La sequía retorna a Cuba

Aunque la alarma no adquiere aún un carácter nacional, la carencia de agua fuerza ya medidas de contingencia en varias provincias.

Un fenómeno meteorológico recurrente, la sequía, castiga desde diciembre a varias provincias, sobre todo en el oriente cubano. La segunda ciudad en importancia del país, Santiago de Cuba, encabeza los territorios bajo tensión por la escasa agua disponible. Los mensajes llegan, a pesar de que los indicadores nacionales de lluvias enmascararon el conflicto en 2014, por su evolución general aceptable.

Al comenzar este mes de febrero, los embalses santiagueros contenían solo 37,7 por ciento del agua que pueden almacenar, cantidad insuficiente para el abasto a la población y la agricultura local. Para la actual etapa, de seca según la tradición meteorológica, ese es uno de los niveles más bajos en los últimos años, según el diario Granma y la Agencia de Información Nacional (AIN).

La contracción golpea a las mayores represas del territorio, Protesta de Baraguá y Carlos Manuel de Céspedes, que también entregan líquido a otras tres provincias del este cubano: Holguín, Granma y Guantánamo.

Seis presas de menores dimensiones, que abastecen directamente a la ciudad de Santiago, sufren el descenso, lo que ha forzado medidas de contingencia, como el suministro de agua mediante carros cisterna. Los ciclos de distribución tienden a alargarse. El grupo de enfrentamiento a la sequía también orienta la perforación de pozos en zonas urbanas y rurales.

Las primeras precipitaciones ocurridas en Santiago, 40 días después de comenzar el año, levantaron muy poco los ánimos. Apenas cayeron 6,3 milímetros y “no precisamente sobre la cuenca de los ríos tributarios de esos embalses”, de acuerdo con el reporte de la AIN desde Santiago de Cuba.

La provincia de Las Tunas, cuyos embalses atesoran solo 35 por ciento de su capacidad potencial, activó un grupo similar para cubrir la necesidad de agua de unas 80.000 personas de seis municipios, también mediante carros cisterna, informó la AIN.

Sin embargo, durante el año 2014 y en particular durante el período húmedo (mayo a noviembre), las precipitaciones tuvieron un comportamiento favorable en Cuba, de acuerdo con el último boletín disponible de la Dirección de Uso Racional del Agua del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH). Las lluvias de las regiones del oriente y el centro se mantuvieron dentro de la media histórica, 101 y 100 por ciento respectivamente, mientras la zona occidental, donde se concentran la producción de alimentos y el tabaco de exportación, cayó solo el 86 por ciento. El acumulado nacional de lluvias llegó hasta 1.243 milímetros, que constituye 96 por ciento del dato histórico.

Los 242 embalses administrados por el INRH almacenaban 5.303 millones de metros cúbicos, el 58 por ciento de la capacidad total al concluir la temporada de lluvias.

La mayor presa de Cuba, la Zaza, ubicada en el centro del país, acumulaba a inicios de febrero 50 por ciento de su capacidad total. Suficiente para cubrir las demandas inmediatas de los consumidores de la región, ese volumen generaba ya preocupación por encontrarse el país en medio de la temporada de seca.

Aunque el INRH no ha enviado señales de alertas todavía, expertos del Centro de Meteorología advierten que ha continuado la tendencia de años anteriores, con un comportamiento atípico de las lluvias: esporádicas, muy locales y fuera de las cuencas y embalses. Un meteorólogo de Las Tunas, Camilo Mas, informó que en los últimos 30 años el clima se había tornado más seco en esa provincia, la de menor índice de precipitaciones en el país, 1.038 milímetros como promedio anual.

Para explotar con más eficiencia el agua, el gobierno ha priorizado inversiones millonarios en obras hidráulicas. Mediante la renovación de miles de metros de acueductos en Santiago, La Habana y otras ciudades, la instalación de nuevas plantas potabilizadoras, la reparación de canales y presas, el INRH intenta cerrar salideros que roban alrededor de la mitad del agua distribuida, con el costo aparejado de la energía empleada en mover ese recurso.

La sequía también ha afectado a la agricultura. En 2014 sintieron el daño sobre todo los cultivos más dependientes del riego. La siembra de alimentos como el arroz quedó por debajo de lo planificado. La agricultura cañera reportó similar daño. Ambos cultivos, entre los priorizados desde hace unos años por los programas de renovación agrícola, enfrentan hoy la amenaza de un enemigo ya habitual para el clima, la naturaleza y la economía cubana.

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