Transformaciones económicas: certezas y desafíos

Cuba aboga por un modelo que garantice el incremento de la productividad y el sostenimiento de sus prestaciones sociales.

Jorge Luis Baños - IPS

Debilidades de carácter acumulativo constituyen obstáculos importantes para reactivar la economía cubana en el largo plazo.

Luego de 50 años de Revolución, Cuba puede mostrar avances sociales que se equiparan, en muchos aspectos, a algunos países desarrollados. La tasa de mortalidad infantil (4,5 por 1.000 nacidos vivos), la esperanza de vida (79 años) y los años medios de escolaridad (10,5) están entre los mejores indicadores del mundo.

Sin embargo, los logros económicos son menos impresionantes. El ingreso per cápita es menor que en muchos países de América Latina con peores indicadores sociales. Especialmente, en los últimos 20 años, la tasa de crecimiento económico ha sido insuficiente para las necesidades del país y ha aumentado la desigualdad en la distribución del ingreso. A su vez, se mantienen las tensiones en el equilibrio externo, algunas de las ramas tradicionales del país muestran un agudo declive y el desempeño de la industria y la construcción ha sido muy pobre.

En 2008 el país sufrió el impacto de tres poderosos huracanes que precipitaron un incremento de las importaciones, lo que, junto a la ralentización de la actividad económica, contribuyó a desatar una crisis financiera que se tradujo en la pérdida de convertibilidad parcial del CUC para el sector empresarial cubano, la congelación de fondos en los bancos a los principales proveedores y la suspensión temporal del pago del servicio de la deuda exterior.

En este escenario, durante los últimos cuatro años el gobierno ha dedicado una parte significativa de su esfuerzo a manejar esta situación macroeconómica, salvaguardando la estabilidad de precios y del tipo de cambio, a la vez que se ha avanzado en el restablecimiento de la capacidad de honrar los compromisos externos a corto y mediano plazos. Esta situación ha creado un entorno más difícil para las transformaciones económicas, ya que en la práctica se han superpuesto dos procesos completamente diferentes.

El estancamiento de la economía crea un ambiente más frágil para lograr los consensos sociales necesarios y avanzar rápidamente en otros objetivos de carácter estructural, como pueden ser la reestructuración del empleo en el sector público, la eliminación de subsidios o la racionalización de los servicios sociales. A esto se adiciona el estrés acumulado luego de dos décadas de crisis económica que han significado una reducción sustancial del nivel de vida y una mayor estratificación de la sociedad cubana.

Uno de los objetivos declarados del actual esquema de cambios está en lograr un modelo económico que garantice el incremento de la productividad, la eficiencia y la competitividad necesarios para continuar sosteniendo el actual sistema de prestaciones sociales y sus más importantes resultados.

A estos problemas coyunturales se adicionan otras debilidades de carácter acumulativo que constituyen obstáculos importantes para reactivar la economía en el largo plazo. Entre ellos se pueden mencionar el perfil demográfico esperado en el futuro y los bajos niveles de inversión mantenidos en dos décadas.

Con respecto a la demografía, por causa de la caída en la fecundidad de sus mujeres y la emigración, la población cubana se está reduciendo y envejece aceleradamente, provocando un caso único en un país en desarrollo, en ausencia de desastres naturales o graves epidemias. En las décadas siguientes la población no llegará a los 12 millones de habitantes y pronto tendrá más jubilados que jóvenes buscando su primer empleo, con una mayor demanda de prestaciones económicas, médicas, familiares, sociales y culturales específicas.

En 2025 la isla será el país más envejecido de América Latina y el Caribe, de acuerdo con proyecciones del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONE). Más de la cuarta parte de su población tendrá entonces más de 60 años. Las escuelas primarias tendrán entre un tercio y una quinta parte de la matrícula actual; la demanda de secundaria caerá en cerca de la mitad y las universidades perderán a uno de cada tres de sus actuales alumnos. Después de 2020; o sea, dentro de ocho años, la población económicamente activa comenzará a reducirse y el coeficiente de dependencia se deteriorará con rapidez.

El impacto sobre el presupuesto y la economía será considerable y llegará por varios canales. Se anticipan grandes erogaciones por concepto de asistencia social y sanitaria. El único remedio efectivo y radical proviene de la elevación de los niveles de productividad y las oportunidades dentro del país, que amortigüen la incidencia sobre el presupuesto del Estado y las familias; además de generar incentivos para frenar y, eventualmente, detener la emigración de la población joven, especialmente el segmento de mayor calificación.

La segunda dificultad estriba en los reducidos niveles de acumulación. Como consecuencia de la crisis de principios de la década del noventa, los niveles de inversión disminuyeron aceleradamente, reflejando las restricciones en el acceso al ahorro externo. Aunque ha habido una recuperación parcial, los montos no alcanzan todavía los niveles pre-crisis. Esto refleja las dificultades que tiene el país para obtener financiamiento a largo plazo en los mercados internacionales y la pobre movilización del ahorro doméstico, ya de por sí insuficiente para las necesidades nacionales.

En los últimos 20 años, se ha invertido como promedio el equivalente a menos del 12 por ciento del PIB, lo que sitúa a Cuba en condiciones muy desventajosas para asegurar las necesidades de una economía en rápido crecimiento. Las necesidades de inversión se vinculan a la reposición de los medios de producción que se desgastan en el proceso productivo, la ampliación de la capacidad productiva y el mantenimiento y/o completamiento de la infraestructura física que requieren, tanto la economía como la vida social. Piénsese en carreteras, redes de transmisión de datos (Internet) o escuelas y hospitales. Si ese ciclo no se logra sostener, se hace objetivamente difícil que la riqueza de un país crezca, lo que tiene un vínculo directo con los niveles de vida de su población.

En el plano externo, los desafíos no son menores. La crisis económica mundial ha afectado en mayor o menor medida a los grandes centros económicos del mundo, lo que genera un ambiente incierto para los negocios, a la vez que se endurecen las condiciones de crédito y los recursos para el desarrollo escasean. Los ajustes presupuestarios en los países más desarrollados significan menores asignaciones para la ayuda internacional, en tanto estos aportes son difíciles de justificar en un momento en el cual se ven afectadas muchas prestaciones en esos países. Aunque las economías emergentes se han desempeñado relativamente bien, su importancia es todavía reducida en comparación con las economías más maduras.

Para Cuba, la crisis ha significado una reducción del flujo turístico desde Europa, el segundo mercado emisor más importante. Entre 2008 y 2010, el número de visitantes europeos cayó casi 11 por ciento. Los precios de algunos de sus productos de exportación principales, como el níquel, han oscilado en dependencia de la demanda y vienen mostrando a tendencia a la disminución. Dado el carácter abierto de la economía cubana, la evolución de la economía mundial es una variable clave para explicar la evolución futura del país.

Asimismo, las relaciones con Estados Unidos siguen siendo prácticamente inexistentes y no se observa una tendencia clara hacia el acercamiento. Esto continúa afectando negativamente las perspectivas de desarrollo de la isla, teniendo en cuenta el tamaño de la economía estadounidense, su cercanía e influencia en terceros, como los organismos financieros internacionales. Aunque se podrían aducir varias diferencias en las prioridades y métodos de estas instituciones con la práctica cubana de las últimas décadas, un eventual ingreso de Cuba le permitiría acceder a recursos técnicos y financieros no despreciables, además de mejorar sustancialmente su posición frente a otros acreedores, dado que representaría un retorno a la normalidad, a partir de que es uno de los poquísimos estados que no es miembro.

Como aspecto positivo, los procesos de integración se fortalecen en América Latina. Esto brinda un espacio natural para la inserción internacional de Cuba, no solo desde el punto de vista económico, sino político. En 2010, esta región representó la mitad del intercambio comercial total. Además, se fortalecen las relaciones en el ámbito de las inversiones con varios países, con Venezuela y Brasil participando en grandes proyectos en suelo cubano, así como el acercamiento de otros socios, incluidas Rusia, Angola, Argelia y China, lo que ha permitido al país diversificar sus relaciones económicas y políticas.

Los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución

En 2025 la isla será el país más envejecido de América Latina y el Caribe (Jorge Luis Baños - IPS).En este contexto, por la complejidad y la diversidad de los problemas que hay que atender simultáneamente, cualquier programa diseñado para establecer un marco general de cambios económicos será necesariamente incompleto y limitado. Además, aun cuando existe un consenso bastante aceptable en el diagnóstico de los principales problemas de partida, las opiniones son divergentes en cuanto a las posibles soluciones.

Sobre esta base, el documento Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobado en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba puede ser calificado como satisfactorio y tiene entre sus principales méritos la inclusión de varias ideas muy novedosas para la paulatina transformación del modelo económico cubano. De forma general, se aprecia un diagnóstico objetivo de la situación económica actual y de los principales desafíos. No obstante, se nota un énfasis desmedido en el estrangulamiento externo, que puede demostrarse que es más un síntoma que la enfermedad en sí. Esta no es una distinción menor, pues de ello se derivan una serie de recomendaciones que pueden revelarse como inefectivas en última instancia.

Se hace mención a algunos aspectos del contexto internacional, pero no se ubica el diferendo con Estados Unidos como la causa más importante de las dificultades económicas de la nación, sino que se apunta hacia las insuficiencias del modelo propio y las desviaciones ocurridas en la última década. La ponderación de las distintas causas es clara y denota una clara intención de desviar la atención principal hacia la solución de los problemas domésticos.

Primeramente, se define con cierta claridad un modelo económico con una estructura de propiedad más homogénea, donde la empresa estatal continúa siendo la forma predominante, pero abriendo un espacio por primera vez para que el sector no estatal integre orgánicamente el paisaje productivo del país, por derecho propio y con un espacio definido, aunque limitado y contradictorio. Parecen haber quedado atrás las concepciones que le asignaban un rol residual en el desarrollo del país. Sin embargo, puede desempeñar un papel mucho más relevante si logra integrarse efectivamente en la estructura productiva y se desplaza hacia actividades de mayor complejidad, lo cual hoy aparece como improbable a partir del perfil de las actividades aprobadas. Lo difícil es y será pasar de la letra y la palabra a la acción. No son pocos los obstáculos, como la escasez de recursos y la necesidad de utilizar instrumentos de regulación más diversos y complejos, para lo cual se requerirá un nuevo estilo de hacer política económica y un nuevo enfoque para la planificación central.

Otra idea muy importante es el llamado hacia la descentralización en la toma de decisiones. Esto se produciría a través de dos vías principales. Por una parte, se habla de traspasar una serie de competencias a los gobiernos provinciales y municipales, de manera que estos puedan disponer de ciertos recursos y capacidad de gestión para programar y concebir proyectos de desarrollo a nivel territorial. De esta forma, podrían revelarse alternativas productivas que generalmente permanecen ocultas para el gobierno central, a la vez que se avanzaría hacia una mayor articulación a estos niveles. Otro canal complementario sería ampliar las facultades de las empresas públicas relativas al establecimiento de precios, el número de empleados, la elección de proveedores y clientes y otras esferas relevantes de su actividad operativa y estratégica.

Una tercera propuesta se relaciona con el levantamiento progresivo de las limitaciones al consumo y la creación de un mercado limitado de activos, como autos y casas. Varias de estas propuestas han sido ya implementadas y, aunque de momento no tendrán un impacto significativo en la actividad económica, tienen un efecto psicológico trascendente en la medida en que acercan al país a un estatus de normalidad en el ámbito internacional, en términos de derechos básicos de propiedad y elección de niveles de consumo. El desarrollo de un mercado de activos podría desempeñar un papel limitado como fuente de fondos para otras actividades, ya sea vendiendo un activo propio o usándolo como colateral de un posible crédito.

En cuarto lugar, se advierte en el documento un conjunto de propuestas orientadas a cambiar la estructura del consumo de los hogares, en el sentido de favorecer el consumo privado por encima del social. Algunas medidas más específicas, como la eliminación gradual de los subsidios universales (libreta de abastecimiento), la reorientación de la política social hacia la atención a los grupos más vulnerables, la eliminación de los topes a la remuneración de empleados y otras, apuntan en esa dirección.

Estas dos últimas proposiciones tienen el efecto añadido muy valioso de crear las condiciones para una modificación significativa de la estructura de incentivos en la economía. El mensaje es claro en el sentido de crear condiciones para que las personas puedan acceder a una retribución que esté más acorde con su esfuerzo personal, ya sea mediante el trabajo privado, cooperativo o en el sector estatal. Por otro lado, esta previsible mayor retribución podría encontrar un mercado doméstico más diverso y amplio, en el cual los ingresos se gastarían de acuerdo con las preferencias individuales, lo cual debería enviar una señal muy positiva para fortalecer el vínculo entre trabajo productivo y satisfacción de necesidades.

Todo esto fortalecería el papel del mercado interno como fuente de crecimiento para numerosas entidades, un papel que ha sido muy débil durante buena parte de la historia económica de Cuba. También se crean nuevas posibilidades para fortalecer las relaciones horizontales entre unidades productivas cubanas y el incremento del salario real aparece como un canal importante para incrementar la productividad del trabajo.

Lo que distingue a esta etapa

Quizá sería interesante resaltar varios elementos que nos permiten afirmar que este proceso de transformaciones es, como tendencia, irreversible, y se diferencia sustancialmente en el contenido y la forma de los limitados cambios que tuvieron lugar a principios de la pasada década del noventa.

Como primer elemento se dispone de un documento oficial y público, que recoge las ideas de cambio fundamentales, establece una suerte de cronograma y permite evaluar el avance de las transformaciones. Se ha creado un órgano, la Comisión Permanente de Implementación y Desarrollo, que se ubica por encima de la superestructura ministerial, para coordinar, supervisar y garantizar la implementación de los cambios. Esto permitiría darle continuidad y sistematicidad a las transformaciones, abriendo la posibilidad de corregir el rumbo si ese fuera el caso. Muy vinculado con esto, se evidencia una implicación directa de la máxima dirección del país, en la persona del presidente, lo que traslada el proceso al centro de la agenda nacional.

Todas las modificaciones están siendo refrendadas en nuevas regulaciones, mediante leyes o decretos-leyes, que fortalecen el imperio de la ley y reducen el margen para la discrecionalidad. No obstante, la exigencia por el cumplimiento de la letra y espíritu no está garantizada y requerirá de un esfuerzo notable.

Se empiezan a fortalecer las acciones de control, con nuevas estructuras y procedimientos, que deben permitir velar por el uso de las nuevas facultades que se transfieren a las empresas, los individuos y los gobiernos a todos los niveles.

Se aprecia una práctica de potenciar la retroalimentación y auto corrección como elementos que distinguen las modificaciones que se establecen en los diversos escenarios. En varias ocasiones se han revisado, en poco tiempo, decisiones acordadas anteriormente, como por ejemplo el reglamento que regula el ejercicio del trabajo por cuenta propia.

Algunos desafíos hacia el futuro

Lograr una efectiva articulación entre todas las formas de propiedad, constituye un reto para la economía cubana (Jorge Luis Baños - IPS).  No sería realista pensar que estos primeros pasos pueden atender, a la misma vez, todas las distorsiones que padece el modelo económico cubano. En el camino se aprecian varios obstáculos que será necesario atender. En primer lugar, la elevada distorsión que se aprecia en los precios relativos (tipo de cambio, salarios) impide revelar adecuadamente los costos de producción, con lo cual la competitividad de las empresas se ve afectada y las decisiones de inversión pueden ser incongruentes con la disponibilidad real de factores e insumos. La corrección de estas señales es crítica para construir una agenda de desarrollo, más allá de suavizar las debilidades coyunturales.

Un mayor protagonismo del sector no estatal en la economía constituye una oportunidad y un reto para el país. La oportunidad radica en que se revelan opciones de desarrollo productivo que han sido ignoradas hasta el momento. También deberán mejorar la prestación de numerosos servicios y la provisión de ciertos bienes que deben favorecer el nivel de vida de la población. Esta nueva fuente de puestos de trabajo hará una contribución sustancial para enfrentar en mejores condiciones la reestructuración del empleo en el sector estatal, una necesidad impostergable para mejorar la retribución en esta área, a la vez que se elevan la productividad y la eficiencia. El reto está en lograr una efectiva y completa articulación entre todas las formas de propiedad, garantizando la integración interna de la economía.

Si bien se avanza en la progresiva integración de las diferentes formas productivas, se observan obstáculos que limitan el crecimiento potencial del sector no estatal y, sobre todo, sus posibles derrames hacia la economía interna. Es necesario crear las condiciones para que este segmento pueda acceder a todos los servicios productivos que requiere una empresa moderna. En este sentido destacan algunos que son imprescindibles en el mundo actual, como conectividad, finanzas y asesoría legal. Otro tema tiene que ver con el acceso a la tecnología y el conocimiento, que se genera fundamentalmente desde el sector estatal. Finalmente, se requiere la existencia de un mercado mayorista donde este sector pueda comprar, a precios más competitivos, los insumos necesarios para la producción. En todos estos aspectos la acción del Estado es decisiva, pues controla todos los canales de importación y distribución.

Otro asunto relevante sería ampliar el universo de las actividades actualmente aprobadas para el trabajo por cuenta propia y en general para todo el sector no estatal. La mayoría de las ocupaciones permitidas actualmente son muy primarias, para las cuales no se requiere un elevado nivel de calificación. Esto está en franca contradicción con el perfil educacional de la fuerza de trabajo en el país, que cuenta con un nivel de escolaridad de 10,5 grados promedio, el más alto en Latinoamérica de acuerdo con la base de datos de Barro y Lee[i], y con una proporción de profesionales y técnicos no despreciable.

Ampliar las posibilidades de empleo para este segmento, que no está excluido de los planes de ajuste en el sector público, tendría varios efectos positivos asociados. Por una parte, se abriría una oportunidad para utilizar ese activo más productivamente dentro del país, con lo cual la gigantesca inversión en educación tendría mayores retornos. Por otra, se generaría un incentivo adicional para contener la emigración de personal calificado, que es un fenómeno que afecta negativamente el desarrollo futuro.

Aunque el énfasis a mediano plazo se concentra en el logro de un equilibrio externo compatible con mayores tasas de crecimiento de la economía, lo que demanda un incremento del volumen y un cambio en la estructura de las exportaciones, sería deseable tomar acciones más decididas encaminadas a aumentar sostenidamente la tasa de acumulación, lo que permitiría ampliar la capacidad productiva y mejorar la infraestructura física del país.

Esto pondría a Cuba en mejores condiciones de alcanzar otras metas relevantes, como impulsar el crecimiento de la economía y mejorar el balance externo. Dadas las restricciones para acceder a financiamiento externo, se podría considerar una política más activa para atraer inversión extranjera, no solo para grandes proyectos, sino considerar la gestión de otras posibilidades a nivel regional y local. Otra alternativa sería diseñar algún esquema para utilizar una parte de las remesas con fines productivos. Para ello se podría estudiar la experiencia de otros países en América Latina, aunque hay que considerar la manipulación política a que está sujeto este tema en el caso cubano.

Las consideraciones respecto a los problemas en la estructura productiva del país se abordan de forma muy general e imprecisa, dispersa y aislada. La propia concepción implícita de la política industrial es limitada, debido a que se identifica con la rama manufacturera, mientras que se hallan esbozos de esta en otros capítulos. Lo que se podría denominar una política de cambio estructural muestra un carácter difuso, indicativo, y premia los instrumentos administrativos, recurriendo a prioridades de tipo ramal, que se alejan de las concepciones predominantes hoy en el mundo. La idea de actividad económica, que remite a una secuencia de eslabones integrados horizontalmente y que incluye a productores y empresas de servicios de diversos tamaños y especializaciones, sería una mejor forma de plantearse los desafíos productivos del país, con el valor agregado de que se potencia el anclaje territorial y local la actividad productiva, lo que resulta en extremo beneficioso en las condiciones actuales de la economía cubana.

Apuntes finales

Existe una tendencia entre algunos analistas hacia la comparación del proceso de transformaciones cubano con otras experiencias de naciones como China o Vietnam. Por muchas razones esos no pueden ser los estándares bajo los cuales se juzgue el alcance y el ritmo de los cambios en Cuba. Ambos países han construido un modelo propio en mejores condiciones que la isla caribeña. Tanto la dotación relativa de recursos naturales, como la dinámica demográfica y el tamaño han beneficiado esos procesos. Ambos casos se ubican en la región más dinámica del mundo desde el punto de vista económico en las últimas décadas, a la vez que no han sufrido sanciones económicas como las que padece Cuba desde hace 50 años y participan activamente en las más importantes instituciones internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Las autoridades cubanas y la mayoría del pueblo cubano comparten la noción de que las transformaciones se harán a la medida de las singularidades y las necesidades del país. En ese camino, la normalización de las relaciones con Estados Unidos, un acuerdo integral marco con la Unión Europea, el acercamiento con la diáspora cubana y el establecimiento de vínculos con organismos internacionales constituirían eventos que facilitarían la adaptación de la sociedad y la economía a los nuevos escenarios. (2012)

 


Notas:

[i] Barro, Robert and Jong-Wha Lee, “A New Data Set of Educational Attainment

in the World, 1950-2010.” NBER Working Paper No. 15902, abril de 2010.

 

*El autor es profesor auxiliar en el Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de la Habana.

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