Una multimedia para visibilizar fotógrafas

Los estudios sobre fotografía contemporánea cubana excluyen a muchas de las artistas del siglo XXI.

Temas como la vejez, la soledad, el deterioro social, la maternidad, el consumismo, la religión, la raza y las representaciones de género clasifican entre los más comúnmente tratados por las mujeres cubanas que se dedican en el presente a la fotografía documental o creativa.

“Cuando ves sus instantáneas, notas que todas no tienen un feminismo marcado al estilo de quienes las precedieron. Pero el género está de alguna manera representado en sus trabajos”, dice la licenciada en Historia del Arte, Ana Gabriela Ballate.

La joven es especialista en el Programa de Estudios sobre Culturas Originarias de la institución cultural Casa de las Américas. Pero en junio de 2013 defendió en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana su tesis de licenciatura, dedicada a la fotografía contemporánea cubana hecha por mujeres.

Ballate produjo y creó la multimedia “Fotógrafas cubanas en el nuevo milenio”, diseñada por el grupo Zoom, del Instituto Superior de Diseño Industrial, ISDI. El material reúne la doble condición de ser promocional y crítico. En él se muestran las principales líneas creativas de once artistas.

Al respecto dice la investigadora que “descubrí que, mujeres al fin, tienen una sensibilidad particular. Aunque traten cualquier tema, mediante la fotografía documental o artística, ponen mucho de autoreferencial. Es cierto que de eso no se desprende tampoco el fotógrafo, pero en el caso de las mujeres es mucho más evidente”.

Las artistas reunidas en este ejercicio son Arianne Suárez, Glenda Salazar, Hurí Herrera, Khadis de la Rosa, Leysis Quesada, Linet Sánchez, Lisandra Isabel García López, Mabel Llevat, María Cienfuegos, Marta Iris Pérez y Yoxi Velázquez.

Uno de los textos introductorios de la multimedia aclara que, “a pesar de no coincidir en edad, estas fotógrafas son creadoras jóvenes que tienen en común haber comenzado a producir en el año 2000”.

Este ensayo en particular, titulado “El lente femenino del nuevo milenio en Cuba” asegura: “el énfasis en el tratamiento de temas intrascendentes e íntimos, vinculados a sucesos personales, es notable en varias de sus series”.

Explica Ballate, autora también de los textos críticos de la multimedia, que “el proyecto tenía como tesis fundamental promover el trabajo de esas artistas, porque la mayoría no eran muy conocidas en Cuba, a pesar de poseer una obra interesante”.

“Solo un circuito muy cerrado de sus propios colegas estaba al tanto de ellas, porque incluso en el Instituto Superior de Arte (ISA) muchos profesores no las conocían, ni sabían que existían”.

La multimedia “Fotógrafas Cubanas del Nuevo Milenio” contiene los currículos de cada creadora, una crítica sobre su trabajo artístico, varias series de sus imágenes, y dos textos generales, acerca del estado de esa manifestación en la Cuba del siglo XXI.

“Comparado con la fotografía hecha por mujeres en la década anterior, esta no cambia mucho”, señala Ballate. “Las temáticas continúan siendo las mismas. Aunque varía la manera de enfrentarse a ellas. Estas fotógrafas buscan nuevos héroes, nuevas filosofías”.

En sus hallazgos, las creadoras combinan técnicas de varias manifestaciones artísticas: Manipulan sus imágenes en Photoshop, imprimen en lienzo o en otros soportes típicos de la pintura, producen montajes teatrales o instalaciones plásticas con el único fin de ser fotografiados.

Para la historiadora del arte, la simbiosis es un síntoma de que “están todo el tiempo en un debate consciente por no repetirse”.

“Esto produce mucha ambigüedad en sus obras, tanto en el significado como en la técnica”, dice. “No son tan directas como sus predecesoras, y se valen mucho de otras manifestaciones artísticas. A veces uno termina preguntándose si hacen fotografía, o performance fotografiado”.

Según Ballate la mayoría de las mujeres cuyas obras estudió, y otras muchas que practican hoy fotografía, tienen la expresión como hobby. “Algunas aún estudian Artes Plásticas en el ISA. Se dedican a hacer series fotográfica en un momento determinado, pero como parte de una carrera mayor”.

Ante ellas se extiende el viejo y muy tratado dilema de que no exista en Cuba una academia dedicada a la enseñanza exclusiva de la fotografía.

Comenta Ballate que, ante el boom de la técnica digital y el acceso masivo a ella, “estas personas tratan de restringir el término de fotografía profesional”. “Hay en ellas también un retorno al equipamiento analógico. Esto se da sobre todo en las muchachas de la Cátedra de Fotografía del ISA, porque ahí mismo pueden imprimir sus trabajos”.

“Otro de los rasgos fundamentales de este grupo es que una misma artista hace fotografía documental y conceptual, usa blanco y negro y color. La pluralidad de lenguajes es en realidad lo que marca todo sus trabajos”.

Orígenes

Ana Gabriela Ballate comenzó su investigación con un análisis sobre las ganadoras de premios o menciones en el Concurso Ensayo Fotográfico, convocado por Casa de las Américas, entre los años 1981 y 2001.

“Cuando hice las primeras búsquedas de información, me di cuenta de que en la colección faltaban muchísimas imágenes”, rememora al cabo del año. “Al culminar el evento, la institución se quedaba con el Primero Premio, pero los autores podían recoger los demás”.

Cuenta que “en la Facultad me propusieron que estudiara entonces el fenómeno de las mujeres fotógrafas contemporáneas en Cuba. Pero decidí concentrarme en trabajos que no se hubiesen visto, en fotógrafas que no fueran tan conocidas como Marta María, o Cirenaica Moreira”.

Cuando la joven eligió la producción femenina surgida a partir del año 2000, comprendió que debía hacer una selección “porque tampoco podía hacerme cargo de la obra de todas las que estaban produciendo. Son muchas”

Ossain Ragui, profesor de la Cátedra de Fotografía del ISA, le dio los primeros nortes sobre los principales nombres. En la primera muestra había fotógrafas documentales y conceptuales. Supo Ballate que debía reunir ambos géneros si pretendía esbozar un panorama del trabajo femenino más destacado.

“Ragui me habló mucho de estudiantes que habían pasado por su Cátedra, como Ariadne Suárez, Hurí Herrera y Marta Iris Pérez. Me recomendó también hablar con María Cienfuegos”, cuenta la investigadora.

Asegura que “a otras como a Leysis Quesada la descubrí investigando, a través de su buena fotografía documental”.

Después comenzó el proceso de intercambio con las creadoras: “Las entrevisté a todas, y me dijeron las principales líneas que les interesaban. Algunas tienen muchos trabajos experimentales, de los cuales me entregaron material para incluir en la multimedia. Pero en definitiva esa vertiente quedó fuera”.

Ballate produjo su propia selección, a partir de los intereses de las creadoras, pero también de un balance en sus diferencias estéticas y preocupaciones temáticas. “Quería mostrar la diversidad de sus puntos de vista”.

Como resultado final, “cada artista tiene tres series en la multimedia, aunque algunas llegan a presentar cinco”.

La autora de “Fotógrafas cubanas en el Nuevo Milenio” ejemplifica algunos de los resortes que intervinieron en esa selección: “María Cienfuegos tiraba fotos en fiestas de bodas, y de cumpleaños, en el mismo momento en que otro fotógrafo tomaba las fotos ‘oficiales’. Era como si ella se robara el momento”.

“Sus imágenes en realidad descubrían las poses de la mujer para esas ocasiones. Cienfuegos también tiene una serie sobre las generaciones de madres, hijas y nietas que conviven en una misma casa”.

Sobre Leysis Quesada le llamó la atención que “hace muchísimas fotos del pueblo de Matanzas donde vive. En sus imágenes siempre aparecen ancianas o niñas. Ella asegura que así documenta la realidad de esas mujeres que conoce de toda la vida, y habla sobre el paso del tiempo en esas personas”.

Asegura que otras, como Hurí Herrera, trabajan la perspectiva del género explícitamente.

“Hurí tiene una serie fuertísima. Ella presenta órganos femeninos y masculinos hechos con trozos de carne, e introduce cuchillos o hachas en las imágenes, con un resultado muy agresivo a nivel visual”.

Ballate llama la atención sobre el hecho de que “algunas, como Yoxi Velázquez, se valen de la fotografía para documentar otros procesos creativos, en este caso el performance”.

La multimedia muestra cómo Velázquez “produce el sketch visual de una acción efímera. Su intención parece más enfocada en que veamos las fotos, que el performance que les dio origen”.

Para analizar el contenido de las imágenes, la joven investigadora utilizó como referente los textos del fotógrafo cubano Rufino del Valle.

“También críticas que encontré sobre todo en periódicos digitales”, dice. “Pero sobre esa fotografía hecha desde el 2000, no hay casi nada escrito. En un trabajo sobre una exposición colectiva, puede que encuentres un pedacito dedicado a una de las artistas.”

Fines

Ana Gabriela siente que “la multimedia no ha caminado mucho”. Aunque ella no ha dejado de socializarla: “Llevé una al ISA, otra a la Fototeca, e incluso la envié a una asociación de fotografía en México. Mucha gente se me ha acercado y le he dado una copia”.

“Cuando miras las exposiciones que llegan al (Centro de Arte Contemporáneo) Wifredo Lam, y a la Fototeca de Cuba, notas que son de los mismos fotógrafos consagrados. Algunos más que otros. Pero estas fotógrafas ‘nuevas’ casi no tienen resonancia en esos espacios”.

Ella lamenta que la crítica, muchas veces no se acerque a estos trabajos. “Es cierto que son muchas personas produciendo a la vez. Pero tampoco parece haber un gran interés en los espacios especializados, por preguntarse qué está pasando con la fotografía en Cuba ahora”.

Para Ballate “las mujeres fotógrafas están en desventaja. No solo por esa mirada ausente de los especialistas. Las que tienen hijas o hijos siguen siendo las encargadas de cuidarlos, llevarlos a la escuela, hacer la comida, recogerlos de la escuela”.

“Por mucho que se ha querido avanzar, todavía la sociedad cubana es muy machista, y ese hecho sigue marcando a las mujeres que trabajan. No tienen la misma libertad que los hombres para dedicarse a su profesión. Eso las limita en muchos sentidos”, asegura.

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