Esculturas de la muerte

El estado de conservación del cementerio Cristóbal Colón, en La Habana, es el motivo de la exposición “Necrópolis”, de Juan Carlos Romero.

Una de las fotografías de la muestra

El fotógrafo cubano Juan Carlos Romero se distancia de los mitos asociados a la seriedad de la muerte, para mirar al habanero cementerio Cristóbal Colón con ojos de artista.

Para ello, se detiene en la contemplación de las luces y sombras sobre los motivos funerarios de los inmensos nichos de piedras, la mayoría muy fastuosos.

La combinación entre arte e historia, a lo largo de 57 hectáreas de terreno, convierte al camposanto en el tercer conjunto escultórico funerario de todo el mundo.

Sin embargo, la mirada del artista está lejos de la complacencia. A Juan Carlos Romero le preocupa “conservar el patrimonio que se está perdiendo en mucha de estas instituciones”, tal como declaró recientemente a medios de prensa cubanos.

El resultado de sus inquietudes, cámara fotográfica en ristre, es el conjunto “Necrópolis”.

La muestra está conformada por veinte instantáneas y se exhibe hasta octubre próximo a 254 kilómetros de la capital cubana, en la galería de arte del bulevar de la provincia de Cienfuegos.

Una veintena de instantáneas conforma la serie. Todas están hechas en blanco y negro. Romero parece aspirar con esta técnica a que los espectadores se concentren solo en los detalles críticos que propone.

Las estatuas dispersas por el cementerio son las protagonistas. Lucen el paso del tiempo en sus marcas de humedad e intemperie.

Es llamativo el contraste que se genera entre la belleza conceptual de los conjuntos retratados y el deterioro de la mayoría. El artista logra captar ambos con su lente.
Romero no tiene miedo a coquetear con el humor a pesar del entorno que retrata. Una instantánea como “Email” muestra a un ave posada en el hombro de una figura santa. La imagen resulta común en el camposanto aunque muchas veces pasa desapercibida a ojos apresurados.

Mientras una pieza como “¡Por si acaso!” retrata dos pares de zapatos, colgados de un árbol. Uno de ellos tiene una botella dentro, otro está atado con un candado. La alusión construida por el título posee visos religiosos.

Este efecto fundamentalista se repite en casi todas las estrategias de titulación empleadas por Romero.

Llamativo resulta que las imágenes de “Necrópolis” trascienden su espacio y se convierten en una metáfora del irrespeto hacia el entorno arquitectónico con que habitan la ciudad los habaneros.

Historias

Es justo reconocer que son muchas las personas que se han dejado seducir por la belleza del Cementerio Cristóbal Colón. Incluso en la mayoría de los programas de enseñanza de fotografía, diseñados por academias estatales o privadas cubanas, el lugar es de obligada visita para la práctica creativa.

La construcción de la necrópolis comenzó en 1871, en las afueras de La Habana. Casi veinte años después de que se solicitara por primera vez su edificación, cuando el Cementerio de Espada, quedó pequeño para una ciudad en crecimiento.

Con el tiempo, la urbe continuó expandiéndose. En el siglo XX, el fastuoso camposanto quedó englobado por los barrios más modernos de la provincia.

La autoría de los conjuntos escultóricos más sobresalientes que cohabitan el espacio la comparten escultores europeos y cubanos. Mientras numerosas personalidades ilustres duermen allí su sueño eterno.

Historia y mitología se cruzan en sus calles: Muy cerca de la entrada principal una tumba de mármol negro acoge los restos del general de las tres guerras de independencia nacional, Máximo Gómez, mientras a algunos bloques de distancia la tumba más visitada sigue siendo la de Amelia Goire de la Hoz, conocida como santa La Milagrosa.

De una forma u otra, Romero nos acerca a todas estas leyendas histórico religiosas, resortes comunes para la mayoría de los artistas que se acercan al cementerio.

Aunque “Necrópolis” se concentra en el deterioro del espacio, la avenida principal está sometida a trabajos de restauración desde hace más de un año.

Este suceso es obviado por el discurso general de la muestra. Esto parece deberse a que la exposición fue inaugurada el 30 de marzo de 2012 en la habanera Fototeca de Cuba y desde entonces continuó peregrinación por varios salones expositivos.

La composición estética de todas las piezas de mediano formato que conforman el conjunto, contienen sin embargo total vigencia. Precisamente porque el artista testimonia la monumentalidad del espacio, y también porque la restauración total del cementerio, de estar planificada, demorará aún mucho tiempo.

Similar concepto testimonial logró Romero con su primera exposición personal, “Paisaje utópico”, estrenada en 2007 en el Museo de Arte Colonial de La Habana Vieja.
Entonces el artista mostró cómo en edificios dispersos por la ciudad, a punto de derrumbe, florecía la más diversa flora silvestre. Construyó así, a través de la fotografía arquitectónica, otra metáfora de la vida nacional.

Bajo el mismo principio de mostrar un conjunto mayor, a través de alguna de sus partes, “Necrópolis” continuará su recorrido por varias provincias de Cuba. La próxima parada, en el mes de octubre, será más al oeste de La Habana, en la ciudad de Trinidad, en la central provincia de Sancti Spíritus.

Un comentario

  1. Xalbador García

    Maravillosa propuestas artísticas… y extraordinario texto…

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