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Viernes, 31 de Octubre de 2014
Yo blogueo
El estúpido escribir: del evitado blog sobre el ombligo
Raúl Reyes, autor del blog El estúpido escribir Raúl Reyes, autor del blog El estúpido escribir Cortesía del autor
Entrevista exclusiva de IPS Cuba a Raúl Reyes, autor del blog El estúpido escribir.

Buscando entre los hombres, muerto de risa, Raúl Reyes desaprende el amor y lo reencuentra. El profesor de Lengua Francesa y traductor quebeco-marianense logra, desde la universalidad de sus posts, licuar fronteras, curar a los lectores de su atrofia política. Con un espectro básico pero conflictivo, que transita de la autosuficiencia feroz a la honda ternura, Reyes se hace cada vez más personaje, cada vez más ficticio y literario, esto es, cada vez más real. No por descarnado su diario web es menos atrayente. Cuando la blogosfera cubana llegue a ser desenfadadamente sabia -si es que la blogosfera cubana llegara a serlo-, El estúpido escribir, desenfadado y altanero, aguardará riendo como buen precursor.

 

La ironía, ¿cómo la ves?

Me encanta la ironía. Adoro escucharla, leerla, intuirla. Usarla, por supuesto. La veo como una maravillosa respuesta a las cosas que no podemos cambiar. También como una manera de cambiar las cosas, ¿por qué no? Y como puro entretenimiento, por supuesto. La uso mucho en mis escritos. Definitivamente soy fanático de la ironía. Pero hay que tener cuidado con ella. Su uso exagerado es sinónimo de inmadurez o de cobardía. Nada peor que alguien que no para de ironizar ante cualquier situación. Pero si usted es la clase de persona que no teme decirle a los demás lo que piensa y que cuando sus amigos tienen un problema los apoya y aconseja sin una gota de sarcasmo, pues entonces, de vez en cuando, alguna que otra ironía como ejercicio de la retórica no está para nada mal. Aunque la ironía no es para todos. Por suerte.

El humor está detrás de casi todo El estúpido escribir. ¿Por qué crees necesario el humor si tu vida, quizá, haya tomado distancia de él?

Mi vida jamás ha tomado distancia del humor. No soy alguien que se ha refugiado en el humor para huir de sus desgracias. Soy alguien que, al margen de sus supuestas tragedias o no, siempre estuvo destinado a ser gracioso. Y siempre lo he sido. Por supuesto, a veces uno se esconde un poco en eso de “ser gracioso” como mecanismo de defensa, pero intento que no sea así. Si tengo que llorar, fajarme o criticar severamente, pues lo hago. Pero soy gracioso y nunca renunciaré a eso tampoco. Mi ex decía cuando nos separamos “a ti lo que nadie te puede quitar es que haces reír”. Claro que lo decía con odio y resentimiento, pero no dejaba de tener razón. Y El estúpido escribir soy yo, así que no podía ser diferente.

¿Y precisamente, en Montreal, te volviste escritor?

No, no creo. De hecho, todavía tengo problemas asumiéndome a mí mismo como “escritor”. Mi primera novela trata precisamente de cómo aprender a llamarse “escritor” cuando uno es un ser humano común y corriente. La pregunta está dada por un comentario en mi blog sobre un post que hice casi sin pensar y que por mucho tiempo consideré como algo histérico, debido a las circunstancias en las que lo escribí. Pero cuando lo leí de nuevo, unos meses después, me di cuenta de que todo estaba en sus proporciones correctas. Entonces me dije que si uno se deja llevar, no piensa en lo que hace y así y todo le sale bien, entonces, quizás esta sea la “profesión” adecuada para él. Pero todavía me falta. No sé bien qué falta, pero me niego a terminar mi novela sin saberlo. Que conste que a Montreal tengo muchas otras cosas que agradecerle.

¿Has pensado en la fama, con miles de visitas?

Claro, incluso ya tengo escrito el discurso del Nobel. No, en serio: no sé, supongo que sí. Pero como no depende de mí (o quizás sí) me desentiendo de eso. Si llega algún día, sabré cómo lidiar con ella y de qué lado ponerme para que me tiren las fotos. Si nunca llega, pues podré seguir hablando mal de los famosos sin temor a encontrármelos luego en las fiestas. Lo que sí seguiré haciendo, famoso o no, es escribir lo que me dé la gana. Bueno, si me pagan mucho escribiré lo que ellos quieran. Pero a ningún escritor le pagan mucho, de todas formas, así que no corremos ese riesgo.

El “yo literario” de El estúpido escribir, cuán próximo a ti lo crees. ¿Cómo se expresa esa proximidad?

Quizás en otro momento, en otros escritos, mi “yo literario” y yo seamos más difíciles de separar, pero en El estúpido escribir somos uno solo. Sin ningún tipo de ambivalencia. Mi blog es todo sobre mí. Aun cuando parezca que estoy hablando de otros, siempre estoy hablando de mí. Y como casi siempre hablo en primera persona, pues más evidente se hace. A veces hay que ficcionar algunas cosas, por razones varias, pero nunca ni mi carácter ni mi personalidad ni mis reacciones ante las cosas. Todo el que me conoce bien “en la vida real” podrá darme la razón. Lo que sí me ha pasado en ocasiones es que estoy frente a una situación determinada y me digo: “¿Cómo reaccionaría Raúl ante esto?”. Así que quizás sí seamos dos, después de todo. Él un poquito más avanzado. Pero yo lo imito tanto que un día llegaremos a ser el mismo.

Tu “yo literario” no solo es inmodesto, sino muy inmodesto, rayando a veces en la caricatura. Qué opinión te merece la modestia, cuál la altanería…

No creo que sea tan inmodesto. Le gusta decir que lo es, le gusta parecerlo, le gusta que la gente lo odie por eso, pero no es tan inmodesto. En realidad, en ocasiones, puede llegar a ser muy humilde (y nunca será caricaturesco). Pero este mundo le parece muy hipócrita y odia ver cómo la gente finge que es modesta cuando no lo es, así que decidió escoger el camino de “yo soy el mejor de todos” y se acabó. Pero sabe perfectamente, no solo que no lo es, sino que la gente que lo estima sabe que él lo dice más que nada para violentarlos, para entretenerlos y para alejar de sí mismo a aquellos que no lo iban a querer ni aunque fuera modesto. En cuanto a mi opinión personal, la modestia (la real y raras veces existente) es fabulosa, más que nada porque los que la ejercen siempre serán más felices que los demás. Con todo lo que he dicho, saquen la conclusión de qué opinión me merece la altanería.

Escribiste que la gente, cuando te lee, cree que te conoce de toda la vida. ¿De qué modo se realizan las emociones, los pensamientos, mientras escribes en el blog?

Pues muy naturalmente. Me vienen, los escribo. Luego los cambio un poco, pero nunca mucho. El poder de la naturalidad es imprescindible. Sobre todo cuando se trata de emociones. Pero con coherencia. Detesto esos poemas que escribe la gente en los que solo hay palabras bonitas y rimbombantes y un exceso de pasión que uno no entiende nada. Yo soy muy apasionado, pero también soy muy racional. Súmenle que también soy muy honesto y tendrán la confirmación de por qué la gente piensa que me conoce de toda la vida al leerme.

Pudieras explicar cómo tu blog te enseñó que, aislados, “todos los seres humanos viven la misma vida.”

Yo escribo para mí mismo. Me encanta leer las cosas que me pasan como si fuera un libro. Me encanta escribir mis puntos de vista radicales para cuando sea viejo decirme: “Ah, qué tonto era”. Jamás he escrito una coma pensando en nadie y lo digo con orgullo. De ahí que muchas veces he pensado que lo que escribo solo es importante para mí. Pero uno descubre, al interactuar con los lectores, que en mayor o menor medida, todos los seres humanos somos iguales. La muchacha casada y con dos hijos, el señor mayor de la Universidad de Camagüey, el mexicano de 16 años, el amargado de cualquier edad. Todos hemos tenido las mismas aspiraciones, las mismas frustraciones y nos hemos dejado llevar por lo mismo. Solo que el destino nos pone en situaciones diferentes y hay que actuar como corresponde en cada caso. Así que más que “vivimos la misma vida”, diría que “estamos capacitados para vivir la misma vida”. Y eso nunca lo habría sabido si no me hubiera puesto a escribir un día, porque hasta ese entonces jamás se me hubiera ocurrido compartir mis “extraños y originales” pensamientos con la vecina de arriba, de la que, supuestamente, era tan diferente.

Esta respuesta dala, por favor, no esperes la pregunta…

No sé qué hay en el futuro, aunque imagino que cosas buenas. Pero sí sé lo que hay en el pasado. Esta es la hermosa historia de un ordinario profesor universitario que creó su propio blog y, gracias a él, se encontró consigo mismo, con su pasado, con sus ganas de escribir y con mucha gente capacitada para entender sus historias. De alguien que había tenido una vida rica, amigos y enemigos increíbles, peripecias extraordinarias y pensamientos profundos y divertidos a la vez, pero que nunca los notó con tanta claridad hasta aquel día en que encontró algo estúpido que escribir.

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