IPS Inter Press Service en Cuba

Miércoles, 23 de Julio de 2014
Miradas cubanas
“¿Dónde están los libros de tus contemporáneos?”*
Cabrera Infante cuando recibía el Premio Cervantes en España. Cabrera Infante cuando recibía el Premio Cervantes en España.
Lectores cubanos, lejos de la actualidad literaria.

Entre toda la información que circula a través del correo electrónico, a veces recibo algunas notas interesantes. Se trata esta vez de un comentario acerca de la selección Cuentistas del PEN, publicada por Alexandria Library, de Miami, en noviembre de 2011, y que responde al proyecto de difundir la obra del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, filial del PEN Internacional.  Antes se habían presentado otros dos títulos: La literatura cubana en el exilio (2001), y Los poetas del PEN (2007), ambas publicadas por la tristemente desaparecida Ediciones Universal.

Más que la existencia de estos volúmenes, a los que no he tenido ni tendré acceso fácil, lo que me incitó a escribir sobre el tema fue la absoluta certeza del desconocimiento, la falta de información sobre toda esa parcela de la literatura cubana que quizá nunca llegue hasta nosotros, los que vivimos en la isla. O que tal vez llegue, pero tarde y mal, como ha ocurrido con la obra de uno de los más importantes escritores del siglo XX cubano, Guillermo Cabrera Infante, del cual, por cierto, la editorial española Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores ha empezado a editar sus Obras Completas, cuyo primer tomo, El cronista de cine, recoge una amplia muestra de las críticas cinematográficas publicadas por el autor bajo el conocido seudónimo de G. Caín.

Tan ausente e ignorado se encuentra Cabrera Infante entre nosotros, que cuando Elizabeth Mirabal y Carlos Velázquez, entonces estudiantes de Comunicación Social, decidieron hacer su Tesis de Licenciatura sobre este autor, la dificultad para acceder a su bibliografía fue uno de los escollos que encontraron los jóvenes a lo largo de una investigación que semejaba por momentos una carrera de obstáculos. El trabajo mereció el premio UNEAC de Ensayo Enrique José Varona en el año 2009 y fue publicado bajo el título Sobre los pasos del cronista (El quehacer intelectual de Guillermo Cabrera Infante en Cuba hasta 1965) (Unión 2010), convirtiéndose inmediatamente en un suceso dentro y fuera de la isla, no sólo por sus valores intrínsecos, sino por el insólito hecho de ser “el primer libro publicado en Cuba dedicado por entero a Guillermo Cabrera Infante”, según palabras de Mirabal.

Quizá porque se quedaron con ganas, o porque una investigación los llevó a la otra, a continuación los jóvenes resolvieron embarcarse en una nueva aventura relacionada con Cabrera Infante: entrevistar a una serie de personas, -veintiocho en total-, que conocieron al escritor durante sus años más jóvenes y en diferentes circunstancias, para rescatar esa memoria que de otra forma se habría perdido de forma irremediable. El resultado fue el libro Buscando a Caín (Ediciones ICAIC, 2012), con lo cual parece haberse roto definitivamente el tabú que años atrás determinó la exclusión del escritor del Diccionario de la Literatura cubana (Tomo I, Editorial Letras Cubanas, 1980), aunque por diversas razones, todavía hoy resulta bastante difícil acceder a la obra literaria y periodística de este nombre imprescindible de las letras cubanas.

    En un nuevo ejercicio de obstinada reincidencia, aunque ya apartándose de Cabrera Infante, Mirabal y Velazco decidieron indagar en el quehacer del malogrado Guillermo Rosales (La Habana, 1946-Miami, 1993), otro escritor exiliado (y maldito), más ignorado aún entre nosotros que su tocayo, porque ni siquiera disfrutó del reconocimiento internacional que alcanzó con justicia Cabrera Infante. Aunque aquí las cosas se complican, en tanto el resultado de esa investigación, Hablar de Guillermo Rosales (Editorial Silueta, 2013), se publicó en Miami y, a falta de una edición criolla, el acceso para sus posibles lectores en la isla será aún más arduo, al igual que antes ocurrió con Boarding home (Premio Letras de Oro, Miami, 1987), la única novela publicada en vida de Rosales y donde el autor –que se suicidó pocos años después-, parece haber narrado su personal y desgarrador descenso a los infiernos.

    Quizá lo peor es que, a pesar de este y de otros esfuerzos aislados, la lista de escritores “desconocidos”  sigue aumentando entre nosotros. Y esto se explica de manera bastante lógica si se tiene en cuenta la hasta ahora casi insalvable distancia real y subjetiva que ha marcado durante décadas la producción literaria de los escritores de “adentro” y de “afuera”, y que básicamente tiene su origen en las divergencias político-ideológicas que existen, o se supone que deben existir, entre las dos orillas, y de la cual no se salva –sino más bien participa-, la producción literaria cubana y sus propios autores.

    Recuerdo, sin embargo, que este fenómeno de ignorancia literaria que sufrimos no puede verse aislado de su contexto más general, pues no se limita al desconocimiento de la obra de los escritores exiliados o residentes en el exterior, según el término, duro o blando, que prefiera utilizarse para su denominación. Se trata de que los lectores cubanos (de la isla) padecen también una desinformación alarmante sobre casi toda la literatura contemporánea publicada más allá de sus constreñidas fronteras.

En un fragmento de su relato “15.000 latas de atún y aún no tenemos cómo abrirlas”, el escritor Jorge Enrique Lage (La Habana, 1979), se refiere a las fantásticas peripecias de un narrador que busca una editorial donde publicar su libro y desahoga su frustración preguntándole a una editora a propósito de este estado de cosas: “¿Cuándo hubiéramos tocado esos libros de los que todos hablan y que hace cinco, diez, veinte años, pasaron por las manos del resto del mundo? ¿Dónde están los libros de tus contemporáneos, todo lo que se está escribiendo ahora mismo fuera de aquí? El verdadero sistema editorial nos queda lejos, y nos queda grande”.

    Pero más insólito aún resulta que no sólo nos falta información sobre casi todo lo que escriben los escritores cubanos del exilio, o los escritores de cualquier parte del mundo, sea un exiliado cubano o no. Nos falta información sobre una buena parte de lo que se está escribiendo hoy en el país. Ya sea por lo reducido de las ediciones debido a la falta de papel, o por falta de capacidad de nuestro sistema editorial, o porque la crítica literaria ha dejado de cumplir una de sus funciones más importantes a la hora de evaluar y difundir lo mejor de esas obras, o porque los espacios en los medios tampoco asumen esa función, o porque muchos autores sufren el determinismo geográfico de vivir en provincias, o porque en sus obras se abordan temas “incómodos” que no interesa promover…

    Visto así, no sólo desconocemos una parte de la literatura cubana que se produce o ha producido fuera de Cuba, sino que carecemos de una imagen de conjunto de toda la literatura contemporánea, incluida la que se publica en Cuba. Con la excepción de unos cuantos nombres, que nos resultan más conocidos gracias a su proyección internacional que a la difusión interna de su obra, poco sabemos de los escritores cubanos contemporáneos, o de los escritores contemporáneos de cualquier parte del mundo, aunque cualquier joven parece estar al tanto del último disco de las agrupaciones musicales más populares del momento y cuándo será la presentación de su video clip promocional. ¿Tiene la música más seguidores que la literatura? Cierto. ¿Funcionan mejor sus mecanismos de producción y promoción? Al parecer...

    Ni siquiera un evento de la magnitud de la Feria Internacional del Libro de La Habana, con toda la promoción que recibe y despliega, logra enmendar esta falta de información. Muchas presentaciones pero pocos títulos que atraigan al público o que realmente ayuden a los lectores a conocer y valorar al menos lo mejor de nuestras letras. Hasta he llegado a pensar (¡con perdón!), que alrededor de todo este evento hay más ruido que nueces, y que al cerrar sus puertas, cuando todo ese ruido deje de sonar, sólo nos quedarán unas cuantas nueces mientras seguimos escuchando el machacón ritmo del reguetón de turno, y poco más.  (2013)

*“15.000 latas de atún y aún no tenemos cómo abrirlas”, tomado de http//www.isliada.org/autores/jorge-enrique-lage/

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1 comentario

  • Enlace comentario Viernes, 13 de Septiembre de 2013 02:48 Publicado por homero vazquez

    La vigencia y realidad de lo expresado en este articulo me sacudio cuando una amiga,profesora de la universidad de San Antonio,Texas, me preguntaba sobre la lectura en Cuba. Y de pronto era muy dificil de explicar la realidad que se expresa en este articulo pero aun asi trate de explicarlo y agregue ademas que al ser la actividad editorial una cosa dirigida por ministerio y presupuesto estatal con sus impedimentos y politicas,falta de recursos ausencia de mercado,publicidad,etc, hacia que el libro no fuese rentable y practicamente las publicaciones fueran por asignaciones
    Un libro podia ser un exito pero se limitaban los ejemplares,etc.
    De hecho existe un autobloqueo informativo para el lector cubano.

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