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Miércoles, 23 de Julio de 2014
A Debate
Preguntas y Respuestas
Agricultura : historias sobre el regreso a la tierra
Miércoles, 23 de Julio de 2014

1.

¿Por qué decidió dejar la vida en la ciudad y dedicarse a cultivar la tierra?


Fernando Funes-Monzote :

Después de muchos años dedicado a investigar, estudiar y promover la agroecología desde el ámbito científico y académico, sentía la necesidad de hacerlo en la práctica. La agroecología, como el compromiso con el campo en general, requiere una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Pero era algo que ya hacía tiempo tenía en mente. Desde que era muy joven, e incluso cuando aún no había comenzado a estudiar agronomía, hace más de 20 años, ya tenía el sueño de tener una finca y dedicarme a cultivar la tierra. En realidad no he dejado completamente la vida urbana, lo que hago es alternar mi tiempo entre la ciudad (30%) y el campo (70%).

 

Creo que tenemos la necesidad y el compromiso de reconectar la ciudad con el campo. Hay muchas cosas buenas en cada ambiente que se han perdido en ambas direcciones. Existe una gran añoranza por lo bueno de la ciudad y del campo, tanto por parte de "urbanitas" como de campesinos que han perdido su identidad y que viven en un ambiente hostil, que en vez de adaptarse a los equilibrios y la lógica de la naturaleza, luchan constantemente contra ellos.

Cultivar la tierra es más que producir alimentos; es vivir en armonía con los recursos naturales, moldear la naturaleza próxima e interactuar con los componentes vivientes que garantizan el futuro. Necesitamos hallar las claves y empeñarnos en que la gente vea el campo de otra manera, que se motive, que encuentre prosperidad en la tierra y en la agricultura. Inexorablemente, esa búsqueda debe llegar a través de la vivencia propia y la práctica, rompiendo barreras, muros altos que la sociedad en todo el mundo construyó para que sigamos, tanto allá como aquí, desconectados y esperando que hagan algo por nosotros.

2.

¿Cómo vieron esa decisión su familia y otras personas cercanas a usted?


Fernando Funes-Monzote :

Mi familia sabía que, más tarde o más temprano, tomaríamos esta decisión. Ya habíamos hablado mucho sobre el tema y solo era cuestión de tiempo y de que se dieran las condiciones propicias para hacerlo. Fue un trabajo de convencimiento y de persuasión, pero poco a poco me fueron entendiendo mejor, sobre todo mi esposa Claudia, que siempre ha estado ahí, firme para hacer su gran parte, desde antes de iniciar el proyecto hasta hoy. Mis hijos Diego y Fabio --a veces con sus altas y bajas--, también han asumido nuestro proyecto familiar como suyos. Creo que a ellos les encanta ir los fines de semana a jugar fútbol, pero también a trabajar y ayudar en lo que haga falta. A veces prefieren quedarse en la ciudad para encontrarse con sus amigos de la escuela. Mi padre y mi suegro nos han apoyado y siempre están pendientes, en lo que pueden ayudar.

Nuestra vida ha cambiado mucho, como dice Claudia al reflexionar sobre esta etapa.

emos tenido que sacrificar mucho del tiempo que antes dejábamos para el descanso y redoblar las fuerzas para emprender este camino. No ha sido fácil para nadie; dar el paso y mantenerlo ha implicado una gran cuota de resistencia. Recuerdo que justo antes de iniciar este camino me presenté con mi amigo Joaquín Balbuena a correr la media maratón de Marahabana (actividad para deportistas y aficionados que se realiza cada año en la capital cubana). Fue una prueba de resistencia, a la vez que un acto simbólico de lo que venía en los próximos años. En el año y medio que llevamos adelante el proyecto, han surgido no pocos conflictos, incertidumbres y riesgos enormes desde el punto de vista personal, profesional, financiero y hasta ahora los hemos vencido todos. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer.

3.

¿Cómo fueron los inicios para echar a andar su finca? ¿Qué estrategia se trazó para contar con los recursos y la asistencia técnica necesaria para la arrancada?


Fernando Funes-Monzote :

Llegamos a un escenario hostil y lleno de limitaciones. Primero intentamos crear condiciones mínimas de infraestructura, nos volcamos a hacer los cercados (sembramos más de 3.000 postes vivos); cavamos un pozo de 14 metros en la piedra con la ayuda inestimable de Machadito, un hombre de 75 años que ha sido durante décadas el pocero de la zona y dice que seguirá trabajando con nosotros "hasta la muerte". Comenzamos a luchar contra el aroma y el marabú, como se sabe, dos plantas espinosas y muy difíciles de controlar, que constituyen plagas que inundan los campos cubanos. Limpiamos las áreas de arboledas y desmontamos las maniguas que impedían incluso el paso a la mayor parte de la finca. Comenzamos a sembrar algunos cultivos de ciclo corto, como maíz, frijoles, boniato, tomates; también sembramos un campo de plátanos de seis variedades, café; plantamos un área de forrajes y otra de caña para que las cuatro vacas que compramos tuvieran un suplemento en la seca además del pasto.

Los recursos con que hemos contado han sido nuestros propios ahorros, los ingresos que por diversas vías hemos logrado y préstamos de mi padre y mi suegro. Hemos arriesgado todo y lo hemos hecho con la esperanza y la certeza de lo que Martí (José Martí, Héroe Nacional de Cuba) decía: "la agricultura es la única fuente constante, cierta y enteramente pura de riqueza", pero sin dudas hay que trabajar y duro para encontrar ese tesoro que no se refiere solo al dinero.

Sobre la asistencia técnica, no tengo mucho que decir. A donde estamos no llegan los sistemas de extensión agropecuaria, ni llegan los resultados científicos de los institutos de investigación. Afortunadamente, estudié agronomía, hice una maestría en agricultura ecológica y un doctorado en ecología de la producción y conservación de los recursos. La experiencia teórica que logré acumular durante estos más de 20 años tiene encuentros y desencuentros diarios con la práctica, lo que me hace un mejor profesional. Sin embargo, algunos creen que es un desperdicio que, después de estudiar tanto, me dedique a cultivar la tierra, como si fuera cosa de brutos. Hoy entiendo mejor la agricultura cubana y estoy en mejores condiciones que antes para ejercer mi función social de promover lo que estudié.

Además, estoy más convencido que nunca de que la agroecología y la agricultura familiar son el futuro de una agricultura armónica, productiva y sana para el ambiente y las personas. Ningún sistema de extensión ni institución científica podría lograr interpretar la complejidad de la vida en el campo; por eso los científicos y técnicos de la agricultura deben estar cada vez más en interacción plena con el manejo de los recursos naturales, produciendo y viviendo en el campo.

4.

¿En cuáles aspectos mejoró su vida con ese cambio y en cuáles empeoró?


Fernando Funes-Monzote :

Mi vida es un torbellino de cosas que pasan y a veces ni me dejan un minuto para reflexionar. A veces hago las cosas por impulso y me dejo llevar por la intuición. Hacer una vida profesional, a la par de ser campesino, lleva un sacrificio extra en horas quitadas al sueño y al descanso. Y sobre todo quitadas a disfrutar de la vida tranquila en familia.

an sido tiempos de poco descanso y mucha demanda física e intelectual. Los primeros tiempos perdí casi 30 libras de peso (14 kilógramos) y muchos de los que me conocen de antes me dicen que me he deteriorado, que estoy quemado por el sol y que me cuide. Aunque sí me veo más delgado y me doy cuenta de que voy dejando asuntos pendientes por resolver en varios órdenes, estoy convencido de que todos los inicios son así, requieren de mucha energía y dedicación para sentar bases, para impulsar la idea y para fabricar las estructuras del edificio. Hoy ya podemos ver los primeros resultados y quienes vieron el inicio del proyecto y comparan se asombran por lo que hemos logrado en tan poco tiempo. Es el trabajo, "mi sangre", como me dice Machadito, que todo lo puede.

No es un proyecto temporal de vida, ni es un embullo o un pensamiento idílico. Es algo que todavía no tenemos bien construido, pero lo estamos creando; queremos hacer del campo nuestro sentido de vida, es una apuesta de nosotros y de quienes nos acompañan en este camino para lograr la prosperidad constante de nuestras familias a partir de la tierra.

5.

¿Qué le parece la vida social actual del campo cubano?


Fernando Funes-Monzote :

Mi experiencia de muchos años recorriendo el campo cubano me dice que la vida social es pobre, llena de limitaciones, de carencias. El campesino está confinado en el monte y perdido en la espesura de los campos. Los pueblos rurales tienen poca vida y los salarios de los agricultores no les alcanzan para cubrir sus necesidades primarias. El alcohol es uno de los refugios principales de los trabajadores del campo y no pocos problemas sociales como la violencia familiar, la ineficiencia en el trabajo, el desorden y la desidia en áreas rurales, tienen sus raíces en estos conflictos que roen nuestros campos. Nunca me hice estas preguntas ni tuve estas certezas hasta que lo viví.

Hay que hacer mucho por el campo. Todo lo que hagamos es poco para revertir una situación que ya ha marcado profundamente el modo de vida de nuestros hombres y mujeres de campo. Promover la agricultura familiar firmemente, invertir todos los recursos posibles, destinar cada vez más fondos para modernizar el campo, ofrecer oportunidades para hombres y mujeres, jóvenes y menos jóvenes en el campo es una deuda grande que tiene el gobierno, que pensó que las máquinas suplirían la sabiduría campesina y que podía hacerse agricultura sin agricultores.

6.

¿Cuánto cambió su visión sobre la vida campesina cubana actual después de dar ese paso?


Fernando Funes-Monzote :

Soy el mismo, pero desde adentro me viene naciendo una conciencia nueva, un espíritu que me hace entender y percibir las relaciones sociales, económicas, ecológicas y tecnológicas de otra manera. Ya he entendido claramente que no es una tecnología la que va a hacernos avanzar en el campo, no es una variedad surgida en un laboratorio o una solución "mágica" de un investigador lo que hará que demos el salto que necesitamos.

Hay que contar con el campesino, darle las riendas del futuro y la necesaria confianza para que, con la simiente de nuestros antepasados y las tradiciones acumuladas, con el acervo que se construye día a día sobre la base de la prueba y el error de miles y miles de campesinos, aspirar a una agricultura productiva, sana y sustentable para nuestra generación y las futuras generaciones de cubanos.