Los ojos en el cielo

Un inicio de año pobre en precipitaciones, confirma a la sequía en Cuba como una de las consecuencias más temidas del cambio climático.

Jorge Luis Baños-IPS/jlbimagenes@yahoo.es

El año comenzó con muy bajos niveles de precipitaciones en Cuba, de acuerdo con un informe del Instituto Nacional de Recursos Hidraúlicos.

Un primer trimestre más seco de lo habitual preocupa a los agricultores cubanos y tiende sombras sobre un propósito estratégico del país: aumentar la producción de alimentos. Ante una amenaza que no es nueva, las autoridades impulsan alternativas para construir un sistema de agricultura sostenible.

Con un promedio de 90,7 milímetros de enero a marzo, las precipitaciones quedaron apenas al 61 por ciento de la media histórica para esa etapa, de acuerdo con un informe del Servicio Hidrológico Nacional de la Dirección de Cuencas Hidrográficas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), publicado recientemente por el diario Granma.

El mayor déficit de lluvias lo registró la región central de Cuba, con un acumulado de 69,3 milímetros, equivalente al 54 por ciento de la media histórica. Le siguen occidente, con un 58 por ciento (89,4 milímetros), y el oriente, con un 69 por ciento (116,3 milímetros).

Los agricultores no se sorprenden por la escasez de lluvias porque ese trimestre está enmarcado dentro del período más seco en Cuba –aproximadamente de noviembre a abril-, pero no deja de inquietarles la arrancada del año con una seca más dura que lo común. Además, las lluvias se han mostrado particularmente esquivas con las regiones donde se encuentran las provincias con mayor peso en la economía agropecuaria: Artemisa, Mayabeque y Matanzas, en occidente, y Ciego de Ávila, en el centro.

El bombillo rojo también se ha encendido sobre los embalses del país, aunque la situación es menos tensa. Al cierre del primer trimestre, las presas almacenaban 5.755 millones de metros cúbicos de agua, el 62,7 por ciento de la capacidad total de llenado, que es superior a 9.000 millones de metros cúbicos.

Cuba ha adoptado programas para fortalecer la iniciativa local frente al cambio climático, como vía para construir un modelo de agricultura sostenible.La necesidad de acudir a esas reservas para compensar la escasez de las lluvias provocó una reducción de unos 600 millones de metros cúbicos en el agua represada, pero de acuerdo con el reporte del INRH el total en existencia todavía superaba en más de 858 millones lo retenido en igual fecha del año 2012 y en alrededor de 514 millones el promedio histórico de marzo.

Con el nuevo siglo, la sequía ocupa cada vez mayor relevancia entre los fenómenos del clima que motivan la atención en Cuba. Los millonarios daños provocados en la etapa 2003-2004 por las bajas precipitaciones compiten con las de algunos huracanes.

Otra etapa seca comenzó en noviembre de 2008. El año 2009 clasificó como el cuarto con menos lluvias en 109 años.

Ante una amenaza considerada por los expertos como manifestación regional del cambio climático en el planeta, el gobierno cubano ha emprendido inversiones millonarias para construir una kilométrica red de canales o trasvases, mejorar embalses y renovar acueductos.

Buscan aprovechar mejor la disponibilidad de agua entre el centro y el oriente insular, tradicionalmente con menores registros de lluvias.

Las autoridades promueven a la par un mayor protagonismo e iniciativa a escala local, línea en la cual se inserta un proyecto conocido por sus iniciales, BASAL: Bases Ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria Local. Conducido por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, el proyecto se propone reducir vulnerabilidades derivadas del cambio climático, entre las cuales la sequía es una de las más temidas.

BASAL, en que participan también el Ministerio de la Agricultura y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con financiamiento de la Unión Europea y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, recibió nuevo respaldo e impulso en un taller nacional celebrado en La Habana a inicios de abril.

La representante en Cuba del PNUD y coordinadora residente de la ONU, Bárbara Pesce-Monteiro, alabó en la ocasión el rigor científico y el carácter multidisciplinario de estos programas pensados para el sector agropecuario. Manifestó, incluso, que pueden ser aplicados con éxito en otras naciones del mundo.

Pesce-Monteiro reconoció que las autoridades medioambientales de Cuba buscan un modelo de desarrollo sostenible que integra al ser humano y sus necesidades de tener un nivel de vida digno y saludable dentro de su entorno.

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