IPS Inter Press Service en Cuba

Lunes, 22 de Diciembre de 2014
Yo blogueo
Microcrónicas: el arte de la brevedad
Yuris Nórido Yuris Nórido Cortesía de Yuris Nórido
Entrevista exclusiva de IPS Cuba a Yuris Nórido, autor del blog cubano Microcrónicas.

Yuris Nórido es uno de los más notables cronistas cubanos contemporáneos, pero pocos parecen saberlo. No resulta raro. En Cuba cuesta trabajo conocer las mejores cosas y el carácter de Nórido, digamos, no es un carácter que ayude. Sin alardes, enemigo de las trifulcas insulsas, de las polémicas estériles, más bien apartado de los reflectores o del cualquier rol prefigurado, Nórido es un periodista prolífico y aún así, en el peor de los casos, correcto. En suma: respecto a su labor, podemos acuñar aquel viejo axioma: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

¿Qué chispazo hace que abras Microcrónicas?

No es muy romántica la historia. El director del portal digital donde trabajo (www.cubasi.cu) me lo sugirió. Me dijo: “podrías hacer un blog para que publiques tus crónicas, tus fotos”. Le dije: “Pero escribiré lo que quiera, lo que se me ocurra”. Me respondió: “De eso se trata”. Me quedé dándole vuelta al asunto, sin decidirme. Hasta que un día escribí un pequeño texto, a partir de una foto que le hice a una estudiante de ballet. No sabía muy bien dónde publicarlo. Entonces pensé que aquello muy bien podría ser mi primer post. En una noche lo armé todo. Desde el primer momento sabía muy bien qué quería. Cuando lo vi online, me sentí muy satisfecho. Sabía que no iba a ser solo un embullo pasajero.

¿Por qué Microcrónicas? O sea, ¿a qué se debe la brevedad? ¿Al Internet? ¿Al género? ¿A la voluntad de tu estilo?

Me seduce decir mucho en poco espacio. Mi profesora de redacción en la universidad repetía una y otra vez: “saber escribir es saber tachar”. Los pequeños textos de Galeano o Monterroso —inmensos en sus implicaciones— me decían más que tratados completos sobre el mismo tema. Y tenían además la ventaja de que te dejaban tiempo para leer otras cosas. No significa, claro, que esté en contra de los textos largos y prolijos. Leí El Quijote con 15 años y pocas veces en mi vida he disfrutado tanto un libro. Pero yo no soy Cervantes, ni siquiera aspiro a ser un escritor medianamente reconocido. Yo escribo porque es una de las pocas cosas que puedo hacer con cierta dignidad. Y porque a veces tengo una franca necesidad de hacerlo. Así que no quiero castigar a nadie con largas parrafadas. Escribo corto; si gusta, dejaré a la gente con ganas de seguir leyéndome; si no gusta, me olvidarán pronto. Y todos en paz. Por supuesto, hay otras razones. Vivimos corriendo, saltando de un lado para otro… Pensé que si escribía pequeños textos pudiera atraer a más lectores. Y por último, y no menos importante: también sucede que soy un poco vago. Y tengo mucho trabajo, hay que ganarse los frijoles. No es que tenga todo el tiempo del mundo para escribir mi blog. Ojalá me pagaran por hacerlo, siempre y cuando no me trazaran una “política editorial”. Pero creo que ni así escribiría textos más largos…

En muchas ocasiones, por no decir siempre, hay en los post un marcado tono poético, entendido lo poético como lo lírico. ¿Puede permitirse el periodismo esos excesos?

Siempre que resulte funcional, el periodismo puede permitirse todo. La poesía no tiene que ser funcional, obviamente. Pero sí creo que es posible escribir periodismo con cierta vocación poética, asumiendo la poesía como estilización suprema de la lengua, del pensamiento mismo. Para todo hay espacio. Extraño sería escribir un editorial a golpe de metáforas, de imágenes más o menos rebuscadas. Pero la crónica es un género tan libre, con un espectro tan amplio. La crónica puede ser literatura, arte si se quiere (más bien, si se puede). O sea, resumido: no todo el periodismo es arte (ni siquiera la mayor parte del periodismo lo es ni pretende serlo), pero cierto periodismo sí lo es… Y los ejemplos abundan, digan lo que digan encumbrados teóricos o literatos. El límite está bien definido: la intencionalidad, la funcionalidad de lo escrito. Es evidente que en el periodismo no se escribe por escribir, o por la mera eufonía de la frase, o sin un objetivo más o menos definido, o distanciándose marcadamente del hecho real… Ahora bien, en Microcrónicas no todo es periodismo. A veces publico poemas (aunque algunos de mis lectores opinan que más bien son crónicas en verso), textos muy personales. No creo que sean nada del otro jueves. Pero dicen algo de mí, de mis circunstancias, de lo que estoy sintiendo… Aspiro a que mi blog sea, de alguna forma, también el diario que no tengo. En cuanto a las crónicas, siempre las he escrito así. Algunas son mejores, otras no me satisfacen especialmente. Si alguien cree que no son periodismo, que venga y me lo diga. No me voy a molestar con él. Me interesa más saber si le dijeron algo o le fueron insustanciales. Yo escribo como escribo. Ese es mi trabajo, lo demás se lo dejo a los editores. Y en mi blog, claro, yo soy mi editor.

Eres de Violeta, un pequeñísimo poblado rural de Ciego de Ávila. ¿De qué maneras se manifiesta Violeta en el cronista que has sido?

Bueno, tanto como “pequeñísimo” no es. Es la cabecera de un municipio. Tiene un central, varias fábricas, cine, biblioteca, librería, galería de arte, emisora de radio… Pero lo cierto es que no es precisamente una ciudad. Y eso claro que me ha marcado. Cuando llegué a La Habana a estudiar, todo me asombraba. Los que nacimos y crecimos en pueblos pequeños mantenemos siempre una gran capacidad de asombro. Y mucho más si somos curiosos. Haber sido un niño en Violeta, tan cerca del campo, me creó un mundo interior riquísimo, pletórico de emociones que quizás si hubiera nacido en una ciudad no hubiera experimentado. Yo, por ejemplo, venía con cierta frecuencia a La Habana. No son muchos los niños nacidos en La Habana que van a pasar temporadas en el campo. Mis abuelos tenían una finca, en pleno campo. Una casa preciosa, rodeada de árboles. Pasaba días enteros allí. Siempre fui un niño sensible y esas sensaciones las tengo siempre presentes. Hablo mucho de eso en mi blog. A eso hay que sumarle que vengo de una familia grande y muy unida, muy cariñosa, donde todo el mundo sabe todo de todo el mundo. Así suelen ser las familias de los pueblos pequeños, donde la gente puede verse todos los días. Y también tuve una suerte: mi padre siempre fue un gran lector, siempre me compró todos los libros que quise. Me iba para casa de mis abuelos con una mochila llena de libros. Leía encaramado en una mata de mamey. A mi abuelo eso lo enorgullecía especialmente. Los que me conocen, los que me leen habitualmente, saben que escribo mucho de mi pueblo, de mi infancia. En mi blog es raro el mes en que no publico dos o tres textos sobre el tema.

En el post titulado “Un poema (XXXIII)”, se lee un verso memorable: “La soledad anula la belleza”. Si tuvieras que explicarlo periodísticamente, ¿cómo lo harías?

“Periodísticamente” no pudiera explicarlo. Es que apenas lo puedo explicar. Uno de mis profesores en la universidad (mi más querido, mi mejor profesor: Juan Orlando Pérez), dijo un día en clase que para millones y millones de seres humanos uno no existía; que el desconocimiento de una realidad, para el que la desconoce, implica su inexistencia. O sea, ¿qué significo yo para miles de millones de chinos que no saben de mi existencia? O para no ir tan lejos, ¿para los millones de cubanos que no saben de mí? No soy nada, no soy nadie. Soy, en todo caso, una cifra. Esa idea me ha acompañado todos estos años. No es que me agobie ni que me intranquilice. Soy muy poco vanidoso; es más, me gusta mucho ese relativo anonimato del periodista que escribe en un periódico o en la web. Pero he pensado mucho en eso. Y sin entrar en honduras filosóficas, he pensado que la soledad absoluta lo anula casi todo, salvo la propia conciencia de nosotros. Una flor “es” hermosa porque hay alguien que la ve, que puede dar testimonio de su hermosura. De la misma forma, un texto es un texto en el momento en punto en que es leído. Antes no tenía razón de ser, a no ser el de ocupar cierto espacio físico en el universo, algo un poco menos palpable si se trata de un texto “virtual”. No entiendo a los que dicen que escriben solo para ellos. Pero bueno, no voy a ponerme filosófico… sé que en todo caso resultaré pseudofilosófico.

¿Qué reporta el blog –en términos profesionales, en términos emocionales, en términos íntimos- que no reportan los medios para los que trabajas? Es decir, ¿por qué se hace un blog que no retribuye ningún beneficio material?

Mi blog es como mi casa. Hago lo que quiero. No significa que no atienda recomendaciones, consejos, peticiones… Pero nadie decide por mí. Puede que alguien se moleste por algo que escriba (se han molestado, de hecho), pero eso no implica que deba seguir pautas establecidas por un tercero. Yo me siento libre, por lo tanto, soy libre. Claro, sé que al publicar un blog asumo ciertas responsabilidades. Pero puedo responder por todas. En un medio uno debe seguir patrones, rutinas productivas, políticas editoriales... Tienes deberes perfectamente establecidos. La disyuntiva es en sentido general muy simple: ¿hasta qué punto comparto esa visión? ¿Hasta qué punto puedo negociar? ¿Me quedo o no me quedo? Pero en mi blog ni siquiera me plateo una disyuntiva de ese tipo, porque las reglas las pongo yo. Ya sé que hay convenciones, que el contexto influye de muchas maneras… pero la verdad es que mi blog tampoco es tan beligerante. Lo decía ahorita: mi blog es como mi diario personal, pero abierto a todos los demás. No me interesa que sea “un arma de combate”, aunque en algún momento pudiera llegar a serlo. Se escribe un blog porque quieres contarle algo a alguien. Y hay cosas que yo quiero decir que no creo que vayan bien en un periódico, una revista o un medio digital.

Alguna anécdota específica, algún detalle vívido que haya expandido las fronteras del blog más allá de lo virtual.

Francamente, no creo que mi blog sea de los más polémicos, de los más seguidos, de los más comentados. Tengo lectores muy fieles, eso sí lo sé. Y muchas cosas que escribo, las escribo pensando en ellos. Lo mejor que me ha pasado con el blog es que me ha acercado a gente que no conocía y que ahora son amigos imprescindibles. No es que sean tantos, pero son muy importantes para mí. Alguna que otra vez ha habido tímidos escándalos por algo que he publicado, cierto revuelo. No me ha gustado estar en medio de una polémica. Soy un periodista extraño, no me gusta mucho discutir. Alguien me dijo, con cierto tono de reproche, que con mi blog no iba a ganarme muchos enemigos. Le respondí que eso esperaba. Yo escribo un blog porque quiero que la gente me quiera más.

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2 comentarios

  • Enlace comentario Lunes, 10 de Diciembre de 2012 09:59 Publicado por Marbelys

    Espectacular como todo lo que haces y dices, un beso grande, te quiero, realmente sin que la pasión me haga decir cosas con el corazón, eres el mejor periodista que conozco y tu sabes conozco muchos.

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  • Enlace comentario Domingo, 09 de Diciembre de 2012 22:20 Publicado por luisa marion

    Excelente... Muy buena entrevista y muy buen blog... Deberían poner el enlace, para que la gente pueda verlo...

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