Épica y fotografía, otra vez

Respectivas exposiciones de Ernesto Fernández Noguera y Raúl Corrales homenajean la fotografía cubana de la década de 1960, pero aportan pluralidad a la historia oficial.

Ernesto Fernández Nogueras, Angola, 1982

Ernesto Fernández Nogueras, Angola, 1982

La historia de la fotografía en Cuba se ha escrito, en los últimos 50 años, desde referencias mayormente épicas.

Pocas personas reconocen a Alberto Korda como iniciador de la fotografía submarina o de moda en el país. Pero sobran elogios para su icónica imagen de Ernesto Guevara, capturada en el instante en que contemplaba el sepelio de las víctimas de la explosión del barco La Coubre.

La década de 1960 sostuvo a cubanas y cubanos inspirados en la  consolidación de una sociedad democrática y de justicia. Participación masiva en los cortes de caña, construcción voluntaria de edificios y movilizaciones nacionales marcaron, a grandes rasgos, la historia de esos años.

Todo sazonado por la oposición obstinada de Estados Unidos al nuevo proyecto social. Una oposición que se concretó en más de un atentado terrorista.

Quizás por la conjunción de estos diversos motivos, la iconografía más conocida de la historia triunfal de la Revolución se originó justamente en esa década.

Como con la estrella en la gorra de Guevara, y las barbas de los jóvenes guerrilleros, quienes en el siglo XXI simpatizan con el gobierno cubano siguen identificándose más con las imágenes de sus líderes en los años 60.

En el imaginario internacional, la Revolución cubana es también el momento en que Fidel Castro, Camilo Cienfuegos o Ernesto Guevara, vestidos de verde olivo, juegan beisbol en el Estadio Latinoamericano, fuman puro, marchan por las calles de La Habana o participan en un corte de caña.

Quizás la fotografía, como pocas expresiones de la cultura, contribuyó a la construcción de la imagen utópica de la Revolución hacia el exterior de la Isla. Aunque faltan estudios al respecto de tal afirmación, pocas personas parecen cuestionar lo que significó dicha idealización para el desarrollo de la manifestación artística.

Cuando se mencionan nombres como Raúl Corrales, Roberto Salas o el propio Korda las principales referencias se concentran en sus trabajos de fotografía épica.

Escasea la pluralidad en la representación fotográfica de la vida cotidiana en la Cuba de los años sesenta. Dicha representación está mediada por la posición pública más popular de la época, por la mirada al apoyo que se gestó al proceso social entonces naciente.

Lo más impresionante, incluso a ojos presentes, es que la fotografía de estos artistas muestra esa reducción con una magistralidad plástica difícil de poner en duda, sobre todo si no se tiene en cuenta la naturaleza fragmentaria de la manifestación.

Avanzada la segunda década del siglo XXI, los espacios de promoción y exhibición de foto fija en Cuba, continúan enorgulleciéndose, aparentemente sin prejuicios, de las producciones de esa época.

Es esperanzador pensar, sin embargo, que ciertas imágenes que hoy forman parte de esas nuevas miradas, resemantizan la historia. La ironía, la desmitificación heroica, parecen recibidas con más naturalidad.

Raúl Corrales El sueño 1959

Raúl Corrales El sueño 1959

Foto: Raúl Corrales El sueño 1959

Raúl Corrales

La Fototeca de Cuba dedicará su próximo Noviembre Fotográfico a Raúl Corrales, por ser 2015 el año del aniversario 90 del natalicio del artista.

Tradicionalmente el evento promueve exposiciones, eventos teóricos y encuentros creativos, que versan sobre determinados temas. En esta ocasión, será la obra de Corrales el vórtice de tal movimiento, que tiene como sede el caso histórico de La Habana Vieja.

El fotógrafo falleció en 2006, dejando una amplia muestra creativa. Su carrera sin embargo estuvo marcada por la labor que desempeñó entre 1959 y 1961, como fotógrafo acompañante de Fidel Castro.

A Corrales debemos muchas de esas imágenes icónicas del triunfo revolucionario de las que hablábamos hace unas líneas. Pero también debemos testimonios de encuentros curiosos, como los acontecidos entre el escritor Ernest Hemingway y Castro.

Actualmente la Fototeca de Cuba exhibe una muestra de su creación fotográfica, en homenaje al 90 aniversario de su nacimiento.

La exposición sirvió como pretexto para que fueran entregados los estímulos a la creación y a la investigación en fotografía, que cada año otorga la Fototeca en conjunto con el Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP).

El jurado, integrado por anteriores ganadores de dichas becas, por especialistas del CNAP y por profesores de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, otorgó por unanimidad, el Estímulo a la Creación Fotográfica Raúl Corrales a la joven Laura Díaz Milián, por el proyecto Salida de emergencia.

La beca de Investigación Fotográfica María Eugenia Haya (Marucha) recayó sobre Claudia Arco, por el proyecto Aproximación al estudio fotográfico de finales del siglo XIX, 1880-1903, en La Habana.

La labor de Corrales como fotógrafo comenzó en 1944, primero como laboratorista y luego como fotoreportero en la Agencia Cuba Sono Films.

Aunque en la actualidad sus fotografías de la Revolución triunfante son las más difundidas, para 1959 ya tenía 15 años de experiencia en el oficio.

Las exposiciones en homenaje a Corrales y las referencias sobre su trabajo casi nunca contemplan estos antecedentes. Pero por fortuna, las becas que se otorgan en su nombre, persiguen estimular la pluralidad discursiva.

Ernesto Fernández Nogueras Microbrigadista 1974Fotografía y memoria

La imagen de un busto de José Martí, apuntalado en los ojos, en medio de una construcción, sirve de presentación a la exposición La fotografía y la memoria, de Ernesto Fernández Noguera.

La muestra se exhibe hasta el 28 de febrero en el Centro de Arte de la provincia de Holguín —a 745 kilómetros de La Habana— y en años anteriores ha recorrido otras provincias orientales, como Santiago de Cuba (mayo-junio de 2014).

Su peregrinación, como parte del Programa de Itinerancias del CNAP, comenzó por La Habana. Entre enero y febrero de 2012, la exposición de Fernández Noguera ocupó la sala transitoria del Edificio Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes.

El fotógrafo había obtenido, meses antes, el Premio Nacional de Artes Plásticas 2011.

En aquellas fechas, la insistencia de su nombre convertido en noticia hizo que los medios de prensa internacionales hablaran de La Fotografía y la Memoria como una posibilidad de “reencontrarse” con la obra de un fotógrafo excepcional, pero poco aupado en el espacio público.

Unas sesenta fotografías conformaron la exposición original. El conjunto, reducido a la mitad, es el que recorre el país.

En ambas versiones, el trabajo de Fernández Nogueras muestra a La Habana efervescente de los años 60, retrata fragmentos del acontecer cubano de los 70 y 80; pero sobre todo muestra esas otras corrientes de la historia en apariencia lejanas a las masivas movilizaciones de la Plaza de la Revolución.

Los rostros de diseñadores como Frémez y Rostgaart; de escritores como Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández y Heberto Padilla; de pintores como Víctor Manuel; de músicos como Bola de Nieve, conformaron del conjunto, en una muestra de pluralidad ideológica y estética.

Para reafirmar esta intención horadante de la muestra sobre la concepción de la historia a la que pertenece, aparece el rostro melancólico de El Chori, mítico timbalero.

La imagen del músico remite de inmediato al polémico documental P.M., dirigido en 1961 por Sabá Cabrera Infante y por Orlando Jiménez Leal. La prohibición del documental ese mismo año marca en la historia el origen de batallas culturales abiertas, que en realidad habían comenzado mucho antes.

Tras botellas de cristal vacías, rodeado por el humo de su propio cigarro, el rostro de El Chori recuerda a las idílicas décadas de música en los cabarets marginales de Marianao, pero también a las complejidades de esas décadas.

Hasta el 28 de febrero estará en Holguín la exposición La fotografía y la memoria. Quienes se sepan conservadores deben tener cuidado. En el conjunto de Fernández Nogueras, los héroes de la Revolución son humanos que se cansan, lloran y ríen, como todos nosotros.

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