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Jueves, 30 de Octubre de 2014
Red Cuba
Televisión cubana, entre lo dicho y lo hecho
La televisión es el medio de comunicación que mayor influencia tiene dentro de los hogares cubanos La televisión es el medio de comunicación que mayor influencia tiene dentro de los hogares cubanos Jorge Luis Baños - IPS
Internautas se interesan por las transformaciones de la programación televisiva, aunque para muchos han resultado insuficientes.

Desde marzo del pasado año la dirección del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) publicó las actualizaciones que tendrían lugar en la parrilla de los cinco canales con alcance en todo el país.

“A partir de las sugerencias y de las quejas del público, de los estudios del Centro de Investigaciones del ICRT, y de las opiniones de nuestros artistas y técnicos, estamos en un proceso de cambio de programación”, aseguró al periódico Trabajadores Omar Olazábal Rodríguez, vicepresidente del ICRT. “Hemos hecho un análisis de las propuestas actuales y encargamos proyectos a realizadores destacados. También nos hemos propuesto hacer modificaciones a algunos de los programas actuales”, precisó.

Según Eunice Peña Sardiñas, jefa de la División de Dramatizados de la Televisión Cubana todos estos reajustes deberían estar respaldados por otros en ámbitos más internos, sin contar el cambio en la mentalidad de algunos realizadores, técnicos y funcionarios.

No obstante, varios periodistas y numerosos internautas han criticado la escasa profundidad de las anunciadas reformas y reiterado la necesidad de lograr propuestas más atractivas para que alcancen los índices de preferencia demandados.

En uno de los más recientes trabajos de Paquita de Armas, habitual en temas culturales, la periodista se preguntaba por ¿La televisión que queremos?, interrogante a la que respondieron decenas de usuarios y manifestaron su insatisfacción al constatar que ni siquiera la programación de verano (tradicionalmente mucho más llamativa) había logrado cautivarlos.

Según Estely, lectora de Cubadebate, la televisión merece respeto solo si cumple el objetivo para la que fue creada. En su opinión “la misma no está a la altura que nuestro pueblo merece, existen programas que cumplieron su función en momentos determinados pero no como para seguir ofreciéndolos actualmente todos los días”, asegura.

“La televisión es ya una televisión de enlatados y da pasos firmes a una televisión de bodrios de telenovelas”, considera el usuario Jonas y agrega que nada cambiará “si pensamos que se trata de un programa mejor u otro peor. Se trata de cambiar toda la concepción de una televisión que ya está agotada y atrincherada en el facilismo y la mediocridad”, sostiene.

En Cuba las señales televisivas se transmitieron por primera vez en octubre de 1950. La nación caribeña fue pionera en el ámbito latinoamericano, junto a naciones como Brasil, Argentina y México. Durante el siguiente decenio “el sistema televisivo cubano creó una alta competitividad sustentada en las nuevas tecnologías, las estrategias de marketing y de comunicación, el sistema de estrellas y la programación”, afirma la especialista Mayra Cué Sierra.

Tras el triunfo revolucionario en 1959, la televisión varió su objetivo social y estableció su deber en la formación de valores, la orientación revolucionaria y político- ideológico a todos los niveles, así como en la transmisión de una programación que se acoplara a los intereses, gustos, hábitos, nivel cultural y estilo de vida de la población territorial, acorde a lo expresado en la política del ICRT.

En tal sentido, la investigadora Juana Irene Horman Furé ha demostrado que, “pese a la inserción actual en nuestra sociedad de múltiples expresiones audiovisuales generadas por las nuevas tecnologías, para millones de cubanos ver televisión es una preferencia y necesidad condicionada por diversos factores materiales y objetivos que exponen al uso de este medio como una de las prácticas culturales de mayor relevancia”.

De ahí la trascendencia que muchos internautas le otorgan al análisis de las ofertas televisivas. Sobre todo si se tiene en cuenta la imposibilidad de acceder con regularidad a propuestas alternativas, en muchas ocasiones solo disponibles para quienes poseen equipos reproductores de video (DVD o VCD) o computadoras.

Una de las insatisfacciones más reiteradas se refiere a la promoción de un espacio muy esperado sobre béisbol internacional que nunca llegó a transmitirse durante la etapa vacacional. “Esto atenta directamente contra la credibilidad de ese medio y eso es funesto. Pero, a pesar de todo, soy de los que creo que en la TVC todavía hay calidad humana suficiente como para hacerla decorosamente”, destaca Elio Soto.

Para Sebastián la calidad de la programación se limita a una cuestión de ingresos. “El gran problema de la televisión y el cine es que no se pueden sostener por sí mismos. Debemos lograr que los medios audiovisuales puedan generar recursos para reinvertirse a sí mismos y apoyar a las empresas y grupos que están empezando a salir; cambiar el formato inerte en el que está, que desde niño es el mismo, solo que con más canales; dejar espacio a la creatividad de la juventud, y que se estimule la competencia sana para los que con sus recursos puedan expresar sus logros e incentivar a otros”, propone.

Sin embargo, Aneli Polacase piensa diferente. “Cambiar la TV no es, en lo fundamental, un problema de presupuesto: el punto flaco de la TV está en las cabezas que realizan y en las que dirigen y toman decisiones. Es muy fácil decir que el enemigo hace productos engañosamente bien facturados para vender su ideología: lo difícil sería hacerle entender a algunos que nosotros deberíamos hacer lo mismo, empaquetar ‘bellamente’ nuestros mensajes, encantar, hipnotizar, manipular, en el buen sentido de la palabra. No basta con digitalizar un estudio: hay que grabar, encuadrar, concebir con otros derroteros, y no apostar por una estética de palo que, en el mejor de los casos, tendrá la nitidez de la alta definición”, insiste.

La televisión es el medio de comunicación que mayor influencia tiene dentro de los hogares cubanos, el acompañante de todo el desarrollo de las actividades domésticas y rutinarias y el que debiera representar las matrices culturales de una ciudadanía con altos niveles de formación. Por lo que para “jugar su verdadero rol, en una sociedad como la nuestra, debe viajar al mismo ritmo de la sociedad, en sintonía con ella y el mundo, pero sin dejar de ser auténticamente nuestra”, opina Euclides. “Debe ser reflejo de nosotros mismos, de cómo queremos ser, pero sobre todo, de cómo queremos que sean las generaciones que nos siguen, porque en sus manos está la permanencia de nuestros principios más legítimos”, subraya.

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