Sector económico de EE.UU. apuesta por Cuba, pese a tensiones políticas

Desde el 15 de octubre, el operador turístico estatal Havanatur vende boletos de American Airlines en sus más de 80 oficinas en Cuba.

Las medidas de la administración Trump afectaron la creciente llegada de visitantes estadounidenses a Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Aunque la hostilidad vuelve a permear el discurso político del gobierno de Estados Unidos hacia Cuba, sectores económicos de aquel país parecen más inclinados a tratar de mantener e incluso ampliar las posibilidades de intercambio abiertas con el expresidente Barack Obama.

Muestra de ello es la firma el 11 de octubre de un acuerdo comercial para la venta de boletos de la aerolínea American Airlines en Cuba, a través del operador turístico estatal Havanatur, ensus más de 80 oficinas en la isla.

“Este es un paso clave para nosotros, pues continuará fortaleciendo nuestra posición como la aerolínea estadounidense líder en el país”, aseguró en un comunicado Ramón Jiménez, gerente para Cuba de la compañía aérea.

Destacó que “hace poco comenzamos a operar un quinto vuelo diario entre La Habana y Miami, y el año próximo estaremos inaugurando un nuevo vuelo diario entre Miami y Santiago de Cuba, convirtiéndose en nuestro destino número seis en el país”.

En junio de 2016, el departamento de Transporte de Estados Unidos autorizó a seis aerolíneas (American Airlines, FrontierAirlines, JetBlue Airways, Silver Airways, SouthwestAirlines y Sun Country Airlines) para operar vuelos regulares a Cuba, los primeros en más de medio siglo de tensiones políticas entre ambos países.

Ello ocurrió como parte del proceso de normalización de las relaciones iniciado el 17 de diciembre de 2014 por los entonces presidentes Barack Obama (2009-2017) y Raúl Castro (2008-2018).

El 7 de septiembre de 2016, American Airlines inauguró vuelos regulares a las ciudades de Cienfuegos y Holguín, y el 28 de noviembre lo hizo por primera vez a La Habana.

Opera actualmente 10 vuelos diarios a este país caribeño, cinco de ellos a la capital cubana, desde Charlotte, Carolina del Norte y Miami.

Conecta además a la ciudad floridana con Holguín, Camagüey, Santa Clara y Varadero, y a partir del 3 de mayo de 2019 se incorporará Santiago de Cuba.

American Airlines abrió su primera oficina comercial en Cuba el 1 de febrero de 2017, en la barriada habanera de Miramar.

El pasado 4 de junio informó ser la primera aerolínea en operar servicios de carga regulares entre Estados Unidos y Cuba, incluidos correspondencia, paquetería y correo expreso, desde y hacia el capitalino Aeropuerto Internacional José Martí.

 

Promover inversiones y turismo

Durante su primera visita a Nueva York, a fines de septiembre, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel invitó a altos directivos de la Cámara de Comercio de Estados Unidos y de la industria de viajes de ese país a invertir en la isla.

Las partes insistieron en la necesidad de eliminar las prohibiciones legales que impiden a los norteamericanos visitar libremente Cuba.

El país, aseguró el mandatario, está abierto a las agencias de viajes y al desarrollo del turismo.

“Estas posibilidades pueden crecer con los viajes de los cruceros, cifra que ha traído al país alrededor de 124.000 norteamericanos”, destacó Díaz-Canel quien aludió a estudios de mercado según los cuales Cuba podría asimilar de 2.000.000 a 5.000.000 de visitantes estadounidenses cada año.

CarnivalCruise Line, Pearl Seas Cruise, NorwegianCruise Line Holding y Royal CaribbeanCruise Line Ltd., son algunos de los operadores de grandes embarcaciones que desde mayo de 2016 viajan al archipiélago cubano, autorizados por Washington.

Dichas compañías de cruceros también han mostrado interés por aumentar las frecuencias de viajes e itinerarios al país caribeño en 2019, lo que supondría un impulso a la industria turística cubana, al menos en cuanto a la llegada de visitantes estadounidenses.

Debe recordarse que la reanudación de los vuelos comerciales mejoró las posibilidades para que la comunidad de cubanos residentes en Estados Unidos –estimada en alrededor de 1,2 millones de personas-, pudieran visitar su país natal a precios más económicos, pues antes debían hacerlo en vuelos chárter con mayores costos.

Igualmente, constituyó una oportunidad para que los estadounidenses visitaran la isla al amparo de las 12 categorías aprobadas por la administración Obama, incluso de manera individual, pues la ley de ese país prohíbe a sus nacionales efectuar turismo en Cuba.

Algunos cálculos indican que unos 620.000 estadounidenses –sin contar los cubanoamericanos-, estuvieron en Cuba en 2017, unas seis veces más que lo registrado antes del proceso de deshielo entre ambos países.

Según distintas fuentes, tal afluencia de personas dejó cientos de millones de dólares en restaurantes y alojamientos particulares isleños, autorizados desde 2011 al calor de las reformas estructurales impulsadas por el gobierno de Raúl Castro para tratar de oxigenar la maltrecha economía nacional.

Por ejemplo, de abril de 2015 a junio de 2017, los cubanos que alquilan habitaciones o viviendas a través de la plataforma Airbnb ganaron unos 40.000.000 de dólares.

Solo en 2016, más del 12 por ciento de los estadounidenses que viajaron a Cuba se alojaron en lugares que buscaron por dicha plataforma, reveló la propia entidad.

 

Una oportunidad de negocios

Pero la asunción del presidente Donald Trump, en enero de 2017, supuso un freno al acercamiento entre ambos países.

El 16 de junio de 2017, el jefe de la Casa Blanca anunció un cambio de política hacia Cuba que incluye restricciones a los viajes de estadounidenses y las inversiones en sectores turísticos controlados por el ejército y los servicios de seguridad e inteligencia que administran decenas de hoteles, restaurantes y la renta de autos turísticos.

Tal situación se vio reforzada por los llamados incidentes sónicos, reportados públicamente a fines de septiembre de 2017, y que afectaron a 26 diplomáticos estadounidenses y sus familiares.

Además del cierre parcial de su embajada en La Habana, Washington emitió una Alerta, recomendando a sus ciudadanos que evitaran viajar al país caribeño, ante el riesgo de sufrir lo que han calificado como “ataques acústicos”.


Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez:
Es verdaderamente lamentable que el Gobierno de los EE.UU., cuando agrede a nuestro país, asuma una pose de solidaridad con el pueblo que bloquea y al que daña

El resultado inmediato de esta situación fue una abrupta caída en la llegada de estadounidenses a Cuba.

En julio, la consultora estadounidense The Havana ConsultingGroup, especializada en economía cubana, estimó que durante el primer semestre de 2018 llegaron a la isla 82.269 ciudadanos estadounidenses menos que en similar periodo de 2017, una caída del 23,6 por ciento.

No obstante, en junio se observó un leve aumento en el arribo de los norteamericanos sobre todo por periplos en cruceros, que durante el primer semestre del año representaron alrededor del 50 por ciento de los estadounidenses que visitaron Cuba, frente al 25 por ciento en el año precedente.

Pero el 23 de agosto, el departamento de Estado redujo del nivel tres (reconsiderar el viaje) al dos (tomar precauciones adicionales) su advertencia sobre viajes a Cuba, en una escala de cuatro que mide la peligrosidad de los destinos para los estadounidenses.

Ello pudiera incidir en un aumento paulatino de la cantidad de visitantes de la nación norteña que decidan hacer estancia en la isla, con un impacto directo en los ingresos de la actividad turística nacional.

Para el académico Luis René Fernández, Cuba no es un problema para los intereses de Estados Unidos, sino una gran oportunidad de negocios e inversión que muchos están aprovechando.

“¿Por qué no se echaron abajo los vuelos comerciales y directivos de aerolíneas como Delta anuncian que extenderán los vuelos, y luchan por precios y están invirtiendo para mantener el mercado cubano? Los capitalistas no se equivocan en ese sentido y saben que Cuba es un gran mercado, en expansión, y quieren estar aquí”, analizó el economista, profesor e investigador del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana. (2018)

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