IPS Inter Press Service en Cuba

Martes, 30 de Septiembre de 2014
Miradas cubanas
Enrique Domínguez: una vida en la radio
Un desconocido bien conocido.

Hasta hace muy poco tiempo, el profesor Enrique Domínguez Sosa guardaba en su casa las 4 mil cartas que enviaron en 1985 los oyentes del programa Clave ocho treinta, un espacio de Radio Progreso que él asesora desde 1972. Esa correspondencia era apenas una muestra de su fervor al medio al cual ha entregado casi toda su vida laboral. Él es, con toda propiedad, un hombre de la radio.

    Para el trabajo que desarrolla desde 1969, Enrique se ha servido, además, de otra gran pasión, la literatura. También los libros lo han amparado y él no los abandona. Allí permanecen, bajo su custodia, miles de ejemplares, a pesar de los naufragios, en Luyanó, desde donde me cuenta cómo empezó todo.

    En el principio están Los tres Villalobos, Leonardo Moncada, Bejuco Ramírez, Pedrito Iznaga y el perro Campeón, personajes inolvidables de su niñez en la década de 1950; pero igualmente las radionovelas que escuchaba su madre; los programas históricos; los noticieros; y las emisiones que formaron su gusto por la música clásica.

    Él guarda el recuerdo de aquellos programas como algo muy apreciado y evoca los nombres de Félix B. Caignet, Cástor Vispo, Enrique Núñez Rodríguez, Carballido Rey, Dora Alonso e Iris Dávila, quienes enaltecieron la radio cubana, que comenzó hace un siglo.

    En el recuento es imposible soslayar a El derecho de nacer, la radionovela más difundida de todas, la más universal, la que hizo una marca en el género y sirvió de modelo aún para las telenovelas, porque todo está allí: tramas, subtramas, conflictos, temas, asuntos y motivos que han copiado desde entonces los guionistas, productores y realizadores de cualquier parte.

    Recuerda también Enrique cómo la trama de suspenso de Chan Li Po mantenía en vilo a la población y en los cines de La Habana se interrumpía la función para transmitir el capítulo de ese día por los vitafones (altavoces) situados en las salas, como después hicieron con El derecho de nacer.

    El profesor Domínguez habla de la dignidad de Dora Alonso, quien, por no hacer cambios de contenido en sus libretos, estuvo dispuesta a descontinuar su contrato con los magnates de la industria jabonera. La escritora matancera, cuyas radionovelas han alcanzado –y aún logran cuando se retransmiten– altísimas audiencias, obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1988.

    De la otra escritora evocada, Iris Dávila, Enrique señaló el mérito de la serie que ella escribía, Divorciadas, porque planteaba conflictos y asuntos desde un enfoque que hoy llamaríamos de género, en una época en que la sola mención de la palabra que identificaba el espacio era una marca para la mujer. El entrevistado no olvida el lema de Divorciadas: “casadas que gozan de la felicidad, jóvenes que luchan por construir un hogar, a todas ustedes está dedicado este programa que encierra un lección y una advertencia”.

    Como la radio era para Enrique algo entrañable, cuando en 1967, finalizando los estudios de Contador Público en la Universidad de La Habana, lo enviaron al Instituto Cubano de Radiodifusión como parte de un equipo de investigación, él solicitó hacer su tarea en la radio.

    Este comienzo –aun como estudiante– en el ICR, fue acorde con su perfil académico; pero no era la economía una actividad a la cual se le concediera valor por esos años en que “la lucha contra el burocratismo” estigmatizaba los números, las estadísticas, las finanzas, y muchos se vieron obligados a cambiar de profesión.

Sin embargo, para Enrique Domínguez, la reorientación profesional no fue traumática; al parecer, la radio estaba en su destino. Y si inicialmente su quehacer estuvo centrado en funciones organizativas y metodológicas, pronto se fue nutriendo, en el día a día, de la vida que se respira en los estudios de la programación dramática, haciéndola suya. Por eso aceptó, de manera natural, cuando Marta Jiménez Oropesa lo propuso como productor de mesa, antecedente del asesor.

Para enfrentar sus nuevas funciones, lidiando con actores, escritores, directores y libretos, Enrique tenía ya en su currículo un curso de producción y dirección de programas de radio, un caudal de conocimientos que enriqueció, entre 1977 y 1982, con la licenciatura en artes escénicas en la especialización de teatrología y dramaturgia.

El trabajo del asesor de programas dramáticos es muy complejo: debe velar por el cumplimiento del objetivo y contenido de cada programa; es responsable de cada obra que se escoge, sea original o adaptada; también de la revisión del libreto, la secuencia de salida de los personajes y la propuesta de caracterización de actores, que debe discutirse con el director. Agréguese que si surge algún problema de contenido se lo cargan al asesor.

Pero nada de eso ha disminuido la pasión que le ha puesto Enrique Domínguez a su profesión en 44 años. Cuando le preguntamos si en algún momento ha sentido cansancio por la lectura de libretos, nos dijo que, por el contrario, eso lo ha mantenido a flote en los peores momentos de su vida.

Enrique Domínguez fue el asesor más premiado en los primeros 25 años del Festival de la Radio Cubana, pero también ha sido galardonado como director. En esta última función fue distinguido por la Casa de las Américas y por la Oficina Católica Internacional, algo que solo él ha logrado.

Cuando terminó su carrera de Contador Público, Enrique prefirió quedarse en la radio antes que impartir clases en la Universidad de La Habana, adonde lo había destinado el alto centro de estudios, pero, paradójicamente, la docencia lo ha acompañado casi desde sus inicios en el medio: él preparó a los primeros graduados de la educación superior enviados a formarse como asesores de programas dramáticos y, desde entonces, no ha dejado de ofrecer sus conocimientos en la profesión, incluyendo a las aulas universitarias.

Por haber asistido a los cursos que impartía en el Centro de Estudios de Radio y Televisión, pude ser testigo de la excelencia con que el profesor Domínguez Sosa daba sus clases y talleres, y la generosidad con que brindaba su experiencia. Asimismo de la información y lecturas que posee en literatura, cine, televisión, teatro.

Finalmente, cuando le preguntamos a Enrique, cuánto se ha modificado la expresión de los programas dramáticos en la radio, él nos dijo que los cambios producidos en las formas de narrar, en la literatura y en el cine, se han reflejado en la representación radial, la cual se ha tornado más rica, más compleja. Y comenta que quien escuche algunas de las obras grabadas en décadas anteriores y las compare con las realizadas ahora, puede percatarse de estos cambios.

Desde hace algunos meses, la programación dramática de Radio Progreso se oye por Internet y, desde sitios muy remotos, llegan reportes de sintonía. Para enfrentar ese reto, Enrique Domínguez sigue atento a cada parlamento, a cada expresión de los libretos a su cuidado, con la pasión del primer día.

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