Recuperar los ecosistemas en Cuba para adaptarnos al cambio climático: ¿una buena idea?

No exenta de vulnerabilidades, Cuba avanza en la implementación de la adaptación basada en ecosistemas y la protección de patrimonio natural, en las nuevas condiciones del clima global. Su capital humano, su potencial científico y el impulso a la participación ciudadana se incluyen entre sus mayores fortalezas.

Foto: Archivo IPS_Cuba

La respuesta de Cuba al cambio climático parecería una batalla quijotesca: su condición de país en desarrollo, insular y muy próximo al Trópico de Cáncer, multiplica la vulnerabilidad a posibles impactos negativos de este fenómeno. Tampoco han faltado ingenio e hidalguía en las estrategias de enfrentamiento, que incluyen la intervención coordinada de actores en todos los niveles de la gestión ambiental y la administración territorial; el impulso de la participación ciudadana; y el uso del potencial científico para la determinación de los escenarios futuros y el establecimiento de medidas.

La cooperación internacional y la sociedad civil cubana han jugado un rol protagónico en esta gran deuda con la naturaleza y reto urgente para salvar el planeta.

Aquí se realizan apuntes sobre ese liderazgo y se debate sobre la adaptación basada en ecosistemas, un arma clave que permitirá la restauración y recuperación de servicios ecosistémicos de importancia, al tiempo que incrementa la resiliencia de cubanas y cubanos.

Adaptación basada en ecosistemas

El informe “Impacto del cambio climático y medidas de adaptación en Cuba”  (2013) establece que, principalmente, los humedales, manglares, playas, arrecifes coralinos y montañas podrían desequilibrarse por la acción combinada de la actividad humana y el incremento de la temperatura del aire, el azote más sistemático de fenómenos meteorológicos extremos, el aumento del nivel medio del mar, la disminución de la precipitación, la acción de especies exóticas invasoras y el retroceso de la línea de costa. Muchos de estos ecosistemas ya muestran un importante nivel de degradación por presiones, fundamentalmente, antrópicas y su recuperación garantizaría la sostenibilidad de importantes servicios como tierra fértil, agua y alimentos; además de que, por funcionamiento natural, secuestran carbono, purifican el agua, crean barreras ante inundaciones y debilitan fenómenos como las olas, por lo que reducen vulnerabilidades sociales ante el cambio climático.

De esta forma, la adaptación basada en ecosistemas ofrece medidas de adaptación que se basan en el aprovechamiento de la diversidad biológica y los servicios ecosistémicos; y trasciende las labores de restauración para intentar incidir en la manera en que las personas perciben y usan el entorno, con la finalidad de promover perspectivas de manejo integrado y sostenible de los recursos. Esta es una experiencia que avanza en varios países, donde no se considera una alternativa a soluciones ingenieriles, sino una dimensión de la estrategia global de adaptación. Cuba lo incluye en instrumentos nacionales como la Estrategia Ambiental Nacional, los programas científico-técnicos nacionales y ramales de enfrentamiento al cambio climático y las estrategias de reducción del riesgo de desastres; con resultados en el fortalecimiento de áreas protegidas, los programas de monitoreo de ecosistemas degradados y la promoción de maneras de disminuir las presiones de la actividad socioeconómica sobre el entorno.

En estos resultados influyen proyectos innovadores que implementa el país, donde se ha logrado, entre otros beneficios, fortalecer capacidades en entornos rurales para implementar medidas de manejo sostenible de tierras, recursos hídricos y forestales; iniciar actividades de restauración en manglares y otros sitios de interés; evaluar los impactos del cambio climático en los recursos naturales y proponer metodologías integrales de adaptación; además de fortalecer los espacios locales y su capacidad de trazar estrategias propias, a tono con el enfoque más reciente de Adaptación Basada en la Comunidad. A esto se une el funcionamiento sinérgico de todos los instrumentos de gestión ambiental, sobre lo cual es noticia que próximamente será anunciado un mecanismo regulador nacional para garantizar el manejo integrado costero (una posible Ley de Costas).

Detrás del impulso

Más de un fiel Sancho Panza acompaña la proeza, los pasos en la implementación de medidas de la adaptación basada en ecosistemas se han agigantado con la colaboración entre la institucionalidad nacional y actores no gubernamentales dentro y fuera del país. Estos lazos han permitido un marco infraestructural para la ejecución de las actividades y, al mismo tiempo, posibilitan la socialización de prácticas exitosas con experiencias similares en otras partes del mundo, asesoran metodológicamente la formulación e implementación de proyectos y ponen a disposición del país los conocimientos acumulados.

Heraldo Muñoz, Director regional para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), destacó en un artículo para la revista cubana Temas (2013) que la cooperación entre Cuba y el PNUD en materia de la adaptación basada en ecosistemas se centra en proteger a las personas y a los recursos del entorno, lo que garantiza la producción sostenible de bienes y servicios que sustentan el desarrollo.

El PNUD ha impulsado experiencias significativas, como el proyecto Sabana-Camagüey, de conjunto con el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, con resultados en la conservación y uso sostenible de la biodiversidad en el archipiélago de igual nombre. Las contribuciones a la adaptación basada en ecosistemas, en este caso, se relacionan con la promoción de un modelo de manejo integrado costero y se expresan en los ámbitos regulatorio, de planeamiento ambiental y de fortalecimiento de capacidades locales. En el primer caso, resalta la institucionalización de programas de zonas bajo régimen de manejo, que regulan la actividad socioeconómica en ecosistemas significativos, así como los aportes a legislaciones como el Decreto Ley 212 “Gestión de la Zona Costera” y el Decreto Ley 201 “Sobre el Sistema Nacional de Áreas Protegidas”. En relación con el ordenamiento, se contribuyó a la creación de ocho áreas protegidas y se acompañaron los correspondientes planes de manejo. A esto se une la instrumentación de mecanismos para la asesoría metodológica y el intercambio de prácticas exitosas, así como las labores de capacitación y sensibilización.

Otra iniciativa en la cual colaboran ambas instituciones con Cuba es el proyecto “Un enfoque paisajístico para conservar ecosistemas montañosos amenazados”, que busca minimizar los riesgos que enfrenta la biodiversidad en cuatro sistemas montañosos considerados en nuestro país como Regiones Especiales de Desarrollo Sostenible: el macizo de Guaniguanico, el macizo de Guamuaya, las montañas de Bamburanao y el macizo Nipe-Sagua-Baracoa. Su principal peculiaridad es la propuesta de un cambio de paradigma en la conservación de la biodiversidad y la gestión de las áreas protegidas, que transita del enfoque de sitio específico al enfoque de paisaje, lo que integra las áreas protegidas y sus áreas de influencia. Además, intenta promover y conservar la conectividad, que facilita el movimiento de especies entre los refugios funcionales de hábitat, elemento este que le mereció el nombre de “Conectando paisajes”.

En la costa sur, se inició en 2014 el proyecto “Reducción de la vulnerabilidad a las inundaciones costeras mediante la adaptación basada en ecosistemas al sur de Artemisa y Mayabeque”, acompañado por el PNUD y el Fondo de Adaptación. “Manglar vivo”, como también se le conoce, pretende aumentar la resiliencia de las poblaciones en la zona, mediante la restauración del ecosistema de manglar en un tramo de 84 kilómetrosde costa entre las mencionadas provincias. Para esto, actúa en tres direcciones: restauración, impulso de la participación local y labores para el fortalecimiento de capacidades institucionales. Como particularidad, esta experiencia está muy enfocada en la dimensión social de la adaptación basada en ecosistemas, lo que se evidencia en el rescate de prácticas culturales locales como la siembra de mangle por estaca y por lapicero (técnicas que surgieron de las propias brigadas forestales); y el impulso a la conformación de grupos de voluntarios en las comunidades involucradas. Además de esto, se garantiza el manejo integrado y sostenible a partir de la búsqueda participativa de alternativas económicas al uso indiscriminado e ilegal del mangle.

Igualmente importante resulta la labor de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre. Esta entidad implementa el proyecto Evaluación de los impactos potenciales del cambio climático sobre la biodiversidad y desarrollo de estrategias de adaptación en dos regiones de ecosistemas frágiles de Cuba, que se ejecuta en los parques nacionales Jardines de la Reina y Ciénaga de Zapata, de conjunto con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). La iniciativa, también conocida como “CCamBIO”, entreteje mecanismos económicos y sociales para proteger a especies vulnerables, como los corales, cuatro tipos de tortugas marinas y el cocodrilo cubano, además de diseñar estrategias de adaptación para los sitios mencionados.

En este camino de aciertos, vale mencionar el impulso del movimiento agroecológico en el país por parte de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, y el trabajo de entidades internacionales como OXFAM (comité de Oxford para la lucha contra el hambre). Todas las experiencias son muestras del rol notorio que ha desempeñado la sociedad civil en la promoción de la adaptación basada en ecosistemas desde la colaboración efectiva con el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, que funge como entidad implementadora principal. Otras características a tener en cuenta en esta labor son:

  • Orientación a objetivos nacionales de desarrollo y prioridades de enfrentamiento al cambio climático. Las agendas no son impuestas, sino que parten de lo establecido en las regulaciones y estrategias cubanas, en atención a los instrumentos internacionales que el país suscribe, como la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Existe, igualmente, un elevado nivel de participación de las entidades no gubernamentales en la determinación de estas prioridades, pues son pieza clave en muchos procesos consultivos.
  • Abordaje multidisciplinar y multisectorial. Esto implica la identificación y conformación de equipos de trabajo con todos los actores que, por su objeto social,pueden apoyar la implementación de la experiencia. Esta multidisciplinariedad ha posibilitado la sinergia con saberes de las ciencias sociales para el abordaje de la dimensión simbólica de estas problemáticas.
  • Énfasis en la gestión del conocimiento. Lo que garantiza la sostenibilidad de las transformaciones iniciadas por los proyectos y su replicación en condiciones similares. Este elemento consiste en la sistematización de los aprendizajes y buenas prácticas generadas en el marco de la implementación del proyecto, para su posterior socialización a través de diferentes productos. El reto está en incorporar un pensamiento más estratégico que aumente el uso y aprovechamiento del producto generado, sobre la base de las características de las personas a las que se destina (por ejemplo, no sirve de nada generar un repositorio digital si las personas a las que se destina no tienen acceso a computadoras o a Internet).
  • Énfasis en el desarrollo de capacidades. Las condiciones de sostenibilidad y replicabilidad también dependen de que las entidades que intervienen en la implementación estén en condiciones para continuar el trabajo; por eso las iniciativas se preocupan por dotarlas de los conocimientos, instrumentos metodológicos y equipamiento necesarios. En este sentido, se ofrecen capacitaciones, se elaboran metodologías y se evalúan las posibilidades de incorporación de los temas de la adaptación basada en ecosistemas en regulaciones, estrategias de desarrollo y planes de estudio.
  • Énfasis en lo local. Mediante los Consejos de Administración, delegaciones locales de las entidades involucradas, líderes de las organizaciones de representación (CDR, FMC, UJC, ANAP) y líderes informales. Esto ha posibilitado la consideración de las particularidades del territorio en las actividades llevadas a cabo, como clave para el impulso de la participación local. Vale mencionar el trabajo educativo que se desarrolla, principalmente, mediante el trabajo con las escuelas y la promoción de concursos.
  • Gestión de la comunicación. Esta actividad pone énfasis en la producción de contenidos (documentales, programas de radio y TV y materiales impresos), la visibilidad de los proyectos y la gestión de medios de comunicación (que garantiza la cobertura a las actividades desarrolladas), en apoyo a todas las dimensiones de trabajo. El reto está en poner en diálogo el conocimiento científico y el popular, de modo que la población se apropie de los aportes de la ciencia, al tiempo que las metodologías de trabajo se adaptan y ponderan los procederes desde la cultura local.

La actividad no gubernamental se combina con las fortalezas de nuestro marco institucional: una organización territorial bien establecida y recursos humanos con alta preparación. Estos elementos, unidos a un fuerte compromiso político, también aportan a los avances de la adaptación basada en ecosistemas en el país.

¿Vía libre?

Retomando la mirada nacional, el camino no ha estado exento de obstáculos. Ante todo, porque los planes y estrategias de adaptación se han basado, históricamente, en medidas estructurales y de comportamiento (medidas ingenieriles, como muros de contención, malecones, redes de acueductos, etc.; y conductuales, como evacuaciones y reubicaciones de comunidades con daños permanentes). De modo que el enfoque solo ha sido promovido por experiencias puntuales como las mencionadas o por instituciones e instrumentos de gestión ambiental a nivel de país. El avance efectivo de la implementación de la adaptación basada en ecosistemas en nuestro contexto no significa abandonar este tipo de acciones, sino crecer en la capacidad de determinar cuándo es más eficaz y menos costoso optar por el enfoque ecosistémico para proteger a la población; además de conocer a fondo las potencialidades de nuestros ecosistemas, principalmente a nivel de administración local. Se plantea, entonces, un escenario de retos:

  • Incluir el enfoque ecosistémico y la adaptación basada en ecosistemas en las políticas públicas a nivel local: más allá de proyectos específicos, este enfoque debe promoverse desde los planes y estrategias de producción (todas las actividades productivas con impacto ambiental, principalmente la agrícola y pesquera), de ordenamiento, de reducción de riesgos y respuesta en situaciones de desastres, de manejo, así como las prioridades de desarrollo de los territorios. Algunos elementos a tener en cuenta son: considerar la adaptación basada en ecosistemas como parte de una estrategia de adaptación más amplia que conjuga otros tipos de medidas; implementar un enfoque intersectorial, tanto en la adopción como en la implementación de las políticas, como garantía de un proceso de gestión integral; educar y sensibilizar a las personas que viven en las comunidades y se benefician de los ecosistemas, aumentar su percepción del riesgo y fomentar su participación en las políticas diseñadas; además de implementar otras medidas para reducir las presiones antrópicas, como fortalecer el marco regulatorio.
  • Considerar la valoración económica de los servicios ambientales que proveen los ecosistemas en el diseño de políticas públicas y estrategias de adaptación: la valoración económica es un instrumento de gestión ambiental que asigna valores monetarios a los bienes y servicios que se obtienen por interacción con el ecosistema; lo que, de conjunto con las valoraciones cualitativas, ofrece datos racionales para la toma de decisiones en materia de inversiones y planes. Este elemento debería integrarse al sistema de contabilidad económicae incluye el inventario ambiental (identificación de los componentes del medio ambiente que satisfacen necesidades sociales, entendidos como bienes naturales, con especial atención en aquellos que se encuentran en peligro), la evaluación de impacto ambiental (determinación de los efectos sobre el medio ambiente de una actividad socioeconómica determinada) y los análisis de costo-beneficio, costo-eficiencia, riesgo-beneficios, análisis multicriterios y de decisión. La implementación de medidas de adaptación basada en ecosistemas debe estar sustentada en un análisis previo de los costos y beneficios que puede generar, de modo que se tenga una base para discernir entre esta y otro tipo de medida; igualmente, permite decidir o compensar entre políticas sociales y medidas de adaptación.
  • Evaluar y promover incentivos económicos de la aplicación de la adaptación basada en ecosistemas: los planes y estrategias de adaptación e implementación del enfoque ecosistémico deben tener en cuenta los beneficios sociales de este modelo (servicios ecosistémicos no explorados y que no comprometen su sostenibilidad). Esto permitirá proponer actividades económicas alternativas a aquellas personas cuyo sustento depende de una forma de explotación que afecta el entorno, además de trazar una política de incentivos (económicos, morales) que sirva como motivación para aplicar estas medidas, al tiempo que compensa los gastos en el corto plazo. Además, servirá como mecanismo para movilizar la participación local.
  • Implementar mecanismos de gestión de la información y el conocimiento sobre adaptación basada en ecosistemas en Cuba, que beneficien a las instituciones locales: unido a la escasez de recursos, que impide la aplicación efectiva del enfoque ecosistémico para la adaptación, muchas veces la entidades territoriales no tienen acceso a información relevante para la planificación e implementación de la adaptación basada en ecosistemas (legislaciones, procedimientos, experiencias exitosas, estudios de valoración económica en el territorio, análisis de las dinámicas poblacionales), bien porque no está disponible o porque está en lugares de difícil acceso, como la web. A esto se une la inexistencia de mecanismos de intercambio de información social referentes a los impactos del cambio climático y las estrategias locales de adaptación, un espacio importante de participación ciudadana, que requiere un tratamiento creativo y dinámico de la información. La gestión de información garantiza la gestión del conocimiento (en atención a los usos que se le aporten), y tiene que ser un proceso planificado, que parta de las características y capacidades tecnológicas de los destinatarios.
  • Sensibilizar y capacitar a los actores que toman decisiones a nivel local: las rutinas productivas de los decisores y decisoras a nivel local se caracterizan, generalmente, por implementar medidas ante problemas con manifestaciones en el corto plazo (sin comprender que muchos de estos fenómenos en el corto plazo guardan estrecha relación con los patrones del calentamiento global y las implicaciones de sus tendencias acumulativas). Por eso los temas medioambientales pueden quedar relegados ante lo que puede resultar más acuciante, según su percepción. Unido a esto, no se comprende el valor de los ecosistemas para propósitos económicos y para la adaptación al cambio climático. El reto está en cambiar esta mentalidad desde el compromiso de estos actores con el desarrollo integral territorial, además de dotarles de los conocimientos y capacidades necesarias para implementar la adaptación basada en ecosistemas con atención a los elementos que aquí se han mencionado. Una manera eficaz puede ser visibilizar los resultados positivos alcanzados en las localidades donde se ha intervenido.
  • Continuar concientizando a la población: la finalidad de esta labor de concientización debe ser que las personas conozcan los beneficios del enfoque ecosistémico como medida de adaptación, sean capaces de reconocer los peligros de desastre que les acechan y auto-diagnostiquen sus vulnerabilidades, identifiquen las potencialidades que tienen los ecosistemas en su localidad para enfrentar el cambio climático y participen activamente en la implementación de la adaptación basada en ecosistemas. En ello la comunicación es clave y debe implementarse desde un enfoque estratégico que elimine la aleatoriedad y el empirismo, y que integre la búsqueda de espacios de diálogo en la comunidad y el uso efectivo de los medios locales y masivos. Igualmente, deberá preocuparse por dar a conocer los resultados de las investigaciones relacionadas con los impactos del cambio climático, las medidas de adaptación que implementa el país y la adaptación basada en ecosistemas, además de la experiencias exitosas que han tenido lugar, con énfasis en sus beneficios sociales.

Consideraciones finales

Los avances en la implementación de la adaptación basada en ecosistemas, en Cuba, son la muestra de un país determinado a aumentar su resiliencia ante las nuevas condiciones del clima global. No ha faltado la locura en esta batalla, digna de un personaje cervantino, pero la isla cuenta con el arma poderosa de un capital humano muy bien preparado, de referencia en la región latinoamericana y caribeña, que está atento a las experiencias internacionales en el tema y busca los procederes más óptimos para su contexto. Es una batalla donde, tristemente, nadie gana y, si continúa el avance del cambio climático, los niveles de degradación no podrán ser combatidos mediante la adaptación basada en ecosistemas. Uno de los pasos para frenarlo es proteger nuestro patrimonio natural, a toda costa. (2016)

Bibliografía:
  • Arellano, M Compiladora, (2013). “Proyecto Sabana-Camagüey: Una experiencia de manejo Integrado Costero para Compartir”. Agencia de Medio Ambiente, Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. La Habana, Cuba.
  • Castellanos, M, (2002). “Introducción a la problemática de la valoración económico ambiental”. Editorial Academia, 2007. La Habana, Cuba.
  • Muñoz, H, (2013). “Una superpotencia de biodiversidad: retos de adaptación para América Latina y el Caribe”. En revista “Temas” No. 74, 2013, Cuba.
  • Planos, E; Vega, R y A, Guevara Editores, (2013). “Impacto del Cambio Climático y Medidas de Adaptación en Cuba”. Instituto de Meteorología, Agencia de Medio Ambiente, Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. La Habana, Cuba.

Un comentario

  1. GabrielaPais

    Un trabajo sinérgico nos llevará a mejores resultados. Gracias, Willy, por visibilizar a quienes están trabajando en esta temática. Esto favorece a la identificación de oportunidades de trabajo conjunto!

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