IPS Inter Press Service en Cuba

Lunes, 22 de Diciembre de 2014
Miradas cubanas
Ernesto Fernández: la fotografía, la historia y la memoria
La obra de Ernesto Fernández no terminó con la serie Angola, en los 80 La obra de Ernesto Fernández no terminó con la serie Angola, en los 80 Jorge Luis Baños - IPS
Memoria exhibida, memoria desconocida.

La exposición “La fotografía y la memoria”, de Ernesto Fernández Noguera, exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, significó, para unos, el reencuentro con el artista; para otros, el conocimiento de una obra excepcional; para todos los que la apreciaron, la oportunidad de contemplar un repertorio de imágenes que historian cuatro décadas en la vida de la nación cubana.

Luego de un largo tiempo de silencio en los medios nacionales, Ernesto Fernández resurgió en las noticias a fines del 2011 cuando le fue otorgado el Premio Nacional de Artes Plásticas, convirtiéndose en el segundo fotógrafo en alcanzarlo (el primero fue Raúl Corrales en 1996). La exposición citada ilustra ejemplarmente tal merecimiento.

La obra de Fernández Noguera estuvo ligada al fotoperiodismo, desde la década de 1950, y ha transitado por casi todas las áreas de la información fotográfica, con énfasis en el periodismo de guerra y la cobertura de acontecimientos sociales y políticos entre las décadas de 1960, 1970 y 1980. Sus colecciones de imágenes son un correlato de la euforia del primero de enero de 1959, la invasión de Playa Girón, la Crisis de Octubre, la lucha contra bandidos y piratas, la guerra en Angola, las microbrigadas, las zafras, las movilizaciones al campo, o los primeros maestros voluntarios.

Pero antes de la realización de grandes reportajes, en edad muy juvenil aún, Ernesto captó el rostro diverso de la capital cubana desde diferentes aristas y en variados contextos. El barrio de las yaguas, las calles, plazas y edificios de la ciudad, y las personas que humanizan esos espacios, quedaron como testimonio de un tiempo apresado por el obturador.

Allí está, pensativo, El Chori, el mítico timbalero; y Anselmo, el pescador de Cojímar, sentado descalzo en su humilde vivienda, se fuma un tabaco. Ambas instantáneas, de 1958, señalan el sexto sentido que poseía Fernández Noguera, como fotógrafo de raza, no solo para estar en el lugar preciso en el momento correcto, sino para atrapar una figura que más tarde será un símbolo.

Para demostrar su linaje en ese ámbito, Ernesto llevó a la exposición de Bellas Artes, un segmento de su cosecha en el arte y la literatura: las imágenes de los diseñadores Frémez y Rostgaart; los escritores Lisandro Otero, Eliseo Alberto, Pablo Armando Fernández y Heberto Padilla; los pintores Víctor Manuel y Loló Soldevilla; el periodista deportivo Eddy Martin; el músico Bola de Nieve; y Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Graham Grene. Con excepción de las tres celebridades extranjeras, casi todos los cubanos fueron enfocados en la primavera de sus vidas.

En el periodismo de guerra, los reportajes de Ernesto expresan la dimensión dramática del acontecimiento desde una estética depurada. De esas colecciones resulta memorable, en la serie Playa Girón, la foto del ómnibus incendiado, a un lado del camino, mientras la columna de milicianos avanza hacia el combate. Cincuenta y un años después, la imagen aún huele a humo, pólvora y sangre y sobrecoge al espectador porque el fotógrafo estaba ahí para narrarlo.

Igualmente memorable, en la serie Angola, es la foto que muestra a la tropa de combatientes corriendo hacia los helicópteros. Dispuestas una debajo de la otra en el catálogo de la expo, ambas imágenes captan el movimiento de los soldados hacia el frente de batalla; unos, junto al ómnibus detenido; los otros, al encuentro de la nave a punto de partir. En las dos se ofrece, en lontananza, el cielo como parte del escenario.

Y de la propia serie de la guerra en Angola, estremece el reportaje que muestra, en una foto, a soldados cubanos junto a una familia en situación de tragedia. El cadáver yacente de un niño, potencia el horror. En la siguiente foto, uno de los combatientes clava una cruz en la tumba del menor. La desolación del paisaje se integra al drama humano y queda reverberando en el espectador. El dolor se proyecta y nos alcanza, ahora, treinta años después.

Ernesto Fernández ilustra sus tarjetas de presentación con una imagen emblemática en la iconografía martiana, aquella en la que aparece la escultura del Héroe nacional cubano en la etapa constructiva de la entonces Plaza Cívica de La Habana, en 1957. El artista –de 18 años entonces– enfocó en el visor la enorme figura, apuntalada y con los ojos tapados, en el centro de la composición; al fondo, los andamios del edificio en ejecución.

Durante mucho tiempo la foto de Martí permaneció inédita, desconocida, hasta que la desaparecida fotógrafa, camarógrafa e investigadora María Eugenia Haya la colocó en su justa dimensión artística. Más de medio siglo después, esa imagen del Apóstol, ciego, apuntalado y rodeado de andamios, en la futura Plaza de la Revolución, conserva su aura, su enigma, abierta a múltiples lecturas. Precisamente esa foto inquietante daba la bienvenida a la expo antológica de Bellas Artes.

El espectador de la exposición “La fotografía y la memoria”, aun cuando saliera del museo cargado de imágenes, con la sensación de haber quedado cautivo en ese relato fotográfico, no puede dejar de pensar en lo que allí faltó, en lo que desconoce de ese maestro del lente.

Porque la obra de Ernesto Fernández no terminó con la serie Angola, en los 80. Él continuó muy vivo y activo, y, que sepamos, durante los 90 estuvo en otros “frentes de combate” de los que dejó testimonio. Y siguió detrás del visor en el nuevo siglo, atrapando historias, fijándolas en memoria fotográfica que, como en la década anterior, no llegaron a los periódicos y las revistas, ni tampoco está en la gran autopista de la información.

De manera que tenemos un vacío, una zona ciega de la obra del Premio Nacional de Artes Plásticas 2011, del artista que estuvo en cuatro guerras, en múltiples combates, autor de grandes reportajes, libros, ensayos fotográficos, ganador de importantes premios internacionales, cazador y creador de mitos, pero con varios miles de negativos por imprimir, en espera de nuevas exhibiciones con mayor despliegue temporal.

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