Otro gigante a la mesa de negocios

La reciente visita del Presidente de China amplió la estrategia cubana para fortalecer vínculos con las locomotoras que aparecen en el comercio y la economía mundial.

Los presidentes de Cuba y China asistieron personalmente a las firmas de una amplia lista de acuerdos de cooperación en terrenos muy diversos de la economía.

Nuevos colores e idiomas asoman en el intenso tráfico de influencias políticas y económicas propio del mundo contemporáneo. Su expresión más visible es el reordenamiento geopolítico internacional. El polo duro histórico –Estados Unidos y Europa occidental- cede espacios a un núcleo emergente representado por el famoso grupo BRICS,  que une a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

El Norte observa a regañadientes nuevas locomotoras en la economía global, aunque en el Sur también asoman algunas miradas de preocupación.  Sin embargo, los del Sur se inclinan más a bendecir las perspectivas de un cambio en la estructura financiera internacional, en tanto desde el Norte llegan igualmente algunas señales de esperanza ante la revitalización de mercados atractivos en más de un sentido.

Cuba intenta desde hace unos años aferrarse simultánea y calculadamente a un trío de esos trenes: Brasil, Rusia y China. En un caso, le favorecen las cercanías geográficas, históricas y culturales; en otro, apuesta a rescatar nexos económicos y hasta políticos que ya le sirvieron de escudo, hace más de dos décadas, frente a la animadversión estadounidense; y en el tercero, se propone ampliar relaciones comerciales y financieras a cuenta del cuño de facturación asiático que invade al continente, Norteamérica incluida.

 No es casual que al viajar a la reciente cumbre de los BRICS en Fortaleza, Brasil, el Presidente ruso Vladimir Putin escogiera La Habana para iniciar un recorrido previo por América Latina y el Caribe. Y, a la inversa, hiciera lo mismo el presidente de China, Xi Jinping, que cerró con una visita a Cuba una gira regional después de la reunión del Grupo.

Ambos aprovecharon para fortalecer sus respectivos y cada vez más ambiciosos programas de colaboración e intercambio con Cuba. Sin ser una economía en expansión o un mercado grande, la mayor de las Antillas vive momentos y guarda rasgos que motivan alcance estratégico para las alianzas de Moscú y Beijing con este archipiélago del Caribe.

Acompañado por una amplia delegación de ministros y empresarios, Xi Jinping asistió el 21 de julio con el Presidente cubano, Raúl Castro, a la firma de 29 acuerdos de cooperación, comerciales y de inversión, en un intento expreso por ampliar la integración económica y ratificarse como segundo socio comercial de la nación caribeña.

Con los nuevos convenios, funcionarios de la Cámara de Comercio de Cuba calculan que el comercio con China podría estabilizarse y expandirse en más de un 25 por ciento. El intercambio bilateral consiguió un récord superior a 2.400 millones de dólares en 2007, pero en años posteriores mostró una tendencia irregular y descendente hasta 1.400 millones de dólares en 2013, a juzgar por datos del Anuario Estadístico y otras fuentes cubanas.

Los acuerdos firmados en esta ocasión apuntan a incrementar las oportunidades de negocios e inversión en campos tan diversos como la recuperación de crudo en yacimientos de petróleo, las energías renovables, la minería, la industria, la producción de alimentos y la industria farmacéutica y biotecnológica –áreas coincidentes, por cierto, con las de los pactos de días anteriores entre Cuba y Rusia.El puerto de Santiago de Cuba, principal rada del oriente cubano, recibirá una inversión millonaria de China para modernizarlo y ampliar su capacidad para recibir buques de mayor calado.

El ministro chino de Comercio, Gao Hucheng, y el titular cubano de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, suscribieron un documento que estipula una línea de crédito concesional “para la construcción de la terminal multipropósito en el puerto de Santiago de Cuba”. La obra en el principal enlace marítimo del oriente insular redondearía la multimillonaria inversión emprendida por Brasil para edificar en el occidente un megapuerto en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel.

El director general de la rada santiaguera, Leonardo Naranjo, informó que “el costo de las inversiones será de algo más de 100 millones de dólares”, para construir un muelle de 200 metros de longitud, equipado con tres grúas de pórtico, dos almacenes de carga techada y otra maquinaria tecnológica.

La intención es ampliar a 11 metros la profundidad del muelle, para descargar buques de hasta 40.000 toneladas de desplazamiento, lo que superaría el tope máximo de 25.000 toneladas que opera en la actualidad, dijo Naranjo.

Otro acuerdo busca la instalación de televisión digital en Cuba, con norma tecnológica china.

En línea con los esfuerzos cubanos para reordenar o reestructurar sus finanzas externas, las partes acordaron esta vez aplazar por 10 años del inicio del pago del crédito gubernamental libre de interés otorgado al amparo del Convenio de Cooperación Económica y Técnica suscrito el 24 de diciembre de 2003. Esta maniobra se suma a la decisión rusa de condonarle a Cuba el 90 por ciento de la deuda arrastrada desde tiempos soviéticos, paso que constituyó uno de los centros de atención noticiosa durante la visita de Putin diez días antes a Jinping.Las inversiones proyectadas por China también se proponen ampliar la colaboración de ese país en la producción de petróleo en Cuba.

Para garantías del producto principal de las exportaciones cubanas, la empresa china MINMETALS selló dos contratos para la compra de sínter y sulfuro de níquel por un período de cinco años.

Beijing y La Habana firmaron otros múltiples acuerdos para un proyecto de líneas de envasado aséptico, el suministro de equipos de medición de agua para redes de acueductos, el desarrollo ganadero y el intercambio en el sector de las telecomunicaciones y la informática, terreno en que el gigante asiático también ha progresado fuertemente a escala internacional.

El vigoroso ritmo de negociaciones y alianzas encuentra una plataforma favorable en medidas y normas legales de reciente aprobación en Cuba como la Ley de Inversión Extranjera o la apertura de alternativas como la ZED Mariel, la cual ha atraído tanto a empresarios de China como de Rusia. Pero, a la par, la notoria reactivación del interés oficial de dos economías de relieve internacional aporta crédito estratégico, y no solo financiero, al proceso de transformaciones económicas emprendido por la nación cubana. (2014)

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