Inequidad de género resiste puertas adentro

A pesar del proceso de emancipación vivido por las mujeres en Cuba, al interior de los hogares persisten las inequidades.

Jorge Luis Baños - IPS

Las mujeres se emancipan en el espacio público, pero en privado se siguen reproduciendo las inequidades.

LA HABANA, abr (IPS) – Solo basta cruzar el umbral de la puerta principal, darle un vistazo a la cocina, acercarse al dormitorio y correr decididamente las sábanas de la cama. En el ámbito privado existen inequidades entre hombres y mujeres, que las juventudes cubanas afrontan entre la aceptación y la ruptura.

“En la medida en que se acerca la relación a la intimidad, más se desdibuja la igualdad de género”, señala a IPS la directora del Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), Natividad Guerrero. “Ellas siguen estando en desventaja, aunque hay una voluntad estatal y ciudadana al respecto” para revertir esta situación, apunta.

El peso de la casa recae en los miembros femeninos, lamenta Guerrero. En el orbe, las mujeres dedican al menos el doble del tiempo que sus pares en las tareas domésticas, según el informe “Situación de la mujer en el mundo 2010: tendencias y estadísticas”, de la Organización de las Naciones Unidas.

Jefes de hogar por sexo y grupos de edades:

De 15 a 19 años: 7.725  son mujeres y 7.530 son hombres. Ellas representan el 50,6 por ciento
De 20 a 24 años: 28.698 son mujeres y 42.523 son hombres. Ellas representan el 40,3 por ciento
De 25 a 29 años: 77.384 son mujeres y 126.845 son hombres. Ellas representan el 37,9 por ciento

Fuente: Encuesta Nacional de Fecundidad 2009 y Mujeres y Hombres en Cuba 2009. Publicaciones de la Oficina Nacional de Estadística.

Heredera de la emancipación de la mujer dentro la Revolución Cubana, una parte de la juventud actual recibió contradictoriamente de sus padres una educación sexista. La reproducción de roles femeninos y masculinos se constata en muchos escenarios, agrega Ana Isabel Peñate, también investigadora del CESJ.

No obstante, las generaciones más jóvenes perciben como naturales los cambios en los roles de género, cuando se trata de incorporación laboral y estudiantil femenina. Cuando se les pregunta, también reconocen que ellos deben compartir las labores hogareñas.

Ray Denis Matamoros lleva una casa: se desenvuelve en la cocina y sabe cómo planchar y limpiar. Participar en las tareas domésticas forma parte de su rutina desde la adolescencia. Pero, “un hombre no debería permitir nunca que la mujer le falte el respeto y quiera demostrar que eres débil”, sostiene convencido en diálogo con IPS.

A pesar del tono pausado de su voz, este estibador de 26 años tiene un principio inquebrantable: “la mujer que está conmigo tiene que trabajar. Hoy todas pueden hacer lo que quieran”.

En 2009, las cubanas entre 15 y 24 años participaron en 36 por ciento a la economía nacional, según la publicación Mujeres y Hombres en Cuba de la Oficina Nacional de Estadística (ONE).

Al mismo tiempo, el estudio mantiene un rostro femenino. Durante el curso escolar 2009-2010, detalla el mencionado informe, ellas representaron 57,3 por ciento en el preuniversitario, 37,2 del alumnado de la enseñanza técnico-profesional y 61,3 por ciento de la matrícula universitaria.

De hecho, más alumnas que varones alcanzan el título superior en Cuba, tendencia que arrancó en los años 80 y se consolidó en la década pasada, según fuentes especializadas. Al cierre del curso 2008-2009, las mujeres fueron 59,8 por ciento de las graduaciones universitarias del país, indica la ONE.

Sin embargo, ante la crianza de los hijos o el cuidado de las personas ancianas, asumen solas en su mayoría este peso y pagan con el abandono laboral. Hace dos años que Lorena Tápanes se limita a las tareas de su casa. Desde que nació su hijo, esta muchacha de 23 años dejó su empleo como contadora en una zona comercial capitalina.

Tasa de fecundidad por cada mil mujeres por grupos de edades:

Entre 15 y 19 años: 51,3
Entre 20 y 24 años: 107,8
Entre 25 y 29 años: 95,1

Fuente: Encuesta Nacional de Fecundidad 2009 y Mujeres y Hombres en Cuba 2009. Publicaciones de la Oficina Nacional de Estadística.

El tiempo pasa entre las carreras detrás del pequeño y el reducido mundo del vecindario. Ya se desespera por regresar a un trabajo. “Extraño la independencia de contar con mi dinero”, explica la joven. Ella debió quedarse en casa para cuidar al bebé, así la economía familiar se afectaba menos.

Las jóvenes de esta isla caribeña son las hijas de generaciones que lideraron la emancipación femenina en los comienzos del período revolucionario iniciado en 1959. Pero, la crisis económica de los años 90 sumió a la sociedad cubana en la supervivencia del día a día.

Sin llegar a generalizarse, “se está dando un proceso de oposición al modelo que representaron las madres de las actuales jóvenes”, revela la socióloga María Isabel Domínguez, en diálogo con IPS. Ven a sus antecesoras “muy liberadas e independientes, pero al final esclavas de todo y de todos”, añade.

Como rasgo distintivo, Domínguez destaca esta “polarización” entre las chicas cubanas. “Existe un polo de mujeres con niveles educativos más altos y otro con jóvenes que terminaron los estudios medios y no trabajan”, describe. Estas últimas, insiste, tienen la aspiración de “ser una ama de casa, casada con un ‘buen partido’”.

Al contrario, las primeras luchan por tener relaciones sobre bases de igualdad, postergar el inicio de la vida en pareja y por la maternidad, una condición que llegan a cuestionarse en un desafío al valor social asignado al hecho de “ser madre”, destaca la directora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).

Adriana de la Nuez persigue hoy metas similares a las de su madre cuando tenía su edad: ser una persona independiente y activa. Trabaja y a la vez estudia en el Colegio Universitario de San Gerónimo de La Habana. Anhela una pareja junto a la cual desarrollarse: no puede aplastarla, ni ser todo a su alrededor.

“En las relaciones donde he convivido, compartí todo con mi pareja”, recuerda, sobre el reparto de las tareas domésticas. Sus experiencias transcurrieron cuando ambos estudiaban. Podría ser muy diferente cuando uno o los dos trabajen y lleven un salario a la casa, analiza.

Con costos para la estabilidad familiar, “el cambio cultural acelerado e intenso” de la mujer cubana carece del acompañamiento masculino. “El hombre ha tenido que admitir que el proceso ha sido un mal necesario”, profundiza Domínguez.

“No le queda más remedio que aceptar los espacios perdidos, pero no los cede voluntariamente”, dice. (FIN/2011)

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