El fascinante universo del autorretrato (2)

¿Los maestros de este género fotográfico solo se miraron a sí mismos? En esta ocasión te acercamos a algunos de ellos y a sus aportes técnicos y artísticos.

Foto: Martin Parr

El autorretrato es considerado por muchos el ejercicio de análisis más profundo que puede hacer un artista. Implica escrutarse el rostro y conocerse incluso más allá de la piel. Grandes fotógrafos y pintores han cultivado el género con puntos de vista muy diversos: algunos desde la creatividad artística, otros más centrados en la documentación de la propia vida.

El norteamericano Emmanuel Radnitzky, más conocido como Man Ray, un artista experimental por excelencia, fue uno de los maestros del autorretrato del pasado siglo XX. Entre sus muchas aportaciones, que también aplicó al género del retrato, destacan las solarizaciones o rayogramas, un fenómeno que invierte el tono de las imágenes de forma total o parcial, es decir, que las zonas oscuras se vuelvan claras y las zonas de luz, oscuras.

Man Ray se divertía haciendo fotografía.

Man Ray se divertía haciendo fotografía.

Foto: Man Ray

Man Ray se decía más pintor que fotógrafo, pero indiscutiblemente disfrutaba y se divertía fotografiando, siempre dispuesto a jugar ante la cámara, presto a caricaturizarse sin miedo alguno al ridículo; incluso algunas de sus series recuerdan las poses de los llamados selfies que hoy día se han popularizado tanto en las redes sociales. Precisamente en el autorretrato fue donde más explotó esta faceta de su vida.

“Despreocupado pero no indiferente”, así reza su epitafio en el cementerio de Montparnasse, en París. Una frase que podríamos aplicar a su obra.

Una buena parte de su trabajo abarca temas sociológicos, girando alrededor del ocio y el tiempo libre, trabajado en el fenómeno del selfie desde dos vertientes. Por un lado, fotografías de acción al más puro estilo street photography, poniendo de manifiesto que el famoso “yo estuve allí”, es más importante que la propia experiencia vivida. En la otra vertiente, Parr se coloca delante de la cámara con una estética descaradamente kitsch, buscando con el sentido del humor y la ironía de su mirada hacer un análisis profundo sobre el estilo de vida de la gente corriente en Gran Bretaña.

Continuemos con Richard Avedon, excelente fotógrafo estadounidense de moda y mejor retratista, puesto que se disputara con Annie Leibovitz y Helmut Newton, otros dos grandes del autorretrato. Según un obituario publicado en The New York Times, sus fotografías de moda y sus retratos habían ayudado a definir, en Estados Unidos, la imagen de belleza, elegancia y cultura.

La honestidad con la que el también Premio Nacional de Fotografía de EE.UU. en 1999 se enfrenta a su propio universo, a sus miedos, debilidades y excesos se traslada íntegramente a sus fotografías. Su gran virtud es exponer en igualdad de condiciones cada detalle de la vida que transita. Así, su repertorio de autorretratos se ve enriquecido no solo por su persona, sino también por su entorno más inmediato de amistades, objetos y espacios.

Con un lenguaje visual similar encontramos la obra de Antoine D’Agata, utiliza los autorretratos para documentar un mundo, el suyo propio. D’Agata parece indagar más en la psiquis humana, en los estados mentales que producen las emociones y los sentimientos de las personas, en momentos extremos como el amor, el deseo, el efecto de las drogas, la violencia, la enfermedad, la cercanía con la muerte. Con un uso magistral de las atmósferas parece captar un universo de decadencia y autodestrucción, o bien de paz y belleza espiritual.JoanFontcuberta-maestros-fotografia-setentaX70

El francés documenta su experiencia personal al situarse delante de la cámara, mientras delira por el efecto de la droga o cuando mantiene relaciones sexuales, y esto con un lenguaje visual altamente onírico y de gran honestidad. El espectador debe interpretar el significado de la obra, no solo desde el lado formal de sus autorretratos, sino también con su propio background y estado de ánimo.

Para terminar les dejo el avance de una impresionante y curiosa historia donde el autorretrato se hace protagonista y juega con la construcción fotográfica y la facilidad de manipular la realidad a través de la imagen, tema que se tratará con mayor profundidad en la próxima entrega de Mi amiga íntima.

Fue Joan Fontcuberta, fotógrafo español quien como parte de sus proyectos y ensayos sobre construcción fotográfica decidió crear una historia ficticia basándose en una serie de documentos gráficos reales. El giro radica en que el autor presenta las fotografías retocadas como las verídicas, y viceversa.

El retrato resulta ser en realidad un autorretrato en el que Fontcuberta se disfraza de cosmonauta soviético. Una fotografía real pero no veraz. Una historia que demuestra que la fotografía es un instrumento para la verdad solo si se usa con ese fin.

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