Latinoamérica saca la cara por Europa en los hoteles cubanos

La vigorosa reacción de turistas latinoamericanos y de países emergentes ha compensado la fuerte caída de visitantes del Viejo Continente.

Archivo IPS Cuba

La recepción de turistas extranjeros retrocedió un 0,9% en el primer mes del actual año en comparación con similar lapso del 2011

Luego de una arrancada sombría en enero, el flujo de turistas hacia Cuba aportó una señal alentadora, pero esta vez la buena nueva no llegó en maletas europeas ni canadienses. Los mercados emisores de mayor importancia, en particular los del Viejo Continente, empezaron deprimidos, una consecuencia previsible de la crisis financiera que conmociona a la zona euro con crudeza acentuada desde el año pasado.

La recepción de turistas extranjeros retrocedió un 0,9% en el primer mes del actual año en comparación con similar lapso del 2011, de acuerdo con reportes de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). Pero se recuperó en febrero (5,6%) y adquirió mayor fuerza aún en marzo, mes en que aterrizaron en el archipiélago cubano un 10,9% de visitantes más que en igual mes del 2011.

En línea con la expansión de años previos, el primer trimestre sumó 952.777 visitantes, un 5,3% por encima de los tres primeros meses del 2011. Apenas unos días después, en la semana inicial de abril, el Ministerio de Turismo (MINTUR) anunció el primer millón de turistas del año, con cinco días de antelación a lo planificado. Compañías del sector y turoperadores confirmaron a este espacio que este mes estaban repletos los hoteles de la principal playa cubana, Varadero.

Sin embargo, un examen por países revela sombras y esperanzas simultáneas para un sector fundamental en la economía insular. En los primeros meses se contrajo agudamente la entrada de vacacionistas de Europa occidental, región que representa, después de Canadá, el mercado más importante para la industria del ocio de la mayor de las Antillas.

Los turistas ingleses y españoles disminuyeron bruscamente en el bimestre enero-febrero: un 28,2% y un 37,8%, respectivamente, según la ONEI. Por consiguiente, Inglaterra bajó del segundo al quinto peldaño entre los principales emisores de turistas y España descendió de la quinta a la octava posición.

Muchos italianos también pospusieron los planes de regodearse en las playas cubanas. Italia cayó un 3% en enero-febrero y cedió un escalón hasta el cuarto lugar.

A todas luces, los aprietos domésticos derivados de la crisis de la deuda, el alto desempleo y los programas de austeridad fiscal están desestimulando las apetencias vacacionistas de los europeos. El año pasado la afluencia desde ese trío de países retrocedió o se estancó.

En frecuencia con la situación menos tensa de Alemania y Francia ante la crisis financiera regional, en el primer bimestre viajaron a Cuba un 14,1% y un 8,6% más de germanos y galos.

Los canadienses, que aportaron en 2011 más de un millón de de los 2,7 millones visitantes que recibió Cuba, empezaron el año con tibieza: aumentaron un 1,8% al cierre de febrero.

¿De dónde vinieron, entonces, los viajeros que levantaron las estadísticas de los primeros meses?

Desde el año pasado, Cuba está cosechando los beneficios de campañas más agresivas para atraer turistas de economías latinoamericanas y emergentes, que han resistido a la crisis económica global mejor que Estados Unidos y Europa occidental. De manera sólida crecieron en 2011 las visitas de mexicanos (14,5%), argentinos (29,6%), venezolanos (10,1%), colombianos (20,6%) y chilenos (34,3%), según la ONEI.

También se disparó la afluencia de visitantes desde dos países miembros del grupo BRICS: Rusia y China, con aumentos de 39,4% y 31,1% en 2011, respectivamente.

Argentinos y rusos mantuvieron igual entusiasmo con la arrancada del año. En los dos primeros meses ascendió en un 37,3% el número de turistas de Argentina. Ese país sudamericano se acomodó en el segundo lugar entre los mercados emisores, contra una sexta posición en el primer bimestre del 2011. De Rusia llegó un 29,8% más de visitantes en enero y febrero.

Esos saltos compensaron las bajas de la zona euro y permitieron el año pasado un incremento general de un 7,3% en la recepción de visitantes extranjeros, informó la ONEI.

El récord mensual registrado en marzo (349.950 visitantes) dejó preparado el escenario para un cuarto mes de intensa actividad, entre otros factores por los numerosos peregrinos extranjeros que acompañaron a la visita del Papa Benedicto XVI a La Habana y Santiago de Cuba.

Sin embargo, la faz e idioma de los turistas no solo cambia por las razones anteriores.

Aunque no entra abiertamente en las estadísticas, otra nacionalidad gana peso en los registros de la industria del ocio. Los cubano-estadounidenses viajan más a menudo a la isla para encontrarse con sus familiares desde que el gobierno de Barack Obama eliminó las restricciones que había impuesto su antecesor, George W. Bush, a esos viajes.

De acuerdo con datos recientes del MINTUR, 285.000 cubanos vinieron desde Estados Unidos en 2011, para un crecimiento de 8,3% con respecto a 2010. Y hasta marzo del actual año habían llegado a 77.000, una cantidad solo superada por los canadienses.

Pero la novedad anda más cerca de casa aún. Pese a que por razones obvias no aparecen en el récord de visitantes, los residentes en Cuba adquieren valor creciente para la industria hotelera, a juzgar por declaraciones de ejecutivos de ese sector.

Desde que en 2008 el gobierno eliminó la prohibición a los nacionales para alojarse en hoteles comercializados en pesos convertibles, ha ascendido aceleradamente la cantidad de cubanos que prueba esa opción en sus vacaciones veraniegas.

En Matanzas, provincia donde se encuentra la playa cubana más famosa, Varadero, el jefe territorial de Comercialización y Comunicación del MINTUR, Velio Barrera, reconoció el pasado verano que la demanda nacional les había pillado de sorpresa. “Durante los meses de julio y agosto ha habido un crecimiento no previsto de clientes cubanos” en Varadero, dijo a la prensa.

En el momento de las declaraciones de Barrera, los turistas del país eran casi la cuarta parte de los huéspedes de Varadero, para convertirse en segunda nacionalidad más representada entonces. Al margen de lecturas políticas desatadas en esa fecha, el dato forzó revisiones de políticas comerciales en las cadenas hoteleras.

La reanimación de la demanda interna en esos meses le ha venido de perillas a la industria del ocio, porque la temporada estival, preferida tradicionalmente por los cubanos para vacacionar, es la de menor recepción de visitantes foráneos. (2012)

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