IPS Inter Press Service en Cuba

Martes, 16 de Septiembre de 2014
Diario fotográfico
Pretextos para hablar de Encarnación Aróstegui
  • Dainerys Machado Vento

El daltonismo es una disfunción física definida a veces como "ceguera de color". Lo más común entre quienes la padecen es la incapacidad para distinguir el rojo o el verde en sus amplias gamas de tonalidades.


Uno de los mitos más arraigados sobre ese dicromatismo lo identifica como una enfermedad solo de hombres. La realidad no es tan absoluta, pero se le acerca: en la especie humana lo padece cerca del 8 por ciento de los varones, y solo el 1 por ciento de las hembras.

Los genes que codifican los pigmentos de los conos verde y rojo se hallan en el cromosoma X. Dicho cromosoma está presente dos veces en las hembras (XX) y solo una en los machos (XY). Como la mutación es recesiva, las probabilidades las favorecen a ellas, pues tienen que presentar mutaciones en sus dos cromosomas para padecer daltonismo.

Ese es uno de los motivos por los que el fotógrafo Margel Hernández se aventura a decir que "desde un punto de vista biológico, las mujeres tienen más posibilidades de dominar la fotografía. Ha quedado científicamente probado que ellas perciben mejor los colores".
Pero la fotografía fija retrata las gamas de colores hace poco más de tres décadas, aunque mucho antes se utilizaron técnicas para colorear las imágenes.

Hernández es uno de los profesores del proyecto conocido como Escuela de Fotografía Creativa de La Habana (EFC). Desde su experiencia asegura que los sociólogos tendrán que estudiar por qué en las aulas donde se practica fotografía en la Cuba del presente "hay el doble de mujeres que de hombres".

La capacidad de ellas para percibir mejor los colores evidentemente no es la razón. El ascenso de la presencia femenina en el movimiento aficionado es solo continuidad de lo que sucede en los espacios profesionales del lente.

Margel tiene su propia versión del fenómeno. Pero no está asociada solo a factores biológicos, también a ciertos prejuicios que persisten en la sociedad cubana.

"Las mujeres tienen un nivel de observación más profundo que los hombres. A ellas las obligan a poner más atención en su manera de vestir, y eso desarrolla sus patrones estéticos", asegura.

Es probable que más trascendental para el incremento de la presencia femenina sea la simplificación de los equipos profesionales destinados a hacer imágenes.

Estos han perdido peso gracias al desarrollo de las tecnologías, han sustituido los rollos por pequeñas tarjetas digitales, y ha reducido ostensiblemente el tamaño de baterías, flashes y demás aditamentos.

En Cuba, la historia de mujeres ha sido invisibilizada. Ha predominado una mirada androcéntrica hacia la reconstrucción pretérita de la nación. La segmentación del devenir de ciertas manifestaciones artísticas legitima la creencia de que es nueva la incursión de las mujeres en ellas.

La presencia del grupo social puede estar en aumento en la fotografía, pero su participación en la historia de esa expresión cultural llegó con su nacimiento en el siglo XIX.

La primera

Muchas de las jóvenes que hoy se juntan en las aulas cubanas de fotografía, e incluso las fotógrafas profesionales que laboran en medios de prensa tradicionales o alternativos, desconocen el nombre de Encarnación Aróstegui.

Especialistas en el tema coinciden en marcar el 3 de enero de 1841 como la fecha en la que Cuba se convirtió en el segundo país en el mundo y el primero en América Latina en inaugurar un estudio público para hacer daguerrotipos.

Sin dudas concuerdan también en nombrar a Aróstegui como la primera fotógrafa cubana. A pesar de sus orígenes vascos.

En 1851, varias galerías de daguerrotipo habían prosperado en La Habana, cuando llegó el gallego Pedro Arias, con su esposa e hijo, para adquirir un estudio ubicado en la calle O'Reilly.

De 1853 data la primera constancia del trabajo profesional como fotógrafa (o daguerrotipista) de Encarnación Aróstegui, esposa de Arias y su compañera en la experimentación con las diferentes técnicas que se trabajaban en la época.

El 4 de febrero de 1853, El Diario de la Marina la menciona como "retratista" de confianza en el estudio de su esposo. Y convoca a las damas de sociedad a contratar sus servicios.

Se dice que Aróstegui distribuía la iluminación con precisión y colocaba con gracia el rostro y las manos de quienes fueran a hacerse instantáneas. Ser mujer le permitía arreglar los vestidos de sus semejantes sin que el acto implicara ofensas.

Por ello los historiadores sospechan que la promoción de su trabajo en El Diario de la Marina fue un ardid de Arias para ganar clientela para su negocio, con mucha competencia para la fecha.

Lo cierto es que en 1859, cuatro años después de la muerte del esposo, aparece Aróstegui en el listado de los daguerrotipistas publicado en el Anuario y Directorio de La Habana —guía de negocios y servicios en la época.

Hasta 1865 existen noticias en publicaciones periódicas del trabajo activo de Encarnación como retratista.

El periodista Jorge Oller ha asegurado que siguieron los pasos de Aróstegui la joven Isolina Amezaga, famosa en la década de 1880 por fotografiar paisajes matanceros.

Mientras los anuarios de finales del siglo XIX se refieren al amplio trabajo como retratista de Clara García, dueña de una galería en la calle Compostela. Estudio pionero en el uso de lámparas eléctricas a partir de 1896.

Los documentos de la época censan a siete mujeres fotógrafas en Cuba. La cifra no es deleznable cuando se sabe que la Academia de Artes de San Alejandro solo les abrió sus puertas, por excepciones, en 1879.

Las mujeres cubanas que en el presente se profesionalizan en la fotografía son herederas de esta tradición. Una historia que cuenta con escasos acercamientos científicos, y que en los espacios públicos ha sido opacada por el despertar épico de la fotografía cubana de la década de 1960.

Añadir comentario

Normas para comentar
  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.