizados y redimensionamiento de la agroindustria azucarera

Adaptando los análisis de Santos y Arroyo[1] acerca del desarrollo y la estratificación de territorios, podemos asumir que, por efecto de los nuevos procesos productivos y sociales en el país, se han definido espacios atractivos, dinámicos, avanzados, “espacios luminosos” que aún sin documentación precisa se diferencian de otros espacios no atractivos, donde es posible suponer una lenta evolución, relativo retraso o pérdida de sus funciones económicas predominantes: “espacios opacos”. Otro patrón espacial sería el de puntos luminosos en espacios opacos o puntos opacos en espacios luminosos.

Todos han estado guiados por la opción de inserción en las múltiples formas de participación en procesos productivos, de obtención de ingresos y de posibilidades de consumo. Esfuerzos teóricos y empíricos deberán permitir su identificación y responder a una interrogante esencial: ¿espacios luminosos y opacos por qué y para quiénes?

Las decisiones individuales familiares también reconfiguraron la geografía de las desigualdades territoriales, mucho más difícil de constatar. No solo por restricciones de accesibilidad a informaciones municipales o a encuestas nacionales, como por la carencia de indicadores nuevos para comprender las dinámicas de los espacios vividos. Algunos de suma importancia –como los que penetren en la subjetividad de los habitantes, disímiles por la pertenencia a un grupo etario o a los múltiples grupos sociales en que pudiera clasificarse hoy la población cubana– continuarán circunscritos a estudios de casos, a materiales literarios o filmes.  

Sí resulta más claro que la proximidad o la favorable accesibilidad geográfica de individuos o varios miembros de la familia a sectores emergentes estatales promueve la incorporación a estos, y les ofrecen ventajas de ingreso y de condiciones de trabajo; otros, como los trabajadores por cuenta propia, aunque diseñan geografías pulverizadas al interior del país, con seguridad también tienen diferentes densidades territoriales, coligadas a distribuciones que van de la dotación de recursos naturales a la geografía de las remesas aún por diseñar.  

Buena parte de las actividades consideradas a veces ilegales, que emergieron al interior de Cuba, eran en realidad alegales, si aplicamos el concepto de Jordi Borja y las entendemos como actividades que se consentían sin haber sido reglamentadas. La ampliación o reapertura de licencias debe haber reducido tanto los ilegales como los alegales, aunque aún continúan y, entre ellos, con muchas dudas, se colocarían algunos de los “revendedores de los más disímiles productos” u otros que prestan determinados servicios.

A los notables incrementos de los trabajadores por cuenta propia, incorporados a producciones o servicios deficitarios u ofertados con mayor calidad o variedad, o a reventas de productos variados muchas veces difíciles de clasificar, se les atribuye un papel en el incremento de las desigualdades sociales y territoriales. Sin datos precisos, se conoce que los ingresos difieren no solo entre licencias, como dentro de grupos con la misma licencia.

Con dinámicas estables o no, sus localizaciones o sus recorridos por varios lugares tienen ciertas regularidades espaciales, que reafirman las ventajas o desventajas espaciales para acogerlos, en especial en el caso de restaurantes, cafeterías, arrendamiento de viviendas y hasta vendedores ambulantes. Otros impactos alertados van desde la migración a este sector desde empleos calificados, con regularidades territoriales por estudiar, hasta el deterioro de la imagen urbana, de las condiciones higiénico sanitarias y, en general, de la dinámica de los ambientes construido y social, al menos en La Habana.

Entre los impactos territoriales positivos, aunque aún haya resistencia a reconocerlos, pueden citarse en primer lugar el incremento del empleo, de producciones o servicios deficitarios y con mayor calidad o variedad; la satisfacción de necesidades básicas antiguas o básicas de nueva creación; y, tal vez lo más importante: muchos de ellos favorecen la redistribución de ingresos, benefician a otras familias en el territorio, en el barrio, en la cuadra o en el propio edificio donde se localizan, e incluso ayudan a aliviar las tensiones del cotidiano para aquellos cuyos ingresos permiten acceder a las ofertas, como en el caso de los llamados “carretilleros”.

La redescubierta del territorio ante las nuevas proyecciones de la política económica y social del país

Por muchos años se ha escuchado “en todos los municipios del país” se hará o desarrollará tal programa o acción, siempre orientados desde los niveles superiores. Esta frase de buena voluntad, considerada positiva, en realidad es peligrosamente negativa y alude a la igualdad distributiva territorial, que no es sinónimo de equidad. A propósito, cabe la siguiente cita del presidente Raúl Castro, en discurso pronunciado en febrero del 2008: “…está la tendencia a aplicar la misma receta en todas partes. Como resultado de ello y quizás su peor consecuencia, muchos piensan que cada problema exige de medidas de alcance nacional para resolverse”. Por ello, se producirán cambios notables a nivel sub nacional, si se concretan en breve tiempo los procesos de descentralización que superen anteriores acciones circunscritas, en muchas ocasiones, a la desconcentración. Para ello será preciso redescubrir el territorio, interrogarlo a profundidad y transitar las escalas que en él están presentes de forma más o menos tangibles. Considerar el territorio que se tenía antes de la crisis de los noventa, o incluso antes, y el que se tiene ahora, para proyectar con menos incertidumbres el que se quiere o puede tener, según plazos cortos o más largos.

Entre las acciones aprendidas está también el reconocimiento de la heterogeneidad territorial. La reiterada importancia dada en los últimos tiempos al desarrollo local se comprueba con la selección realizada por instituciones del Estado, departamentos, centros de investigación, universidades y otras, en los llamados municipios “pilotos”, distribuidos por todo el país, donde se desarrollan experiencias, algunas desde la propia década del noventa, con o sin colaboración internacional. La dispersión de estos esfuerzos parece tener un cierto control en los últimos tiempos, no solo por la selección de los mismos municipios por varias instituciones, como por el evidente interés de procurar, más que acciones aisladas, proyectos más integrados.

No obstante, debe superarse la asunción de que lo local es sinónimo de municipal; local puede ser un Consejo Popular más extenso y poblado que un municipio, o un distrito de la ciudad de Santiago de Cuba o hasta un barrio. Lo local puede y debe ser también un agregado de municipios vecinos o parte de ellos que, con mayor eficiencia, logren la cohesión territorial y social en la gestión del desarrollo, sin debilitar el papel rector de los gobiernos territoriales en estos procesos. Por otra parte, difícilmente un proyecto de desarrollo territorial podrá declararse exitoso si la emigración interna continúa, si la población no percibe mejoras en el consumo familiar, que en algunos territorios posee expectativas crecientes, mucho más allá de la disponibilidad y accesibilidad de los ingresos familiares para adquirir productos del agro; en fin, si la percepción de malestar crece más que el bienestar.

La propuesta de creación de “Zonas Especiales de Desarrollo”, que fomentarán a su vez el desarrollo local, es otro de los factores de los cambios territoriales, macrovectores, que pudieran de esta vez contemplar la incorporación del nivel micro o meso territorial y construir verdaderas regiones.

Aunque sin localización concreta en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, de este propio documento pueden identificarse algunas de ellas, como el Polo Industrial de Cienfuegos, la zona industrial de Matanzas a recuperar, el desarrollo portuario del Mariel y el incremento de la producción de la industria del níquel en Moa.

En la decisión de impulsar el crecimiento acelerado del turismo se mantendrán tanto las principales áreas, que ya constituían zonas priorizadas de desarrollo, como se pretende crear otros enclaves en espacios rurales o naturales por el sector, otros sectores o por iniciativas locales. La propuesta del fomento de industrias de apoyo al turismo y la reciente autorización de ventas a establecimientos hoteleros de productos agrícolas procedentes de diferentes formas de organización –y que podrán ampliarse a otras producciones no agrícolas–, representan nuevas oportunidades para el fomento de la solidaridad, la cooperación intra e interterritorial, los encadenamientos productivos o la creación de complejos territoriales productivos.

La relevancia dada a la producción de alimentos asegura que muchos territorios del país participen en este empeño. Las diferencias en los avances productivos de una u otra de las tantas estructuras vinculadas a este objetivo están condicionadas no solo por las potencialidades y limitantes que la naturaleza aportó al recurso tierra en los territorios, como por las que han surgido en los procesos de su explotación, sea este un recorte político administrativo, cooperativo espontáneo o “indicado”, o un área que obtuvo en usufructo un experimentado o nuevo campesino.

No puede descontarse la participación de las diferencias de ingresos que permitirían o no obtener insumos y medios de trabajo que faciliten las producciones, entre ellos, equipos o transportes propios para, al menos de forma potencial, aliviar los problemas de la distribución y comercialización, apresada en las normativas de acopio, cuya distribución geográfica no se puede ni imaginar.

Se convierte en un verdadero desafío, tanto en el plano objetivo como en el subjetivo, reconocer y re analizar los múltiples recortes que se superponen a la división político administrativa, y administrativo sectorial, con lógicas no siempre coherentes, con tradiciones o identidades de larga data –por crear o rescatar– y con vicios a erradicar. Otro importante reto es entender los múltiples actores que coexisten en la vida territorial, su subordinación o interacción con otras escalas supralocales, que incluyen hasta las supranacionales. Desde el punto de vista analítico, la prioridad no estaría en lo local diferente a lo nacional o a lo global, sino en las oportunidades del tránsito de escalas, que concreten el desarrollo y avances en las condiciones de vida de la población territorial (ver http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-270/sn-270-5.htm).

Las estructuras territoriales de la planificación física, sacudida desde hace dos décadas con la pérdida de sus funciones esenciales, asignación de otras, y guiada por urgencias, puede recuperar su papel en el desarrollo y adaptarse a sus tradicionales tareas de atender los equilibrios territoriales, en los nuevos contextos en que las desigualdades territoriales se reconfiguran. La reciente promulgación de la Ley No 113 del Sistema Tributario, que considera la contribución territorial al desarrollo local, puede ser un nuevo factor de reanimación de espacios opacos y de un incremento de los luminosos (ver www.gacetaoficial.cu). El paso paulatino de empresas estatales y de infraestructuras de servicios al sector cooperativo, y otras que esperan, pueden ser también decisivas en la reanimación de algunos territorios aún en letargo.

Por último, en estos reacomodos territoriales hay que aprender a escuchar y entender lo que hablan los territorios y su población; los que hablan alto y los casi silenciosos, más urgidos, que necesitarán más tiempo y apoyo para generar alternativas de desarrollo económico territorial, mejoras en las condiciones de vida y elevación del bienestar. Escuchar desde los registros estadísticos convencionales, por ejemplo demográficos, y escuchar con preferencia a sus gentes, si se logra crear o despertar la motivación por la participación en su más amplio concepto. Múltiples organizaciones nacionales, provinciales y organizaciones no gubernamentales, como el Centro Martin Luther King, el Centro de Intercambio y Referencia Iniciativa Comunitaria, el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, el Centro de Desarrollo Local y Comunitario, el Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero”, entre otras provinciales, creadas en Universidades, acumulan suficiente experiencia para apoyar este empeño.

Conclusiones

El territorio nacional, aunque algunos lo rebatan, mantiene aún desigualdades espaciales que son huellas de la organización económica y social durante la conquista y el capitalismo. A ellas se incorporan las promovidas por los propios procesos de reducción de los desequilibrios territoriales y las más recientes, generadas a partir de los noventa, en el vaivén de crisis, recuperación y crisis.

Por dentro de Cuba se multiplican los actores económicos y también los sociales, o cambian de estatus o categoría. Para dar pasos a una nueva organización espacial y lograr el funcionamiento armónico de todos estos actores, hay que inventariarlos, reconocerlos y definir el entramado de escalas y niveles que coexisten. En este marco surgen algunas preguntas: ¿qué actores localizados en el nivel local se subordinan a niveles supra locales?, ¿cuáles territorios integrarían las futuras regiones?; o más difícil aún: ¿cómo se reconfigura y valora el papel de lo individual familiar para el desarrollo en los diferentes niveles territoriales? Se trata de transformaciones necesarias en marcha entre Estado-gobiernos territoriales; Estado-gobiernos territoriales con empresas, cooperativas y otros actores económicos; y Estado-gobiernos territoriales con individuos y familias. La cooperación y la integración será un reto que podrá fomentar la debilitada cohesión territorial.

Se precisa comprender que no es igual que aceptar con disgusto los cambios de la economía y la sociedad que restan protagonismo al Estado en el acontecer territorial y en la vida de su población; valorarlos como ventajas para los gobiernos provinciales o municipales, y no como retrocesos; y afrontar las tensiones que hoy se presentan entre los decisivos avances económicos y el retroceso de la equidad, buscando acercarse lo más posible al equilibrio entre ambos.

En los territorios vividos se sintetiza Cultura en mayúscula, economía, sociedad, política y administración, y en sus variadas dinámicas intervienen la historia y la geografía, siempre cómplices, y una dimensión determinante que acecha o decide: la subjetividad humana.

En los cambios económicos y sociales en proceso es probable que se amplíen las desigualdades territoriales, ahora en contextos de incremento de oportunidades y también de riesgos en la elaboración y ejecución de proyectos, que incluyen los individuales o familiares. En un marco presumible están convocados a participar todos los territorios y toda la población, pero en condiciones económicas, sociales y aspiraciones de elevada heterogeneidad. Se requerirá, por tanto, del despliegue de un arsenal teórico y práctico que impida que las re configuraciones territoriales faciliten las desigualdades sociales injustas (2013).

Notas

[1] M. Santos y M. Arroyo: “Globalização Regionalização: A proposta de MERCOSUR”, en Industria, globalização e economia, cuaderno técnico, Brasilia. No 24CNI/SESI, 1997.

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