Economía: ¿Cómo viven las cubanas los cambios actuales?

Estilos masculinos de dirección, entre otros factores, limitan la inserción laboral de las mujeres.

Jorge Luis Baños - IPS

Las mujeres tendrán que esperar por mejoras en las políticas sobre el trabajo

Cubanas y cubanos hemos vivido un grupo de cambios importantes en los últimos cinco años, impulsados en su gran mayoría por el Estado. Estos cambios, centrados en lo fundamental en la esfera económica y organizacional de la sociedad, se han dado a conocer como “proceso de actualización del modelo económico”.

Diversos factores, tanto externos como internos [1], evidenciaron las limitaciones de la economía para salir adelante y llevar a vías de hecho transformaciones sociales que demanda la sociedad cubana actual. Sin renunciar a los principios socialistas [2], como ha repetido el presidente Raúl Castro en varias ocasiones y se explicita en los Lineamientos [3], luego de los primeros cinco años de haber comenzado estas transformaciones se pueden apreciar diversos cambios en la sociedad cubana.

Aunque estas transformaciones aún se están aplicando y sus efectos principales se evidenciarán en el mediano y largo plazos, han encontrado a las y los cubanos en diversas situaciones, por lo que es de esperar también que sus impactos sean diferenciados. Si bien las mujeres han sido especialmente beneficiarias de políticas que han mejorado su participación en disímiles esferas de la vida, diferentes estudios avalan el mantenimiento de brechas de género en diversos espacios [4].

Este trabajo tiene como objetivo general reflexionar sobre las potencialidades y limitaciones de algunas de las medidas aplicadas dentro del proceso de “actualización del modelo económico” en la vida de las mujeres y, a su vez, en las relaciones de género.

Entre las medidas aplicadas y que se analizarán en este trabajo se encuentran:

1.    Cambios en el empleo

2.    Apertura del trabajo por cuenta propia.

3.    Transformación del sector agrícola: aplicación del Decreto Ley 259.

4.    Reestructuración de los gastos del presupuesto y su impacto en algunas de las políticas sociales.

Este análisis se realiza a partir de la  revisión de documentos legales, entrevistas informales, así como de la escasa información estadística pública disponible, desagregada por sexos.

Cambios en el empleo

La población económicamente activa de Cuba se ha caracterizado, en la primera década del siglo XXI, por el aumento de las personas empleadas y la disminución de las desocupadas, proceso en el cual tienen una participación significativa las mujeres.

Estructura de las mujeres en edad laboral según actividad principal, en miles, 2001-2010

Fuente: Elaborado por las autoras a partir Anuario Estadístico de Cuba 2010, ONEI, 2011.

Según su situación ante el empleo, ellas tienen una presencia relevante en el sector estatal: antes de terminar la primera década de este siglo, algo más del 90 por ciento del total de las mujeres ocupadas se empleaban en entidades e instituciones estatales, lo que muestra de manera irrelevante su presencia como cooperativistas -cerca del 17 por ciento-, y de trabajadores por cuenta propia, alrededor del 24 por ciento del total trabajadores en estas categorías.

En 2010 las mujeres predominaban en la fuerza laboral técnica (57 por ciento del total de técnicos). En respuesta a su superación sistemática, han podido alcanzar el 51,5 por ciento de las maestrías y 32,5 por ciento de los doctorados del país, que le permiten en estos años ser casi la mitad entre quienes investigan en unidades de ciencia y técnica [5]. Sin embargo, estos resultados no se revierten en su participación en la toma de decisiones directas, ni en los sectores económicos de mayor productividad.

Participación de las mujeres según categoría ocupacional (por ciento) en años

Fuente: Elaborado por las autoras a partir de Anuarios Estadísticos de Cuba de la ONE correspondientes a 2003, 2006) y 2010

La concentración de las mujeres en los sectores de educación, salud, servicios personales, sociales, finanzas y seguros se incrementa en los primeros años de este siglo; o sea, las mujeres ocupadas en estos sectores eran, en el año 2000, casi la mitad del total de las trabajadoras remuneradas y antes de que culminara el decenio comprendían el 62 por ciento, lo que está asociado a una mayor dinámica de las mujeres ocupadas en estos sectores que la de la ocupación femenina total [6].

A inicios del proceso de actualización del modelo económico, la participación de las mujeres en sectores tradicionalmente masculinos, como las actividades de explotación de minas y canteras y las de electricidad, gas y agua se presenta ligeramente favorable. Es significativo que, en el período que antecede a los cambios, el porcentaje de las mujeres ocupadas en sectores como la agricultura, la industria, la construcción y el transporte mantiene una tendencia decreciente.

Estructura de la ocupación femenina por clase de actividad económica, en miles (2010)

Fuente: Anuario Estadístico de Cuba de 2010, ONEI, 2011.

La implementación de la actualización del modelo económico cubano incluye la reestructuración del empleo estatal en busca de la eficiencia económica y el incremento de la productividad del trabajo.

En octubre de 2010 se aprobó el Reglamento sobre el tratamiento laboral y salarial aplicable a los trabajadores disponibles e interruptos [7], para permitir un uso más racional de la fuerza de trabajo. Este reglamento deja explícito que el principio de idoneidad demostrada rige el proceso de disponibilidad, en la búsqueda de garantizar que cada cargo sea ocupado por la persona más idónea y no exista favoritismo ni discriminación de género o de otro tipo.

Al considerar los cambios y la desigual distribución de la ocupación femenina y masculina existente en Cuba, es de esperar que estas medidas tengan posibles impactos diferenciados en mujeres y hombres ocupados en el país.

De manera positiva, el proceso de reestructuración del empleo encuentra a las mujeres cubanas capacitadas y con una esperanza de vida alta. Las ocupadas en el trabajo remunerado se caracterizan por tener un nivel de instrucción superior al de los hombres y, en correspondencia, son mayoría entre los técnicos y profesionales.

Sin embargo, aunque tienen una inserción favorable en el trabajo remunerado, la segregación vertical y horizontal [8] de las mujeres las hace más vulnerable que los hombres al proceso de cambio. Esa segregación vertical y horizontal de las ocupadas, la construcción simbólica de la “idoneidad” y los roles asignados como cuidadoras, las hacen más vulnerable que los hombres al proceso de cambio.

La contracción del empleo estatal encontró a la gran mayoría de las mujeres empleadas en el sector de los servicios, donde se recibe menor remuneración y se reflejará con mayor crudeza la reducción prevista de los gastos del presupuesto estatal.

El principal criterio para determinar la disponibilidad laboral es la idoneidad demostrada, por lo que se debe mantener un alerta sobre los indicadores por los cuales se evalúa esa idoneidad. Estudios anteriores han mostrado que, en el caso de los procesos de promoción a cargos de dirección, esa decisión tiene un alto componente subjetivo, marcado por elementos propios de la cultura patriarcal que predomina en el país [9].

De esta forma, es posible que un grupo considerable de mujeres no pueda cumplir con algunos de los requisitos solicitados dentro de los criterios de idoneidad. Esto, unido al predominio de una cultura organizacional patriarcal, puede incidir en el significado simbólico de “idoneidad”, donde se privilegien comportamientos como la permanencia en el trabajo en horario extralaboral, la disponibilidad de tiempo ilimitada, la capacidad de hacerse cargo de las situaciones de forma directa, de responder “objetiva y racionalmente” ante las demandas, entre otros [10]. Por lo general, estos comportamientos son costosos para las mujeres, en quienes continúan recayendo los roles de cuidadoras y administradoras del hogar y la familia.

Como elementos iniciales del impacto de la implementación del reglamento, en 2010 se reportó un decrecimiento de la ocupación en 87.900 trabajadores, de los cuales las mujeres aportan 33,8 por ciento de esa disminución. En el análisis sectorial, la industria manufacturera es la de mayor contracción, por los cambios ocurridos con el personal disponible como resultado de las transformaciones de la industria azucarera.

En 2010 el decrecimiento de la ocupación femenina se concentró en las jóvenes y en las mujeres de nivel secundario. Sobre este último aspecto, por cada trabajador con nivel secundario que salió del empleo en el año 2010, lo hicieron dos mujeres con igual nivel de instrucción.

De forma general se observa que los hombres están en una situación más favorable que las mujeres para recibir el proceso de reordenamiento laboral. La mayoría de ellos están empleados en los sectores primario y secundario, que son los de mayores salarios y los que contribuyen al incremento de las exportaciones, por lo que no sufren con la misma profundidad las restricciones aplicadas a la economía.

Participación de mujeres y hombres (por ciento) en el 2010 según principales sectores de actividad económica y su relación con el salario medio mensual (pesos)

Fuente: Elaborado por las autoras a partir de Anuario Estadístico de Cuba de 2010, ONEI, 2011.

A esta primera contracción de la ocupación se le deberán sumar los cambios ocurridos entre 2010-2012 en el sector terciario de la economía, tanto por las transformaciones del aparato estatal como por el inicio del proceso de reducción de plantillas infladas iniciado en esta etapa, donde es de esperar un mayor decrecimiento de los ocupados en el sector estatal, con notable énfasis en las mujeres.

Ampliación del trabajo por cuenta propia

Entre las principales alternativas para dar empleo a las personas que queden disponibles del sector estatal [11] se encuentra la ampliación del trabajo por cuenta propia, considerada una de las medidas de mayor impacto.

Según datos informados en la Asamblea Nacional del Poder Popular celebrada en agosto del 2011, el 18, 5 por ciento del total de ocupados en ese sector son mujeres. Aunque esta cantidad ha aumentado en cifras absolutas, mantiene un crecimiento estable y mucho menos acelerado que el de los hombres, desde la década pasada.

Trabajadores por cuenta propia, Años seleccionados

Fuente: Elaborado por las autoras a partir de Anuarios Estadísticos de Cuba 2003, 2006 y 2010, ONEI. Los datos de 2011 pertenecen al Informe a la Asamblea Nacional del Poder Popular, Agosto 2011 [12]

En información obtenida en septiembre de este mismo año [13], ellas habían solicitado las licencias en actividades tradicionalmente femeninas como elaboración de alimentos y comidas ligeras, como cuidadoras de niños, modistas o peluqueras.

De forma general se puede afirmar que las mujeres que solicitan licencias se mantienen en aquellas actividades tradicionalmente femeninas –solo representan la mayoría de los ocupados por actividad en el 11 por ciento del total de actividades aprobadas-, lo que se relaciona con el hecho de que la mayoría de las opciones disponibles para ejercer el trabajo por cuenta propia refieren aquellas tradicionalmente masculinas, por lo que las mujeres puede que no se sientan motivadas para desarrollarlas.

Por otra parte, algunas de las actividades típicas de mujeres, como las relacionadas con el cuidado de población infantil y personas enfermas, así como la elaboración de alimentos en pequeña escala para ser vendidos por otros, se establecen a través de relaciones de confianza y pueden ser temporales [14], por lo que no existen incentivos reales para que las mujeres soliciten estas licencias.

Entre las limitaciones de las nuevas regulaciones señaladas por diversos autores [15] se encuentran la especificidad y el bajo valor agregado de la mayoría de las opciones para ejercer el trabajo por cuenta propia.

Esta situación es particularmente negativa para las mujeres, ya que al considerar el nivel de instrucción medio y alto alcanzado por las mujeres, puede ser que estas actividades sean poco atractivas para ellas.

Al mismo tiempo, las actividades aprobadas hasta el momento fomentan el autoempleo en oficios que no han sido priorizados dentro del sistema educacional. En las escuelas de oficio, las mujeres tampoco han sido la mayoría entre los graduados, pues estos centros han estado dirigidos en lo fundamental al desarrollo de oficios tradicionalmente considerados masculinos. Si no se incentivan políticas de formación en este tipo de enseñanza, especialmente sensibles a la problemática de género, probablemente las mujeres enfrentarán mayores dificultades para insertarse entre las actividades cuentapropistas.

El acceso al crédito bancario [16] constituye una oportunidad para las mujeres, ya que probablemente ellas acudan, en su mayoría, a esta modalidad, al no contar con un capital suficientemente sólido para comenzar y desarrollar un negocio propio. Los procesos patriarcales de socialización de género tienden a alejar a las mujeres de la acumulación de capital a nivel individual [17].

Sería necesario darle seguimiento al impacto de esta medida, especialmente en las mujeres, con el fin de valorar su capacidad para ofrecer las garantías solicitadas –reales y simbólicas- en el proceso de obtención de crédito.

La inexistencia de un mercado mayorista de insumos suficiente es otra de las limitaciones señaladas: por una parte puede contraer la oferta de los nuevos empresarios y, por otra, puede llevarlos a obtener los insumos necesarios en el mercado negro. Para las mujeres, esta dificultad puede ser mayor, ya que diversos estudios han demostrado la importancia de las redes sociales para informarse y obtener productos escasos [18], a las cuales las mujeres tienen accesos limitados.

Entre los elementos distintivos de este proceso de reapertura del trabajo por cuenta propia se encuentra el hecho de que se afilian –con carácter obligatorio- al régimen de seguridad social, siempre y cuando no estén protegidos por el régimen general u otro especial de seguridad social.

El nuevo sistema, recogido en el Decreto Ley 278 del 2010 [19] y precisado para su implementación en la Resolución 34 del 2010 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) ofrece protección al trabajador o trabajadora ante la vejez, la invalidez total temporal o permanente y, en caso de muerte, a su familia, así como a la trabajadora en ocasión de la maternidad.

Al menos en el espíritu del Decreto Ley y de la Resolución 34/2010 se aprecia un tratamiento diferenciado para las mujeres que decidan autoemplearse, lo cual puede funcionar como un atractivo para que ellas aumenten su participación dentro del grupo de cuentapropistas.

Hasta septiembre de 2011 se habían acogido a este régimen 229.205 cuentapropistas, de los cuales más de mil eran mujeres –alrededor del 12,5 por ciento de las cuentapropistas [20].

Si bien ya se cuenta con un sistema de seguridad social que protege a las personas autoempleadas, aún está en proceso de elaboración el Código del Trabajo que debe velar por la aplicación de contratos y condiciones de trabajo que garanticen “trabajos decentes” [21].

Esto será de especial relevancia para las mujeres, quienes tienen una presencia notable como trabajadoras contratadas y pueden constituir el grupo más frágil para enfrentar condiciones precarias de empleo. Tal situación puede repetirse en otras actividades por cuenta propia donde se reproduzcan relaciones de género discriminatorias hacia las ellas, especialmente en empleos no tradicionales.

Transformación del sector agrícola

Uno de los sectores pioneros en la implementación de transformaciones que comenzaron en 2005 fue el agrícola. Entre los cambios fundamentales en este medio se encuentran el proceso de entrega de tierras ociosas en usufructo a personas naturales y jurídicas.

A partir de la puesta en vigor del Decreto Ley 259 de 2008 y su implementación a través del Decreto Ley 282 del mismo año, donde se establecen los reglamentos para su implementación, se abre una nueva etapa sobre la explotación y gestión de las tierras agrícolas cubanas, que ya es considerada como la “Cuarta Reforma Agraria” [22].

De esta forma, en octubre de 2011 había 146.816 usufructuarios individuales, de ellos más de 13.000 eran mujeres. Ese total de productores representan 97 por ciento de las solicitudes recibidas [23].

La transformación de la tenencia de la tierra para la producción agropecuaria representa una oportunidad económica y de empleo [24] para muchas personas de las áreas rurales cubanas, ya que les permite poner en explotación un recurso no suficientemente aprovechado por la propiedad estatal y beneficiarse potencialmente de sus ingresos, dado el relativo aumento de los precios de acopio para algunos productos agropecuarios.

Las mujeres, aunque no son mayoría en las zonas rurales [25], tienen un potencial importante como fuerza de trabajo, ya que menos del 15 por ciento de las mujeres de las zonas rurales se dedica al trabajo remunerado [26].

Por ello, el proceso de entrega de tierras pudiera representar para ellas, potencialmente, una oportunidad de obtener ingresos estables, aunque es de esperar que en la práctica se mantengan los comportamientos que muestran una baja participación de las mujeres dentro del sector y en las cooperativas, como se comentó en el primer epígrafe.

Esta situación se debe tanto a que el proceso hasta el momento no muestra acciones específicas para favorecer la incorporación de las mujeres así, como a la permanencia de estereotipos de género que mantienen a las mujeres en su papel reproductivo, como cuidadoras y administradoras del hogar, y las sitúan con frecuencia como ayuda familiar no remunerada en el ámbito agrícola [27].

Sería necesario analizar el comportamiento de las mujeres que solicitaron tierras en usufructo, ya que mediante entrevistas informales se ha conocido que algunas de ellas, en la práctica, lo hacen como una estrategia familiar para ampliar el área de explotación en usufructo que ya le había sido concedida a su esposo y/o hijo.

Este comportamiento ofrece una respuesta familiar a una de las limitaciones del Decreto Ley 259, señaladas por varios especialistas, ya que solo se otorga en usufructo entre una y tres caballerías –-para quienes ya poseían tierras–, sin distinción por tipo de cultivo, zona geográfica, acceso al agua, etc. [28].

El poco desarrollo de servicios de apoyo en las zonas rurales para el cuidado de niños, niñas, personas ancianas y discapacitadas mantiene en el ámbito familiar la función de cuidadoras de muchas mujeres. En algunas zonas rurales aún no hay o resultan inestables los servicios de electricidad y agua. Estos factores empeoran la calidad de vida de la comunidad, pero especialmente las de las mujeres, en quienes recaen las actividades que más demandan estos servicios y de las cuales se beneficia toda la familia, como cocinar, limpiar, lavar, planchar.

Por otra parte, el mal estado de las vías, la escasez de transporte y la lejanía en ocasiones de las tierras ofertadas en usufructo limitan la movilidad de los pobladores, y en especial de las mujeres, lo que dificulta además la comercialización de los productos que puedan obtenerse en las tierras puestas en explotación.

Uno de los factores que podría estimular la incorporación de mujeres usufructuarias es la posibilidad de asentarse en el terreno concedido con este fin, aspecto que, si bien está en proceso de análisis, hasta el momento resulta una limitante [29].

Este es un elemento para valorar, ya que las dificultades para asentarse en la tierra que se cultivará no incentivan particularmente a las mujeres, quienes, por los roles atribuidos socio históricamente, por lo general prefieren trabajar en lugares cercanos a su vivienda.

La cercanía entre casa y trabajo, junto al acceso a los servicios e infraestructura fueron, durante el proceso de colectivización de finales de la pasada década del setenta y principios de los ochenta, de los principales elementos que catalizaron la incorporación de las familias campesinas a las cooperativas y a las comunidades agropecuarias que ellas crearon. En este proceso, el papel de las mujeres fue muy importante.

Gastos del presupuesto y su impacto en políticas sociales

En Cuba la política social se sustenta, financieramente, de los gastos del Presupuesto del Estado. La reducción de estos gastos tiene una incidencia directa en la vida de la ciudadanía y, con una mirada de género, cobra mayor significación en las mujeres que en los hombres.

En los Lineamientos Económicos y Sociales aprobados en abril de 2011, especialmente entre el 173 al 176, queda explícito eliminar las gratuidades indebidas, los subsidios excesivos, la supresión ordenada y gradual de la libreta de abastecimiento, así como perfeccionar las vías para proteger a la población vulnerable.

En principio, estas decisiones muestran un escenario con mayores tensiones entre un mundo laboral más competitivo, basado en los rendimientos, donde no necesariamente las mujeres tendrán todas las condiciones para competir por el empleo, y una esfera doméstica con apoyos sociales más frágiles.

En cuanto a la mujer, en su papel protagónico dentro de la familia, tendrá que enfrentar en peores circunstancias el cuidado y atención de quienes integran su hogar y asumir, junto a su familia, nuevos proyectos de vida.

Para las mujeres continuará siendo un problema el cuidado a niños, niña y adultos mayores y enfermos, por la insuficiente cobertura y calidad de los servicios para la atención a la población geriátrica y a la niñez.

En el Panorama Económico y Social de Cuba publicado por la ONE a principios de 2011, los gastos corrientes del Presupuesto del Estado para ese año disminuyen en 2,7 por ciento, lo que representa 1.134 millones de pesos menos con respecto a la ejecución del Presupuesto de 2010.

Los gastos corrientes del sector educacional disminuyen con relación a 2010 en 96,4 millones de pesos. Este reajuste del presupuesto tuvo las siguientes consecuencias:

•    Reducción de instalaciones educacionales en zonas rurales: quedaron solo 63 preuniversitarios y 130 secundarias básicas en el campo.

•    Desaparición de las escuelas de Trabajadores Sociales y los Cursos de Superación Integral para jóvenes. Regresan así a sus hogares265.900 de estudiantes que estaban becados en régimen interno en 2008.

•    Reducción de los centros universitarios municipales de 3.150 en el curso 2007/2008 a 119 en el curso 2010/2011.

•    Tendencia decreciente de los alumnos en régimen de estudios seminternos: de 982.000 en el curso 2006/2007 se pasó a 935.000 en el curso 2010-2011.

Las cifras muestran que la sensible disminución de los gastos en educación repercute en los adolescentes y jóvenes que hoy tienen que reorientar su proyecto de vida e integrarse de forma permanente al hogar. Para la familia también constituye un desafío, ya que en los casos de hijos becarios y seminternos tenía la responsabilidad compartida con el Estado y ahora la deben asumir a nivel familiar.

El envejecimiento poblacional resulta también una tensión significativa para la familia cubana. Los adultos mayores de 60 años eran en 2005 el 15,7 por ciento de la población y representaban en 2010 el 17,8 por ciento. Aumenta la relación de dependencia de personas mayores de 60 años en relación con la población entre 15 y 59 años, de 532 en 2005 a 540 en 2010, por cada mil habitantes de 15-59 años.

Sin embargo, para esta demanda social que genera la dinámica progresiva del envejecimiento poblacional aún no existe una respuesta institucional, ya que las instalaciones y los recursos de la asistencia social permanecen estables (hogares de ancianos, casas de abuelos) o disminuyen (adultos mayores beneficiarios de la asistencia social).

Las madres empleadas en el sector estatal y beneficiadas con el cuidado de sus hijos en círculos infantiles disminuyeron de 125.000 en 2005 a 120.000 en 2010. Uno de los posibles impactos de esta medida se observa en el comportamiento de las tasas de natalidad y la fecundidad [30] -indicadores de relevancia en la formación de la familia, dentro del proceso demográfico por el cual transita Cuba. Con las cifras disponibles y sin un estudio sobre las percepciones, no es posible hacer un análisis concluyente sobre este tema, pero puede constituir un indicador necesario de seguimiento en los próximos años.

Hasta la actualidad, solamente las mujeres empleadas en el sector estatal tienen derecho al cuidado de sus hijos en círculos infantiles. A la luz de la apertura de oportunidades de empleos en el sector no estatal, se debe ampliar este derecho a las que opten por las nuevas formas de empleo no estatal.

Esta exclusión puede convertirse en una de las limitantes para optimizar la participación de las mujeres en el trabajo por cuenta propia y asociaciones en cooperativas de producción de bienes y servicios.

Para reducir los gastos por la asistencia social en 2010 se llamó a perfeccionar las vías para recibir asistencia social, con el objetivo de proteger a la población más vulnerable, lo que tuvo como resultado una disminución del 38,3 por ciento en comparación con 2009.Como consecuencia, los núcleos protegidos por la asistencia social en 2010 se redujeron respecto a 2009 en casi la mitad, de 251.100 a 147.200, y las madres de hijos con discapacidad severa beneficiarias de la asistencia social son 1.298 menos que en 2009.

A modo de conclusiones

El proceso de actualización del modelo económico cubano presenta modificaciones objetivas a la política económica y social que el país había desarrollado hasta la década anterior. Si bien responde a imperativos de orden económico, tiene impactos diferenciados para mujeres y hombres. No está entre sus prioridades modificar las relaciones de género ya existentes, por lo que, aunque las medidas adoptadas no son discriminatorias por razón de género, no constituyen, necesariamente, oportunidades para las mujeres.

La situación de ellas al inicio de este proceso condiciona el impacto de las medidas en sus vidas y en las relaciones de género. Si bien las mujeres cubanas, de forma general, se encuentran capacitadas para recibir el cambio, los estilos masculinos de dirección, los roles asignados como cuidadoras y la división sexual del trabajo limitan una mejor inserción femenina en la actividad económica, para asimilar positivamente las transformaciones. De esta forma, las mujeres ocupadas están en desventaja relativa respecto a los hombres para beneficiarse de los cambios previstos en el empleo, y no solo por los obstáculos para el acceso a los recursos, sino porque aún las modificaciones en la política de empleo no promueven transformaciones en los estereotipos de género.

Mujeres y hombres tienen responsabilidades muy diferentes en lo relativo al trabajo doméstico y al cuidado de integrantes del hogar, lo que genera patrones desiguales de utilización de su tiempo e incide directamente en las decisiones acerca del empleo y la actividad económica. Además, existe un acceso diferenciado a los activos productivos — como tierras, viviendas– y de capital: las mujeres con esta condición son minoría.

Estos dos aspectos se refuerzan mutuamente y pueden convertirse en obstáculos para el aprovechamiento de las nuevas oportunidades de empleo, como resultado de la actualización del modelo económico.

Entre los incentivos para la incorporación de las mujeres a las nuevas formas de propiedad y gestión se encuentran el nuevo régimen de Seguridad Social para los trabajadores por cuenta propia, la aprobación pendiente de un Código del Trabajo que responda a las nuevas exigencias y que evite la precarización del empleo, así como las facilidades para asentarse en las tierras recibidas en usufructo.

Deberá dársele un seguimiento en el mediano y largo plazos al impacto del proceso de reducción de plantillas infladas en el caso de las mujeres, quienes por lo general se ocupan en el sector terciario de la economía y en los puestos de apoyo, áreas en las que proyectivamente se prevén los mayores procesos de disponibilidad.

Asimismo, el acceso a los créditos bancarios y la cobertura del sistema de subsidios e impuestos deben tener sus efectos a más largo plazo, por lo que se necesita estar alerta para que estos procesos constituyan oportunidades reales para las mujeres, quienes por los roles tradicionales de cuidadoras del hogar, alejadas de procesos inversionistas, pueden estar en peores condiciones para beneficiarse de tales medidas.

De forma general, se requiere de políticas dirigidas específicamente a mitigar los obstáculos que restringen el acceso de las mujeres a los beneficios económicos. Se puede prever que los hombres se beneficiarán a corto plazo, mientras que las mujeres tendrán que esperar por mejoras en las políticas sobre el trabajo, el cuidado infantil y de adultos mayores, los servicios de infraestructura (agua, electricidad, gas), los servicios de apoyo al hogar, el transporte, la tecnología y las comunicaciones, por solo citar algunas de las mejoras más acuciantes.

*Dayma Echevarría es socióloga, profesora auxiliar del Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de La Habana y Teresa Lara es economista, colabora con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).

Notas

[1] Ver Partido Comunista de Cuba: Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución. VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, 7-9, 2011; Pevel Vidal y Omar Everleny Pérez: “Relanzamiento del cuentapropismo en medio del ajuste estructural”, en Centro de Estudios de la Economía Cubana: Seminario Anual sobre Economía Cubana y Gerencia Empresarial. Hotel Nacional, 21-24 de junio, 2011; Dayma Echevarría; Teresa Lara y Miriam García: “Empleo femenino en zonas rurales: logros y retos de los proyectos de cooperación para el desarrollo”, en CEEC: Seminario Anual sobre Economía y Gerencia Empresarial. Hotel Nacional de Cuba, 24-25 de junio de 2010, CD, ISBN 978-959-282-091-3.

[2] El nuevo modelo continuará basándose en la propiedad socialista sobre los medios fundamentales de producción y el principio de distribución socialista “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”.

[3] Aprobados en abril de 2011, los Lineamientos Económicos y Sociales recogen las líneas generales de la estrategia económica cubana.

[4] Ver Dayma Echevarría: “Estilos para dirigir: los factores personales y la cultura organizacional desde la perspectiva de género. Estudio de casos en empresas de Ciudad de La Habana”, tesis presentada para obtener el título de Doctora en Ciencias Sociológicas, Universidad de La Habana, 2008; Dayma Echevarría, Teresa Lara y Miriam García: ob. cit.

[5] Oficina Nacional de Estadísticas: “Mujeres Cubanas. Estadísticas y realidades 1958-2008”, 2010, p. 37.

[6] Las cifras que se comentan en este epígrafe pertenecen a ONE: Anuario Estadístico de Cuba 2010, publicado en 2011, salvo que se explicite otra referencia.

[7] Ministerio de Justicia: Gaceta Oficial, no. 12, extraordinaria especial, La Habana, 8 de octubre de 2010.

[8] La segregación horizontal se refiere a la concentración de mujeres en sectores típicamente femeninos y la segregación vertical explica, en un mismo sector u organización, la distribución de la fuerza de trabajo por categoría ocupacional, según sexo, y refleja, por ejemplo, la escasa presencia de mujeres en puestos típicamente masculinos, de mayor jerarquía, como la dirección.

[9] Ver Dayma Echevarría, Ob. Cit., 2008; Álvarez, Mayda Álvarez; “Mujer y poder en Cuba”, en: M. Monereo, et al (coord.): Cuba construyendo futuro, El viejo Topo, Madrid, 2000; Centro de Estudios de la Mujer: “Análisis de la aplicación del enfoque de género en la selección de los cuadros y su reserva”, 2002 y “Hombres y mujeres cuadros del turismo: rol profesional y roles materno y paterno en la familia”, fondos bibliográficos del CEM.

[10] Ver Dayma Echevarría, Ob. Cit., 2008.

[11] Ministerio de Justicia: Gaceta Oficial, no. 11, extraordinaria especial, 1ro. de octubre de 2010.

[12] No se ha encontrado información sobre este tema desagregada por sexo, luego de este documento.

[13] Información obtenida en el Ciclo de Conferencias de la Comisión de Implantación de los lineamientos, Teatro del Ministerio de Educación, La Habana, 19-23 de septiembre del 2011

[14] Por ejemplo, hasta noviembre de 2001 solo habían solicitado licencias para cuidar enfermos a nivel de país 235 personas, de ellas, 201 mujeres (Dirección de Empleo MTSS, 2011); sin embargo, en entrevistas informales hemos constatado que esta es una de las alternativas económicas para personas jubiladas o que hayan salido del sistema de salud pública.

[15] Pavel Vidal y Omar Everleny Pérez: ob. cit., 2011; Anicia García, Betsy Anaya y Camila Piñeiro: “Reestructuración del empleo en Cuba: el papel de las empresas no estatales”. En: Centro de Estudios de la Economía Cubana. Seminario Anual sobre Economía Cubana y Gerencia Empresarial. Hotel Nacional, 21-24 de junio de 2011; Blanca Munster: “Empoderamiento económico de las mujeres cubanas. Escenarios de incertidumbre e impactos en el actual proceso de reorganización económica del país”, documento inédito, Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, 2011.

[16] Ministerio de Justicia: Gaceta Oficial, no. 40, extraordinaria. La Habana, 21 de noviembre de 2011.

[17] Existen varios resultados empíricos que muestran que las mujeres por lo general cuando obtienen ingresos, los emplean en función de la familia, el hogar y en última instancia de sí mismas, y muy pocas veces en inversiones que les permitan aumentar esos ingresos (Echevarría, Lara y García, 2009).

[18] Carlos Sánchez: “El empoderamiento femenino como estrategia de género en el desarrollo local: una visión de conjunto”, en Cuadernos FODEPAL, Proyecto Regional de Cooperación Técnica para la Formación en Economía y Políticas Agrarias y Desarrollo Rural en América Latina, 2003; Evangelina García: “Hacia la institucionalización del enfoque de género en políticas públicas”, documento elaborado para FUNDACIÓN FRIEDRICH EBERT, Caracas, enero, 2003; Raquel Osborne: “Desigualdad y relaciones de género en las organizaciones: diferencias numéricas, acción positiva y paridad”, en Política y Sociedad,. Vol. 42, nº 2, 2005, pp. 163-180.

[19] Ministerio de Justicia: Gaceta Oficial, no. 11, extraordinaria especial, 1ero de octubre de 2010, pp: 80-88

[20] Conferencia de la Comisión Permanente de Implementación y Desarrollo 22 Sep. 2011. El bajo porcentaje de incorporación de mujeres al Régimen de Seguridad Social puede estar relacionado a que, por una parte, gran parte de los cuentapropistas son jubilados, mantienen un empleo estatal y, por tanto, no tienen que acogerse a él. También se debe tener en cuenta que este sistema se aprobó un tiempo después del comienzo de la apertura del cuentapropismo. Sería prudente darle un seguimiento al proceso de afiliación y de contribución a la seguridad social para comprender las causas del por qué aún existen mujeres autoempleadas que no se afilian al nuevo sistema y poder valorar si este constituye realmente una motivación para que las mujeres autoempleadas soliciten licencias para ejercer el trabajo por cuenta propia.

[21] Trabajo decente: este término ha sido empleado por la Organización Internacional del Trabajo para señalar aquellos trabajos deseados que deban facilitar el acceso a protección social, derechos fundamentales y la posibilidad de expresarse en el lugar de trabajo. El trabajo decente resume las aspiraciones de la gente durante su vida laboral e implica contar con oportunidades de acceder a un trabajo que produzca un ingreso digno, seguridad en el lugar de trabajo, protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración a la sociedad, libertad para que la gente exprese sus opiniones, organización y participación en las decisiones que afectan sus vidas, e igualdad de oportunidades y trato para todas las mujeres y hombres. Resumiendo, el empleo debe ser de calidad. Este enfoque de la OIT también incluye la seguridad en el empleo como protección contra la pérdida de empleo. (OIT; 2002).

[22] Juan Valdés Paz: “La cuestión agraria en Cuba: logros y desafíos”, ponencia presentada para el 8vo. Congreso Asociación Mexicana de Estudios Rurales (AMER), Campesinos y Procesos Rurales: Diversidad, Disputas y Alternativas, Puebla, México, mayo de 2011.

[23] Yaima Puig y Anneris Leyva: “Nuevos modelos de gestión. Socialismo por sendas propias”, en periódico Granma, 29 de octubre del 2011, p. 3.

[24] Según cifras de octubre de 2011, un cuarto de los usufructuarios no tenían vínculo laboral y 13 por ciento eran jubilados. Ver Yaima Puig y Anneris Leyva: ob. Cit.

[25] La migración interna de las mujeres aunque es menor que la de los hombres, tiene como principales provincias de destino, la capital del país, Matanzas, Ciego de Ávila y Holguín provincias donde hay un mayor desarrollo relativo por la presencia del turismo y/o el desarrollo energético. Por otra parte muestran un saldo migratorio total positivo Matanzas, Cienfuegos y Ciego de Ávila, o sea son provincias receptoras de población. El saldo migratorio externo donde predominan las mujeres llegó a 38165 habitantes en el 2010 y aumentó en 1601 personas con relación al 2009.

Aunque emigran más mujeres que hombres, desde el año 2008 según el Anuario Estadístico de Cuba el ritmo de crecimiento de los emigrantes hombres es mayor que el de las mujeres. Los hombres que emigran se incrementaron en el 2009 en 613 más que en el 2008 y en 1141 más en el 2010 con relación al 2009.

[26] Las cifras disponibles del empleo según la zona urbana y rural y sexo solo están disponibles del Censo de Población y Viviendas del 2002. En este año las mujeres empleadas en la zona rural representaban el 13,7% del total de las mujeres cubanas que se dedicaban al trabajo remunerado. Se estima que por cada 100 hombres empleados en la zona rural lo están 30 mujeres. Ver Dayma Echevarría; Teresa Lara y Miriam García: ob cit.

[27] Ver Dayma Echevarría, Teresa Lara y Miriam García: ob. Cit.

[28] Armando Nova: “Agricultura”, en colectivo de autores: Miradas a la economía cubana, Editorial Caminos, La Habana, 2010, pp: 39-85; Michel Merlet, Michel (2011). Cambios en la política agraria en Cuba. Redistribución de tierras a gran escala a productores individuales. En: www.agter.asso.fr, fecha de consulta: septiembre 2011

[29] En caso de extinguirse el contrato por usufructo, se indemnizará a los productores por los bienes adquiridos o constituidos con excepción de la vivienda (Ver Artículo 15, Ley 259).

[30] La tasa de natalidad que comenzó a crecer desde el 2007, disminuye en el 2010 respecto a la lograda en el 2009 y llega a 11,4 por mil habitantes. La tasa de fecundidad que comenzó a crecer desde el 2007, disminuye para el 2010 y es 43,4 por mil mujeres de edad fértil.

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