Síntomas energéticos de reanimación azucarera

Empresarios e investigadores incentivados por potencial para producir derivados, en especial, energía.

El bagazo o biomasa que queda como desecho de la producción de azúcar puede convertirse en materia prima para la producción de múltiples derivados, incluida la energía.

Aunque el aumento de la producción de azúcar en los últimos tres años levanta moderadamente los ánimos, el potencial para producir derivados, en especial, energía, motiva en igual medida o más a empresarios e investigadores.

Después de haber caído casi en coma durante la década pasada, la industria que alguna vez fuera reina y señora de la economía cubana empieza a enviar señales de reanimación. Aunque todavía muy por debajo de los récord de finales de los años 80, la extracción azucarera registró avances en las tres últimas zafras. Pero los síntomas de recuperación no se limitan a un crecimiento en la producción de azúcar.

El exponente y símbolo principal de la economía insular durante más de dos siglos cayó a un mínimo histórico de 1.160.600 toneladas de azúcar crudo en la zafra 2005-2006. Y en la cosecha 2009-2010 volvió a apuntarse un volumen casi similar, de 1.168.200 toneladas. A partir de ese momento, ha emprendido un ascenso todavía demasiado corto en el tiempo para tildarlo de escalada, pero con tesón ya. La producción de azúcar ha crecido a un ritmo anual promedio del 12 por ciento en el último trienio hasta acopiar alrededor de 1,5 millones de toneladas en la zafra 2012-2013.

Pero probablemente no son los sacos de azúcar los que atraen más miradas, desde el interior y desde el exterior del país. El potencial de otras producciones derivadas de la caña de azúcar ha sentado a los representantes del grupo empresarial Azcuba en la mesa de negociaciones frente a empresarios de otros países, entre los que sobresale Brasil.

La transnacional brasileña Odebrecht abrió el camino de las inversiones extranjeras en la agroindustria azucarera cubana, cuando su subsidiaria Compañía de Obras e Infraestructura (COI) firmó en 2012 con Azcuba un contrato para la administración conjunta del ingenio “5 de septiembre”, en la provincia central de Cienfuegos. El acuerdo apunta a producir mayor cantidad de azúcar y de derivados, incluida la electricidad.

Otras compañías del gigante sudamericano parecen interesadas en seguir esos pasos, a juzgar por las reuniones que sostuvieron en La Habana, en vísperas del XII Congreso Internacional Diversificación 2013, que tendrá lugar del 14 al 18 de octubre en el Hotel Nacional, de la capital cubana.La reducida disponibilidad de caña no solo limita la producción de azúcar, sino también la generación de electricidad.

Representantes de 17 empresas brasileñas acudieron a intercambiar experiencias y sondear el terreno, interesados en conseguir una mayor aproximación y cooperación con Cuba que incluye la producción de combustibles renovables, como etanol y biodiesel y la generación de electricidad. La cara energética adquiere cada vez mayor relieve en el discurso azucarero insular.

La ronda de negocios evaluó las tecnologías brasileñas para el cultivo y procesamiento de la caña para extraerle azúcar, según reportó a la prensa el director de una de las empresas cubanas participantes, Azutecnia, Francisco Lleo. En su opinión, la producción azucarera tiene perspectivas de crecer a un ritmo de 15-16 por ciento en la mayor de las Antillas, si se emprende un programa inversionista que evidentemente despierta interés de los brasileños.

Lleo hizo énfasis en inversiones que se proponen elevar la generación de electricidad de esta agroindustria mediante la instalación gradual de hasta 19 plantas bioeléctricas, en la medida en que crezca la producción cañera. Las seis primeras unidades de ese tipo prevén instalarse en dos de los centrales más eficientes de Cuba hoy: el Jesús Rabí y el Ciro Redondo, en el occidente y centro del país respectivamente.

Más drástico en su evaluación es el director del Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar, Luis Gálvez. La diversificación es hoy la única salida de la industria azucarera, la cual es incosteable sólo con la producción de sacarosa, dijo a la agencia Prensa Latina. Pero reconoció que la diversificación hoy presupone la generación de energía, que antes no se incluía.

La producción de electricidad a partir de bagazo, desecho principal de la producción de azúcar y mayor fuente renovable de biomasa en la Isla, aparece como una de las alternativas más atractivas para fortalecer tanto a esa veterana industria como a la economía cubana. Los investigadores –y detrás los empresarios y eventos dedicados a analizar la conveniencia de la diversificación- insisten en sus enormes perspectivas para generar de electricidad durante todo el año y no solo en época de zafra. El límite lo pone hoy la baja disponibilidad de caña y la ineficiencia reinante en los centrales azucareros.

“La industria azucarera cubana produce anualmente sobre bases renovables 5,2 millones de toneladas de combustible equivalentes, de los cuales se utilizan actualmente 4,2 millones de toneladas para la producción de la energía térmica requerida para la fabricación del azúcar crudo y para la generación de electricidad”, afirman los doctores Alfredo Curbelo, Bárbara Garea y Antonio Valdes en un estudio publicado por la FAO. Estos investigadores advierten, sin embargo, que el proceso ocurre “con una baja eficiencia que permite producir 17,5 kW/h/t de caña molida, lo que representa el 9,5 por ciento del total producido en el país”.

A pesar de la pobre eficiencia de las calderas en los centrales, la industria azucarera cubana genera hoy suficiente electricidad para cubrir toda su demanda y aportar algo al sistema electroenergético nacional. De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en 2012 generó 554,6 GW/h. Pero en 1991, con una zafra mayor y volúmenes superiores de bagazo, puso 13.163 GW/h en las redes eléctricas.

“El aumento de la eficiencia en la producción de electricidad en esta industria –concluye el estudio mencionado- permitiría cubrir una parte importante de la que actualmente se genera en las centrales termoeléctricas”. Cuba tendría que importar, por tanto, mucho menos petróleo. No son pocos los que se preguntan si el ahorro consecuente en tal escenario no sería más redituable que la ganancia a cuenta de la tradicional exportación de azúcar.

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