Hacer fotos “conscientemente”

Sus imágenes, más allá de los colores, los escenarios, la teatralidad proponen un examen hacia adentro, hacia el sentir de los seres humanos y su proyección en determinados contextos sociales.

Para Alejandro Pérez Álvarez “todo acto creativo está indisolublemente ligado a la relación del sujeto creador con su entorno”.

Foto: Cortesía del autor

Alejandro Pérez Álvarez es diseñador, profesor y fotógrafo. Cada uno de estos roles se implica atinadamente con los otros, hasta conjugarse en un creador que no para de cazar (con premeditación), no ya la imagen, sino un proyecto.

Sus fotos, más allá de los colores, los escenarios, la teatralidad proponen un examen hacia adentro, hacia el sentir de los seres humanos y su proyección en determinados contextos sociales. Por eso acude a los contrastes, para ofrecernos pistas, partes breves de una historia de la que nos da solo principio.

¿Por qué, además del diseño, apuestas por exponer, transformar y sentir la realidad mediante el arte de la fotografía?

De la cámara me fascina su carácter documental, la fidelidad testimonial que encontramos en cada fotografía, su inmediatez; pero sobre todo, su margen de error, esa suerte de lo “no perfecto” que me sorprende cuando hago una foto y descubro que el mejor detalle ha aparecido en ella “accidentalmente”. O cuando advierto que la mejor imagen de una secuencia es a la que menos atención he puesto antes.alejandro-perez-senta-X-70-Siesta,-2010

Mi formación precedente, como diseñador y hoy también como profesor, me ha ofrecido un sinfín de herramientas que empleo diariamente. La más útil: cómo entender la forma.

Muchas veces el trabajo fotográfico de un diseñador tiende a recrearse sobre imágenes muy simples, minimalistas, de líneas, puntos, formas geométricas que representen, a partir de “vericuetos” formales, una realidad más sofisticada. De ahí que la arquitectura se convierta en un tópico recurrente.

Reconozco que me identifico con ese modo de hacer pero también bebo de una relación muy directa con la fotografía de estilo documental y sus códigos. Utilizo al ser humano como protagonista usual en mi trabajo, recreo composiciones sugerentes, juego con las relaciones que se establecen entre los colores de los elementos e intento evitar los mensajes evidentes, y pretendo que el espectador formule su propia historia.

En el proceso de posproducción, en tanto, invierto horas, incluso días. Para editar una imagen la someto al paso de las semanas con tal de verla en detalle nuevamente; realizarle los ajustes que, con cambios en apariencia insignificantes entre una versión y otra, me permiten obtener el color, la textura, la claridad, la terminación exacta que busco para cada fotografía.

A la hora de imprimir, selecciono minuciosamente qué soporte utilizar, propiedades del material, cómo las puedo aprovechar, qué acabado superficial voy a obtener, necesito controlar cada detalle que influirá en el resultado final. Creo que de algún modo esto se relaciona con la imperiosa necesidad del diseñador de proyectar y controlar, activamente, cada paso del ciclo de vida del producto que está creando.

¿Cuánto has evolucionado, conceptual y formalmente, desde las primeras fotos hasta tus últimos trabajos?

En el 2008 trabajé con la escritora Reina María Rodríguez, ilustrando su libro Variedades de Galiano, fotografías que muestran mi perspectiva, beben directamente del discurso del texto.alejandro-perez-setentaX70-Sin-título,-2015

Dos años más tarde tuve mi primera cámara réflex y comencé a hacer fotos, como a veces digo, “conscientemente”. A partir de esa nueva cámara sentí que iba en serio.

Cuando comparo las imágenes de entonces con algunas recientes, percibo cuánto ha cambiado mi modo de ver. Mientras más descubro y aprendo, más quiero hacer. A la par, aumentan mis exigencias con el resultado que espero. Lo que inicialmente asumía como un proceso de descubrimiento, una cacería diaria de imágenes en las calles de La Habana con el único propósito de obtener, al menos, una buena fotografía, hoy se convierte en una búsqueda más organizada de ideas y enfoques que me permiten entretejer a través de ellas un proyecto mayor. Eso sí, hay algo invariable: el goce que siento a la hora de trabajar.

¿A qué se debe el cambio de los blancos y negros iniciales, a toda una riqueza en la paleta de colores en las obras más cercanas a la actualidad?

Está marcado por un día en que comencé “a ver en colores”. El blanco y negro tiene un sentir especial, un “feeling” mágico, romántico, el punto de partida.

El trabajo con colores, por su parte, multiplica infinitamente las posibilidades del fotógrafo. Espero reflejar “singularmente” lo que normalmente podemos apreciar sin la necesidad de una cámara.

Ciertamente exige más tiempo, sobre todo a la hora de la posproducción, pero una vez que descubres los colores es difícil volver atrás. Confieso que hoy, cuando veo mis fotografías en blanco y negro siento que les falta algo.

¿Qué significación le otorgas a los cuerpos en tus obras, sobre todo cuando se trata de ese proceso de metamorfosis de travestis y transformistas? ¿Cuán difícil te resultó materializar la serie El silencio del Cuerpo, donde aludes a estos temas?

Este fue un proyecto que comencé en el 2011. Antes de esa fecha nunca había asistido a un show de transformismo, ni imaginaba de la existencia de tantos espectáculos nocturnos de este tipo en La Habana.alejandro-perez-setentaX-70-El-Bohemio,--2014

De cierto modo me sentí interesado en ese proceso de construcción detallada de una feminidad; pero apenas comenzar entendí que para lograr imágenes no atascadas en un acercamiento superficial, necesitaba aprender más sobre el asunto.

Recurrí entonces a lecturas, entrevistas con especialistas del movimiento LGTB, visitas a clubes gay. Aprendí sobre operaciones de cambio de órganos sexuales efectuadas anualmente bajo el respaldo del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). Asistí a reuniones y talleres junto a grupos trans. Busqué todos los espacios posibles.

Aunque se trata de un trabajo de corte documental, lo siento más un recorrido desde mi figura como mero observador, que trata de formar parte de las experiencias de sus protagonistas.

Vale destacar que no hubiese logrado tanta confidencialidad, si sus protagonistas no se hubiesen convertido en mis amigos y me permitieran participar de sus vidas, espacios, encontrar qué era lo que realmente quería mostrar.

Las últimas fotografías que tomé para esta serie fueron a comienzos del 2014 y en noviembre de ese año realicé mi primera exposición personal.

El silencio del cuerpo, título de la muestra, absorbió de mí tal energía, que he tardado más de dos años en volver a encontrar un proyecto que me atrape y motive para ir con todo.

Aunque adelanto que estoy enfrascado en algo muy diferente, un trabajo en su fabricación más complejo que los anteriores y con mayor evidencia del diseño.

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