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El censo aportará datos muy oportunos para las políticas económicas y para conocer qué ha ocurrido en Cuba en los últimos años.

Archivo IPS Cuba

Los datos que se propone captar el censo son ambiciosos

Con el Censo de Población y Viviendas iniciado la pasada semana, los cubanos se proponen averiguar un dato que siempre despierta curiosidad: cuántas personas habitan de manera permanente el archipiélago cubano. Pero responderán también otras numerosas interrogantes necesarias para mover con precisión el timón de las políticas económicas.

Más de 55.000 enumeradores y casi 20.000 supervisores recorren ciudades, poblados y caseríos del país desde el 15 de septiembre hasta el próximo 24 de septiembre, a fin de “actualizar las principales características demográficas, económicas y educacionales de la población, así como de sus viviendas”, según reza el decreto ley 291 del 2011. Tendrán que visitar, a juicio de expertos, alrededor de 3,8 millones de hogares durante los diez días planificados para esta investigación estadística.

Este censo, número 18 en la historia cubana y cuarto en la etapa revolucionaria (iniciada en 1959), servirá para confirmar no solo el total de viviendas, sino que aportará luz sobre el estado y situación real de las moradas. El panorama habitacional promete haber cambiado mucho desde el censo anterior, realizado en 2002. En el lapso transcurrido desde entonces, Cuba fue azotada por 13 violentos huracanes: el trío del Gustav, el Ike y el Paloma, entre agosto y septiembre del 2008, acarreó daños en torno a 10.000 millones de dólares, sobre todo en inmuebles y producciones agropecuarias. Tres años antes, el Dennis provocó estropicios superiores a 2.000 millones de dólares.

Alrededor de un millón de viviendas, casi la cuarta parte del fondo habitacional cubano, han resultado deterioradas total o parcialmente por la suma de esos desastres naturales.

Los años recientes han acentuado, entretanto, tendencias demográficas y migratorias, a las que se agregan las influencias iniciales que pueden estar ejerciendo los cambios introducidos, sobre todo a partir del 2008, por la reforma identificada por el gobierno cubano como actualización del modelo económico.

Los expertos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) prevén detectar novedades por esa suma de factores. Juan Carlos Alfonso Fraga, director nacional del Censo del 2002 y del actual, espera que “sobre todo en las ciudades y las zonas rurales cercanas a las mismas, se evidencie una expansión de las viviendas”.

En entrevista ofrecida a la revista Bohemia, Alfonso explicó que “entre 2002 y 2012 el crecimiento de la vivienda podría ser mayor al de la población, en un país como Cuba con muy bajos niveles de fecundidad desde 1978. Y hablo de crecimiento de vivienda, no de distribución ni de calidad en términos urbanísticos”.

Cuatro de los seis años en que ha decrecido el número de cubanos se concentra desde el anterior levantamiento censal. Tras disminuir levemente en 2006, 2007, 2008 y 2010, los residentes en la nación antillana vivieron un repunte el año pasado. La ONEI prevé una disminución de la población al término de esta década.

Los estudios anticipan una baja del 0,7 por ciento en los 11,2 millones de habitantes del país entre 2015 y 2020, a la par que se acentúa otro rasgo poblacional que preocupa a los diseñadores y ejecutores de las políticas gubernamentales: el envejecimiento de la ciudadanía. En los próximos años, la proporción de personas mayores de 60 años de edad en Cuba será la más alta de América Latina, al superar la cuarta parte de la población.

En términos económicos es más preocupante aún otra realidad que ven los demógrafos en el horizonte: la población dependiente será mayor numéricamente que la económicamente activa.

Las 39 preguntas que realizan los enumeradores y supervisores en su recorrido por casas y apartamentos, permitirán determinar rasgos demográficos, económicos y sociales a escala nacional y por territorio, en un momento oportuno. En enero del 2011, quedó implementada una nueva división político administrativa en Cuba, que reordenó las fronteras de numerosos municipios y dio nacimiento a dos nuevas provincias, Mayabeque y Artemisa, en las cuales el gobierno ensaya, además, nuevas reglas del juego para la Administración Pública.

Los datos que se propone captar el censo son ambiciosos: espacios rurales y urbanos, tendencias migratorias, preparación educacional o académica de cada cubano, acceso al agua potable y a la electricidad, energía empleada para cocinar y electrodomésticos disponibles, por ejemplo. Tal abanico de información contribuirá a perfeccionar la mirilla de las políticas de los gobiernos de cada municipio y provincia, y del país, y atraerán, sin dudas, la atención de todos los que quieren o necesitan conocer mejor a Cuba.(2012)

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