Otra pifia, otro éxito

Cuba consiguió elevar la producción de azúcar por cuarto mes consecutivo, pero quedó lejos del crecimiento que había programado.

Aunque esta zafra volvió a incumplir los planes, la producción de azúcar creció por cuarto año consecutivo.

Cuando quedaban pocos días para dar fin a la zafra azucarera 2013-2014, el Grupo Empresarial Azcuba confirmó que quedaría muy lejos de los planes. A principios de junio el director de la Sala de Análisis de esa entidad, Dionis Pérez, reportó una producción de azúcar superior en un 3,6 por ciento al volumen logrado un año antes, pero las aspiraciones eran crecer un 18 por ciento. En un postrer esfuerzo, seguían moliendo caña unos pocos centrales del oriente cubano, para conseguir un 4 por ciento de incremento total en el país.

En declaraciones a la televisión nacional, el ejecutivo achacó el incumplimiento a “adversidades como una temporada invernal anómala, con frecuentes lluvias”. Pero admitió también tropiezos por “deficiencias organizativas, roturas y falta de preparación del personal”.

Azcuba había reconocido ambos problemas desde inicios de año. Sin embargo, el recorte de ganancias resultó más costoso que lo previsible y superior a incumplimientos anteriores. La zafra 2012-2013 terminó con un alza de producción de un 8 por ciento contra un plan de crecimiento del 20 por ciento.

Los efectos se harán sentir, sobre todo, desde el punto de vista de los ingresos por exportaciones. Este año los precios del mercado mundial han mostrado tendencia a recuperarse, como habían previsto firmas especializadas y la FAO.

Históricamente, la zafra se ejecuta de noviembre a abril, por coincidir con el invierno. También identificado como etapa de seca en Cuba, el clima ofrece condiciones óptimas para el corte de la caña madura y altos rendimientos industriales. Pero los cambios climáticos se manifiestan en el Caribe en una alteración de los períodos de precipitaciones.

Otro especialista de Azcuba, Liobel Pérez, consideró que las lluvias, abundantes fuera de temporada, unido a temperaturas más altas de lo habitual, fueron responsables de dos terceras partes del tiempo perdido por el corte de caña y la molienda.

Pero la producción también sufrió por fallas en la planificación y en el suministro puntual de piezas de repuestos y otros recursos, necesarios para la reparación de los centrales azucareros antes de iniciar labores. Más de una de estas fábricas dilató la fecha programada para la arrancada. También golpeó la tardanza en el abastecimiento de piezas de repuesto para las cosechadoras brasileñas Case, de reciente adquisición. A pesar de tales problemas, la cantidad de industrias que comenzó a moler en la llamada zafra chica -meses finales del año 2013- aumentó en comparación con la campaña anterior.

Para aminorar el daño y las pérdidas, el corte y molienda de la caña de azúcar se extendió hasta junio –inusual en Cuba para estas labores- en dos provincias orientales, Las Tunas y Holguín. El territorio norteño de ambas mantenía condiciones secas a pesar del inicio de la temporada de lluvias en el resto del país. Un central de Holguín se ocupó de dar el pitazo final de la zafra cubana 2013-2014.

Del total de 13 provincias que intervinieron en la zafra, solo seis cumplieron los planes de producción de azúcar: Cienfuegos, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila, en el centro del país, y Guantánamo, Santiago de Cuba y Holguín, en el oeste. Y de los 49 centrales participantes, solo 11 alcanzaron la producción programada.

A pesar de los inconvenientes acumulados, la zafra recién concluida es la cuarta en línea con crecimientos en los totales de azúcar extraída.Uno de los factores que retardó la arrancada en algunos centrales, fue la demora en el suministro de piezas de repuesto para reparar la industria y cosechadoras Case.

Con producciones estabilizadas en torno a 8 millones de toneladas en los años 80, la agroindustria azucarera se deprimió y descapitalizó aceleradamente hasta tocar mínimos de un siglo a mediados de la década pasada: alrededor de 1,1 millones de toneladas en 2006. Desde entonces, emprendió un proceso de reestructuración –que implicó el cierre de la mayoría de los centrales, por su deterioro-, reducción de las áreas de cultivo, reordenamiento empresarial, compra gradual de nuevo equipamiento –camiones, tractores y cosechadoras- y mejoramiento de condiciones laborales, incluida un alza del precio de la caña de azúcar pagado a los productores agrícolas.

Aunque más lentamente que lo soñado por ese sector, comienza a percibirse una reacción favorable. Este año se acercó a 1,6 millones de toneladas, a juzgar por los estimados de la zafra anterior. Otra señal es la inversión de debilidades entre la agricultura y la industria. Si antes era la falta de caña el problema fundamental, ahora son los ingenios los que no consiguen absorber toda la materia prima disponible en los cañaverales.

Un grupo de centrales no molió toda la caña planificada e incumplen sus respectivos planes de producción, dijo Dionis Pérez.

Las esperanzas descansan ahora en las inversiones que se lleven a cabo en la industria. La Ley de Inversión Extranjera aprobada en marzo -entra en vigor este mes- ubica a esta agroindustria entre los objetivos priorizados para atraer capital foráneo. La primera inversión de este tipo la realizó la compañía brasileña COI, subsidiaria de la corporación Odebrecht, en el central 5 de septiembre, en la provincia de Cienfuegos.

Después de años de depresión azucarera, es evidente la reanimación del interés gubernamental por un sector con larga historia en Cuba.  (2014)

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