IPS Inter Press Service en Cuba

Viernes, 25 de Julio de 2014
Miradas cubanas
Se consolida la prensa católica en Cuba.

A la sencilla parroquia del popular barrio de Mantilla, ubicado en el municipio Arroyo Naranjo, al sur de La Habana, llegan una vez al mes unos cincuenta ejemplares de Palabra Nueva, la revista oficial de la Arquidiócesis de La Habana. Para garantizar que alcance para todos los lectores que siempre la adquieren, especialmente los católicos practicantes, existe una lista que garantiza su prioridad. Pero también se acercan a comprarla algunos vecinos que no acuden a misa con frecuencia o incluso no son católicos, aunque se interesan por los temas que aborda la publicación mensual. Posiblemente algo similar ocurre en las diversas diócesis de la ciudad, dado el interés que despierta en muchas personas esta publicación que en el 2012 celebró veinte años de existencia.

Para Alicia Fuentes, una anciana de 85 años, católica de toda la vida, pero que en los años 70 del pasado siglo XX dejó de acudir a la iglesia debido al estigma que representaba confesarse creyente en una sociedad que promulgaba el ateísmo científico, tener acceso a Palabra Nueva es una gran satisfacción.

“No sólo me interesan los temas propiamente religiosos que trata la revista” - aclara. “Me encantan las ‘Apostillas’ de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y el amplio espacio que se dedica a la cultura general, de una manera que no encuentro en otras publicaciones. En junio, por ejemplo, había un artículo muy documentado sobre la arquitectura de algunas iglesias católicas de La Habana. Ese tipo de trabajo le puede interesar a cualquiera, aunque sea ateo, porque trata sobre la historia de la ciudad”, concluyó.

Algunos años atrás, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes se refería en una entrevista a la amplia aceptación de Palabra Nueva,  “en tanto no existía otra publicación de ese estilo, con un carácter independiente”, de fácil circulación y que abordara temas variados. Se publican otras buenas revistas en Cuba, aclaró, pero tienen una circulación más restringida, y puso como ejemplo Temas, que sólo se puede adquirir en un sitio específico y está dirigida a un lector más delimitado.

Lo cierto es que nunca una revista religiosa había alcanzado en Cuba esa tirada ni había tenido tal difusión entre un público no necesariamente católico. Además de los 12,000 ejemplares que edita actualmente, Palabra Nueva cuenta además con una versión digital y es una de las más importantes publicaciones católicas cubanas, aunque no la única, pues según fuentes de la Iglesia, hoy existen cuarenta y seis boletines y revistas en papel, doce sitios web y siete boletines electrónicos.

Espacio Laical, la Revista del Consejo Arquidiocesano de Laicos de La Habana, adscrita al Centro Cultural Félix Varela, fundada también en la década de 1990, es otra de las publicaciones católicas que ha ido ganando relevancia con el paso de los años. Al igual que Palabra Nueva, desborda la temática evangélica para acercarse a la problemáticas más actuales desde una mirada inquisitiva hacia el interior de la sociedad, la economía, la historia o la política.

Sería injusto dejar de mencionar a la revista Vitral, del Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río, un proyecto que dirigió por más de diez años el laico Dagoberto Valdés, período durante el cual las críticas hacia el gobierno se hicieron más agudas, pero también recibió diferentes reconocimientos internacionales como el Premio Principal “Príncipe Claus” para la Cultura y el Desarrollo, 1999, que otorga la fundación holandesa del mismo nombre. En el 2007, luego de varios incidentes entre la dirección de la revista y las autoridades gubernamentales, Valdés fue sustituido pero la revista sobrevivió, con una línea editorial más moderada.

No es casual -sino causal-, que revistas como Palabra Nueva y Espacio Laical y la propia Vitral, nacieran en los años más duros de la crisis económica.
Luego de un largo período inicial de confrontación ideológica entre un Estado socialista -que promulgaba el ateísmo científico- y una Iglesia Católica afectada por la pérdida de los espacios que había ocupado tradicionalmente en la sociedad, en la década de los 80 se dieron los primeros pasos de un acercamiento y un posible diálogo que, con sus altas y sus bajas, no ha vuelto a interrumpirse.

Quizá desde esa época al interior de la Iglesia cubana se fueron operando cambios que permitieron despejar el camino y atemperar las tensiones con el Estado, sobre todo a partir de la celebración en 1986 del Encuentro Nacional Eclesial (ENEC), cuyo documento final “expresaba la realidad de la vida de la Iglesia en Cuba, y estaba destinado a orientar su acción evangelizadora durante un largo período indefinido”, según explica el propio Monseñor Céspedes en su texto Teología y tradiciones nacionales: una visión católica.

De acuerdo con el prelado son especialmente significativos los objetivos que se proponía abarcar esa “acción evangelizadora”, y que son detallados por el documento en su segunda parte, pues allí se consideraban temas de “urgencia pastoral” en la isla “la reconciliación, la religiosidad popular sincrética, el ateísmo estructural y el diálogo concebido como exigencia evangélica y actitud coherente en la Iglesia ante la misión evangelizadora para la edificación de la Civilización del Amor…”. Todo un programa que parece haber guiado la política eclesiástica desde entonces, que de una forma u otra se ha visto reflejado en sus publicaciones, y que en mucho ha contribuido a la “normalización” de las relaciones Iglesia-Estado.

Pero fue sin dudas durante el llamado Período Especial que se establecieron las condiciones para que la milenaria institución -sin alinearse con el poder, pero lejos de promover la confrontación-, empezara finalmente a ganar espacios, incluida la posibilidad de editar publicaciones que superan los marcos estrictamente religiosos para adentrarse en la problemática social, económica, e incluso política.

Mucho antes de que en la prensa oficial se comenzara a hablar de corrupción o del deterioro de los valores morales en nuestra sociedad, las publicaciones católicas ya habían empezado a reflejar estos temas. Pero no sólo lo hacían invocando la necesidad de retomar los valores tradicionales predicados por la fe católica desde sus más remotos orígenes. Con el llamado a la reconciliación entre los cubanos que habían marchado al exilio y los que habían permanecido en Cuba, el interés en revalorizar el papel de la familia en la educación de los hijos, el reclamo de poner punto final a la política del embargo impuesta por los Estados Unidos a la isla, y otros temas de interés nacional, la Iglesia cubana parece haber renovado sus votos de compromiso social, de acercamiento a las problemáticas más terrenales, sin abandonar su misión evangelizadora. Y uno de sus canales de comunicación más importantes para llevar adelante esa labor han sido estas publicaciones que hoy ocupan un espacio necesario y diverso.

Y todo esto ocurre en un contexto informativo que continúa lastrado por la falta de transparencia o la timidez a la hora informar, y sobre todo de debatir en los medios oficiales los problemas más candentes de la realidad actual en sus diversas facetas, aún cuando se han comenzado a poner en práctica las propuestas de renovación impulsadas por el gobierno de Raúl Castro. Aun cuando el propio mandatario ha realizado un llamado al cambio de mentalidad que no excluye, sino más bien exige, una transformación profunda de la política editorial y del periodismo cubanos.  (2013)

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