Vírgenes de fe

Retrato en palabras de la peregrinación de la Virgen de Regla.

Reunión de pueblo con un solo motivo: la fe.

El mes de septiembre cubre su velo de sangre para entregar en La Habana los días 7 y 8 una ofrenda llena de fe a la Virgen de Regla (Yemayá) y a la Virgen de la Caridad (Ochún), ofrendas muestra del gran sincretismo religioso en la identidad del cubano

El día 7 dedicado a la Virgen de Regla el pueblo se viste de blanco y azul y realiza una procesión hasta la iglesia situada en el pueblo de Regla. Los collares de cuentas de mar y las cruces del catolicismo se mezclan mientras la virgen preside la marcha.

La escena que verían sería esclarecedora, delante van los sacerdotes vestidos de blanco repartiendo las bendiciones, más atrás cuatro hombres cargan a la virgen en los hombros y por todos lados el pueblo se reúne para prometer o agradecer a la santa. Unos la alaban con agua bendita otros con los colores de su ropa y los colgantes en su cuello que celebran sus raíces africanas.

En la multitud se distinguen las muñecas que intentan ser réplicas de la virgen, las hay de todos los tipos: de trapo, plásticas, negras, blancas; lo que importa es el color azul del traje.

La gente cierra los ojos y se escuchan los rezos, la fe los reúne en un mismo lugar. Regla siente sobre sus calles el peso de la multitud en pos de adoración y los guía hacia el santuario donde descansará la virgen. La iglesia se llena de gente y la figura ejerce su poder sobre todos los presentes. Después el pueblo se va al mar y allí se ofrecen a él para que los limpie y los salve, para que los llene de sal y arena, para que el poder de creer los haga sentir seguros. Las muñecas entonces son puestas en el agua como ofrecimiento de paz.

Los niños son bañados en las costas como bautizándolos en los dominios de Yemayá, librándolos del “mal de ojo”, asi se conoce en la cultura popular

Las orillas se pueblan nuevamente y la gente mira al mar llena de esperanza y fe y le entrega a ese mar sus sueños, su historia y sus pesares.

El día 8 la historia es otra y el lugar de la procesión también, ahora la Virgen de la Caridad es recibida por las calles de la Habana vieja. El número de personas supera el de Regla y la anchura de las calles permite caminar ampliamente detrás de la ceremonia. A diferencia de Regla ya no solo es la avenida, ahora las azoteas se llenan de gente con cámaras y de curiosos que buscan una mejor vista de la virgen. La gente en esta ocasión viste de amarillo en honor a Ochún y la ciudad parece un campo de girasoles. El motivo de la congregación es el mismo: la fe.

Por doquier se pueden ver las manos con velas que se dirigen a la iglesia para encenderla como ofrenda y rezarle a la santa

En este caso la virgen es especial pues ha sido encontrada en perfecto estado después de haber estado perdida durante años. La imagen de la peregrinación no es igual a la de Regla pues ahora la Virgencita de la Caridad va en una carroza y no en hombros y detrás de ella una banda le regala música de fondo. Sin embargo siguen estando las muñecas y el sincretismo y los collares esta vez color áureo.

La virgencita del cobre, como le llaman algunos, es considerada la patrona de Cuba, no en vano es tan venerada

El que ha tenido el placer de visitar Santiago de Cuba seguro fue directamente al Cobre, cómo no hacerlo si es casi obligatorio, aún para los que no creen. De solo entrar a la iglesia se siente el peso de la fe. Allí bajo el resguardo de la santa descansan las promesas, las peticiones, las ofrendas hechas por personas de todo el mundo; es inevitable detenerse a pensar en la fuerza que puede alcanzar el hecho de creer. Es curioso cómo a pesar de haber sido y ser motivo de conflictos entre pueblos y causa de masacres que quedarán en la memoria de la humanidad también se erige como elemento unificador en pos de la esperanza. Solo la fe logra que religiones tan antagónicas como el catolicismo y la yoruba estén en paz en un mismo lugar, que las cruces y los collares del color que sean coexistan sin detenerse a pensar en las diferencias sino se centren en aquello que las une y que es lo imprescindible.

*Fotos: Alejandro Menéndez Vega

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