Hombres: Desnudos y humanos

Con su proyecto Diecisiete, Eduardo Rodríguez Sardiñas, obtuvo recientemente la Beca de Creación Raúl Corrales, que auspician la Fototeca de Cuba y el Centro Nacional de Artes Plásticas.

Descubrimiento, del proyecto Diecisiete, ganador de la Beca de Creación Fotográfica Raúl Corrales, 2017.

Foto: Eduardo Rodríguez Sardiñas.

Graduado de Lengua inglesa en la Universidad de La Habana, Eduardo nunca imaginó que entraría al mundo de la fotografía artística. Supuso que una cosa no tenía nada que ver con la otra; pero con el tiempo descubrió que “de alguna manera siempre me sentí atraído por la luz y su tratamiento”.

Como tantos otros jóvenes cubanos, es egresado de uno de los cursos que desarrolla la Academia de Arte y Fotografía Cabrales del Valle, una de las escuelas que en la isla promueve la enseñanza de este oficio.

La obra fotográfica que ha desarrollado Eduardo revela un discurso homoerótico que llama la atención no solo por el tratamiento de la luz de estudio, que emplea con refinada perfección, sino también porque toma el cuerpo como punto de partida para adentrarse en asuntos y conflictos humanos.

¿Cómo entraste al mundo de la fotografía?

Cuando comencé mi servicio social me acerqué a la Fototeca de Cuba, donde conocí al fotógrafo Rufino del Valle y comencé en un taller que este organizaba. A medida que avancé en las clases, mi interés por la fotografía aumentó y también los deseos de experimentar. En aquel primer momento me acompañaba el temor del principiante y por ello casi no mostraba nada de lo que hacía. Increíblemente, todavía este temor no me abandona y suelo tomar un tiempo para mí antes de mostrar mis imágenes. La seguridad de haber obtenido una buena instantánea nunca es absoluta, quizás ese temor sea el que siempre me obliga a querer mejorar lo que hago.

Más uno, del proyecto Diecisiete con el cual Eduardo ganó la Beca de Creación Raúl Corrales.

Foto: Eduardo Rodríguez Sardiñas

¿Qué te interesa contar? ¿Escoges los temas o ellos te escogen a ti?

No me interesa desarrollar un discurso único. Me gusta que cada persona que se acerque a mis imágenes, se cree su propia historia. Cuando selecciono un objetivo y aprieto el obturador, ahí nace mi relato. Pero luego viene un curador y se arma su propia visión, la cual no tiene por qué coincidir con la del crítico. Y eso es lo que busco, un relato plural y diverso, que cambie de acuerdo al espectador. Al menos es lo que hasta hoy me resulta más interesante.

Por esto creo que los temas me escogen a mi cuando tomo la fotografía. Mi cámara es solo un medio para generar múltiples relatos a partir de cada uno de los objetivos que frente a esta se encuentran en el transcurso de mi carrera.

¿Para ti qué es lo esencial a la hora de concebir una imagen fotográfica?

En mi caso que trabajo con el cuerpo, creo que lo esencial es que exista una conexión entre el modelo y el fotógrafo. Principalmente me concentro en el cuerpo desnudo, lo que supone la creación de un momento de intimidad, comodidad, complicidad que permita capturar ese instante real, que posteriormente, permita al espectador conectar con la fotografía y establecer un dialogo que propicie la creación de una historia.

Sobre el proyecto Diecisiete con el cual ganaste la Beca de Creación Raúl Corrales, ¿qué te motivó a desarrollarlo, cómo lo concebiste y qué técnicas empleas? ¿Qué te ofrece la Beca en términos de promoción para ti como fotógrafo joven?

Diecisiete, hasta el momento, ha sido uno de los proyectos más personales que he realizado. Me tomó mucho tiempo llegar a un primer grupo de imágenes y creo que aún queda mucho por hacer. Incluso, a veces, vuelvo a verlas y pienso en cómo las hubiera recreado desde el presente. El mismo curso de mi vida me llevó al lugar y el momento indicado para tratar esta historia. Tenía algunas inquietudes y preguntas —no respuestas— que mediante las imágenes pude resolver.

Para promover la fotografía en Cuba:

La Beca de Creación Fotográfica Raúl Corrales tiene como objetivo propiciar la producción de un proyecto de obra fotográfica y estimular la producción de aquellas imágenes culturalmente significantes que garanticen la continuidad de la memoria visual cubana.
Quienes ganen la beca reciben un presupuesto por un monto total de 2500 CUC y 5000 CUP destinados a la producción de un proyecto de obra fotográfica, además de un conjunto de acciones institucionales que faciliten su ejecución en dependencia de sus características. El monto del presupuesto será entregado al becario en dependencia de las necesidades específicas de su proyecto, requiriendo constancias de su utilización. Una selección de la obra expuesta, previo acuerdo con el premiado, quedará como patrimonio de la Fototeca de Cuba y parte integrante de su colección; y esta tendrá la obligación de divulgarla a través de sus medios.

La primera serie estuvo conformada por diecisiete fotografías en blanco y negro en un formato de 60 cm x 80 cm. En ellas trabajé con modelos masculinos y sobre ellos proyecté textos que marcaban la piel y daba cierta sensación de textura.

En términos de promoción, la beca en sí misma es un gran paso en mi carrera. Además de ser un reconocimiento a mi trabajo, significa la posibilidad de contrastar mi obra ante las miradas especializadas de un jurado que aprecio y respeto. Y claro, exponer en la Fototeca de Cuba, el espacio por excelencia para la fotografía cubana, es sin dudas una oportunidad que no siempre se tiene.

¿Qué aspectos destacarías de la fotografía cubana que se hace en la isla en estos años, desde el 2000 hacia acá, y qué le falta, de qué carece?

En los últimos años hemos visto la incorporación de muchos fotógrafos jóvenes a la escena artística. Eso se debe probablemente a la aparición de nuevas escuelas y academias que socializan los conocimientos y las técnicas básicas de esta manifestación. También a la democratización de la tecnología, pues hoy cualquiera tiene a la mano un dispositivo que permite capturar imágenes.

S/T, obra realizada por Eduardo Rodríguez Sardiñas, del proyecto Diecisiete.

Foto: Eduardo Rodríguez Sardiñas

Estos fotógrafos jóvenes tienen muchas ganas de hacer y aprovechan cualquier espacio para exponer. Quizás en el este afán de hacer un currículo, algunos no esperan un tiempo prudencial para madurar una propuesta y saltan de un tema a otro. Pero como señalo esto, quizás para algunos sea parte de su propia operatoria de trabajo.

¿Qué estéticas y maestros de la fotografía cubana consideras te han influido, por qué?

Inicialmente no tenía muchos referentes, comencé a crear imágenes antes de estudiar sobre el tema. Por ello encontré mis referentes a medida que fui incursionando en este arte. Sabía algo del tratamiento del cuerpo desnudo y los contrastes a partir de una biografía de Robert Mapplethorpe que leí. Y luego visité algunas exposiciones, que de forma consciente/inconsciente, pueden haber tenido algo que ver con mi trabajo. También me relacioné con la obra de artistas como Richard Avedon, Irving Penn, Steven Klein, Helmut Newton, enfocándome en la relación cuerpo–moda.

En el contexto cubano, una vez que fue avanzado mi trabajo, encontré similitud con los presupuestos de Eduardo Hernández y René Peña. Curiosamente, muchos me relacionaron con el primer artista desde mis inicios y yo desconocía su trabajo. Fue una feliz coincidencia cuando me acerqué a su obra y comprendí que ambos teníamos diferentes acercamientos a un mismo tema.

Otro descubrimiento importante ha sido la obra de los llamados fotógrafos de la épica revolucionaria. Específicamente, la solución en el tratamiento del cuerpo, así como la relación moda, publicidad y mujer en los primeros de años de la Revolución. (2017)

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