Alimentos en la olla de presión

Mientras la escalada de precios asusta a los organismos internacionales, la producción cubana despega con dificultad.

Ángel Baldrich

Los beneficios más evidentes se concentran en dos productos básicos en la dieta insular: arroz y frijoles

Los precios de los alimentos continúan dentro de una olla de presión en el mundo, mientras en Cuba la producción agropecuaria despega lentamente. Datos y alertas recientes confirman las preocupaciones a escala internacional y deben ampliar las motivaciones que llevaron al gobierno cubano a darle carácter estratégico a la producción nacional para la despensa.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó que en agosto la cotización promedio de los alimentos se mantuvo estable en comparación con el mes precedente. Pero en julio había experimentado una fuerte alza del 6 por ciento, sobre todo a cuenta del encarecimiento del maíz estadounidense. El índice de precios de esa agencia de la ONU dio un salto de 12 puntos en julio, para acomodarse en 213 puntos, todavía por debajo del récord de 238 registrado en febrero de este año.

Los temores a otra escalada de precios hicieron que la FAO, el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) pidieran la semana pasada a la comunidad internacional una acción “rápida y coordinada” para calmar a los mercados.

“Tenemos que actuar rápidamente para asegurarnos de que estos incrementos en los precios no derivan en una catástrofe que afecte a decenas de millones de personas durante los próximos meses”, recalcaron el director general de la FAO, José Graziano da Silva, el presidente del FIDA, Kanayo F. Nwanze, y el director ejecutivo del PMA, Ertharin Cousin.

Las causas de la subida señaladas por esa tríada de instituciones permanece latente: condiciones meteorológicas, desastres naturales como inundaciones, uso creciente de reservas de alimentos para fines distintos a la nutrición –producción de biocombustibles, por ejemplo- y la especulación financiera.

Según el comunicado, el alto precio de ciertos alimentos “puede afectar seriamente a los países que dependen de las importaciones y a las personas más pobres.” La advertencia incluye, por tanto, a Cuba. Entre los alimentos que la isla compra habitualmente en mercados externos se encuentran precisamente algunos de los más amenazados por el encarecimiento: los cereales y las oleaginosas.

De acuerdo con el índice de la FAO, el trigo y el arroz subieron moderadamente en agosto. Ese organismo de la ONU estima, a la par, que la producción cerealera mundial llegue a 2.295 millones de toneladas, una disminución de 2,2 por ciento con respecto al récord de 2011. El golpe más duro viene por “el empeoramiento de las perspectivas de producción de maíz en Estados Unidos, como consecuencia de una sequía grave y generalizada”, dijo la FAO.

Arroz con frijoles

Con esos truenos en los mercados externos, los ojos se vuelven con mayor insistencia hacia la actividad agropecuaria cubana. De acuerdo con reportes recientes de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en 2011 creció débilmente la producción de alimentos en la isla.

La cosecha de viandas aumentó a 2.280.000 toneladas el año pasado, apenas un 1,3 por ciento por encima del 2010, mientras las hortalizas, con 2.200.000 toneladas, crecieron un 2,8 por ciento. Ambas líneas han mostrado un desarrollo parco en los últimos cinco años. Para la papa y el boniato el 2011 resultó francamente malo, con caídas de 13,5 por ciento y 18,9 por ciento, respectivamente, en comparación con el año previo.

Con mejor viento han navegado dos renglones priorizados por las autoridades en respuesta a la escalada mundial de precios. La cosecha cubana de arroz –uno de los alimentos básicos en la dieta cubana- creció un 24,6 por ciento en 2011, para recuperar el nivel de 560.000 toneladas de arroz cáscara húmedo, que había perdido en 2010 con respecto a 2009.

A su vez, la producción de maíz, fundamental para la alimentación animal, avanzó un 9,1 por ciento el año pasado.

Los datos son oportunos por dos motivos. El crecimiento de la producción arrocera sirve de sombrilla a las intenciones informadas por el gobierno cubano de reducir este año en 117. 000 toneladas la importación de ese cereal. La FAO reportó que el precio internacional del arroz subió un 0,2 por ciento en agosto de este año.

La agricultura consiguió en el 2011, según la ONEI, un fuerte aumento en otro renglón con peso en las importaciones, los frijoles. La cosecha cubana del grano avanzó un sólido 65,4 por ciento, hasta 133.000 toneladas, el techo más alto en la última década y casi el doble de la cosecha de 2006.

A juzgar por esas cifras, los agricultores han comenzado a reaccionar ante las medidas adoptadas por el gobierno para abonar en suelo cubano la producción de alimentos habitualmente importados, a pesar de que un examen detenido indica cierto estancamiento en dos líneas agrícolas fundamentales, viandas y hortalizas.

Otra señal de reacción frente a estímulos gubernamentales, como el alza de precios al productor, es que los crecimientos más sólidos se concentran en el sector no estatal. Además de cargar con el mayor peso de la producción de viandas, hortalizas, cereales y frijoles, las cooperativas agropecuarias y los campesinos privados han logrado un despegue más estable a lo largo de los últimos siete años, mientras los productores de empresas estatales exhiben un comportamiento más endeble y volátil. (2012)

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