Teoría queer, un tema complejo que desentrañan activistas cubanos

Panelistas invitados por un espacio de debate explicaron esa teoría, que a su juicio es poco atendida por la academia y los medios de comunicación locales.

El entendimiento de la teoría queer demanda conocer del sistema sexo-género, incluida la diversidad sexual. En la imagen, activistas de la comunidad LGBTIQ participan en La Conga de la diversidad, marcha que formó parte de las actividades de la pasada XI Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 13 jul.- Por ser controversial y liberadora, subversiva y política, la teoría queer centró la última edición del foro que organiza el no gubernamental Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), donde se profundizó acerca de sus orígenes, posibilidades y limitaciones.

El panel titulado “Queer-logando entre voces”, que se realizó la víspera en la sede del centro de inspiración cristiana, estuvo integrado por el médico y activista Alberto Roque y la teóloga de OAR Daylíns Rufín.

Surgida en Estados Unidos a finales de la década de los 80 e inicios de 90 del pasado siglo, explicó Roque, esta teoría invierte la jerarquía subordinada del género en relación con el sexo, desnaturaliza al género y propone una construcción fluida y flexible del género, sin connotaciones clínicas.

A su vez, consideró que el entendimiento de esta concepción demanda conocer del sistema sexo-género, incluida la diversidad sexual.

Estos postulados apuntan a subvertir lo identitario, visto solo como un camino, para llevar al entendimiento de que las personas son catalogadas, precisamente, debido a la estructuración binaria de la sociedad, cuando existen grupos humanos que no encajan en esas clasificaciones impuestas y no pueden ser normalizadas.

La teoría queer cuestiona la heteronormatividad, de matriz heterosexual, el conjunto de prácticas culturales, legales e institucionales, que mantienen el enfoque normativo de la existencia de dos géneros en correspondencia con el sexo biológico, y que la atracción sexual entre estos géneros es lo natural o lo socialmente aceptable.

Según Roque, esta teoría apunta a tener una perspectiva no binaria del género y reconocer a todas las identidades trans, así como a comprender y aprobar desde las prácticas sexuales no monogámicas responsables y consensuadas hasta la abstinencia sexual completa.

“Se trata de mirar más allá de la atracción homosexual y de derribar todos los tabúes, y

tener ideas no convencionales sobre el sexo, el género, el amor y el parentesco, que no buscan aceptación o asimilación por la mayoría”, enfatizó el médico activista.

“Ser queer”, dijo, “es entender un rango de poder y sensaciones sobre la amplia diversidad de las dinámicas sexuales, que incluyen tanto a personas activos/pasivos/versátiles, sádicas/masoquistas/sadomasoquistas, entre muchas otras”.

Para Roque, significa también aceptar un rango amplio de parentescos con diferentes personas, en ocasiones al mismo tiempo y sin expectativas de que necesariamente serán para toda la vida (amantes, parejas, amigos con beneficios, amantes platónicos y familias por elección).

Aterrizaje de la teoría

A juicio del estudioso, en Cuba, al igual que en el movimiento internacional, esta teoría tiene un sesgo y fracasos por dividir en identidades y encasillar a los seres humanos.

“La sociedad y la academia están tan estructurados desde lo binario que debe plantearse este tópico desde una posición propositiva”, argumentó, sobre la incapacidad de fraguar del movimiento queer en el mundo, pese a haber creado un marco teórico interesante.

Roque llamó la atención sobre el hecho de que las marchas por el orgullo gay hoy se mercantilizan, lo que socaba su fuerza política.

“Lo queer critica que determinado sujeto tenga que pasar por un proceso de reasignación sexual para tener reconocimiento jurídico, porque eso es un concepto binario”, enfatizó.

En la teología

Rufín reflexionó sobre la teoría queer desde el punto de vista de la teología, con base en criterios que la estudiosa argentina Marcella Althaus-Reid (1952-2009) expuso en el libro “Teología indecente, perversiones teológicas en el sexo, género y la política” (2000).

Según explicó, el patriarcalismo es una monocultura, indica una única forma de ser hombre y mujer, un sujeto genérico básico por sobre los demás, una única manera de vivir la sexualidad y formarse como familia.

“Los diversos saberes y conocimientos, la forma de aprender y conocer también están influidos por lo patriarcal y androcéntrico (…), y por eso ha intentado mirar al mundo, la sociedad y sus contexto específicos de forma única.

“Ahí se da un primer elemento de ruptura a nivel del discurso teológico de la teoría queer, que intenta mirar la humanidad que somos de forma única, en su variedad”, dijo.

Al respecto, Rufín se refirió a la necesidad de salir de lo que definió como “closet epistemológico, ese lugar cerrado al que nos han confinado”, pues como “hemos aprendido, sobre todo, una sola manera de pensar, y nos cuesta trabajo salir de ese espacio cerrado”.

En el intercambio que sucedió al foro, participantes consideraron que este tema, dada su complejidad y el desconocimiento generalizado en la sociedad, debe regresar a otra edición del espacio de debate para intentar llamar la atención de la academia y los medios de comunicación. (2018)

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.