Encuentro reclama avanzar más en igualdad de derechos de las mujeres

La Agenda de Desarrollo Sostenible 2030, con 17 objetivos, fue aprobada en 2015.

El encuentro analizó los avances, pero también las brechas de género que aún persisten, entre ellas las que tienen que ver con esferas tan avanzadas como las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 4 nov.- Los caminos diversos  y los avances, pero sobre todo los tropiezos, las brechas y los desafíos para el pleno disfrute de los derechos y la igualdad de oportunidades de las mujeres en la Cuba de hoy, fueron analizados en un encuentro sobre las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número cinco.

La iniciativa conjunta de la Editorial de la Mujer, la Asociación Cubana de las Naciones Unidas y el Sistema de las Naciones Unidas en Cuba, en el marco de la Campaña Únete y de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, convocó a mujeres de diferentes sectores y generaciones a compartir sus experiencias de vida y, sobre todo, a reflexionar sobre cuánto más podría alcanzarse en un contexto de transformaciones.

El panel fue el cierre este viernes del Seminario sobre violencia de género y medios de comunicación, realizado durante una semana en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, con el fin de darle a profesionales de la comunicación herramientas que les permitan distinguir desigualdades y manifestaciones de violencia para luego abordar adecuadamente los temas de género en los medios.

Moderado por la periodista y profesora Isabel Moya, directora de la Editorial de la Mujer, contó con la presencia de representantes del sector de la informática, el derecho, el trabajo comunitario, el agropecuario y el universitario.

La Campaña Únete sigue convocando a mujeres y hombres por la equidad de género y el enfrentamiento a la violencia en todas sus expresiones.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Moya destacó que en los Objetivos de Desarrollo Sostenible el número 5 persigue poner fin a todas las formas de discriminación contra las mujeres y niñas,  no solo como un derecho humano básico, sino también como un elemento crucial para acelerar el desarrollo sostenible.

En Cuba, dijo, aunque hay evidentes avances en materia normativa, quedan no pocos rezagos relacionados con la cultura, los prejuicios, la subjetividad, las costumbres y tradiciones, que se enseñan desde los cuentos infantiles y son muy difíciles de modificar.

Las brechas llegan hasta esferas tan avanzadas como las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

Según indicó Aylín Febles, presidenta de la Unión de Informáticos de Cuba (UIC), son muchas menos las muchachas que acceden a la universidad en carreras como telecomunicaciones, automática, electrónica y cibernética y, sin embargo, al final se gradúan más mujeres.

En esas carreras “los prejuicios y las subjetividades llevan a que las mujeres jueguen roles diferentes a los hombres. Es difícil ver en los equipos a mujeres como programadoras, líderes o arquitectas principales de proyectos”, algo que se refleja  también en la informática y las telecomunicaciones.

En ese sentido, debe trabajarse en la formación vocacional, generar aplicaciones que puedan servir para empoderar a las mujeres,  tener en consideración desde cómo los vídeo juegos refuerzan los roles masculinos y femeninos, hasta cómo la familia puede incidir en su uso y  fomentar en las mujeres las habilidades para una mejor utilización   de las nuevas tecnologías.

Rita Pereira, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC), se refirió a la necesidad de proseguir las acciones para eliminar las discriminaciones contra las diferencias, contar en el país con una ley que aborde directamente el tema de la violencia y de continuar sensibilizando a los operadores del derecho.

Pereira hizo particular hincapié en el maltrato infantil como resultado de los prejuicios y estereotipos de cómo deben ser las niñas y los niños sobre quienes no se ajustan a lo considerado “normal”.

Las brechas de género en el campo llevaron a la adopción de una estrategia para trabajar el tema y visibilizar el trabajo de las mujeres en ese sector.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Desde la autenticidad que le da trabajar en barrios y poblaciones social y económicamente vulnerables, habló Leticia Santacruz, quien desde hace más de 20 años desarrolla proyectos que articulan la lucha por la no violencia con la epidemia del VIH/sida.

A su juicio, hace falta continuar sensibilizando a decisores, capacitando a las mujeres, abrirles posibilidades de empleo que les permitan tener autonomía económica, extendiendo las buenas prácticas en la labor comunitaria.

En una competencia entre estudiantes de un Instituto Politécnico Agropecuario no querían dejar a una muchacha competir en ordeño. A duras penas pudo participar y fue la ganadora, relató Aurelia Castellanos, presidenta de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) en La Habana.

Precisamente las brechas de género en el campo llevaron a la adopción de una estrategia para trabajar el tema y visibilizar el trabajo de las mujeres en ese sector, un espacio tradicionalmente masculino.

Según Castellanos, comenzaron con capacitar a directivos, a las mujeres -en horarios convenientes, pues generalmente siguen siendo  las cuidadoras del hogar-, y también a los hombres, de modo que estén preparados para participar y tomar decisiones, como un tema de justicia.

La más joven panelista, Ania Terrero, estudiante de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, reveló desde su experiencia cómo aun hoy los hombres construyen desde la apariencia física los imaginarios de las muchachas y las clasifican en buenas y malas, lo que los lleva a recomendar que “deben ser buenas para encontrar un buen esposo”.

Según dijo, en el contexto universitario, se piensa que Cuba no necesita proponerse avances como los que se platean en el ODS 5 porque todo está hecho, sin embargo, cuando se profundiza se percatan de las brechas, la violencia y los prejuicios que aún deben ser eliminados.

La cineasta Marilyn Solaya, directora de la película Vestida de novia, señaló que el cine es un espacio de poder y de hombres, sobre todo cuando se hacen “películas de gente complicada” como le dicen a su cine.

Desde el auditorio se habló de la pertinencia de desarrollar este tipo de encuentros en otros espacios, entre ellos el Instituto Superior Politécnico y el de Medicina Legal, así como la necesidad de trabajar también con los hombres, incluidos los maltratadores.(2017)

 

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