Reencuentro de viejos aliados

Los acuerdos de Cuba y Rusia presentados durante la visita de Vladimir Putin a La Habana miran hacia objetivos políticos y económicos de carácter estratégico.

Además de asistir a la firma de acuerdos y memorandos de colaboración, los presidentes de Vladimir Putin y Raúl Castro sostuvieron un intercambio público de gran repercusión.

En escala proporcional con su brevedad, la visita el 11 de julio del Presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, a Cuba envío una señal clara del intenso movimiento geopolítico en que se ha sumergido la nación socialista del Caribe.

En los últimos años, casi meses, se ha acelerado el acercamiento cubano a tres países empeñados en establecer un camino menos dependiente de los polos tradicionales de poder político y económico en el mundo. El trío, China y Brasil, además de Rusia, integra el grupo BRICS (junto a la India y Sudáfrica), que por estos días crea un banco propio con intenciones de marcar distancia de los centros hegemónicos de la arquitectura financiera mundial: el FMI, el Banco Mundial y, en estructuras diferentes, el Club de París, las bolsas de valores -Wall Street y Londres, principalmente-, y el todopoderoso dólar estadounidense.

La independencia de esos países le viene de perillas a Cuba, acosada persistentemente por los sucesivos gobiernos de Estados Unidos, mediante un bloqueo económico que, en tiempos de la administración de Barack Obama, se ha ensañado contra bancos europeos implicados en transacciones comerciales de cuentas cubanas. La multa récord de Washington al gigante francés BNP Paribas hace unos días –casi 9.000 millones de dólares- es apenas el capítulo más reciente.

Con la administración Putin, empeñada en rescatar la soberanía y poderío económico que perdió tras desintegrarse la Unión Soviética, La Habana ha hilado una serie de acuerdos, entre empresas y gobiernos, para construir un nuevo escudo económico y político.

Al pacto para condonar el 90 por ciento de la vieja deuda de Cuba con Rusia –herencia estancada de los tiempos de ayuda soviética-, se sumó esta vez un significativo intercambio de mensajes públicos entre el Presidente ruso y el mandatario cubano, Raúl Castro.El sector petrolero vuelve a convertirse en una de las áreas con mayores perspectivas de colaboración entre Rusia y Cuba.

Putin hizo explícita la intención de continuar ayudando a Cuba frente al bloqueo económico estadounidense, al cual tachó de “ilegal e ilegítimo”.  El gobernante caribeño, a su vez, calificó como generosa y decisiva la asistencia recibida desde la URSS, que reconoció como el origen de los adeudos acumulados por Cuba.  Sin esa ayuda “podemos asegurar que no hubiera podido subsistir la Revolución” cubana, manifestó. Igualmente apreció como generosa la actual decisión rusa de condonar casi totalmente la deuda histórica.

“Nos sentimos muy satisfechos de que en la arena internacional coincidimos con la actual política de firmeza y política inteligente que está llevando a cabo Rusia”, dijo Raúl Castro.

Ambos mandatarios ratificaron el anuncio hecho en abril por el canciller ruso Serguei Lavrov, durante una visita previa a La Habana, de que el 10 por ciento restante de la deuda, alrededor de 3.500 millones de dólares, sería reinvertido en la nación antillana.

Prioridades, energía y Mariel

Para no quedar solo en palabras, el invitado tuvo tiempo, durante una visita de apenas 12 horas, de asistir con su anfitrión a la firma de un gran número de instrumentos jurídicos, que amplían la colaboración bilateral programada hasta el año 2020, desde la X reunión de la Comisión Intergubernamental efectuada en noviembre de 2012.

Los 10 acuerdos y documentos oficiales confirman el estrechamiento de nexos políticos, comerciales, de inversión y financieros entre ambos países.

Con rúbricas de los respectivos cancilleres, Lavrov y Bruno Rodríguez Parrilla, quedó pactada la colaboración en materia de seguridad internacional de la información, tema particularmente sensible y polémico hoy en el mundo. A la par, firmaron una Declaración Conjunta por el uso pacífico del cosmos.

La energía, con experiencia común desde antes de los años 90, fue una de los objetivos estratégicos privilegiados en esta oportunidad.

El acuerdo de cooperación entre la compañía Rosneft, una de las petroleras más grandes del mundo, y la Unión Cuba Petróleo (Cupet) profundizó la colaboración iniciada ya entre esas empresas en años recientes.  Dirigido al desarrollo y mejor explotación de los yacimientos y pozos de petróleo que existen en territorio cubano, busca dotar a la mayor de las Antillas de tecnología para ampliar su producción de hidrocarburos.La Zona Especial de Desarrollo del Mariel ha despertado interés entre los empresarios rusos, como indican negociaciones en curso actualmente para invertir en ese enclave.

Esta cooperación se suma al trabajo que ya realiza en Cuba otra importante petrolera rusa, Zarubezhneft,  en la exploración de nuevos yacimientos.

En materia energética,  empresas de ambos países firmaron también varios memorandos de entendimientos; uno para construir cuatro unidades de generación eléctrica, con capacidad de 200 MW cada una, destinadas a las centrales termoeléctricas Máximo Gómez y del Este de La Habana, con un costo total de 1.200 millones de euros. Y otros para modernizar y construir hidroeléctricas, así como para producir e instalar luminarias de tecnología LED.

Ministros y miembros de la numerosa delegación rusa, y sus respectivas contrapartes cubanas, firmaron igualmente documentos para cooperar en áreas de la salud y la cultura, y para crear un Centro Regional de Entrenamiento de Salvamento y Bomberos.

Además de un memorando para desarrollar vínculos de cooperación industrial, Putin ratificó el interés de empresas rusas por invertir en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel y valoró como muy buenas las perspectivas para cooperar en metalurgia, medicina, industria farmacéutica y biotecnología.

“Rusia está interesada –agregó- en instalar en el territorio cubano una estación terrestre del sistema de navegación ruso GLONASS.  En ese caso la parte cubana tendrá acceso al servicio y tecnología del sondeo de la Tierra a distancia”.

A juzgar por una entrevista ofrecida por el Presidente ruso a la agencia Prensa Latina, uno de los proyectos más ambiciosos que ambos países estudian actualmente apunta al desarrollo de un gran nudo regional de transporte en esta nación del Caribe. Con participación de Cuba, Rusia e inversiones de otros posibles países, el proyecto “presupone la modernización del puerto del Mariel y la construcción de un moderno aeropuerto internacional con una terminal de carga en San Antonio de los Baños”, dijo Putin.

Declaraciones y sucesivos pactos de colaboración parecen entusiasmar a ambas partes, aunque todavía el comercio mutuo no ha despegado. De acuerdo con la última versión del Anuario Estadístico de Cuba, con cierre en 2011, ese año el intercambio bilateral casi llegó a 300 millones de dólares, nivel en torno al cual osciló durante el lustro anterior.  Rusia se ubica en el décimo tercer lugar entre los socios comerciales de Cuba, según la misma fuente; muy alejada de otros dos miembros del BRICS, China y Brasil.

Sin embargo, la reapertura cubana a las inversiones extranjeras, formalizada este año con una nueva ley, la inauguración en Mariel de la primera Zona Especial de Desarrollo, el creciente interés de empresarios rusos y políticos cubanos y los cálculos de beneficios prácticos y estratégicos para ambas partes, pueden ofrecer un molde nuevo para el reencuentro entre estos antiguos aliados (2014).

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