Retorno dulce

En su tercera zafra consecutiva en recuperación, la agroindustria azucarera cubana vuelve a ocupar la atención pública.

Jorge Luis Baños - IPS

Este año la agroindustria azucarera se propone sumar cuatro centrales para elevar la cifra hasta 50.

Los reportes sobre incorporación de centrales a la zafra y los comentarios de seguimiento de la molienda se reiteran en los medios cubanos de comunicación, como era usual antes de hundirse el sector azucarero y perder la primacía nacional hace un par de décadas.

El retorno de dicha producción a los noticieros y periódicos es señal de reanimación agroindustrial, incipiente aún pero clara, y también de una naciente recuperación del valor social que detentó durante siglos –el tema merece atención hasta de la más reciente producción cinematográfica insular.

La semana pasada, la prensa anunció la incorporación de otras cinco provincias a la cosecha de caña: Ciego de Ávila comenzó con el ingenio-refinería Ecuador, y le siguieron Holguín, con el Cristino Naranjo, y Cienfuegos, con el 14 de julio. Después se sumó el central Amancio Rodríguez, de la provincia de Las Tunas, mientras Santiago de Cuba dio la arrancada con el Paquito Rosales, tras concluir las acciones de recuperación que siguieron al desastre provocado en ese territorio por el huracán Sandy.

Una de las dirigentes técnicas de la Empresa Azucarera de Santiago de Cuba, Marilyn Cobas, dijo hace unos días a la Agencia de Información Nacional (AIN) que ya estaba al 96 por ciento la reparación general de los cuatro centrales que participarán en esta zafra, en el territorio santiaguero.

Ya son diez, por tanto, las provincias que muelen caña de azúcar, con el tenso desafío de elevar la producción nacional en la zafra 2012-2013 un 20 por ciento por encima de la cosecha precedente. Esto implicaría un volumen total de producción superior en casi 300.000 toneladas de azúcar. A los precios actuales del mercado mundial –19 centavos por libra-, el excedente representaría más de 100 millones de dólares por encima de los ingresos aportados en la molienda anterior.

De esta manera, el sector daría continuidad a la senda recuperativa iniciada hace tres años. Aunque en la cosecha pasada no cumplió el plan, consiguió un alza del 17 por ciento en la cantidad de azúcar producida.

Las otras provincias con ingenios activos son Matanzas –donde a fines de noviembre empezó nacionalmente la zafra por el central Jesús Rabí-, Guantánamo, Artemisa, Mayabeque y Camagüey. En total, esta vez participarán 50 centrales, cuatro más que en la anterior campaña. Alrededor de la mitad se incorporarán a partir de enero.

El presidente del Grupo Empresarial Azcuba, Orlando Celso García, declaró a inicios de este mes que la actual molienda promete ser superior en términos técnicos y la mayor de los últimos nueve años, a pesar de los daños ocasionados por el huracán Sandy en los cañaverales del oriente cubano.

Tendrán que esquivar, por tanto, problemas de calidad que todavía arrastra el sector. En la pasada zafra, deficiencias industriales condujeron a la pérdida del equivalente de unos 20 días de producción, así como que quedara caña sin moler en varias provincias.

Reportes de Azcuba indican en esta cosecha un mejor aprovechamiento de las capacidades industriales en las primeras semanas.

Aunque todavía moderadas, ya asoman expectativas optimistas en el sector azucarero cubano. Vuelven después de la estocada casi mortal asestada por la llamada Tarea Álvaro Reynoso, que a inicios de siglo implicó la clausura definitiva de alrededor de 70 centrales y el cierre temporal de otros más. Pero las esperanzas no solo se perciben dentro de la Isla.

En reciente entrevista a la agencia Prensa Latina, el presidente de la Organización Internacional del Azúcar (OIA), Peter Barón, auguró un buen futuro para esta agroindustria en la mayor de las Antillas. En su opinión, el azúcar volverá a contribuir con fuerza al desarrollo económico del país.

El alemán Barón, quien desde hace unas dos décadas dirige ese organismo de más de 80 naciones, apreció una constante mejoría del rendimiento agrícola y fabril de la agroindustria azucarera en Cuba. En esa dirección, recomendó como claves el uso de caña de buena calidad y la puesta en marcha de complejos industriales con tecnología de punta, que operen con éxito y posean un proceso recuperativo de alto nivel.

Por lo pronto, el sector azucarero se abrió este año, por primera vez, a las inversiones extranjeras, con un proyecto firmado entre Azcuba y la brasileña COI, para administrar el central 5 de septiembre, en Cienfuegos, y otro pacto de Zerus S.A., subsidiaria de Azcuba, con la británica Havana Energy, para construir una planta generadora de electricidad alimentada con biomasa, en áreas del central Ciro Redondo.

Cuba retornará a la liga de los grandes exportadores, dijo el presidente de la OIA, un pronóstico que suena grato a los oídos de numerosos cubanos, ya sean actores directos o simples testigos y beneficiarios de los éxitos y avatares de la agroindustria que sostuvo a la economía nacional durante siglos.

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