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Domingo, 23 de Noviembre de 2014
Yo blogueo
Portada del blog "Juan sin nada" este 27 de junio. Portada del blog "Juan sin nada" este 27 de junio.
Entrevista con Juan Orlando Pérez, periodista y bloguero cubano residente en Inglaterra.

...yo te amo, ciudad, aunque solo escucho de ti el lejano rumor...
Gastón Baquero

Periodista, profesor universitario y maestro de un par de generaciones. Bloguero y poeta. Juan sin Nada –su reducto- duró poco más de un año y nunca estuvo exento de visitantes asiduos, visitantes fortuitos, adeptos, herejes. Todo lo que un blog podría permitirse. Pocas prosas hay, en La Habana actual, tan sugestivas como la prosa de Juan Orlando Pérez. Cuando decimos La Habana actual, no hablamos de La Habana geográfica, ni siquiera de La Habana histórica. Juan Orlando vive en Londres, hace ya varios años. Hablamos de La Habana que perdura, breve pero definitiva, en el salto último del pez.

 

-¿Qué hace que abras un blog?

Si el New York Times me hubiera hecho sitio en su página política, o en la de cine, no habría abierto el blog. También hubiera aceptado proposiciones de The Guardian, El País, La Jornada, The Hindustan Times, The Sidney Morning Herald o L'Observateur Paalga de Ougadougou, aunque como no conozco a fondo el sistema político de Burkina Faso, ni hablo ni escribo Mòoré, en este último periódico mi carrera hubiera sido humillantemente corta. Ninguna de esas distinguidas publicaciones, por desgracia, me ha ofrecido trabajo. Para Granma, Juventud Rebelde o Tribuna de La Habana hubiera escrito gratuitamente, con la única condición de que donde yo escribiera "azul", un editor o un comisario no pusiera, contra mi voluntad, "rojo". Eso, que es tan poco, parece todavía mucho pedir en Cuba, así que no preveo que mis artículos aparezcan en esos periódicos en el futuro inmediato. Mi blog tiene una única ventaja: yo soy el director y el único empleado, editor en jefe, corrector de pruebas, reportero titular y comisario político, todo a la vez, y si yo digo "azul", azul es, y azul se queda. Me gustó la idea de hacer periodismo, por primera vez en mi vida, sin que nadie pudiera quitarme o ponerme una coma (aunque he descubierto, escribiendo el blog, lo útil que es tener a alguien que le ponga a uno las comas que le faltan, o le quite las que le sobran).

Tenía ganas de escribir, y temas. Cuba da los temas, la mayoría. Y yo tenía más: indignación, impaciencia.

-El blog se acerca, tal vez ex profeso, a la columna de autor, donde lo personal no deja de tributar a referentes colectivos, o donde el tratamiento de lo íntimo se realiza siempre de un modo tangencial. ¿Por qué, si un blog tiene permitido mirarse el ombligo no tangencial, sino directa y explícitamente?

En la era de Facebook, cada pequeño incidente personal, cada diminuta escaramuza doméstica, cada rudimentaria, impertinente opinión, recibe una atención esmerada, son anunciados a los cuatro vientos con aguda impudicia. El jovial exhibicionismo de Facebook y de Twitter ha dado inusual relevancia a lo ordinario y lo trivial, ha desdeñado lo que antes se consideraba, simplemente, discreción; los participantes en las redes sociales abren sus casas, sus álbumes de fotos y sus diarios de viaje a desconocidos. La experiencia individual del mundo, la vida de cada uno, por anodina que sea, por indistinguible que parezca de la de los demás, es expuesta en público en todo detalle, y apropiadamente evaluada y celebrada por espectadores que parecen no cansarse nunca de leer o escuchar naderías. Hay mucho que apruebo en ese guirigay de Internet, veo que los normales se sienten con tanto derecho a la atención del público como los excepcionales. Pero, en el periodismo, uno debe usar su experiencia, su memoria, las aventuras de su pasado, solo en el servicio de una opinión o de una historia: lo que uno dice de sí mismo, más vale que sea interesante, o que venga al caso. Hablo de mí en mi blog y con frecuencia: quizás, a veces, más de lo que debería. Pero no tanto, por supuesto, como otros bloggers que no reconocen, porque no tienen por qué hacerlo, la disciplina o la encomienda del periodismo, y se dedican, apasionadamente, a contar al mundo sus días y sus noches, aunque lo único que hagan en ellos sea comer y dormir. Yo no soy demasiado interesante, ni me han pasado muchas cosas que valga la pena contar, y algo sé: si uno no tiene nada realmente importante, o agudo, o borgianamente hermoso que decir sobre sí mismo a miles de desconocidos, mejor habla de otra cosa, del tiempo, o de política.

-¿Por qué Juan sin Nada y no Juan con Todo?

Todo se quedó en Cuba: mi familia, mi juventud, mi carrera, los días más felices, los más desgraciados, y varios brillantes, irrealizados, ya irrealizables futuros.

-¿Por qué cerraste el blog?

Cansancio. Estaba dedicando al blog un día entero cada semana. Comenzaba a escribir el blog el viernes por la mañana, y lo terminaba ya empezado el sábado (con una pausa por el medio para ir al cine a ver el estreno de la semana, o tomar una cerveza en el pub de la esquina). Ese era tiempo que le robaba a mi trabajo en la universidad. A mi jefe no le habría gustado saber que en vez de preparar clases o revisar los trabajos de mis alumnos, yo gastaba una jornada entera de trabajo escribiendo tonterías sobre Cuba.

Pero fue conveniente, además, cerrar el blog por un tiempo. Uno tiene que callarse de vez en cuando, dejar de oírse a sí mismo por un rato. Es muy saludable. Debería ser una ley: cada día, uno tendría que ser obligado a hacer silencio una o dos horas, y dedicarse solo a escuchar el ruido del universo, el de las estrellas explotando en el cielo, y el del tonto del pueblo hablando en jerigonza. Quizás, cuando termine esa pausa y uno vuelva a hablar o escribir, diga algo más sensato y profundo de lo que hubiera dicho si no se hubiese callado nunca. Yo estoy, en este momento, haciendo una pausa. Aunque no hay ninguna garantía de que, cuando vuelva a escribir, no escriba una sarta de necedades.

-¿Piensas reabrirlo?

En cualquier momento.*

-Hablemos entonces como si el blog estuviese vivo. Posts excesivamente largos y abiertamente literarios. Las normas del soporte digital dicen que eso no está bien. Sin embargo, el blog nada en lectores. ¿Están mal las normas, están mal los lectores o hay atractivos más allá de las normas y los soportes?

Cuando empecé a escribir Juan Sin Nada, recibí muchos consejos: escribe artículos más cortos, me decían, con párrafos más breves, oraciones menos intrincadas. "Pon más fotos, amplía los márgenes del texto, usa letras más grandes, dialoga con los lectores". Desobedecí a mis amigos, aún sabiendo que la consecuencia más previsible de mi desobediencia sería la pérdida de lectores que de buena gana se hubieran leído una pequeña nota de diez líneas, pero de ningún modo leerían un artículo de tres mil palabras. Yo no esperaba tener miles de lectores, yo creía que nadie, fuera de mis amigos más leales, iba a leer mis catilinarias. Mi decisión, tempranamente, fue no hacerles la lectura fácil a los visitantes del blog. A fin de cuentas, yo tengo solo un blog, no un periódico, yo no necesito que me lean cien mil personas, puedo darme el lujo de que me lean solo tres o cuatro. Del blog no he sacado un penique, y si tuviera mil lectores más cada semana, aún así no me volvería rico. Quiero contribuir al debate sobre el futuro de Cuba, pero en mis propios términos, no impostando un estilo que no es el mío, y que ya soy muy viejo para adoptar. Lo asombroso es que hay más lectores dispuestos a leer mis largos artículos de los que yo pensaba. Nuestra época tiene, entre otros alegres vicios, el de preferir lo rápido, lo inmediato, lo fácil, a lo que requiere verdadero esfuerzo intelectual o moral. En el periodismo, en particular, se ha impuesto la bárbara noción de que la medianía de estilo y pensamiento es efectiva, es comercial y políticamente deseable, atrae a los lectores más que lo complicado, lo oscuro, lo ambiguo, lo inexplicablemente difícil. Internet ha hecho las cosas peores, nos ha llevado a un punto en que los más inexpugnables temas son pícaramente reducidos a una nota de dos párrafos en un blog o a un tweet de diez palabras: pareciera que nadie tiene ya paciencia, tiempo o mente para más. Hay aquí una flagrante contradicción, queremos explicar en menos palabras, y en palabras más fáciles, y que nos tomen menos tiempo leer, un mundo que es cada vez más difícil de explicar. Yo escribo como escribo, porque me cuesta mucho esfuerzo entender el mundo, y aún más resumir en pocas palabras lo poco que entiendo. Otros, al parecer, lo tienen todo clarísimo, pero yo no. Lo que los lectores ven en mi blog es a mí tratando de darle sentido a algo que a menudo parece carecer de sentido en absoluto. Mi verbosidad no es síntoma de arrogancia, sino de verdadera confusión. Es muy reconfortante saber que hay lectores, no todos ellos amigos míos, que hacen tiempo, regularmente, para acompañarme en mis disquisiciones, aunque al final no saquen de ellas ninguna importante conclusión.

-Un canto poético de desarraigo como "Roker Beach", ¿es periodismo?

"Roker Beach" fue inicialmente un poema, que empecé a escribir a hurtadillas durante una reunión del departamento de Periodismo en la Universidad de Sunderland, en el norte de Inglaterra. Fue un acto de desesperación: o me ponía a escribir algo, un poema, un manifiesto, mi autobiografía, cualquier cosa, o me tiraba por la ventana al río Wear, que pasa plácidamente junto a la universidad y desemboca, precisamente, junto a Roker Beach, en el Mar del Norte. Empecé: "La ciudad fue construida de prisa la noche antes de que yo llegara". Mi jefe quizás pensó que yo estaba tomando notas de las boberías que él estaba diciendo. Varios años después, encontré aquel poema entre mis documentos y lo transformé en prosa. No, no es periodismo, claro que no.

-¿Cómo es el proceso de escritura de los posts? ¿Se escribe igual una crónica sobre Miró que un comentario sobre la corrupción en Cuba?

Hay ideas que pasan días, semanas, inviernos enteros en mi mente, antes de que yo escriba una palabra. A lo largo de los años, he borrado artículos y poemas sin mucho valor, irredimibles, pero he salvado algunos borradores no del todo embarazosos. De vez en cuando reviso esos textos truncos y los termino, o los transformo en algo descaradamente distinto. Otras veces pesco una noticia en algún periódico y comienzo a escribir inmediatamente, sin saber muy bien a dónde voy a llegar, dejándome llevar por mi propia, incontrolable locuacidad. Sigo, cuando escribo, senderos que inevitablemente se bifurcan en opuestas direcciones: a veces yo mismo me sorprendo de cuán lejos del inicio de la crónica estoy después de dos o tres horas escribiendo. Hay crónicas que me obligan a pasar por la biblioteca, leer nuevos libros, o releer libros leídos hace tiempo, para expandir o completar las impresiones adquiridas en una película, en el teatro o en una exhibición de arte: Miró, Diaghilev, Ginsberg. Sobre Cuba, realmente, solo hay que darme el pie. Todas las crónicas de Juan Sin Nada fueron meticulosamente revisadas por Iris Cepero, periodista cubana, mi amiga, con quien comparto piso, exilio e invierno en Londres.

-Algunos lectores, que dicen conocerte, hablan con dolor sobre tu acidez para con la realidad cubana. ¿No eras así en Cuba? ¿Tiene que ver Londres, la distancia, con esa acidez? ¿Escribirías igual si vivieras en La Habana?

Debe ser que alguien "ha entrado con un palo en mi pecho". Yo no escribo sobre Cuba con acidez. Yo escribo sobre Cuba con libertad, y con una honda, ya casi crónica decepción. Cuando era más joven y vivía en La Habana no tenía la libertad, y la decepción, cuando apareció, al principio, antes de que se enconara, no era tan grave, la moderaban los restos de cierto obstinado optimismo, que se fue agotando y ya ha desaparecido por completo.

-¿Es el blog un puente, un asidero a Cuba, o qué es?

No me hace falta construir ningún puente a Cuba, me haría falta que llamar a La Habana desde Londres no costara más de una libra por minuto, o que mi hermana tuviera Internet en su casa para podernos comunicar por Skype. El blog es un blog, nada más: un soliloquio que otros pueden escuchar, aprobar, condenar. Pero no arregla ni acorta la separación entre mi país y yo, no la hace más natural ni menos destructiva. No por escribir cada semana una crónica sobre Cuba estoy más cerca de ella, o se hace más pequeño y menos hondo el Atlántico, o baja el precio del pasaje de avión de Gatwick a Rancho Boyeros. Y en cualquier caso, aunque no escriba sobre Cuba, pienso en ella constantemente, me rompo la cabeza tratando de adivinar qué pasará a continuación, qué nuevas catástrofes nos amenazan en el futuro, a qué pizca de esperanza nos podemos aferrar.

-¿Es Cuba un puente, un asidero al periodismo, a la literatura, o qué es?

Yo quisiera que Cuba fuera un país tan denodadamente aburrido como Finlandia, de tal manera que en vez de escribir sobre nuestra pobreza, sobre nuestra cobardía y mezquindad, sobre el estropicio que hicimos con los ideales y la esperanza de la revolución, y sobre nuestra formidable incapacidad para gobernarnos mejor, los que escribimos, tuviéramos por fuerza que escribir de otros temas, de arte, de cine, de ciencia, de los misterios del alma oscura, o de otros países más interesantes que el nuestro. Cuba es un país bastante menos interesante de lo que creemos los cubanos que es, menos complejo y menos original. Pero es un país de historia muy corta, y futuro y carácter irresueltos. Si de algo tenemos que escribir ahora, aunque nos pese, es de esa incertidumbre, de este momento de giro, de cómo pasa lo que va a pasar. Cuba es una fatalidad, una obligación, una carga pesada, no nos podemos librar de ella.

*Desde el pasado 7 de junio, tras casi dos años de ausencia, Juan Orlando Pérez reabrió su blog con un post donde se lee lo siguiente: "Yo nací viejo en Cuba, en el polvo egipcio de La Habana, mi memoria ya estaba llena de miedo y amor al empezar."

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1 comentario

  • Enlace comentario Domingo, 30 de Junio de 2013 05:36 Publicado por negracubana

    Yo pude haber escrito esto: No me hace falta construir ningún puente a Cuba, me haría falta que llamar a La Habana desde Londres no costara más de una libra por minuto, o que mi hermana tuviera Internet en su casa para podernos comunicar por Skype. El blog es un blog, nada más: un soliloquio que otros pueden escuchar, aprobar, condenar. Pero no arregla ni acorta la separación entre mi país y yo, no la hace más natural ni menos destructiva. No por escribir cada semana una crónica sobre Cuba estoy más cerca de ella, o se hace más pequeño y menos hondo el Atlántico, o baja el precio del pasaje de avión de Gatwick a Rancho Boyeros. Y en cualquier caso, aunque no escriba sobre Cuba, pienso en ella constantemente, me rompo la cabeza tratando de adivinar qué pasará a continuación, qué nuevas catástrofes nos amenazan en el futuro, a qué pizca de esperanza nos podemos aferrar. GRACIASSSSS

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