Cubanas suben al escenario de la autogestión económica

Al finalizar marzo de 2011, las mujeres representaban 63 por ciento de los ocupados como técnicos y profesionales en la isla.

Jorge Luis Baños - IPS

La actualización del modelo económico impacta de manera diferente a hombres y mujeres.

LA HABANA, ago (IPS) – Beatriz Lemes tardó en decidirse y finalmente aceptó “con mucho temor” hacerse cargo de la jefatura de una empresa que camina hacia la autonomía financiera, sistema que se extiende en Cuba y que, entre otras cosas, pone a prueba las capacidades femeninas.

“El autofinanciamiento puede funcionar, pero hay que cambiar la mentalidad de la gente. Tienen que sentir como propio su trabajo”, explicó Lemes, subdirectora económica de la Estación Territorial de Ingeniería Agrícola de las provincias de Mayabeque y Artemisa, ambas colindantes con La Habana.

Ahora, con “más responsabilidades, exigencias y tensiones”, esta contadora con 30 años de experiencia laboral prevé nuevos retos para su colectivo cuando a comienzos de 2013 su empresa deje de ser presupuestada por el Estado. “Mis trabajadoras están preparadas, pero a nosotras nos resulta más difícil por el peso del hogar”, dijo a IPS.

Las reformas en la economía impactan de manera diferenciada a mujeres y hombres. “Aunque las medidas adoptadas no son discriminatorias por razón de género, no constituyen, necesariamente, oportunidades para las mujeres”, sostienen las investigadoras Dayma Echevarría y Teresa Lara.

Desde hace más de 50 años, las personas en Cuba participan de una economía estatalizada en su mayoría, que el gobierno de Raúl Castro transforma desde 2007. Por ello, se redefinen entre otras las políticas de asistencia social y el rol del Estado, que otrora garantizó pleno empleo y salarios básicos a tenor del rendimiento productivo.

La Oficina Nacional de Estadísticas en Información (ONEI) registró 2.514 centros financiados por el presupuesto estatal en 2010, dentro de las 11.857 entidades económicas del país. La cifra descendió al año siguiente, cuando solo 2.455 de las 10.963 unidades recibían fondos públicos. También se experimenta en varias empresas estatales para dotarlas de mayor autonomía.

Divorciada y con dos hijas ya adultas, Lemes añadió que otra condicionante para aceptar el puesto de subdirectora fue no tener “nadie a su cargo”. “En ocasiones tengo que quedarme fuera del horario laboral y debo exigirle más al colectivo de trabajo. Ahora yo soy responsable si tenemos pérdidas”, explicó esta mujer de 49 años.

Trabajar horas extras y disponer de tiempo ilimitado son comportamientos “costosos para las mujeres, en quienes continúan recayendo los roles de cuidadoras y administradoras del hogar y la familia”, alertaron Echevarría y Lara, en un artículo entregado a IPS sobre el impacto de las reformas en la población femenina.

Sin embargo, las cubanas con un trabajo remunerado ostentan un nivel de instrucción superior al de los hombres, destacaron. Así, al finalizar marzo de 2011, representaban 63 por ciento de los ocupados como técnicos y profesionales. Su elevada formación puede facilitarles el camino hacia una mayor independencia económica.

Aunque imaginó pasar largas jornadas sentada en un laboratorio, la bioquímica Lissy Rosabal, de 26 años, se pone altas botas de goma varios días a la semana para ir al campo. “Mi trabajo implica estar allí para evaluar y controlar experimentos bajo el fuerte clima de Cuba. Sin embargo, tengo mis gratificaciones”, explicó a IPS.

“Las y los campesinos aprenden de mí y obtienen más rendimiento productivo. A la par, yo aprendo de ellos y logro resultados científicos”, amplió esta investigadora del estatal Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas, en Mayabeque.

Para Rosabal, su profesión tiene futuro porque la agricultura es un sector clave en la reforma económica. Una parte de sus ingresos depende de su propio esfuerzo para idear un proyecto de investigación y obtener financiamiento, comentó.

“He tenido que aprender algo de gestión económica. Hacemos desde la concepción científica de un proyecto hasta la elaboración de las facturas para comprar los insumos solicitados”, detalló.

Especialistas del Instituto, que es presupuestado, aplican propuestas de investigación a convocatorias de fondos y becas nacionales e internacionales, que les reportan algo más a su salario. “No he sentido el riesgo del desempleo. Sin embargo, este año ha sido difícil lograr proyectos porque redujeron las convocatorias”, indicó.

Por otra parte, las autoridades traspasan nuevos espacios al sector privado. En 2009, arrendaron las barberías y peluquerías a los trabajadores interesados. La lista de actividades permitidas creció a 178 en 2010, y ya cuentapropistas podrán alquilar pequeños establecimientos de servicios gastronómicos.

Para fin de este año se pretende sumar 240.000 nuevos trabajadores privados en la isla, un rubro de amplia autonomía económica donde los rostros femeninos siguen siendo minoría. Las mujeres representaban solo 12,5 por ciento del universo de 229.205 personas cuentapropistas que había hasta septiembre de 2011, según las últimas cifras segregadas por sexo.

Echevarría y Lara indicaron que “existe un acceso diferenciado a los activos productivos, como tierras, viviendas, y de capital”, en detrimento de las cubanas. Las expertas agregaron que, “al considerar el nivel de instrucción medio y alto alcanzado por las mujeres, puede ser que estas actividades sean poco atractivas para ellas”.

Los oficios permitidos en el emprendimiento privado comprenden actividades básicas y tradicionales como la elaboración y venta de alimentos, manufacturas, transporte de carga y pasajeros, servicios de reparación y mantenimiento de equipos, entre otras, donde priman actividades calificadas por especialistas de “tradicionales masculinas”.

Después de más de una década creando carteras, la talabartera Hilda Zulueta aprovechó la ampliación del pequeño negocio y engrosó la lista de 371.200 personas con iniciativas propias hasta febrero de este año. Su marca Zulu, de bolsos de piel hechos a mano, se expandirá cuando materialice su idea de una boutique-taller.

Con la crisis económica nacida a comienzos de los años 90 y que aún sufre Cuba, esta maestra de matemáticas comenzó a recoger junto a su familia recortes de piel que desechaban la fábrica de calzado de su barrio de Alamar, en La Habana.

Comenzó en 1992 “con lo que tenía en casa y mucha imaginación”, contó a IPS. Poco a poco se hizo de experiencia, “todos los implementos necesarios” y conoció a “un curtidor que hace su trabajo de maravillas”.

“No necesité de un capital inicial, algo que en la actualidad resulta imprescindible, ni abandoné mi labor de docente”, valoró Zulueta, hoy jubilada y con 61 años, quien ve el relevo de su negocio en sus hijas y nietas. (FIN/2012)

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