Aduana versus comercio clandestino

El gobierno cubano ajusta derechos arancelarios para frenar la entrada de mercancías hacia un mercado interno no estatal en expansión.

Jorge Luis Baños - IPS

Con el freno a la entrada de “mulas” que abastecen el mercado interno informal, las autoridades buscan evitar la fuga de capitales.

Singular repercusión ha causado el anuncio de nuevos aranceles aplicados en Cuba frente a la importación de mercancías por parte de personas naturales. La Aduana General asumió desde junio un aumento de derechos arancelarios para la entrada al país de alimentos por parte de pasajeros cubanos. Poco después, las autoridades ajustaron los cobros de similar tipo por el ingreso de otros productos con carácter no comercial.

Con la primera decisión, la Aduana restableció desde el 18 de junio una tasa que cobra a los pasajeros cubanos –residentes en el país o no- si arriban con alimentos. Ese pago las autoridades lo habían interrumpido temporalmente desde el 2008, como “medida excepcional”, para apoyar el enfrentamiento a los millonarios perjuicios causados ese año por tres fuertes huracanes.

Sin embargo, al restituir dicho pago, este organismo mantuvo vigente para los pasajeros “la exención de 10 kilogramos de medicamentos”, a condición de que traigan separada esa carga del resto de los artículos.

La decisión causó cierto revuelo, pero en medida menor a la conmoción que regulaciones aduanales posteriores causaron en algún sector.

Mediante la Resolución 222/2012, el Ministerio de Finanzas y Precios absolvió desde el 2 de agosto del pago de aranceles a las personas naturales que importen productos sin carácter comercial por un valor total de hasta 50.99 pesos (equivalentes a 50.99 dólares, según la tasa de cambio oficial). Los pasajeros que traigan artículos por un valor mayor deberán pagar un gravamen de acuerdo con una tarifa progresiva hasta un valor de mil pesos.

En la primera importación de cada año que realice un natural o extranjero residente en Cuba, el pago será en pesos cubanos (CUP); sin dudas, más blando. Pero a partir de la segunda entrada al país el arancel será calculado en pesos cubanos convertibles (CUC, moneda divisa de circulación interna) y el desembolso será exigido en pesos cubanos (CUP) de acuerdo con la tasa de cambio vigente para la venta de CUC a la población en la Isla (1 CUC x 25 CUP, en estos momentos). La legislación aclara que los extranjeros y cubanos residentes en el exterior ejecutarán ese pago en CUC.

A la par, la resolución 223/2012 plantea que el pago de los derechos arancelarios –por bultos de hasta 20 kilógramos- se abonará en CUC. Pero exime de impuestos a los tres primeros kilogramos de un envío según la relación peso/valor establecida por la Aduana.

Otra resolución, la 122/2012 de la Aduana General de la República, regula la relación peso/valor y el gravamen para productos clasificados como miscelánea (calzados, confecciones, alimentos, artículos de aseo y del hogar, perfumería y otros), en los envíos que se efectúen hacia Cuba por vía aérea, marítima, postal o de mensajería. Entrará en vigor a partir del próximo 3 de septiembre.

Estos ajustes se suman a disposiciones aduanales adoptadas a fines del año 2011, también con el objetivo de reglamentar mejor la entrada al país de mercancías que no son –supuestamente- para fines comerciales.

De acuerdo con las autoridades aduanales, con estas medidas buscan mejorar la eficiencia de sus servicios. Pero también es evidente hacia dónde apunta la mirilla: tratan de recuperar el control estatal de una puerta de creciente abasto hacia el mercado interno. Aunque no han faltado preocupaciones internas y repercusión en medios de prensa extranjeros, que ven en las medidas una agresión contra el envío de remesas o de productos al consumidor cubano, otro es en realidad el pie pisado.

Pese a clasificar como importaciones no comerciales, un destino francamente comercial asoma detrás de las compras que el gobierno se propone frenar. Los más desfavorecidos por las nuevas normas aduanales son los que habían encontrado una buena vía para traer desde el extranjero, mediante “mulas” (transportistas de comercio clandestino) bien cargadas y repetidas, mercancías para engrosar sus negocios.

Y ese no es el consumidor medio cubano, sino el revendedor de artículos domésticos que, con licencia de trabajo por cuenta propia o sin ella, ha comenzado a inundar arterias de La Habana y otras ciudades principales con productos importados desde Ecuador, Miami u otro origen externo.

De los más de 390 mil trabajadores por cuenta propia registrados al cierre del primer semestre del 2012 por las autoridades del país, los revendedores de artículos domésticos clasifican entre las actividades con mayor participación.

El envío de remesas de dinero, por el contrario, no es afectado por las nuevas disposiciones aduanales.

Sin embargo, si el gobierno adopta medidas para proteger el comercio insular y evitar la fuga de capitales, a las cadenas estatales de tiendas les queda ahora el desafío de apertrechar mejor sus vitrinas, más golpeadas por déficits de ofertas que por inventarios ociosos o de lenta rotación. (2012)

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