Cable submarino, ¿al fin?

ETECSA anunció el inicio de pruebas de tráfico de datos de Internet a través del cable tendido entre Cuba, Venezuela y Jamaica.

Archivo IPS Cuba

El acceso a Internet desde Cuba hasta el presente se ha encontrado limitado por el ancho de banda de la comunicación vía satélite.

La revelación provocó revuelo entre la población cubana, los blogueros del patio y la prensa extranjera. El pasado 10 de enero comenzó a transitar información de Internet a través del cable submarino tendido hace un par de años entre Cuba y Venezuela. La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (ETECSA) dio la noticia esta semana, 14 días después de iniciar las pruebas.

El impacto causado se explica por la vinculación del asunto con cuestiones de alta sensibilidad, como el acceso cubano a Internet, las trabas del bloqueo estadounidense a las comunicaciones de la isla y la demora, en más de un sentido, del anuncio.

De acuerdo con la nota publicada en el periódico Granma, el sistema de telecomunicaciones Alba-1, que enlaza a Cuba con Venezuela y Jamaica mediante un cable submarino de fibra óptica, está operativo desde agosto del 2012, pero inicialmente lo probaron solo con tráfico de voz correspondiente a la telefonía internacional.

Las pruebas de calidad para la conexión a Internet empezaron el 10 de enero de este año. “Las mismas se realizan utilizando tráfico real desde y hacia Cuba, con el fin de normalizar esta vía de comunicación”, puntualiza la información oficial de ETECSA.

El domingo pasado, 20 de enero, la firma de monitoreo de Internet Renesys se adelantó con el aviso de que había actividad en el cable submarino. Pero responsabilizó con la misma a la compañía española Telefónica, la cual desmintió públicamente su participación en estos primeros ensayos.

Especializada en el análisis de patrones del tráfico global de Internet, Renesys percibió una reducción significativa de la latencia en los nexos de Cuba con Internet. A partir de esa observación, concluyó que la mayor de las Antillas no estaba utilizando solo los proveedores de satélite de que ha dispuesto hasta ahora como única opción para conectarse a la red de redes. Renesys valoró, por tanto, que Cuba finalmente utilizaba Alba-1.

ETECSA lo confirmó unos días después.

De esta manera, Cuba rompe el bloqueo con que Estados Unidos le ha impedido conectarse a la malla de cables submarinos que descansa en el lecho del Caribe. Como única alternativa tenía la comunicación satelital, más cara y con prestaciones menores.

De acuerdo con su descripción técnica, el cable Alba-1 permitirá multiplicar 3.000 veces la velocidad de transmisión de los datos, incluidas imágenes y voz, que llegan y salen de Cuba hoy.

Sin embargo, la nota de ETECSA aclara que “cuando concluya el proceso de pruebas, la puesta en operación del cable submarino no significará que automáticamente se multipliquen las posibilidades de acceso.” Como argumentos, cita la necesidad de inversiones para mejorar la infraestructura de telecomunicaciones dentro del país y la limitada disponibilidad de divisas para pagar el tráfico de Internet. ETECSA aclara que la mayoría de ese servicio lo ofrece en Cuba gratuitamente y con objetivos sociales.

La advertencia final de la nota cayó como un cubo de agua fría sobre los aspirantes a una mejoría o a un acceso más amplio dentro del país. No es la primera decepción.

El acuerdo para tender un cable submarino entre Venezuela y Cuba, con un subramal hacia Jamaica, fue anunciado en el 2007. Despertó mucho entusiasmo por el beneficio que prometía traer a la bloqueada isla de Cuba. Pero los trabajos de preparación no empezaron hasta el 2009. La instalación a lo largo de 1.630 kilómetros comenzó en enero del 2011 desde la zona de Camurí, cerca del puerto de la Guaira, en el estado venezolano de Vargas. El cable llegó a la playa de Siboney, próxima a la ciudad de Santiago de Cuba, en el oriente insular, 19 días después, en febrero de ese año. Costó 70 millones de dólares.

Declaraciones de la empresa mixta de telecomunicaciones Gran Caribe al diario Granma anticiparon que el cable submarino entraría en operaciones a inicios del segundo semestre del 2011. Pero, tras su instalación, el asunto quedó sumido en el silencio oficial más de un año.

En mayo del 2012 el ministro venezolano de Ciencia y Tecnología, Jorge Arreaza, informó que el cable ya se encontraba operativo. La declaración destapó la polémica y los reclamos de blogueros cubanos, como el trovador Silvio Rodríguez, pero sin mayores consecuencias, hasta ocho meses más tarde.

Con tantas demoras, vacilaciones e incertidumbre en que ha estado envuelta la obra, salta inevitablemente una pregunta: ¿la próxima noticia sobre el cable viajará de Cuba hacia Internet a una velocidad tres mil veces mayor?

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