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Viernes, 31 de Octubre de 2014
Red Cuba
Una ley de Prensa para Cuba Archivo IPS Cuba
Recién concluyó el IX Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba y uno de los reclamos más fuertes dentro de los blogs ha sido la aprobación de una ley de Prensa…

Cuba pide a gritos una ley de prensa que dote de un cuerpo legal a las relaciones que se dan dentro y fuera de los flujos mediáticos cubanos.

Alejandro Ulloa en su post Ley de prensa en Cuba I: los caminos del cambio necesitan cimientos, reconoce que reestructurar la eficacia informativa e interpretativa de la prensa cubana no es un mero “cambio de mentalidad”, sino que requiere una transformación definitiva de todo su sistema organizativo y de funcionamiento.

“El problema no radica, mayormente, en los periodistas, aunque buena parte depende de ellos, sino en las viciadas rutinas productivas de los medios, la escasa preparación afín –en cuanto al lenguaje y prácticas del periodismo– de quienes dirigen el sector, y, por último –pero de sustancial importancia–, la ausencia de instrumentos legales que regulen las relaciones informacionales fuentes/periodistas/usuarios de los medios” publica el periodista en su blog Esquinas.

En el mismo espacio, Luis Jesús González comenta: “una ley milagrosa, elaborada por los que han hecho de la censura y el silencio un nuevo deporte nacional, poco aportaría a una prensa albardera, acostumbrada a retozar con verdades a medias y amedrentada por los sabios dicterios y los índices amenazadores de los que no han sudado dos neuronas para plasmar un recado”.

Al respecto, también Ygirl opina que la prensa, si bien arte en tanto carga propia que imprime el escritor, periodista, bien pensador o cubano de a pie con vocación para ello, a todo lo que crea debe estar, no ya sujeta a leyes en sí, sino llamada a una revolución de forma y fondo de lo que se hace, que refleje claramente una línea de pensamiento madura, autóctona. Pensar en la norma, antes del hecho a normar, más que una solución podría crear, dadas las características de tantos y tantas, un problema mayor.

En otro post sobre el tema, Alejandro escribe que si los periodistas necesitan sentirse respaldados para ejercer su profesión de servicio público a cabalidad, también ha de ceñírseles (nos) el cinturón de las legalidad y los límites que el propio periodismo entraña. Un sistema de prensa con claras líneas rojas y objetivos declarados, exigibles, es medular en cualquier sociedad, y mucho más en la nuestra, que vive transformaciones raigales de su sistema económico, político y social.

En La Joven Cuba, Claudio Peláez vertió sus opiniones respecto a la aclamada regulación. “La Cuba que cambia desde sus aspectos económicos e inmediatamente repercuten en lo social, necesita de un periodismo a tono con esa realidad. Nuestro Partido Comunista de Cuba está en el deber de otorgarle a la prensa un papel cada vez más auto-regulador y concentrarse en su tarea orientadora, solo así llegaremos a ese periodismo revolucionario que deberíamos definir sin caer en esquematismos, ni dogmatismos.

“Lo lamentable del periodismo cubano es saber que cuenta con un talento subutilizado que espera por el momento de poner a tope sus capacidades reales. Quizás el momento llegue y se demuestre todo lo contrario. Entonces los temas que han recurrido por más de dos décadas  en los mismos espacios, en las mismas bocas y en los mismos oídos, al fin serán desplazados” reflexiona Claudio.

En el blog matancero también postea Harold Cárdenas: “en los últimos meses circula en Cuba un secreto a voces referente a la preparación de una ley, no relativa directamente a la prensa sino a las comunicaciones de manera general”.

“Una Ley de Comunicaciones para la que se han tomado como referentes de estudio la legislación de numerosos países que comparten algunas semejanzas con nosotros, una ley que aclararía el ambiguo y caótico panorama legal en el que actualmente operan las comunicaciones cubanas. Ya he escuchado numerosas opiniones al respecto: ¿quiénes la están haciendo y dónde?, ¿es una ley hecha por profesionales de los medios o por burócratas?, ¿por qué el bajo perfil de este proceso?”, interroga Harold.

En la Chiringa de Cuba también se debate sobre la prensa y sus legislaciones, Oscar Figueredo publica sus opiniones: “es muy difícil que el público confíe en su prensa cuando la mayor parte de sus espacios informativos se concentran en demostrar que viven en una sociedad casi perfecta, carente a veces de los matices y de las contradicciones normales que se generan a lo largo de la historia”.

“Es cierto que nuestro país ha logrado a lo largo de estos años de Revolución avances considerables en materia de educación, salud, igualdad, integración, entre muchas otras conquistas que sería ridículo minimizar o peor todavía no reconocerlas como hacen la mayoría de los medios de prensas internacionales, pero también necesitamos una prensa que reconozca o dé cabida a espacios más dialógicos e interactivos y que sea menos verticalista”, subraya Oscar.

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