IPS Inter Press Service en Cuba

Viernes, 27 de Marzo de 2015
A Debate
Preguntas y Respuestas
Cuba: Conocimiento de derechos ciudadanos
Sábado, 28 de Marzo de 2015

1.

¿Conoce la mayoría de la población cubana sus derechos y deberes ciudadanos a fondo? ¿Por qué y qué implicaciones tiene esta situación?


Milena Recio:

A la pregunta de si conoce la mayoría de la población cubana sus derechos y deberes ciudadanos a fondo, mi respuesta es: No. Ni a fondo, ni en la superficie, diría yo. Las personas conocen las prohibiciones: no se puede matar vacas, no se puede conducir sin cinturón de seguridad, vas a prisión si matas a alguien, podrías ir si estafas a tu empresa... Y también conoce algunos derechos. Pero esa cartografía jurídica no se basa en el conocimiento profundo de las leyes. Ni su nomenclatura, ni sus alcances, ni la relación entre ellas, ni la relación entre ellas y la Constitución. Tendríamos que recordar que, durante muchos años, algunas leyes percibidas como fundamentales por la ciudadanía no fueron actualizadas, e incluso algunas perdieron sintonía con la realidad. Quizás el caso más reconocido por la mayoría fue la Ley de la Vivienda. Otros temas, también perentorios y de impacto social han ido "resolviéndose" (así fue, básicamente, desde la pasada década del noventa) mediante Decretos-Leyes cuya instancia de aprobación no es el plenario de la Asamblea Nacional.


Otra de las particularidades del grado de implicación ciudadana con sus leyes es que, salvo excepciones, las normas en Cuba con categoría de Ley no se debaten demasiado en el Parlamento, de forma pública. Los parlamentarios juran que lo hacen en sesiones cerradas y por comisiones, y que en esas discusiones se pone en juego, plenamente, la representación del soberano, pero lo escueto y poco visible de estos debates, la unanimidad en su aprobación y también algunos resultados puntuales bastante cuestionables hacen sentir distancia entre la acción legislativa y la práctica ciudadana. Todo eso y un poco más hace que el ámbito jurídico cubano no sea, para el común de la gente, un marco referencial que afecte cotidianamente su vida. Un caso importante de desconocimiento es el de la propia Constitución. En ella se plantea, en términos de doctrina, la comprensión sobre las cuestiones generales del Estado cubano, y los derechos y deberes de la ciudadanía.

La Constitución Cubana, como todas, es un documento de larga vida; quiero decir que no suele modificarse continuamente. La nuestra data de 1976, con una modificación parcial en 1992, pero con prácticamente 40 años de existencia. Ese documento debería ser un referente fundamental en la formación del individuo como ciudadano. Pero no es así. En el currículum escolar se menciona y se estudia parcialmente una parte de su articulado en la enseñanza básica, pero eso no asegura su conocimiento profundo y, sobre todo, la comprensión de su espíritu. Esto debería ser ABC cotidiano de la ciudadanía. Pero eso no ocurre. Nuestra Constitución está viviendo hoy un momento de renacimiento como expresión de consensos que están siendo revisitados y reevaluados para ser, probablemente, modificados. Sin embargo, durante décadas fue completamente olvidada en el quehacer cotidiano. No había referencia a la Constitución en el discurso político; salvo los juristas, nadie la esgrimía como referente. No se apelaba a ella.

Creo que la Constitución no era un documento vivo capaz de trascender en la vida cotidiana; pero quizás eso no se debió a sus posibles defectos, sino a la forma en que se erigió en Cuba la práctica política en la que el conflicto se minimizó, el consenso se sobreentendía y las diferencias se escurrían bajo el predominio de puntos de vista unilaterales y que, supuestamente, se fundamentaban en la unidad. Tampoco, por esa misma razón, la Constitución se invocaba (todavía es bastante así) en el discurso de los medios de comunicación, que es por supuesto una vía fundamental para darla a conocer y convertirla en marco referencial de la ciudadanía. Yo llegué a los treinta y tantos años sin haberla consultado apenas. Hoy por hoy, teniendo la profesión que tengo, confieso que no la he estudiado a fondo. Dudo que haya muchas personas que lo hagan, fuera del marco específico del Derecho.

No conocemos la Constitución porque en Cuba se dio un caso notable de cesión de responsabilidad. El entusiasmo revolucionario, el apego a las ideas de la Revolución y a las formas en que la Revolución como proceso político operaba fundamentalmente a partir del liderazgo de Fidel Castro, propiciaron una importante cesión de responsabilidad de dirección y administrativa en la entidad de representación que es el Estado cubano.

Parecía que ocurría lo contrario, en el sentido de que la Revolución dispuso los mecanismos para que la ciudadanía y el pueblo tuvieran más acceso, más posibilidades y capacidad de decisión y, en muchos sentidos, por supuesto que los tuvieron. Pero también en el sentido de la administración de las riquezas y la planificación, el de la articulación de las políticas y la política exterior, por ejemplo, el Estado y su burocracia se convirtieron, paulatinamente, en los actores principales y casi únicos.

Recuerdo que, cuando visité Venezuela por primera vez, en 2004, me impresionó encontrar a los "buhoneros", lo que nosotros llamamos "merolicos" o vendedores de calle, que montaban una tela en cualquier esquina y junto con los más diversos artículos vendía ediciones de bolsillo de la Constitución venezolana y muchísimas de las nuevas leyes que el gobierno del presidente Hugo Chávez había promovido. Y esa venta se realizaba. O sea, había demanda real, en una población que, al menos entre los grupos más pobres, no tiene hábito de lectura ni se había interesado antes con tanta fruición por el estudio de sus derechos y deberes jurídicos

2.

¿Qué garantías ofrece la Constitución cubana a su ciudadanía en términos de igualdad, derechos humanos y participación social?


Milena Recio:

Nuestra Constitución está avocada a una renovación, entre otras cosas, porque debería ocurrir un replanteamiento del deber ser (el marco de posibilidades) de la práctica política.

No hablo aquí de una discusión sobre el papel rector del partido único, el Partido Comunista de Cuba, que sería harina de otro costal. Hablo, por ejemplo, del perfeccionamiento de las funciones parlamentarias, del propio sistema electoral, de las funciones y formas que deberían de adoptar los órganos locales del Poder Popular ante las nuevas circunstancias económicas, en función de fortalecer el poder local, municipal, por encima de instancias superiores tradicionalmente más poderosas, desde un esquema de máxima centralización... eso, entre otras cosas. Por lo tanto, no dudo y espero que en el corto plazo, y para poder seguir avanzando en el reordenamiento del país, encaremos (hablo en plural porque creo que deberíamos participar todos) una modificación profunda de la Constitución para poder obtener un diseño de país más adecuado a las necesidades y condiciones que percibimos ahora como más urgentes.


A los derechos ya conquistados habría que agregarles otros que la sociedad cubana está reconociendo cada vez más, como ciertos derechos (desde una visión mejorada y más compleja) relacionados con el estatus social de la mujer; o en cuanto a la diversidad de orientación sexual; o ciertos derechos de los ancianos que hoy constituyen cerca del 20 por ciento de la población cubana; o ciertos derechos de la infancia y la juventud que rebasan o complejizan los derechos básicos a un hábitat digno, educación y salud. Todo el ámbito del derecho ciudadano en Cuba necesita más de una remodelación. En general, por ejemplo, el concepto de derechos humanos creo que ni siquiera está expresado abiertamente en la Constitución, porque está diluido en otros elementos presentes; al mismo tiempo que otros están omitidos y deberían ser parte de la Constitución y de las Leyes. Yo, por ejemplo, estoy deseando con ansiedad ver aparecer, entre otras, una ley de telecomunicaciones, una ley de prensa, una ley de comunicación...

Hay otras nociones que deben ser revisitadas, como los elementos de derecho laboral y derecho económico, incluidos los derechos de propiedad y la soberanía sobre esta. En 1976, cuando se redactó nuestra Constitución Cuba, no tenía la migración numerosa de hoy, cuando más de dos millones de personas viven en la diáspora. Entonces ese no era un problema de la nación cubana, pero hoy es un tema importante. ¿Cómo manejar de manera más justiciera y soberana la noción de ciudadanía, por ejemplo? ¿Podrían llegar a tener derechos políticos en Cuba personas que no vivan aquí? No sería una novedad.
En 1992 se realizó una reforma que incluyó dos o tres aspectos de mucha importancia, uno de ellos fue la modificación de los órganos de base del Poder Popular, y la otra la inversión extranjera, articulada después con la ley 77 de 1995. Estos dos elementos correspondían a un momento de reforma en Cuba que fue circunstancial, atenida a una situación de crisis, pero que, al mismo tiempo, respondía a una tradición de demanda que había estado haciendo la sociedad cubana.

Hoy la sociedad cubana vive un momento de "actualización" de su modelo económico, aparentemente más complejo y abarcador, que va a darle, necesariamente, nuevo rumbo a muchos más elementos de los que entonces se estaban enfocando.

Yo quisiera, en todo caso, si fuera a haber en Cuba una modificación constitucional de envergadura, que esta fuera el resultado de deliberaciones amplias y fuera refrendada por el voto popular universal. Los cambios que hay que introducir en la Constitución son suficientemente importantes y abarcadores como para pedir una consulta de ese tipo. Lo que no debería ocurrir es que el marco de las transformaciones jurídicas no sea la Constitución porque esta tiene que ser una sombrilla lo suficientemente amplia para dar cabida a lo que hagamos hoy y mañana. Lo contrario sería una debilidad insoportable del estado de derecho en Cuba.

3.

¿Considera suficientes los actuales espacios de participación social en Cuba? ¿Por qué?


Milena Recio:

La participación política está bastante delimitada por la participación económica, en primer lugar. El macrosujeto Estado también se convirtió en el macrosujeto económico, con una burocracia que lo amparaba y dedicado a amortiguar todos los conflictos frente a sujetos que no tenían ni la misma importancia, ni la misma capacidad de participación en la vida económica del país.


En la utopía socialista lo que debió haber ocurrido era una socialización del trabajo y una socialización de la propiedad, y una socialización de la riqueza, pero lo que ocurrió en la práctica cubana es una insatisfacción de los procesos del trabajo, donde este macro sujeto preponderó y convirtió al trabajador en un trabajador subsumido entre unas lógicas cuya pauta la determina el empleador. Siendo así, la participación política se enrarece mucho, porque siempre tienes delante a este factor de fuerza que limita la posibilidad de la expresión política, de la discusión política, etc.

Lo que debería ocurrir en Cuba, y forma parte del saneamiento político y de nuestro proceso económico, es que se diversifiquen los actores económicos, lo cual debe traer como consecuencia una distribución un poco mejorada de las relaciones de poder entre los diversos factores, donde haya más posibilidades de rendir cuenta, de pedir cuenta, de establecer contratos que deben ser, por supuesto, respetados, donde los marcos legales deben participar de manera más definida, clara y eficiente en la dinámica social.

 

4.

¿Qué instrumentos y mecanismos permiten a la ciudadanía cubana defender esos derechos? ¿Los considera suficientes y/o efectivos? ¿Por qué?


Rolando Almirante:

La implementación o visibilización de las estructuras jurídicas que de alguna forma representan o defienden a ese ciudadano no están tan visibles. Para el cubano de hoy, un abogado es alguien que resuelve un pleito por una casa o una herencia, pero no creo que esté a nivel de proyección social. Visibilizar esa estructura haría mucho bien, sin intención de burocratizarla o maquinizarla, como ocurres en otros países, que nadie da un paso si no ve un abogado. Nosotros, los cubanos, somos seres de una libertad interior muy fuerte y también tenemos que hacer uso de lo que nuestra tierra e idiosincrasia nos han dado.


Pero la visibilización de estas estructuras se impone y la interacción del ciudadano con el uso de herramientas, también. Para ello hace falta una cultura ciudadana en la cual estén, dentro de las políticas divulgativas de las estructuras sociales, el afán, el interés, la necesidad de que ese ciudadano tenga más contacto con las facultades constitucionales que tiene.

5.

¿Qué rol debe desempeñar la sociedad civil en un proyecto social como el cubano?


Milena Recio:

Partamos de considerar que la sociedad civil es la sociedad, no son solo las organizaciones. La sociedad civil es todo el tejido social que ocupa una posición frente al Estado, que se diferencia del Estado pero no necesariamente está enfrentada al Estado en el sentido de que su función sea la de socavar a aquel. Puede haber entre ellos relaciones de colaboración, de asociación, de mutua vigilancia, de rendición de cuentas, etc.
¿Qué papel tiene la sociedad civil? Todos los papeles posibles. Se articula desde las organizaciones y el asociativismo. Hoy Cuba tiene una sociedad civil en parte muy debilitada por muchos de los factores que hemos venido diciendo y que van desde la hipercentralización de las funciones económicas y políticas hasta las dificultades prácticas para el fortalecimiento del asociativismo.



Venimos de una tradición en la cual los factores de la distribución democrática del poder han estado muy debilitados en unos casos, y en otros muy desarrollados, como en los accesos a seguridades esenciales: a la salud, la educación, recreación, a la cultura, etc.

Luego ha habido otros aspectos y posibilidades, dentro de ese propio marco de desarrollo democrático, que, sencillamente, se pasaron a un tercer, cuarto, quinto plano. Uno de ellos fue el asociativismo, que permite establecer el tejido social y tener mecanismos para articular los tipos de relación entre el Estado y la sociedad. Este asociativismo no se propició.

Ha tenido como consecuencia que el Estado se hizo juez y parte. Esa es una de las razones más importantes de las contradicciones que vive este país. El Estado es el garante del orden público, pero, al mismo tiempo, es el represor. Pongamos el ejemplo: el Estado es el garante constitucional de la educación laica universal y es quien único la ofrece y, por lo tanto, quien corre con todas sus debilidades, su crisis actual, etc. No puede ser de ninguna manera cuestionado por sí mismo.

La sobre presencia del Estado provoca este tipo de contradicción y, si a eso le pones frente un débil asociativismo, encuentras una sociedad que está en muchos sentidos limitada de la posibilidad de formas de dinámicas democráticas.

En el ambiente de las reformas económicas cubanas debería promocionarse la diversidad de actores económicos, no solo en cuanto a su relación con la propiedad sino, en otro sentido, en esferas de actividad económica diversas. Podríamos estar hablando de una resucitación de una mejoría de las condiciones para que este diálogo entre el Estado y la sociedad civil se dé en unos marcos democráticos más amplios, donde pueda haber un diálogo en igualdad de condiciones que mejore la capacidad de la sociedad para dar estas respuestas.

Debe ser un proceso de saneamiento de esa relación, lo cual no significa una disminución del poder del Estado, sino la diversificación del ejercicio de ese poder y una mayor eficiencia en la gestión, no solo administrativa, sino también política. Creo que el Estado cubano debería ser cada día más fuerte, y eso se traduce, por ejemplo, en que cuente con una base empresarial más eficiente que garantice ingresos suficientes para poder redistribuir de manera justa esa riqueza, a través de la sociedad. La debilidad principal del Estado cubano hoy es la precariedad de nuestra economía que, en el futuro, para mí, deberá seguir teniendo un mayoritario componente estatal. Yo deseo que Cuba tenga un Estado muy poderoso, capaz de representar la soberanía ciudadana de la mejor manera posible, todo el tiempo.

6.

¿Cuáles son sus propuestas para difundir y hacer valer los derechos ciudadanos en Cuba en el contexto de transformaciones que experimenta el país?


Milena Recio:

Hay muchas maneras de hacerlo. En primer lugar, la escuela - en todos los niveles - porque es insólito que un estudiante universitario no conozca las leyes principales de Cuba. En segundo lugar, la prensa, que tampoco las conoce y debería de articular sus discursos estableciendo todo el tiempo la base jurídica de derecho de todos los fenómenos de la vida cubana. Hay muchísima educación e información que ofrecer. La ampliación del asociativismo incluiría el tema jurídico para esclarecer más a la ciudadanía el marco de su derecho.