IPS Inter Press Service en Cuba

Jueves, 18 de Septiembre de 2014
Miradas cubanas
Un encuentro con Paulina Álvarez
  • Gisela Arandia
Paulina Álvarez Paulina Álvarez Tomado del sitio Integración Racial
Celebrando el centenario de una emperatriz.

La música cubana se cubrió de gloria, el pasado16 de noviembre en el teatro América justamente en el contexto de la celebración del 495 aniversario de la fundación de la ciudad de La Habana al presentar una Gala homenaje a Paulina Álvarez, al cumplirse el centenario del nacimiento. Conocida también como la emperatriz del danzonete, con su extraordinaria voz popularizó ese género musical cercano al clásico danzón.

Paulina Álvarez fue una de las cantantes negras más carismáticas de la historia de la música cubana. Con un timbre inconfundible logró ser poseedora de su propia orquesta, un fenómeno inédito para una mujer por las décadas treinta, cuarenta y cincuenta del pasado siglo.

En el espectáculo de celebración, el público pudo disfrutar de la legendaria orquesta Aragón que tuvo a su cargo la base musical de la gala acompañando a las cantantes Maureen Iznaga, María Elena Pena y la joven Emilia Morales poseedora de un talento musical que seduce con su sola entrada al escenario, pues su voz recorre varios registros con un sabor cubano poco frecuente que se acompaña con fina sobriedad y exquisita presencia.

Desde las primeras notas fue posible apreciar la compenetración musical y espiritual de Emilia Morales con la emperatriz, al interpretar números clásicos de Paulina Álvarez, como”… allá en Matanzas se ha creado un nuevo baile.. ” que fue inmediatamente coreado por el público. Aunque lamentablemente Emilia Morales aparece muy poco por la televisión y es casi desconocida para el gran público joven.

Por su parte la mundialmente conocida orquesta Aragón demostró una vez más su profesionalidad de gran representante en la música cubana, y nos preguntábamos por qué no hubo la promoción que ese espectáculo requería y cuántas más personas hubieran acudido a tan excelente noche gala, de haber existido una divulgación por los medios. Dentro del teatro, en el lunetario la gente bailó con pasión desbordada cubriendo los pasillos y el espacio próximo al proscenio, gozando de una alegría que no siempre es posible, por los mecanismos conflictivos que envuelven a los “bailables populares”, muchas veces programados de modo estereotipado, solo pensando en un tipo de público y otras veces en conflicto con los agentes del orden que no siempre tienen la comprensión exacta de la importancia de la cultura popular como la sabia fresca que recorre las venas de la cubanidad. Una energía contenida por falta de programas más coherentes que den la oportunidad de bailar cotidianamente la música cubana cada cual a su estilo y personalidad.

La presentación por la Gala por los cien años de Paulina Álvarez en el teatro América demostró una vez más la vigencia de una cubanía que no siempre es aprovechada y donde por momentos se crea una dicotomía entre músicos y público.

La reiteración de programas que no incluyen una gama más proteica e histórica de la música cubana, tal vez por desconocimiento o porque consideran que existe solo un tipo de público y, por qué no decirlo, también una subestimación a géneros que consideran pasados de modas porque suponen no responden a las apetencias bailables “actuales”. De este modo se ha creado un vacío en géneros de la música cubana, capaces, sin embargo, de ganar premios Grammy y colmar teatros en New York, París, África o Japón, mientras que acá son una suerte del “patico feo” de parte de las empresas promotoras.

La televisión, por su lado, a pesar de una sostenida intencionalidad no pudo filmar la presentación. Como siempre hay un pero y en este caso el control remoto no consiguió realizar la filmación programada. Un espectáculo que hubiera servido de soporte ideal para dar a conocer una presentación de lujo diseñada para el público más exigente.

Era una oportunidad mediática de mostrar la vigencia de una cubanía que se mantiene underground y es programada muchas veces para espacios erróneamente vinculados solo con el pasado, envejeciendo de este modo culturas vivas bajo el pretexto de que son expresiones “tradicionales”, a partir de enfoques hacia manifestaciones culturales que están vivas, clamando por escenarios más participativos para ser mostradas.

Dentro de esa paradoja en la que yacen muchas de las raíces de la cultura popular cubana es adonde llegan “empresarios extranjeros” con dinero y poder mediático, con buenas o mediocres intenciones, pero que tienen una visión más adecuada y comercial de las energías culturales contenidas en estas identidades para presentar un producto cultural de gran impacto.

Un detalle de gran justeza de la gala fue el reconocimiento a la Dra. Paula Pedroso, quien desde varios años se ha empeñado en reivindicar y sacar del baúl de los recuerdos a la Emperatriz del danzonete, una de las grandes glorias de la música cubana y además su tía y madrina de bautizo.

Ojalá que el ejemplo de esta gala sirva de acicate para colocar la difusión de la música popular cubana con estrategias más acertadas y que puedan, dentro del país, ocupar el lugar de honor que le corresponde por su valor patrimonial, su vigencia y porque desde ella se enriquecen y surgen expresiones culturales nuevas que se alimentan de identidades que están vivas y luchando por nuevos espacios.

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