Demandas a la hora del retiro

El colectivo del CCRD todos los meses dona parte de sus ingresos salariales para el plan de “acompañamiento pastoral” a personas necesitadas.

Jorge Luis Baños - IPS

Mientras más de la mitad de las ancianas viven en compañía de sus hijos o hijas, la relación se invierte en el caso de los hombres

CÁRDENAS, Cuba, sep (IPS) – Isis Ruiz ha visto en hogares de ancianos de Cuba casos que le han quitado el sueño: personas mayores, enfermas, discapacitadas, que viven solas o pasan todo el día sin la presencia de un familiar ni de otra persona cercana, sin recursos ni fuerzas para enfrentar su alimentación o cuidado personal.

Está el hombre que, “mujeriego toda la vida”, enfrenta la vejez “solo en alma”, las parejas con hijos emigrados o excesivamente ocupados, la mujer que fue víctima de la violencia de su esposo al extremo de dejarla sin techo o el viudo incapaz de enfrentar la cotidianidad sin su compañera, de la que “dependía para todo”, entre muchos otros casos, describe Ruiz.

A veces es muy triste, pero también es un trabajo reconfortante, “muy agradecido” y de todos los días. “No importa que esté lloviendo, que sea fin de semana, día feriado o que esté pasando un huracán por la ciudad. Una vez que te comprometes con alguien, es tu responsabilidad y la comida tiene que llegar siempre”, indica a IPS.

Ruiz se encarga del “acompañamiento pastoral” dentro del programa del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) que, con sede en la occidental ciudad de Cárdenas desde hace más de 20 años, propone como filosofía ser “parte de la solución” para no “ser parte del problema”.

Como ella, Maribel de la Caridad Domínguez siente que la experiencia le cambió la vida. “He visto cosas que no pensé ver en la vida. El primer día de trabajo recuerdo que visité cinco casos y de los cinco salí llorando”, dice a IPS esta enfermera que, con anterioridad, trabajó para un policlínico del sistema de salud estatal.

Así, una idea que comenzó por llevar comida a un pequeño grupo necesitado, ahora es todo un sistema que incluye el lavado de la ropa, la atención por una enfermera, la ayuda psicológica y orientaciones higiénicas, además del préstamo de camas, sillones de ruedas y andadores, entre otros artículos muy demandados.

“A las personas que tratamos de ayudar, o por lo menos aliviar, le garantizamos la comida diaria, le lavamos la ropa, se les pela (corta el cabello) y arregla las uñas y, cuando es necesario, las bañamos. También comprendimos que necesitaban a alguien con quien conversar, y para eso estoy yo”, cuenta Ruiz.

Los casos llegan a través de vecinos, líderes comunitarios, organizaciones barriales y autoridades del gobierno o la Seguridad Social que confían en la capacidad probada del CCRD para dar respuesta a esta necesidad de manera eficiente y sistemática. El centro canaliza, además, donaciones de ropas y otros productos.

“Estamos cubriendo unos 120 casos y no podemos satisfacer la demanda”, admite a IPS la coordinadora del programa de “acompañamiento pastoral” de la entidad ecuménica, María Isabel Urquiza.

Frente al alto grado de envejecimiento de la población, al llegar los mayores de 60 años a representar 17,8 por ciento de los 11,2 millones de habitantes del país, el Estado garantizaba en 2010 la atención en hogares de ancianos de 6.429 hombres y 2.405 mujeres, según el Anuario Demográfico que publica la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Cárdenas, ubicada a unos 160 kilómetros de distancia de La Habana y con casi 81.000 habitantes, forma parte de la provincia de Matanzas, un distrito que muestra un grado de envejecimiento de 18,2 por ciento, mayor a la media nacional. Por cada 1.000 personas menores de 14 años, tiene 1.091 de 60 años y más.

“Estamos ante un problema muy grande que no solo afecta a Cuba sino también a otros países. Es una situación que ha progresado junto al envejecimiento de la población y, en la medida en que haya más personas mayores, habrá más personas necesitadas”, alerta a IPS el director ejecutivo del CCRD, Raimundo García.

Convencido de la urgencia de que la mayor cantidad de actores posibles se sumen a este proceso, García considera imprescindible para la isla poner sobre la palestra la asistencia a las personas más pobres y en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica. “Negarlo no sería realista”, enfatiza.

Según la Encuesta Nacional de Envejecimiento Poblacional, realizada por la ONEI entre 2010 y 2011, cuatro de cada 10 personas de 60 años y más pueden vivir entre bien o “un poco apretado” con los ingresos que reciben, en tanto 60 por ciento lo hace con privaciones y carencias.

Mientras más de la mitad de las ancianas viven en compañía de sus hijos o hijas, la relación se invierte en el caso de los hombres. Independientemente del sexo, una parte importante de esta franja etaria tiene problemas de acceso al agua y 57 por ciento vive en inmuebles con “fallas en el techo, filtraciones, grietas, desplomes y hundimiento del piso”.

En estas circunstancias, el director del CCRD se preocupa por la tendencia predominante hoy en el asistencialismo.

“Se ayuda a aquellos proyectos o grupos que pueden ser sustentables, no a personas o grupos que no pueden dar nada” como es el caso de la población mayor en situación precaria, explica.

Este programa se mantiene con donaciones, cada vez más aisladas, por el propio colectivo del CCRD que todos los meses dona parte de sus ingresos salariales para el plan de “acompañamiento pastoral” a personas necesitadas y los alimentos que el propio centro cultiva en una finca en las afueras de Cárdenas. “Hemos estado siempre en un aprieto”, añade el también reverendo de la Iglesia Presbiteriana.

Ruiz, por su parte, está segura de transmitir una sensación compartida por el colectivo: “aquí no puedes venir pensando en lo que vas a ganar. Es un trabajo al que hay que entregar corazón, alma y vida y tiene que hacerse con mucho amor”.

“Al principio yo pensé que no podía y ahora ya es parte de mí”, asegura.(FIN/2012)

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