La cámara puede ser Leica

La cámara se debe juzgar con conocimiento y no por como se ve o nos la quieren hacer ver, considera Alejandro Menéndez.

Alejandro Menéndez Vega

Para muchos digital, es sinónimo de autonomía total y la cámara actual debe hacer lo imposible y siempre brindar una imagen impecable

Cuando yo era muy pequeño mi padre me regaló una Leica. Aquella camarita mítica había estado con él desde su juventud y con ella había fotografiado, en sus años de estudiante en la URSS, Odessa y la famosa escalera del Acorazado Potemkin. Llegó a mí descascarada y con el mecanismo de arrastre bastante trancado. Como no me interesaba particularmente la fotografía, quedó clasificada como un juguete más y en vez de carretes almacenó soldados y les sirvió de fortín frente a agresiones ninjas y ataques de dinosaurios. En mis manos aquella cámara no volvió a tomar una imagen.

Años después y con mucha más pasión por la fotografía, intento adivinar el destino de la Leica y junto a ella el de la fotografía analógica o clásica. Con cada segundo el celuloide se vuelve más un asombroso antepasado, y sus maestros magos-alquimistas que ya no volverán. Quedan pocos defensores del proceso analógico y los que quedan deben ser los últimos. La era digital dejó de ser el niño inexperto y precipitado de dudoso talento de hace algunos años. Ha madurado y demuestra a cada instante su mérito.

Pudiera parecer entonces que tener una cámara digital es poseer la piedra filosofal y que la hechura de las fotografías está asegurada, pero nada más falso. Lo más importante de una imagen es lo que ella contiene, la calidad de una fotografía es por sobre todas las cosas el interés que despierte lo que se fotografió y en segundo término su aspecto técnico. Para lo que se fotografía y cómo hacerlo hay pocas reglas y las que existen permiten su destrucción.

La fotografía debe nacer de la sensibilidad de cada cual y en ocasiones la imagen peor compuesta puede ser la que transmita lo que queremos. Esto no significa que no se deba estudiar a fondo la historia de la imagen en general y tener en cuenta todos los consejos y “reglas” que se han elaborado. Pero el tema que me motiva a escribir no es el aspecto creativo sino el puramente técnico: cuando tomamos la decisión de comprar una cámara, ya que tampoco en la era digital (mucho menos que antes) está asegurada la calidad de la compra.

No pretendo dar una disertación sobre el tema, pero sí llegar finalmente a un consejo que creo importante y oportuno. Para muchos digital, es sinónimo de autonomía total y la cámara actual debe hacer lo imposible y siempre brindar una imagen impecable. Pero, la realidad es que, desde la Leica de mi infancia hasta la más moderna cámara de una exuberante cantidad de megapíxeles, ha variado muy poco la manera de hacer una fotografía: el gran cambio consiste en el soporte que capta la imagen y su manera de almacenarla.

El antiguo rollo de haluros fotosensibles se sustituyó por el sensor electrónico de fotodiodos. Este sensor es el que es capaz de “ver” la imagen y generar píxeles (que son la unidad más pequeña de información visual, del inglés “picture elements”). Si el sensor tiene tantos fotodiodos físicos como píxeles dice la cámara poseer, podemos afirmar que la resolución coincide con la resolución efectiva, es decir la resolución real del sensor. Al hablar, por ejemplo de una cámara de 10 megapíxeles, en el mejor de los casos hablamos también de un sensor de aproximadamente 10 millones de fotodiodos.

¿Cómo se entiende que estos 10 megapíxeles significan únicamente resolución, tamaño de imagen y no necesariamente calidad de imagen? Supongamos que usted posee un monitor de 17 pulgadas y que prefiere utilizar una resolución de 1280 X 1024. Estaría generando una resolución total de 1310720 de píxeles o 1,3 megapíxeles. Con una cámara de apenas 2 megapíxeles, podría ver las imágenes en su monitor a pantalla completa y la calidad de ellas dependería por ejemplo del brillo, el contraste, el foco o el balance de color de su monitor. Idéntico sucede con una cámara digital, donde la calidad de imagen dependería de la luminosidad del lente, el rango dinámico, la profundidad de color, el ruido, entre otras características que aclararé en próximas entregas de Tips de la fotografía.

Hay otro aspecto a tener en cuenta en la resolución de la imagen. Si usted utiliza la misma resolución de 1280 X 1024, pero esta vez en un monitor de 27, pulgadas estaría obligando a la máquina a generar píxeles más grandes: la foto de la cámara de 2 megapíxeles se vería granulada y aberrada. Tendría que utilizar una resolución de pantalla mucho mayor y en ese caso la foto se vería bien, pero pequeña dentro del espacio del monitor. Por lo tanto el pixelaje de una cámara sí es importante, pero siempre teniendo en cuenta el uso que le vamos a dar. No debemos permitir que la competencia y el mercadeo de las grandes marcas nos arrastren a comprar cámaras sumamente caras solo por su pixelaje.

Si usted no piensa imprimir imágenes a gran formato y no posee un pequeño cine como monitor, le sugiero investigar un poco más al comprar su cámara. Tal vez no esté aprovechando en lo más mínimo los 15 megapíxeles (probablemente falsos, al no tener igual cantidad de fotodiodos) de su cámara turística: de hecho el gran procesamiento de información la puede volver lenta, propensa al calor, con archivos muy grandes y menos veraz por la interferencia de más fotodiodos en un sensor del mismo espacio.

La cámara se debe juzgar con conocimiento y no por como se ve o nos la quieren hacer ver. Puede ser una Leica descascarada y medio trabada, pero tener un gran lente y con la película correcta permitir, a quien le interese y lo intente, tomar las mejores fotografías de Odessa y su famosa escalera.

2 comentarios

  1. Boris Leonardo Caro

    El conocimiento profundo de las reglas permite, en fotografía como en cualquier arte, romperlas y elevarse a un nivel superior de la creatividad. Ese dominio de las leyes de la luz distinguirá al fotógrafo genial –si posee, además, la sensibilidad para encontrar imágenes extraordinarias– del buen fotógrafo.
    Coincido contigo y para decirlo de otra manera: la cámara no hace al fotógrafo. Lo demás es puro marketing.
    Saludos desde Montreal (una ciudad menos fotogénica que la conmovedora Habana).

  2. Leo

    Vale, pero sin cámara no hay fotógrafo, ¿eh? Un pintor se las arregla, incluso puede fabricar sus pinceles, pero ¿un fotógrafo o cineasta? Definitivamente, hay manifestaciones del arte que dependen intrínsicamente de la tecnología.

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