Instantánea fugaz de la fotografía cubana

Nuevas concepciones, retos y muchas posibilidades conviven hoy tras el cambio del aluro de plata por el píxel.

Raúl Corrales

Caballería

En marzo de 1839, El Diario de La Habana se hace eco de la novedad anunciada ese año por la Academia de Ciencias y Bellas Artes de París: “Daguerre ha encontrado el medio de fijar imágenes que vienen a pintarse en el fondo de la cámara oscura, de manera que esas imágenes no son ya el pasajero reflejo de los objetos, sino su marca fija y durable que puede transportarse de un punto a otro como una estampa o un cuadro”[1].

El 5 de abril de 1840, los diarios El noticioso y Lucero dan cuenta de la entrada a La Habana del primer aparato inventado por Daguerre. Más tarde, se inaugura en una azotea de la calle Obispo, en la capital cubana, el primer estudio de daguerrotipos para retratos de Cuba y el segundo en Hispanoamérica.

Los sucesos más importantes del siglo XIX en Cuba, la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la Guerra Necesaria (1895-1898), fueron por supuesto registrados por varios fotógrafos de la época. Si bien en la guerra de 1868 se tomaron muchas imágenes, fue la contienda de l895 la que tuvo mayores coberturas gráficas, hechas en particular para El Fígaro por José Gómez de la Carrera.

El siglo XIX termina en Cuba con un fraude fotográfico y hechos que evidencian el traspaso de colonia de España a serlo de Estados Unidos, en una guerra mal llamada hispano-cubana-norteamericana.

España, ya debilitada por el ejercito mambí, es acusada por Los Estados Unidos de haber volado el buque militar Maine, anclado en aguas cubanas. Ante lo sucedido, William R. Hearst, dueño del periódico New York Journal, manda de inmediato para La Habana a un grupo de fotógrafos bien equipados. Hearst les orientó hacer las fotos, que él… se encargaría de hacer la guerra.

Desnudo (1938). Foto: Joaquín Blez

Las fotografías son cada vez más populares en los medios impresos de la isla a inicios del siglo XX. Vale destacar que en las primeras décadas se crean nuevas revistas ilustradas y periódicos herederos de variados estilos españoles, existentes desde el siglo anterior. Así destacan periódicos como El Mundo y revistas como Social, Carteles, Bohemia, entre otras.

El Mundo, precisamente, anuncia en 1902 la instauración en Cuba de una república mediatizada y lo hace con una foto sobre el momento de arriamiento de la bandera estadounidense y en sustitución, dejar izada la cubana. Salvo algunos hechos, las páginas de las revistas y periódicos coexistentes en las dos primeras décadas de ese siglo en Cuba reflejan un acontecer social basado en fotos de grandes desplazamientos burgueses.

Contrario a ello nace Alma Mater, en 1928, como órgano del estudiantado universitario cubano y una publicación como la revista Bohemia, surgida en 1908 con un perfil hasta entonces dedicado a reflejar la vida de la clase nacional burguesa, comienza a partir de los años veinte a mostrar un periodismo más apegado al reflejo de la realidad cubana de entonces.

La fotografía cubana, que hasta ese momento había tenido atisbos temerosos hacia la inmediatez de todo lo que acontecía en el país, encuentra definitivamente, en la órbita de la fotografía viva, una senda oportuna para desarrollarse y desarrollar el periodismo al cual servía.

Para los años cuarenta ya se puede hablar en Cuba de un grupo considerable de fotógrafos en el ambiente fotoperiodístico, publicitario y artístico. Generoso Funcasta, López Ortiz, Martínez Hilla, José Tabío, Contastino Arias, Joaquín Blez, entre otros, son algunos de los autores imprescindibles que desarrollaron la fotografía cubana en la primera mitad del siglo XX.

Dentro del ámbito de la fotografía documental y de denuncia social se destaca la Cuba Sono Films, una agencia de servicios y propaganda creada en 1938 por el Partido Socialista Popular. Su misión es realizar películas y reportajes fotográficos sobre las angustiosas condiciones de vida del país. Entre sus filas se destacan, entre otros, los nombres de José Tabío y Raúl Corrales.

Tres números especiales de Bohemia, en 1959, con motivo del triunfo revolucionario del primero de enero, sirven de bisagra a la etapa gloriosa de la fotografía cubana.

El magazín hace un amplio despliegue gráfico nunca antes visto en medios nacionales. Comienza en Cuba una etapa fecunda en muchos sentidos, a partir de enero de 1959. Es unánime el respaldo del pueblo al gobierno revolucionario y a las nuevas transformaciones sociales.

“A la fotografía le correspondió con mayor fuerza que a cualquier otro género artístico expresar su relación con la sociedad, pues fue el valor testimonial el que definió el carácter social y respaldó el planteamiento político, elevando a través del arte lo cotidiano”, refiere la artista plástica y curadora Lesbia Vent Dumois.

La mayor parte de esa iconografía épica es publicada en el periódico Revolución y la revista INRA, del recién creado Instituto Nacional de la Reforma Agraria. La fotografía tiene, en las páginas de estos, medios el mejor momento de la historia del fotoperiodismo en Cuba.

La fotografía tiene reservados grandes espacios y versatilidad de géneros como el fotorreportaje para abordar los más diversos temas. Se hace habitual ver publicadas fotografías a tamaño completo de una página.

El ámbito fotográfico es protagonizado por jóvenes de entonces, que en su mayoría venían realizando distintas labores en muchos de los medios periodísticos y publicitarios existentes en el momento. Algunos de ellos: Osvaldo y Roberto Salas, Mario García Joya (mayito), Alberto y Luis Korda, Raúl Corrales, Jesse Fernández, Liborio Noval, entre otros.

En sentido general, la madurez y los conocimientos para hacer fotografía de prensa los obtienen con el trabajo diario. Sin embargo, tienen a su favor que ya desde los años cuarenta se había visto en Cuba, sobre todo en el campo publicitario, el incremento del uso de la imagen en detrimento del lenguaje escrito y la representación más naturalista de la realidad pasaba a ser paulatinamente del dominio de la imagen fotográfica.

Este formato propone, además, una serie de características creativas que realzan la calidad estética de las fotografías de este periodo. Por ejemplo, la posibilidad de basar sus composiciones en una simetría acostumbrada por el diseño de las paginaciones en medios impresos. De la misma manera, poder utilizar, antes de apretar el obturador, las líneas diagonales como trazos directos de mayor alcance para el recorrido de las lecturas gráficas. Así encontramos una atención especial en la perspectiva.

"La fuente" (década del 80). Foto: Raúl CorralesA partir de los fotógrafos cubanos de los sesenta, comienza a verse una marcada destreza técnica y empírica, que esos creadores legan a sus continuadores de décadas posteriores. Además, instauran un ingenio particular que, de alguna manera, permite que el fotoperiodismo del primer quinquenio de la Revolución sea, por su excelente calidad, un paradigma gráfico en la historia de la fotografía en Cuba.

Las características y temáticas de los sesenta se mantienen en sentido general durante los años setenta y parte de los ochenta. Un periodo muy largo para Cuba, cuyas etapas quedan enlazadas por diversos acontecimientos de índole social, económica, política y cultural. Muchos sociólogos y estudiosos circunscriben los setenta cubanos desde 1968 hasta los primeros años de la década del ochenta.

La crítica de arte Grethel Morell señala que, en materia de historia de la fotografía, ocurre algo similar. Los setenta se enlazan con la mejor tradición reporteril de los primeros años de la Revolución y, “fotográficamente hablando, concluyeron en 1984 con el tercer Coloquio Latinoamericano de Fotografía y con la Primera Bienal de La Habana, el positivado de la realidad -al menos el que recogía los laureles de la Historia- giró sobre sus propios parámetros de creación, recepción y establishment”.

En sentido general es notable la subvaloración de la fotografía en la Cuba de los setenta. Un aspecto que resulta paradójico si tenemos en cuenta que, desde principios de la década, hay una explosión de la fotografía en el mundo.

Para finales de los ochenta el panorama no difiere mucho, a no ser la continua minimización de la imagen fotoperiodística. En los noventa Cuba despierta con el derrumbe de su principal aliado económico, el bloque socialista. Se inscribe el llamado periodo especial y las restricciones, para sobrevivir, están a la orden del día en la vida de la isla.

A finales de la década se recupera paulatinamente el bache y la fotografía comienza su viraje hacia la tecnología digital. Hoy es un hecho la digitalización de la fotografía. Este arte encuentra nuevos espacios en el ciberespacio y la «democratización» de la tecnología digital, que hace posible captar instantáneas desde dispositivos insospechados o tan simples como un teléfono celular. Nuevas concepciones, retos y muchas posibilidades conviven hoy tras el cambio del aluro de plata por el píxel.

Kaloian Santos Cabrera es fotorreportero, colaborador de Cubadebate. Trabaja en Juventud Rebelde.


[1] Citado por Rufino del Valle: “Cuba, sus inicios fotográficos” en Opus Habana, Vol. VIII, No. 3, 2004-2005, pp. 4-15. Consultado en http://www.opushabana.com/noticias.php?id_brev=482, el 19 de febrero de 2012.

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