La Letra del Partido

Una lectura de los Lineamientos para entrever hacia dónde va la economía y el socialismo cubano.

Jorge Luis Baños

Con un capítulo para las políticas macroeconómicas –monetaria, fiscal, precios-, los lineamientos proponen vencer conflictos de alta complejidad

Antes de concluir 2011, tomaron impulso los cambios en la economía insular. Después de la tregua que siguió al congreso donde el Partido Comunista de Cuba definió un nuevo derrotero del modelo económico nacional, las autoridades extendieron los créditos al sector laboral privado e incursionaron, por primera vez, en el subsidio a personas, en lugar del generalizado y agotado sistema de subvencionar productos y servicios.

Otras novedades más confirmaron en el trimestre final del año la voluntad expresa del gobierno de dar continuidad a un proceso de transformaciones estructurales, profundas y urgentes, para dar respuesta a debilidades internas de la economía. “Ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio”, advirtió el presidente cubano, Raúl Castro, ante el parlamento a fines del año 2010, en un llamado a rectificar, “o nos hundimos”.

Algunas medidas entraron en vigor antes de sesionar en abril del 2011 el VI Congreso del PCC: entrega de tierras en usufructo, incentivos a la producción de alimentos, expansión del trabajo por cuenta propia y ajustes financieros, por ejemplo. Otras aguardaron por la aprobación de los Lineamientos de la Política Económica y Social en la reunión partidista. El grueso de las transformaciones previstas en ese documento permanece aún en el tintero, incluidas varias de las más importantes y ansiadas por la población.

Pero el gobierno no se apura; ha reiterado su intención de avanzar sin precipitaciones que puedan frustrar la renovación del modelo de socialismo cubano y las conquistas sociales de la Revolución. La dirigencia reclama cavilar bien cada paso, además, por constituir respuestas a problemas de alta sensibilidad social y extendida permanencia en el tiempo.

Las demoras, sin embargo, también serían costosas para una economía caracterizada por su baja productividad, la mentalidad del igualitarismo y una cultura de espera pasiva a que las decisiones las tome un nivel superior de dirección.

Los obstáculos más graves asoman desde el seno de la sociedad: en lo material, la estrechez financiera; en lo subjetivo, el tiempo necesario para vencer prejuicios y cambiar la mentalidad; en lo político, la oposición silenciosa de una burocracia de métodos verticalistas.

Al parecer esta última ya ha jugado sus cartas. Raúl Castro, hombre de pocas intervenciones públicas, le dedicó unas palabras apenas cuatro meses después del cónclave del partido en el 2011: “Advierto que toda resistencia burocrática al estricto cumplimiento de los acuerdos del congreso, respaldados masivamente por el pueblo, será inútil”.

Pero probablemente las pugnas internas más fuertes, de uno u otro signo, no han hecho eclosión aún, si se tiene en cuenta que permanecen pendientes los cambios de mayor alcance en el modelo económico, a juzgar por esa suerte de brújula partidista o Letra* partidista del Año que son los Lineamientos de la Política Económica y Social.

Aunque han generado lógico revuelo en la sociedad, la ampliación del trabajo por cuenta propia y la apertura de facto a la microempresa privada, deben tener menor impacto económico que las transformaciones estructurales previstas en el sistema empresarial y gubernamental. Estas últimas buscan flexibilizar y descentralizar –vieja y polémica aspiración- la administración de las empresas estatales, que son, según los lineamientos, “la forma principal en la economía nacional”.

A la par, orientan mano más dura y hasta la liquidación de las empresas incapaces de conseguir rentabilidad y pone fin a la norma de que el Estado subsidiara sin límites de tiempo a empresas quebradas en la práctica.

Asociado a esa renovación, otro cambio que promete gran repercusión es el reordenamiento laboral. Sería una contribución de una meta vieja y vital: “eliminar las plantillas infladas y los tratamientos paternalistas, para estimular la necesidad de trabajar y reducir los gastos de la economía y el presupuesto del Estado”, según el lineamiento 169. Apunta, por tanto, a una metamorfosis radical de la mentalidad imperante en Cuba durante décadas.

El gobierno se propone reducir medio millón de trabajadores del sector estatal en el mediano plazo y un millón para el 2015. Ese objetivo, hacia el que había avanzado poco al cierre del 2011, tendrá sin dudas profundos efectos económicos y sociales en un país donde la población laboral oscila sobre cinco millones de personas.

Aunque las autoridades -y los lineamientos- insisten en que “nadie quedará desprotegido”, la nueva estrategia rompe con la regla de garantizar una parte considerable del salario por tiempo casi ilimitado a quienes perdían su trabajo. Como opción de empleo, apuesta a expandir formas de gestión no estatal, incluidas alternativas también socialistas, como las cooperativas, limitadas aún al sector agropecuario.

Los lineamientos defienden la tesis de equilibrar gastos e ingresos, manejar el presupuesto con racionalidad, y conseguir equilibrios financieros que garanticen salud a la economía. Asimismo, define mejor funciones y límites, antes ambiguos, entre el gobierno central, las autoridades territoriales y las empresas.

Un experimento capital para estructurar de manera más eficiente el poder territorial se desarrolla en dos provincias de reciente creación, Mayabeque y Artemisa, aledañas a La Habana. Luego sería aplicado en el resto del país, con la renovación que promete a la actividad del gobierno a escala local y nacional.

Otra novedad potencialmente de gran impacto son las Zonas Especiales de Desarrollo (lineamiento 103), concebidas para “incrementar la exportación, la sustitución efectiva de importaciones, los proyectos de alta tecnología y desarrollo local; y que contribuyan con nuevas fuentes de empleo”.

El interés de la máxima dirigencia cubana por el proyecto en desarrollo con Brasil en el puerto del Mariel, al occidente de La Habana, evidencia que esa carta ocupa un lugar destacado en su nueva estrategia económica.

Con un capítulo para las políticas macroeconómicas –monetaria, fiscal, precios-, los lineamientos proponen vencer conflictos de alta complejidad. Algunos necesariamente demorarán, pero deben tener gran trascendencia en la economía y entre la población, como la eliminación de la dualidad monetaria y el crecimiento de los salarios. Tanto la unificación monetaria como el incremento del ingreso de los trabajadores dependerán, según los lineamientos, de la solución de una de las mayores deudas que tiene la sociedad cubana consigo misma: la productividad del trabajo.

El documento programático evade promesas sin fundamento y propone gradualidad para la mejoría salarial. Con realismo define que los incrementos comenzarán “dirigidos a las actividades con resultados más eficientes y a la labor de aquellos trabajadores que aportan beneficios de particular impacto económico y social”.

Evidentemente, consideran especialistas, en unos casos tomará más tiempo que en otros aplicar o recoger el fruto de las transformaciones. Pero la letra partidista expresa desde la introducción un sentido pragmático, al proponer el enfrentamiento de los problemas económicos mediante “dos tipos de soluciones, que requieren congruencia entre sí:

“Soluciones a corto plazo, encaminadas a eliminar el déficit de la balanza de pagos, que potencien la generación de ingresos externos y la sustitución de importaciones y, a su vez, den respuesta a los problemas de mayor impacto inmediato en la eficiencia económica, la motivación por el trabajo y la distribución del ingreso, y creen las necesarias condiciones infraestructurales y productivas que permitan el tránsito a una etapa superior del desarrollo.

“Soluciones del desarrollo sostenible, a más largo plazo, que conduzcan a una autosuficiencia alimentaria y energética altas, un uso eficiente del potencial humano, una elevada competitividad en las producciones tradicionales, así como el desarrollo de nuevas producciones de bienes y servicios de alto valor agregado.”

Son trazos explícitos de la ruta que se propone seguir Cuba en 2012 y en los próximos años. Una lectura cuidadosa indica que los momentos más ambiciosos y tensos aún no han llegado. No pocos analistas creen que la velocidad de la marcha dependerá de factores externos –conexión inevitable en un mundo globalizado-, pero sobre todo de la capacidad de la dirigencia de la Revolución para motivar a la nación en este nuevo giro del socialismo cubano.

* Evoca la Letra del Año o predicciones que, anualmente, emiten los babalawos (sacerdotes) de la religión afrocubana de la Regla de Ocha.

Un comentario

  1. Emanoel Cadó

    ya con las escusas por mi erores, a mi gustaria en pocas palabras dejá claro mi profundo deseo que todos los cambios ahora en marcha en la querida Cuba tragan las mas buenas respostas y que el pueblo cubano encontre el camino del socialismo, para que le pueda continuar como una real posibilitar frente a este modelo tan desumano e destruidor que se chama capitalismo.

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