¿Grietas del bloqueo a Cuba?

El anuncio por Obama de que mantendrá congelado un capítulo de la Ley Helms-Burton coincidió con la entrada en La Habana de un barco mercante procedente de Miami.

Jorge Luis Baños - IPS

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció el 13 de julio que extendería por otros seis meses la suspensión del polémico capítulo III de la Ley Helms-Burton

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció el 13 de julio que extendería por otros seis meses la suspensión del polémico capítulo III de la Ley Helms-Burton, pero el aviso tuvo menos repercusión en los medios de prensa internacionales que la entrada ese mismo día en el puerto de La Habana de un pequeño navío mercante procedente de Miami.

El barquito, con poco más de 90 metros de eslora, entró cargado de alimentos y otras mercancías, para convertirse en la primera embarcación que surca las aguas con esa misión entre Miami y La Habana, en medio siglo de bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba.

En sus bodegas, el “Ana Cecilia” traía un contenedor de artículos enviados fundamentalmente por cubano-estadounidenses a sus familiares en la isla, en la reapertura de un servicio marítimo directo y regular para el transporte de mercancías desde la ciudad miamense hasta la rada habanera.

El barco zarpó de Miami el miércoles 11 de julio y llegó dos días después, con banderas de Cuba y de Bolivia, por estar registrado en ese país sudamericano, sin acceso a mares. No desplegó la bandera estadounidense de acuerdo con el protocolo exigido por las autoridades de Estados Unidos, dijo a la prensa Leonardo Sánchez, vocero de International Port Corporation (Ipc), encargada del envío.

Ipc se propone regularizar esa vía de comunicación marítima, con una periodicidad entre semanal o quincenal, en función del volumen de solicitudes.

Las personas destinatarias de los envíos podrán recogerlos en el puerto o recibirlos en sus domicilios a través de la empresa Cubapack.

La reapertura de esa vía de comunicación despertó de inmediato conjeturas y especulaciones en la prensa internacional acerca de un avance en las relaciones de Estados Unidos con Cuba, en línea con las medidas adoptadas por Obama al inicio de su mandato para flexibilizar los viajes y envíos de remesas familiares hacia la isla.

No faltaron observaciones sobre la escasa oposición que la iniciativa de Ipc encontró en Miami. La empresa fletadora solo comentó la queja planteada por la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen ante la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (Ofac, por sus siglas en inglés), del Departamento del Tesoro.

Menos lecturas que el “Ana Cecilia” motivó la decisión anunciada por Obama de prorrogar nuevamente la suspensión del capítulo III de la Ley Helms-Burton, acápite que da luz verde a Estados Unidos para entablar demandas contra empresas extranjeras que negocien con propiedades norteamericanas nacionalizadas por el gobierno cubano durante los primeros años de la Revolución.

La prórroga, que se aplicará desde el próximo 1 de agosto, da continuación a la fórmula de congelar cada seis meses esa cláusula, sucesivamente implementada por los presidentes de Estados Unidos desde que Bill Clinton decidió reforzar el bloqueo económico a Cuba con la firma en 1996 de la Ley Helms-Burton.

La protesta inicial de los europeos llevó a Clinton y los mandatarios posteriores a evadir el capítulo más polémico de la Ley.

El gobierno cubano no hizo comentarios sobre el barco “Ana Cecilia” ni sobre la nueva prórroga anunciada por Obama, pero funcionarios de la cancillería han descartado que Washington muestre intenciones de flexibilizar las relaciones bilaterales. Aluden a severas y reiteradas sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro a compañías y bancos de Europa por mantener transacciones comerciales o financieras con Cuba.

Entre los casos más sonados se encuentran una multa de 619 millones de dólares de la Ofac al banco holandés ING, en junio de este año, por la violación del bloqueo económico y financiero de Estados Unidos a varios países entre los cuales se encuentra Cuba. Es la mayor sanción impuesta por la Ofac.

Otra señal de que la flexibilización no avanzará mucho más la dio el propio presidente estadounidense hace unos días. En una entrevista a un canal de televisión de Miami, América TV, defendió la semana pasada las medidas aprobadas en los viajes y remesas hacia este país, pero insistió en que “no vamos a ver grandes movimientos o una mejoría en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos”.

Como razón –condición para un cambio- Obama volvió a citar la política interna de los gobernantes cubanos. La declaración, reiterada en cruzada electoral, obedece a un discurso pensado hacia los votantes de Miami más que para La Habana. La autorización de la ruta del “Ana Cecilia” probablemente responde a iguales motivos.

Cuba tampoco muestra señales de ceder. Ha defendido sistemáticamente la soberanía de sus políticas y ha rechazado que tenga alguna responsabilidad en una política que firmó Estados Unidos a pocos años del triunfo de la Revolución Cubana y que Washington estrechó luego mediante leyes como la Torricelli y la Helms-Burton, a pesar de la abrumadora condena al bloqueo económico, comercial y financiero en la Asamblea General de Naciones Unidas, desde hace 20 años. (2012)

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